La actitud del Vaticano durante la Shoá, un debate que vuelve
jueves, 23 de octubre de 2008

Tuvo la posibilidad de hacer mucho más para salvar vidas y gritarle al mundo que la vida es superior a la muerte, que la creación y la bondad son preferibles al odio y a la violencia. No lo hizo. El papa Pío XII pasó a la historia por su silencio e inacción pública ante el genocidio nazi. La proyectada visita del papa Benedicto XVI a Israel, y las intenciones del Sumo Pontífice de beatificar al polémico Eugenio Pacelli han reflotado un debate doloroso pero necesario sobre el rol de la Iglesia durante aquellos años de ignominia y asesinos en el poder.

La dura oposición que despertó en ámbitos de la comunidad judía mundial la intencion del actual Papa de beatificar a Pacelli hizo que el Vaticano opte ahora por impulsar una investigación más profunda.

A través de su portavoz, Federico Lombardi, el Papa ha confirmado que "no ha firmado todavía el decreto de las virtudes heroicas" de Pio XII, y que el asunto "está siendo objeto de estudio y de reflexión".

El Vaticano sabe bien que la figura de Pío XII es objeto de ácidas críticas en Israel, críticas que no sólo recaen sobre este Papa. En una página web de simpatizantes de Kadima -partido del primer ministro, Ehud Olmert, y de su eventual reemplazante, Tzipi Livni- se vio una fotografía de Ratzinger con una cruz esvástica superpuesta que luego fue retirada.

No se trata de críticas sin fundamento, ni de una intención de agraviar a la Iglesia, que durante el papado de Juan Pablo II tuvo una inmejorable relación con los judíos, a quienes llamó “nuestros hermanos mayores” y con quienes estableció una relación de confraternidad que terminó con muchos prejuicios y acercó posiciones en todo el mundo entre judíos y católicos.

El renovado Museo del Holocausto de Jerusalem (Yad Vashem) colocó el siguiente texto bajo la fotografía de Pío XII: "Cuando la relación de hechos sobre la masacre de los hebreos llegó al Vaticano, no reaccionó con protestas escritas o verbales. Cuando los judíos fueron deportados de Roma a Auschwitz, Pío XII no intervino. Cuando los hornos eran alimentados día y noche, el Santo Padre que vive en Roma no abandonó su palacio".

El propio presidente de Israel, Shimon Peres, también expresó la voz mayoritaria de israelíes y judíos sobre el espinoso tema. "Tenemos razones para pensar que Pío XII no hizo lo suficiente para salvar vidas judías. No quiero juzgar. Si existen evidencias deberán ser examinadas cuidadosamente", afirmó el veterano dirigente, que aclaró que "la visita (del actual Papa) nada tiene que ver con las disputas. Esta tierra es santa para todos nosotros".

Más allá de la moderación de los dirigentes cercanos al Papa, el relator de la causa para la beatificación, Peter Gumpel, y el postulador, Paolo Molinari, han reavivado la polémica por las "falsedades" lanzadas contra el papa Pacelli. Gumpel afirma que "son una evidente falsificación histórica" y que Benedicto XVI "tiene en suspenso la causa" porque desea mantener relaciones amistosas con los judíos.

En una postura al menos rígida, Gumpel y Molinari piden que la inscripción sobre Pío XII sea retirada de Yad Vashem. Y esperan una señal de"arrepentimiento" de Israel que acabe con la leyenda negra de Pacelli para seguir con la causa.

¿Arrepentimiento? Las evidencias que vinculan a Pacelli con indiferencia (y en otros casos, velada simpatía) para con el Tercer Reich son muchas y muy variadas.

Vale la pena repasar algunos ejemplos probados. En 1939, el Papa consiguió 3000 visas para judíos europeos convertidos al cristianismo y recibidos por Brasil. Dos tercios de las visas fueron revocadas por “conducta impropia”. Es decir, por continuar practicando su judaísmo a pesar de su conversión.

Un año después, el rabino de la entonces Palestina, Isaac Herzog, pidió al Vaticano que intercediera por los judíos españoles y lituanos, sin obtener respuesta. En 1942, según el historiador Raul Hilberg, el obispo de Ucrania comentó al Papa, en una larga carta, que 200.000 judíos habían sido masacrados por los nazis. Recibió como respuesta el consejo de “enfrentar la adversidad con serena paciencia”. Un último dato: en sus responsas, Pio XII habló de campañas de exterminio, pero nunca mencionó a los judíos por su nombre.

La polémica, que también incluye la probada ayuda del Vaticano a muchos nazis que luego de la guerra encontraron un salvoconducto hacia países como el nuestro, está abierta. 

La apertura de los archivos del Vaticano sería una buena forma de aclarar mejor todavía un asunto muy oscuro, que nos remite a la etapa más negra de la humanidad. La futura y armónica relación entre el judaísmo y la Iglesia necesitan de toda la verdad, el único modo de poder encontrar un diálogo sincero y sin prejuicios.