Olmert, en la puja por la supervivencia política
jueves, 07 de febrero de 2008
Por Egon Friedler
Finalmente fue dado a conocer el largamente esperado informe final de la Comisión Estatal israelí presidida por el juez Eliahu Winograd respecto al desempeño del gobierno presidido por Ehud Olmert durante la segunda guerra del Líbano de 2006.
El informe, aunque es menos duro que el informe preliminar dado a conocer nueve meses antes, define a la guerra contra Hezbollah como “una seria oportunidad perdida” y cuestiona seriamente la capacidad del primer ministro para dirigir el país durante una confrontación armada. Seguramente en las próximas semanas crecerán las presiones en la sociedad y en la opinión pública para que Olmert renuncie a su cargo.

Dos de los principales diarios israelíes, Haaretz y Jerusalem Post,  fueron tajantes en sus editoriales. Haaretz escribió: “La ventaja del ejército israelí frente a una pequeña organización combatiente no fue explotada. Israel no ganó. El gobierno no eligió entre dos alternativas militares: un breve y doloroso golpe, o una profunda operación terrestre, sino que se dejó “arrastrar” hasta el final de la guerra. El nivel de toma de decisiones en todos los niveles: político, militar y la interrelación entre ambos, fue inaceptable.” Por su parte el Jerusalem Post concluyó su artículo en estos términos: “La Comisión Winograd no pudo haber sido más clara señalando cuánto trabajo queda por hacer y que la nación no puede permitirse un gobierno que ha perdido la confianza del público y la habilidad de actuar efectivamente de manera disuasiva frente a sus enemigos. Olmert ha llevado el principio democrático de la responsabilidad personal a un nivel muy bajo. El problema es si ahora el público y otros líderes toman la posta para que podamos hacer un progreso verdadero en el largo camino de la recuperación nacional.”

Sin embargo, esta posición dista mucho de ser unánime. Por ejemplo, uno de los columnistas de Yediot Ajaronot, Attila Somfalvi, se pronuncia en un artículo cuyo título y subtítulo lo dicen todo: “Olmert puede respirar tranquilo.El informe de la Comisión Winograd es moderado y hace que un cambio político sea improbable”. En los días previos a la difusión del informe Winograd, no faltaron las voces en la prensa contrarias a la creación de una crisis política que lleve a nuevas elecciones y por lo tanto a la renuncia o destitución de Olmert. Sin duda, el hombre clave de la situación, el ministro de Defensa, Ehud Barak, líder del Partido Laborista tiene frente a sí un serio dilema: si cumple su promesa pre-electoral de renunciar después del informe Winograd corre el riesgo de perder en las elecciones anticipadas frente al candidato de la derecha nacionalista, Biniamin Netaniahu, que lo aventaja en las encuestas. Si en cambio decide quedarse en el gobierno, buena parte de la ciudadanía considerará que su actitud es patriótica y que lo último que Israel necesita en este momento es una crisis política que lleve a nuevos comicios.

Por su parte, el primer ministro, dos días antes de la publicación del informe dijo confiado a su fracción parlamentaria: “Pueden estar tranquilos. Kadima (“Adelante”) tiene muchos más años para gobernar”. Pocos coinciden con esta visión optimista. Por ejemplo, Yaron Ezrahi, un destacado profesor de Ciencias Políticas de la Universidad Hebrea de Jerusalem, en declaraciones al New York Times dijo que a su juicio los días de Olmert como primer ministro están contados “El proceso de erosión del liderazgo de Olmert es imparable, pero el público israelí no está dispuesto a despedirlo enseguida.”

Una encuesta del diario Maariv parece dar la razón a los que consideran que a pesar de todo el actual gobierno debe proseguir hasta el final de su mandato. Un 42% apoya esta posición. Con ello, un 39% de los encuestados dijo que si Olmert no renuncia, Ehud Barak debería dejar el gobierno y llevar el país a nuevas elecciones. Un 22% considera que el líder laborista debe quedarse en el gabinete y otro 22% dice que debe quedarse pero a condición de que se fije una fecha para las próximas elecciones en un período no superior a un año. En las preferencias de voto para sustituir a Olmert, lleva clara ventaja el líder de la derecha nacionalista, del partido Likud, Biniamin Netaniahu, con un 37.4%. Le sigue la canciller Tzipi Livni, de Kadima, con 20.9%, y Ehud Barak está en un tercer lugar con el 19%.

Todo parece indicar que Ehud Olmert habrá de superar esta situación del mismo modo en que supo manejarse en situaciones políticas comprometidas en el pasado. Por lo pronto, como lo afirma Attila Somfalvi: “A pesar de las reacciones de los políticos inmediatamente después de la publicación del informe, no se vislumbra ningún terremoto político. Kadima ha apoyado casi unánimemente al primer ministro, y es muy dudoso de que la canciller Tzipi Livni intente un putsch a la luz de la nueva realidad creada después del informe. Por ahora, las principales figuras de su partido apoyan al primer ministro”.

Por su parte, Ehud Barak, quien ya anunció que se quedaría en el gobierno a pesar del costo político que ello tendría para él, coincidió de hecho con Somfalvi, quien escribió: “El Ministro de Defensa no tiene ningún motivo substancial para abandonar el gobierno y crear ahora un drama político”.

Una visión divergente con las de la mayoría fue la de Amnon Levy, de Yediot Ajaronot quien también cree que Olmert no debe irse. Para él, el pueblo israelí que apoyó en su mayoría abrumadora a la guerra, es tan responsable como el propio gobierno. Pero pese a que por el momento su supervivencia en el cargo parece asegurada, es claro que la posición del primer ministro se ha debilitado considerablemente. Nadie puede apostar firmemente a que se mantendrá hasta el final de su mandato en el poder pero tampoco apuestan sobre seguro quienes creen que en pocos meses Israel se verá lanzada a la vorágine política de la celebración de nuevas elecciones.