Los encubrimientos y los encubridores
lunes, 06 de agosto de 2007

Por Pablo Bercovich

 

En los quince años que han pasado del atentado contra la Embajada y los trece contra la AMIA, se realizaron en la sede de esta última, año tras año, sendos actos recordatorios. Paralelamente, en plazas públicas y organizados por una agrupación política, se llevaron a cabo actos semanles con la participación central de la señora Hebe de Bonafini y la Hermana Pelossi, de periodistas y políticos de la misma línea.

Si uno confronta la verborragia insípida y reprimida de los actos oficiales hasta dos o tres años atrás, con las vertidas por las autoridades de la AMIA y de Pilar Rahola, en el último acto, se nota una evolución de 180 grados.

Israel, el terrorismo, la Hizbollah, la intervención de suicidas en ambos atentados eran realidades tangibles desde que ocurrieron los atentados. El chantaje de quienes desde la plaza pública trataban de manipular la significacion de los atentados para escrachar al Gobierno que había condenado la violación de los derechos humanos del régimen cubano y proclamado las relaciones carnales con los EE.UU. había surtido efecto sobre la dirigencia comunitaria. En los actos oficiales se hablaba de todo; pero de lo que no se hablaba era de señalar que los atentados eran una continuacion de los terribles atentados cometidos en Israel y de que sus autores ideológicos y organizativos eran los mismos de aquellos.

Todas las energías y los recursos se volcaron, satisfaciendo a los activistas de la memoria, en la organización de una megacausa para procesar a un denunciado como proxeneta y  un oficial de policía, supuesto extorsionador de aquél, como vehiculizador de la carga explosiva que, con seguridad, no vino por vía aérea.

No es que estos sujetos no debían haber sido denunciados, pero éstos eran mercenarios, colaboradores comprados. El foco principal debió siempre dirigirse a la Hizbollah, al terrorismo islamico, que planeó, organizó y ejecutó con suicidas ambos atentados, que debieron ser procesados y condenados en ausencia.

¿Alguien pudo decir algo de eso en Plaza Lavalle?  ¿Se dijo eso en los actos oficiales? Creo que la única voz que en medios judíos y donde le era posible, en medios no judíos marcaba ese error, fue la de quien firma esta nota.

En los dos últimos años, y desbaratado que fue el proceso por un Tribunal sospechoso que priorizó aspectos formales y nulidades procesales para dejar la causa AMIA en nada, cambió el contenido de los discursos oficiales y, en el último acto, la voz sonora y vibrante, argumental y clara de Pilar Rahola, puso las cosas en su lugar: dijo lo que debió decirse desde el primer día, lo que era verdad para cualquier simple ciudadano argentino, pero que lo activistas de la memoria, muchos de ellos mimetizados ideológicamente con los doctrinarios del terrorismo, por el odio común a los EE.UU. y a Israel, lograron tapar y desvirtuar, con el sometimiento ingenuo de quienes hablaban en nombre de la comunidad

¿Quiénes fueron entonces los encubridores de la verdad?

En el camino de ese chantaje quedó vapuleado el juez Galeano, quien oriento su investigación hacia el terrorismo iraní e hizo todo lo mejor que pudo, si se tienen en cuenta las presiones que tuvo que afrontar, la pobre investigación oficial y su propia inexperiencia inicial.

Cuesta admitir que en esos años, de ninguno de los partidos sionistas, ni del periodismo judío pro-israelí, ni de ninguno de los rabinos que se gastaron en metáforas y en llamados esotéricos de justicia frente al crimen del terrorismo, haya habido una sola voz que dijera lo que dijo Pilar Rahola, y que era verdad simple para cualquier criollo.

Llamativamente, desde que subió la administracion Kirchner, los activistas cesaron en sus reclamos de que se investigue a la Policía de la provincia de Buenos Aires, a sus ex jefes, etc.,etc.

Vuelvo a pregunar: ¿quiénes fueron los encubridores?          

Lamentablemente, la desionistificación y desisraelización de los dos atentados debilitó a nuestro Ischuv y potenció como nunca la presencia de quienes aún desde antes de la creación del Estado, combatieron su creación y, posteriormente, apoyaron a sus enemigos.

Finalmente, frente a la denuncia con nombre y apellido de la Fiscalía, sostenida por el Gobierno, de los autores del crimen, crea confusion el reclamo de “justicia” y de “13  años sin justicia”. Denunciar con nombre y apellido a los asesinos, reclamar su extradición, pedir la ruptura con Irán y, al mismo tiempo, parlotear “13 años sin justicia”, resulta incongruente.

Será justicia cuando se consiga su extradición o cuando los asesinos enfrenten a una milicia de Israel. Lo demás es cháchara de encubridores.