Hinenini - ¡Aquí estoy!
lunes, 10 de septiembre de 2007
Por Isaias Leo Kremer
Cuando llegan estas fiestas, no puedo menos que tener una actitud de recogimiento, que no condice con mi actitud durante el resto del año y, como gracias a D’’s, no tengo que simular ninguna pose ni emoción ante nadie, estoy solo frente a mi mismo cuestionándome la validez de mis dudas.

¿Cuál es la disyuntiva? ¿Se vive por la vida misma con todas sus cargas, miserias y alegrías? ¿O se vive por algo más que la vida misma, que trasciende el sentido de lo diario? ¿Se carga uno con toda la vanidad que implica moverse en un mundo de cosas que llenan pero que no enriquecen? ¿O se deja de lado todo en busca de lo que es más profundo, más esencial y más ‘’importante’’?.

 Ignoro las respuestas, pero cuando estoy absolutamente solo, me doy cuenta de cuántos años paso detrás de cosas que no darán respuesta a mis últimas preguntas. Estoy convencido de estar muy lejos del concepto de ideal humano y sé positivamente que un oficiante religioso no está ni un ápice más cerca de D’’s que yo u otro.

En mi concepto, únicamente se está más cerca si se sabe sufrir cuando otro sufre, llorar porque otro llora, reír porque otro ríe; ese debe ser el concepto de ‘’crecer humanamente’’, extendiéndose hacia los lados para compartir con el próximo, cualquiera sea su condición, credo o naturaleza.

 Tengo una gran culpa por no estar llevando a mis hijos a un templo, es como que mi padre me mira y me recrimina el no mantener la continuidad que él sí mantuvo, pero de llevarlos ¿qué mensaje les doy? y de no insistir para que oren ¿qué placer les quito?

 La creencia en algo superior es tan subjetiva y son tan distintos unos de otros, que no sé de qué los estoy privando, pero siempre tendrán la opción de elegir, aunque yo arrastro mi culpa por no haberles enseñado a vibrar con los cánticos tan hermosos de nuestros antepasados.

 Creo que en estas fiestas tomo conciencia de todos los logros no alcanzados, por vivir siempre entre dos aguas y no saber qué actitud tomar; envidio a la gente que lo tiene resuelto, aunque no sé qué nivel de cuestionamiento se hacen al respecto. ¿Tiene sentido que hable a mis hijos de un día de juicio o de un día de sentencia? ¿Lo siento realmente así?.

 Creo que más allá de eso, lo que les debo dar es un sentimiento de pertenencia a un grupo determinado, con una meta espiritual como objetivo. Por eso lloro cuando rezo, porque si hay un sentimiento en común, que aunque sea por momentos muy fugaces me está uniendo a mis hermanos, me está haciendo más emocional y humano, ¿pero es válido eso para otros?; no lo sé y no debería preocuparme; por otra parte ¿por qué en un templo y rodeado de gente? ¿por qué no aquí y solo?, si en definitiva debería ser lo mismo, salvo que el clima que se logra no es el mismo, pero entonces con un clima conducente ¿podría llegar a ser un místico?, quizás sí o no, pues la parte racional que llevo adentro me impide avanzar más allá de ciertos límites, con lo cual me acota.

 Si no continúo en mis creencias ¿cuál es la alternativa? ¿Quizás un suicidio espiritual? Sin embargo seguiré con ellas (aunque quizás no las transmita) pues forman parte de mi ser y más allá de la convicción profunda o no, tengo miedo a la dilución en la nada de lo que fue herencia y patrimonio de muchas generaciones anteriores, a quienes me uno cuando recito los mismos cánticos y oraciones que ellos cantaron o lloraron.

Creo que mi ambivalencia es porque sé que estoy dispuesto a todo por mis principios, pero por otra parte los estoy dejando morir al no perpetuarlos en mis hijos, dejando que las festividades pasen a ser meros hechos gastronómicos o musicales; pero es que estoy realmente convencido de que representan algo más. Como esto lo escribo para clarificar mis pensamientos y no “for export”, no puedo engañarme con la respuesta y sé que sí creo en que hay algo más aunque no sepa expresarlo ni verbalizarlo, como ocurre con todo lo que es sentimiento profundo en la mente humana; no importa si creo en un Iom A Din (Día del Juicio) o en Iom Kipur (Día del Perdón), importa que crea en una continuidad espiritual de todo un pueblo (no de un grupo selecto), que es consciente de su finitud y que está en presencia de algo superior por fuera de sí mismo, que ve su conducta y su accionar.

Importa que transmita a mis hijos que la justicia debe ser buscada, que la mano que se extiende debe ser franca, que las lágrimas que vertemos por otros son sinceras; Bajo esa luz, aunque mis hijos no puedan vibrar con las melodías de mis padres, igual estarán cumpliendo con el objetivo de ser individuos éticos y quizás le den sentido real a este Rosh Hashaná.

 Más allá de una exteriorización con gorras o mantos de oración, yo no dudo de los golpes en el pecho de los creyentes en el día de hoy, pero creo que son más importantes los golpes en la conciencia que el día de hoy me provocan a mí y a todos aquellos que tratan de entender la relación entre religiosidad y crecimiento humano.

Sólo pido que al igual que en la lectura de hoy de la Torah, cuando haya necesidad (propia o de otro) de amor, de piedad, de compasión o de justicia, nos encuentre a mis hijos y a mí dispuestos a decir ‘’Hineni’’ (¡Aquí estoy!).