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Discurso de Shimon Peres Imprimir E-Mail
lunes, 06 de agosto de 2007

Consignamos seguidamente el discurso pronunciado por Shimon Peres, el 15 del presente mes, en oportunidad de aumir el cargo de presidente del Estado de Israel:

 

“Señora presidenta del Parlamento, mis colegas miembros de la Knesset, compañeros en el largo camino en los diferentes gobiernos y en el sistema de seguridad, en la vida política y entre los colonizadores del Neguev y la Galilea, honorables todos.

Me encuentro aquí, hoy, emocionado y agradecido por la confianza que han depositado en mí en representación de nuestro pueblo. Vuestra confianza me es muy valiosa; soy el custodio de un gran deber, el cual yo, como presidente del Estado, llevaré con reverencia y profundo sentido de misión. Me comprometeré a nutrir, incesantemente esos finos hilos de tela, que nos entretejen juntos como nación, cuando - entre nosotros- se encuentra gente con opiniones variadas, que lucha ferozmente por ellas. Debo recordar, siempre, que somos los hijos e hijas de la Tierra de Israel. No tenemos, ni estamos buscando, otro país.

Ustedes, aquí, en la Knesset, continuarán manteniendo polémicas existenciales, como debe ser un parlamento democrático, mientras yo me dedicaré a unificar, a fin que no haya perjudicados en el fervor de la tormenta.

Hoy, en mi corazón, conviven la alegría, frente al desafío que me han encomendado, y, también, la tristeza a la hora de partir. Dejo esta casa, el corazón latente de la democracia israelí, luego de haber ocupado sus bancas durante cuarenta y ocho años, más de la mitad de mi vida. Amé su volumen ensordecedor, los grandes debates, el tumultuoso espíritu alcanzando y las reconciliaciones inesperadas. Sé que acá se es capaz de tomar decisiones históricas aún cuando la democracia este convulsionada.

Sé que, ahora, me estoy yendo del brazo ejecutivo al hombro unificador. Ya no soy el mensajero de un partido sino el administrador de una nación, de todos los ciudadanos del estado. A partir de este momento, seré la voz y el comportamiento para todo ciudadano del Estado de Israel, para cada bebé y niño, mujer y hombre, para el pobre y el anciano. Mi casa estará abierta para todos; mis manos estarán extendidas para todos y cada uno.

Llegué, de joven, a Israel y tuve el gran privilegio de servir a la nación. El hombre madura pero la fe nunca envejece. Se renueva, todo el tiempo, a si mismo. Como en las palabras del Profeta Joel: “ Vuestros ancianos tendrán sueños, vuestros jóvenes verán visiones”. (Joel 2: 28).

Hace quince años, fui a Vishniova, cerca de Volozin, mi lugar de nacimiento, una cuna israelí en suelo extranjero. La aldea entera fue destruida por el fuego. Estuve allí, parado, con lágrimas en mis ojos, cerca del montón de piedras que cubrían la fosa común de los últimos judíos que fueron llevados a la sinagoga, hecha de madera, y quemados vivos- entre ellos el Rabino Zvi Meltzer, mi abuelo, de bendita memoria- con sus talits (chales de rezo) sobre sus hombros y su cabeza.

Mi abuelo estudió en la Yeshivá de Volozin junto con Jaim Nachman Bialik. Formó mi vida de niño. Me enseñó la página diaria de la Gemara. Tocaba, en el violín, tristes canciones judías. En el Día del Perdón, dirigía el servicio y, con su bella voz, leía la oración de “Kol Nidre”. Hasta el día de hoy, esa plegaria hace ecos en mis oídos y emociona mi corazón.

Desde Vishniova, continué hasta Volozin para ver el edificio de la Yeshivá, establecida en 1804. Por fuera, sobre las piedras de la pared, aún siguen grabados los Diez Mandamientos. Por dentro, ahora, hay una pastelería, no kasher, por supuesto. Fui a examinar las lápidas que habían quedado en el cementerio. Estaban desparramadas y, algunas, rotas. En una de ellas, identifiqué el nombre “Szymon Perski”, un miembro de la familia, de quien, al parecer, recibí su nombre.Me quedé parado, en silencio, y estremecido frente a esas piedras de la niñez. La aldea en la que nací estaba completamente destruida. La casa donde nací desapareció entre las llamas. Sólo quedó la fuente. Probé su agua. No había cambiado. Pero el fuego destruyó por completo todo lo que era. Me parecía estar escuchando un grito de las bocas de mi abuelo, mi abuela y su único hijo que les quedaba para mantenerlos.

