Decano de la Prensa Judía en la Argentina

Un viernes como hoy, hace 90 años, nacía Mundo Israelita, el primer semanario judeo-argentino que se editaba en el país.

Un soñador incurables, León Kibrick, puso en marcha este medio de comunicación, con la intención de reflejar la vida comunitaria, las ideas, los avances y los logros de la empresa sionista que, por aquel junio de 1923, daba ya pasos acelerados en la construcción de un hogar nacional judío en Palestina, que, un cuarto de siglo más tarde, sería llamado Estado de Israel.

Era un soñador porque la Argentina, en 1923, no era precisamente un lecho de rosas para una Keila en formación, que daba sus primeros pasos en cuanto a su organización comunitaria y a la vez debía convivir con el prejuicio antisemita que anidaba en distintas clases sociales en el país. Europa no estaba mejor, con la crisis económica alemana en pleno desarrollo y un mundo que giraba peligrosamente hacia la barbarie con la inminente aparición, en un bar de Munich, de un grupo de forajidos encabezados por Adolf Hitler.

Más allá de las dificultades, al primer número (que hablaba en su tapa de “sionistas y sionizantes”, de un empréstito para la naciente ciudad de Tel -Aviv y del libro “La Biblia de la casa de Alba”) le siguieron muchísimos otros.

De a poco, MUNDO ISRAELITA comenzó a reflejar la vibrante vida judía en el país, sus teatros, libros y manifestaciones culturales. El diario se hizo estandarte en su lucha contra toda forma de discriminación, su pelea por convertirse en un faro que ilumine a los judíos argentinos, y su afán por ser un difusor de la civilización judía y sionista en cada rincón del país.

Las manifestaciones y la lucha contra el nazismo comenzaron a ser un tema de la agenda del semanario en esa década y la siguiente. También los avances de los pioneros sionistas que levantaban, ladrillo por ladrillo, la casa en la entonces Palestina. La Segunda Guerra Mundial, la inconcebible y horrorosa Shoá y el impresionante impacto que tuvo en el mundo, así como la creación del Estado de Israel, fueron hechos sobresalientes, históricos que ocuparon las páginas de MUNDO ISRAELITA, ya convertido en referente ineludible en cada mesa de bar del barrio de Once, Villa Crespo o dondequiera los judíos argentinos se reuniesen para revivir antiguas tristezas, añorar lo que se perdió y apuntar con esperanza a un futuro mejor.

Desde entonces y hasta hoy, el periódico comenzó a nutrirse de las plumas de destacados escritores y periodistas, que dieron alma al papel y la tinta con su talento y originalidad. Alberto Gerchunoff, César Tiempo, Samuel Rollansky, Lázaro Schallman, Máximo Yagupsky y Lázaro Liacho y Salomón Resnick, fueron algunos de los ilustres exponentes de la literatura y el periodismo que regalaron su arte, informaron y emocionaron desde estas páginas. El incesante flujo de intelectuales y pensadores destacados no se detendría nunca .Moisés Goldman, Marcos Aguinis, Ricardo Feierstein, Moshé Korin, Egon Friedler, Ariel Ploshchuk, Marcos Diskin y Simja Sneh son unos pocos ejemplos destacados del pasado reciente y el presente.

Como hace 90 años, MUNDO ISRAELITA sigue llegando a los hogares judíos con un sencillo pero difícil compromiso: periodismo de calidad para dar cuenta de lo que ocurre en cada comunidad, en cada escuela, en cada institución en la que se perpetúe la vida comunitaria. Israel, por supuesto, está en el centro de la agenda, como está también en el centro de los pensamientos y el corazón de los judíos alrededor del planeta. Sus logros son, de alguna manera, de todos nosotros. Cada muerte y cada crisis en Jerusalem, Tel Aviv o Beer Sheva nos duelen como si ocurrieran en el patio de nuestra casa.

Los avatares de la Argentina, país de puertas abiertas y corazón extendido para con aquellos judíos inmigrantes de la década del veinte que dieron vida a este diario, no resulta menos trascendente en la preocupación de quienes hacemos este periódico.

Gracias a usted, querido lector, por estar allí, como permanente juez y destinatario de todos los esfuerzos. Gracias por ser quien cada viernes vuelve a reeditar aquel pacto entre el diario y sus lectores, que surgió aquel lejano segundo viernes de junio de 1923. Un compromiso de honor que esperamos seguir renovando por muchos años más.