La gran importancia de Rosh Hashaná y Iom Kipur para la existencia del pueblo judío
martes, 29 de septiembre de 2009
Por el Rabino Mordejai Klorman*

Le preguntaron a la inteligencia: ¿Qué castigo merece el pecador?  Dijo: “A los pecadores que los persiga la maldad que han cometido”.

Le preguntaron a la Profecía: ¿Qué castigo merece el pecador? Contestó: “El alma que pecó merece la muerte”.

Le preguntaron a D’os: ¿Qué castigo merece el pecador? El dijo: “Que haga Tshuvá”. “Que se arrepienta”.

Los pueblos celebran el Año Nuevo bebiendo champagne, bailando, cantando en forma estruendosa, perdiendo a veces la compostura, tratando de aturdirse para olvidarse de uno mismo y de los demás.

Los judíos celebramos Rosh Hashaná en las sinagogas con oraciones rogando el perdón a D’os por los pecados cometidos contra sí mismo y contra los demás y por las injusticias inferidas a nuestro prójimo.


La Guemará lerushalmi en Macot, Perek Guimel, dice que le preguntaron a la Inteligencia, es decir a la Realidad, a la Lógica y a la Naturaleza: “¿Qué castigo merece una persona que pecó?”. Le contestaron: “No se necesita dictar una sentencia en contra del malvado. La maldad y las consecuencias de sus malas acciones lo van a perseguir y castigar”.

Esto lo podemos observar en la obra “Crimen y Castigo” de Fedor Dostoievsky en lo que se refiere a su protagonista principal Rascolnikof. Esto quiere decir que la naturaleza misma castiga al pecador y al malvado, porque sus acciones están dirigidas en contra de ella.

Se le preguntó a la Profecía: “¿Qué castigo merece el pecador?” Dijo: “Que muera el pecador”. Todos los caminos están cerrados para el pecador. El mismo pecado agarra al hombre y no lo deja liberarse. El pecado no pasa en forma intrascendente sin dejar huellas. El pecado merece un castigo. El pecado y el castigo van juntos. El hecho de que una persona haya cometido un pecado, lleva implícito que merece un castigo. No hay pecado sin castigo. Tal como lo explica el escritor Fedor Dostoievsky en su obra “Crimen y Castigo”, seguramente basándose en la Guemará.

Le preguntaron a D’os: “¿Qué castigo merece el pecador?” Les dijo: “Que haga Tshuvá y va a quedar perdonado”.

Sólo D’os puede sacar al hombre de la difícil situación en que se encuentra sumergido por sus pecados, para hacer de él una persona nueva, distinta a la que era. Esto lo hace D’os sólo cuando el ser humano hace Tshuvá, tiene ganas y se esfuerza en corregirse.

El gran sabio Maimónides dice: “El pecador ayer era odiado por D’os y estaba lejos de El. Era indeseable para D’os. Hoy al hacer Tshuvá es agradable para D’os y está cercano a El. Es querido por D’os”.

Antes de hacer Tshuvá la persona reconoce que ha pecado. Se siente deprimida y su autoestima está disminuida. Se pregunta: “¿Quién es el que va a ir hacia D’os?”. Se siente encerrada en sí misma y siente que no puede salir. Que toda su existencia no vale nada. Antes de hacer Tshuvá se siente alejada de D’os, indeseable para El. Tiene una sensación de gran desesperación. Se siente culpable de todo. Para poder llegar a la Tshuvá (arrepentimiento) en esta situación en que se encuentra, hay una cosa básica. Una persona que no puede llegar a esta base, no puede llegar a hacer Tshuvá. Esta base y este fundamento consiste en creer que D’os creó todo el mundo y creer que el hombre está dotado de una gran espiritualidad que lo lleva a tomar conciencia de que puede confiar en el valor que él tiene por poseer potencialidad de cambio y de superación.

En Pirkei Avot dice: “Al Tehi Rashá Lifnei Azmejá: No seas un malvado contigo mismo”. Es decir no pierdas la confianza en ti mismo y no pierdas la esperanza de cambiar para bien.

A pesar de que el hombre cuando es pecador es indeseable para D’os, puede levantarse con la fuerza que D’os le dio y salir de la situación en que se siente encerrado. Siempre y cuando, tal como lo dijimos, crea en D’os y que El creó el Universo y también crea en su propia potencialidad de cambio.

El gran sabio Maimónides dice que D’ós le dio al ser humano la potencialidad del poder para elegir entre el bien y el mal. ¡Qué grandioso es que el hombre tenga esta potencialidad de cambio y el poder de elegir entre el bien y el mal!

Por más difícil que sea la situación en que la persona se sienta encerrada, y aunque momentáneamente sienta que no tiene salida, con la ayuda de D’os y con su fuerza interna y su potencialidad, puede llegar a encontrar la solución para salir de dicha situación. Aunque esta salida sea a través de un angosto sendero que atraviesa por montañas y colinas. Un sendero que sube y que baja. Es decir el hombre tiene que saber que siempre hay salida aunque sea a través de este camino difícil, ya que él lo lleva a su meta de Tshuvá y de cambio.

Tal como el ser humano tiene que estar consciente que siempre existe un caminito para salvarse, también está obligado a confiar que a pesar de que siente que el fuego del pecado fundió su alma, siempre quedan entre las cenizas chispas encendidas de las cuales puede salir una gran llamarada y un gran fuego: es decir, puede venir la Tshuvá (arrepentimiento).

Esto quiere decir que nadie por muy mal que se sienta, está realmente perdido. Todo pecador posee la posibilidad de arrepentirse y de cambiar para bien, es decir de hacer Tshuvá que es el motor del cambio. El gran sabio Maimónides le dice a los pecadores: “¡Qué grande es el nivel de Tshuvá. Ayer el pecador estaba lejano a D’os y hoy está adherido a D’os!”

Dice la Torá: Moisés dice en nombre de D’os: “Te doy la vida y la bondad y la maldad y la muerte”. El gran comentarista Rashi dice que una cosa depende de la otra. Si vas a hacer el bien vas a tener una larga vida. Si vas a hacer cosas malas te van a llevar a la muerte.

Si la persona va a hacer el bien, va a tener Jaim, que significa que su vida va a ser larga y buena. Esto quiere decir que va a vivir mucho tiempo en Osher y Kavod (riqueza y honores). Es decir, va a vivir una vida que vale la pena ser vivida.

Moshé Rabeinu dice: “Pongo como testigo al Cielo y la Tierra. Pongo ante vos la vida y la muerte. Dos caminos: uno de vida y otro de muerte. Un camino de bendición y otro de maldición”.

Es decir, que la persona tiene delante de sí dos caminos. En la Torá dice que D’os le aconseja al ser humano que elija la vida. La vida es Brajá, es decir bendición y la muerte maldición. Tiene que elegir. D’os dice: “Yo te aconsejo que elijas la vida para que sigan viviendo vos y tus hijos”.

La vida es querer a D’os y hacer lo que El dice, amarlo y escuchar lo que D’os dice en el sentido de hacer el bien. Adherirse a D’os. Gracias a esto va a tener una vida larga y plena con salud y felicidad.

Tijle Shaná Kilulateja. Tajil Shaná Ubirjateja. Que termine el año con las cosas malas que trajo y que empiece el Año Nuevo con sus bondades.

 

*Autor de los libros: “Luces del judaísmo”.  “La Tora, el Talmud y la vida de cada ser humano”. “La milenaria sabiduría judía”.