Un nuevo aniversario, con dolor renovado y la misma impunidad
jueves, 17 de julio de 2008

Catorce años de dolor, de angustia y de bronca. Casi tres lustros gritando al cielo la injusticia, y reclamando respuestas a quienes deben darlas y siguen en falta.

Hoy, viernes 18 de julio, la comunidad judía y la sociedad argentina toda recuerdan aquella bomba asesina que destruyó 85 vidas y un edificio que voló por los aires junto con las esperanzas y los sueños de centenares de familias que nunca serán lo que fueron.

Volverán los recuerdos de cada uno de los aniversarios en los que se reclamó una justicia que, más allá de los matices y las intenciones de los distintos gobiernos que pasaron durante estos años, nunca llegó a ser justicia.

Quedaron en la memoria de todos los miles y miles de paraguas de aquella multitudinaria marcha hacia la Plaza de los Dos Congresos, días después del atentado, cuando el dolor persistía y la sangre de los muertos todavía estaba fresca. Las promesas de esclarecimiento de funcionarios del gobierno de Carlos Menem parecían convincentes, mientras se ponía en marcha una siniestra trama de encubrimiento que lograba su objetivo: borrar pruebas, confundir, dificultar la labor de quienes querían encontrar un poco de luz ante tanta oscuridad.

Al mismo tiempo, se puso en marcha la lucha de Memoria Activa, que cada lunes, frente al edificio de Tribunales, en la Plaza Lavalle, y durante más de diez años, exigió justicia por medio de un shofar cuyo sonido se hacía cada vez más triste y doloroso. Los familiares y amigos de las víctimas, en tanto, prefirieron iniciar su reclamo, cada 18 de julio, frente a la derruída sede de la calle Pasteur, para sostener en el tiempo su exigencia a las autoridades nacionales y comunitarias.

En 14 años, pasaron por la tribuna decenas de gritos clamando justicia. En el de 1997, Laura Ginsberg acusó a Menem y a Eduardo Duhalde de encubrir a los autores de la masacre; en el de 1998, Sofía Guterman, mamá de Andrea, exhortó a las autoridades a “no burlarse más de los muertos” y fue críticado el tribunal que dejó libres a Carlos Telleldín y varios policías bonaerenses; en el de 2006, cuando el entonces presidente Néstor Kirchner calificó como de “vergüenza nacional” el no esclarecimiento del ataque, poco antes de denunciar a Teherán en las Naciones Unidas; en el del año pasado, cuando el titular de la AMIA, Luis Grynwald, y la vicealcaldesa de Barcelona, Pilar Rahola, apuntaron directamente a Irán por su responsabilidad en el ataque.

Los discursos emocionados de cada aniversario escondían bronca por el escaso avance de la causa judicial, que hasta el momento no ha logrado dar con los responsables de la conexión local que posibilitó a los terroristas dar el golpe que conmovió al mundo.  

En la actualidad existen dos causas judiciales. El juez Rodolfo Canicoba Corral investiga el atentado a la mutual, sin resultados concretos hasta el momento, más allá de los pedidos a la Interpol para que detenga a nueve ex funcionarios iraníes por su presunta responsabilidad en el ataque. Escondidos en sus guaridas, el ex presidente Alí Rafsajani, el ex agregado cultural iraní en la Argentina, Mohsen Rabbani, y otros funcionarios de Teherán siguen sin dar las respuestas que la Justicia internacional les reclama. La inmunidad sigue dando lugar a la impunidad de los que lo hicieron, los que lo idearon, los que lo ocultaron.

El juez Ariel Lijo, en tanto, sigue la causa por las irregularidades en la investigación, que tiene como querellantes a AMIA-DAIA, a la agrupación Memoria Activa y a Familiares y Amigos de las Víctimas del Atentado a la AMIA.

Dentro de esa causa, el fiscal Alberto Nisman presentó una denuncia por encubrimiento contra el ciudadano argentino con descendencia siria, Alberto Kanoore Edul, acusado de haber entregado la Traffic que Telleldín habría preparado a los terroristas para perpetrar el ataque. Edul, cuyo padre fue íntimo amigo de Carlos Menem y tenía acceso directo a la Casa Rosada, negó cualquier responsabilidad, con lágrimas en los ojos. Menem, precisamente, es otro de los objetivos judiciales de Nisman para los próximos meses, y muchos familiares esperan sus explicaciones sobre lo que ocurrió antes y después del atentado.

El nuevo aniversario llega en otro momento difícil para Israel. Acosado por distintas denuncias en su contra, el primer ministro Ehud Olmert asegura que “nunca se estuvo tan cerca de la paz” con los palestinos como ahora, mientras acelera el intercambio de prisioneros con Hezbollah, cuya mano puede adivinarse cerca de quien estrelló el coche bomba contra la vieja sede de la calle Pasteur, e hizo añicos el orgullo de convivencia pacífica y los sueños de armonía de generaciones de judíos en el país.  

Más allá de los avatares políticos, la hora 9.53 llegará con su sirena taladrando los oídos y las conciencias de todos. Ojalá sea éste el último aniversario sin justicia, para que los muertos puedan, al fin, descansar en paz.