Al Maestro Manuel Sadosky
sábado, 20 de septiembre de 2008
En el mes de julio de 2005, MUNDO ISRAELITA comenzó una nueva sección periodística denominada Ciencia /Salud: Una puerta abierta al conocimiento. El primer título dedicado a Manuel Sadosky fue en homenaje a su fe en la educación.

Manuel Sadosky (13/04/1914-18/07/2005) fue hijo de una humilde familia judía, llegada a la Argentina en 1905, que venía huyendo de los pogroms antisemitas  de Rusia. Sadosky (padre) con su sueldo de zapatero logró sostener los estudios de sus cuatro hijos varones en el “Mariano Acosta”. Aquel  magisterio fue honrado con la dirección del gran pedagogo Pablo A. Pizzurno, a principio del siglo XX. Es una escuela pública que Sadosky calificaba de maravillosa, con maestros de la altura de Alberto Fesquet y  alumnos como el gran escritor Julio Cortázar.

Corría el año 1962. En el mundo, el papa Juan XXIII inaugura el Concilio Ecuménico Vaticano II. En la Argentina es derrocado por la Fuerzas Armadas el presidente Arturo Frondizi,  y el  Dr. Manuel Sadosky, que en ese entonces  desempeñaba el cargo de vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad de Buenos Aires, pone en marcha el primer Profesorado Universitario en Ciencias Básicas, una de sus creaciones  que no se la recuerda lo suficiente. Fue durante una entrevista, en este año 1962, que conocí al maestro Sadosky.  El contenido del diálogo que mantuvimos era concerniente  a la  carrera de profesorado para la enseñanza de las ciencias en las escuelas secundarias que él había creado recientemente. Este profesorado había sido realizado en conjunto con la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Esta Facultad prestó la colaboración pedagógica a través de las cátedras de Pedagogía, Didáctica y Psicología de la niñez y la adolescencia. Se trata de un posgrado de formación docente, que, en un principio, había sido instituido para los egresados de la Facultad Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Dicho emprendimiento fue muy importante porque tenía por objeto establecer un espacio universitario para perfeccionar el aprendizaje  de las ciencias básicas en el nivel medio. Y ofrecía a los jóvenes profesionales de la Facultad de Exactas, la oportunidad de adquirir las herramientas necesarias para ejercer la docencia en el nivel medio. Hubo otros jóvenes (tal fue  mi  situación personal),  egresados de otras carreras universitarias de formación científica, que también deseaban acceder a aquel posgrado. Fue por este  anhelo que yo concurrí al despacho de puertas abiertas del Maestro. Recuerdo su rostro sereno, amable y muy bien dispuesto para el diálogo. Al plantearle el deseo de  adherirme al  nuevo proyecto universitario, su actitud fue comprensiva y bondadosa, y en ningún momento apareció en su mente traba alguna de carácter administrativo.

Perfil Humano

Sólo los grandes hombres  buscan acercar el conocimiento científico a la comunidad, porque saben que es la única forma de protección de los seres vivos.  Él consideraba que el talento de los habitantes es el mayor capital que tiene un país y, por ello, había que desarrollarlo.

Evoco su mirada afable cuando  me sugirió tomar algunos cursos extra de Matemática. Su deseo era esperable: él había sido el responsable del texto “Elementos de cálculo diferencial e integral“   con el que muchas generaciones de argentinos habían iniciado los estudios de Matemática, tantos, que hubo alrededor de veintitrés ediciones. Él buscaba en mi rostro la aprobación de su propuesta, para luego añadir que debía realizar otros estudios de  importancia para la formación docente. Como, por ejemplo, conocer los nuevos métodos de aprendizaje de las ciencias que se estaban realizando con éxito, por un lado, en Estados Unidos con el “Chem Study”, y, por otro, con el método Nuffield en el Reino Unido. Todas eran propuestas para complementar la currícula obligatoria del nuevo Profesorado Universitario.

Al rememorar al Maestro por orientar mi formación, mi gratitud estuvo plasmada a través de la práctica docente, que continúa hasta hoy en el intento de abrir una puerta al conocimiento en esta nueva sección de MUNDO ISRAELITA.

Como pensaba Sadosky, había que saber mucho, pero también había que aprender a transmitir el conocimiento. Otra lección aprendida desde Fesquet era no ocultar la falta de conocimiento de un tema, sino ir a consultar a aquél que pudiera saberlo, teniendo siempre presente que educar tiene una gran  relevancia social.

Vuelvo a evocar de aquella entrevista personal la inexistencia de trabas administrativas, tan frecuentes en las instituciones; en cambio viene a mi mente el ofrecimiento afectivo y efectivo de la excelencia en la formación docente.

Como el director de una orquesta de música, que debe conocer y saber la partitura musical para luego instrumentar la transmisión al auditorio, así los docentes nos obligamos a conocer muy bien los contenidos científicos para luego poder estructurarlos de modo  pedagógico y, al  igual que el director de orquesta, transmitirlo al auditorio de los alumnos.

Sadosky también había aprendido de Fesquet a relacionar al contexto social lo que iba encontrando en la evolución de la Historia de la Ciencia. Por ello fue extraordinaria su elección cuando encomendó la cátedra de Historia de las Ciencias del Profesorado al gran historiador de la Ciencia José Babini.

Como Sadosky era consciente de la importancia social en el significado profundo de educar, entendía  que era necesario saber mucho, pero que también había que aprender a transmitir esa sabiduría.

Regreso a Sadosky

Volví a conectarme con Sadosky en el año 1984, cuando el ex presidente Alfonsín lo nombra secretario de Ciencia y Técnica. Habían pasado casi dos décadas de la trágica noche de los bastones largos. En esta segunda oportunidad, el Maestro había convocado a grandes personalidades de la ciencia argentina con la intención de fortalecer la acción educativa iniciada en la década del 60. Tuve la suerte de estar trabajando, por ese entonces, en una comisión de la Secretaría de Ciencia y Técnica -SECYT- y fui invitada a compilar los resultados de la reunión.

El Dr. en Matemática, profesor Manuel Sadosky, padre de la computación argentina, fue vicedecano de la Facultad de Ciencias Exactas entre 1958 y 1966, asesor de la UNESCO, creador del Instituto del Cálculo (1960) y de la Carrera de Computador Científico (1963). También se lo debe recordar por su gran preocupación en  la educación al crear un  Profesorado Universitario para la Enseñanza de la Ciencia (1962) en la escuela secundaria.