Max Berliner: ubicuo, vigente, actual.
jueves, 28 de agosto de 2008

En el Teatro Fray Mocho y el Centro Cultural de la Cooperación.

Este mismo año, en fervorosa y concurrida ceremonia, la escuela Scholem Aleijem otorgó a su sala teatral la denominación de Max Berliner, en reconocimiento público a las muchas décadas de incansable labor que el celebrado maestro de teatro, actor, director y comediógrafo ha contribuido a esa prestigiosa comunidad educativa y a la cultura nacional.

En efecto, el “fenómeno Max Berliner” es destacable y muy digno de deferencia. Este hombre es un proverbial remolino de actividades culturales dentro y fuera de la vida comunitaria judía. El teatro argentino tiene en él un apreciado referente. Sin que le importe su edad física, que es significativa, arde en él una  proverbial pasión juvenil por todo lo que se relacione con la escena, al servicio de la cual se brinda con la totalidad de su ser, siempre con su fresco entusiasmo. Adora estar rodeado de jóvenes y abocarse con ellos – que lo consideran su maestro –, con contagioso entusiasmo,  a sucesivos nuevos proyectos. Su entrega al teatro está en permanente renovación. Cuando alguien osa observarle los límites físicos de su veteranía, Max Berliner siempre responde: “-¡Hacer teatro es curativo!”

Ahora mismo, en una sala arquetípica del teatro de arte en Buenos Aires – ciudad que se está distinguiendo en el mundo por la cantidad y variedad de su oferta en la materia -, el Teatro Fray Mocho, Tte. Gral. Perón 3644  (tel. 4631-2097), se interpreta “Clinton vs. Hillary”, que lleva como  mordaz subtítulo “Billary” y se distingue por ser su autor precisamente Max Berliner, quien también ejerce, con su paradigmática solvencia,  la dirección general de la obra.

En “Clinton vs. Hillary” el comediógrafo Max Berliner recurre al mismo criterio con que los autores clásicos enfocaron en las tablas figuras de personajes famosos: en base a sus personalidades reales elaboró inferencias morales que quizás no responden ceñidamente a la investigación histórica sino que trasuntan episodios y posibilidades que probablemente no sucedieron así, aunque bien pudieron haber ocurrido. Aquí ser trata de la familia Clinton – Bill, Hillary, la hija Chelsea – estremecida, abrumada, sacudida hasta el cuasi quiebre, por el conocido episodio causado por el escándalo Mónica Lewinsky. Berliner recurre, como si él, el autor, fuera un  “deus ex machina” del teatro clásico, a insuflar en esta tragedia familiar y política aristas éticas de inesperada raigambre judía que condicen con el espíritu que siempre le ha animado en su obra: lo universal y lo judío al mismo tiempo, como un todo consustancial.

Asistente de dirección es Gabriela Fariña y el elenco interpretativo está integrado por Julio Alemán, Fernando Pardo, Sol Prieto, Ruth O’Neil, Adriana Brown y Cecilia Fava.

Coincidentemente, en la Sala Solidaridad del Centro Cultural de la Cooperación (Avda. Corrientes 1543, tel. 5077-8077), Max Berliner aporta su veteranía, formación y solvencia a la obra “Fin de partida («Endgame»)” de Samuel Beckett, una pieza fundamental y harto difícil en la historia universal del teatro moderno, que dirigen dos pilares de la representación escénica argentina: Pompeyo Audivert y Lorenzo Quinteros – cuya mera participación en este emprendimiento cultural testifica su jerarquía intelectual -, quienes asimismo actúan en un cuarteto de excepción junto con Pochi Ducasse y el nombrado Berliner.

Max continúa así, con todos los honores, una larga, meritoria y muy fructífera carrera teatral que merece con creces los aplausos y la consideración general que su intervención cosecha en las salas porteñas.

Pedro Olschansky.