Me hubiera gustado poder, al oído, murmurarles sobre nuestra independencia y contarles sobre las Fuerzas de Defensa de Israel, sobre Dimona, sobre Entebbe. Acerca del extraordinario privilegio que le fue dado a su nieto de participar en la restauración de las ruinas de nuestro pueblo, cumplir con el verdadero contenido del juramento, “Nunca más”.

Cuando llegué a Israel, estudié Agricultura en Ben Shemen. Mis actividades públicas se enfocaban en “Hano-ar Ha-Oved” (Movimiento de Jóvenes Trabajadores). Me casé con mi esposa Sonya en el Kibutz Alumot.

En 1947, un año antes de la Guerra de Independencia, fui enrolado -por David Ben Gurión y Levi Eshkol- para servir en los cuarteles de la Haganá y me mudé de Alumot a los cuarteles de defensa. Tuve el privilegio, mejor que cualquier otro, de servir bajo las órdenes del judío más grande que haya conocido, David Ben Gurión. De él aprendí que solo una gran indigencia, tiene decretada una gran salvación; que no existe, en la vida, nada más sabio que dar preferencia al llamado moral. También aprendí de él que, en la guerra, no hay opciones. Uno debe triunfar. Y para la victoria, son necesarias personas con coraje y las herramientas necesarias. Sin embargo, cuando la oportunidad para la paz está creada, no se la debe perder.

No sabía por qué Ben Gurión me eligió a mí. Pero sabía qué esperaba de mí: Arriesgarse y no arrepentirse, no rendirse ante las dificultades, no alarmarse por la visión, no temer al mañana, no ser falso conmigo mismo ni con mis colegas.

En ese entonces, era difícil imaginar que, de 650.000 habitantes, creceríamos a un estado de 7.2 millones de ciudadanos, de los cuales 1.2 millones no son judíos: árabes, drusos, beduinos, circasianos; una fascinante red de sociedad humana. Sabía entonces, como lo sé ahora, que si no gozan de completa igualdad, no estaremos en paz con nosotros mismos ni con nuestros semejantes.

Resultaba difícil, por entonces, imaginar que deberíamos luchar por nuestras vidas, en siete guerras, en dos Intifadas y en innumerables batallas. Estuvimos solos. Con números inferiores y aislamiento internacional. Nunca desesperamos. No perdimos una guerra. Y, en cada oportunidad volvimos a levantarnos. Revivimos nuestro antiguo idioma, establecimos células sociales de avanzada, como los “kibbutzim” y “moshavim”. Descubrimos una particular habilidad para hacer florecer el desierto. Y una brillante aptitud para la capacidad defensiva. Fuimos innovadores en la industria, progresamos y fuimos visionarios en la ciencia. Aún los críticos severos de Israel no lograron esconder esos logros extraordinarios, esos momentos cumbre que surgen en el horizonte de la historia.

Casi sesenta años del estado. Y mi corazón está orgulloso de todo lo que, juntos, hemos logrado. Y de lo que nosotros, como unidad, soñamos: vivir con fe, buscar la paz, construir un futuro mejor.

Pero hubo un pesado precio. Aquellos que cayeron en la batalla. Las familias afligidas. Los físicamente discapacitados. Sin el sacrificio demostrado por las Fuerzas Israelíes, no hubiésemos alcanzado esta instancia. Incluso hoy, encabezando la agenda de nuestras fuerzas, está la liberación de los tres soldados secuestrados: Gilad Shalit, Udi Goldwasser, Eldad Regev y todos los otros soldados. Ellos son nuestros hijos y no descansaremos hasta que los veamos de regreso a casa, en sus hogares, nuestro hogar.

También, en esta ocasión festiva, duelo en mi corazón por el asesinato de Yitzhak Rabin. Han matado a nuestro gran líder , han herido nuestros corazones. Y en esta festiva ocasión, rezo por el bienestar de Arik Sharón, el gran luchador y valiente guía.

No soñé en convertirme en presidente. Mi fantasía de niño era ser pastor o un poeta de las estrellas. Ser elegido es un gran honor para mí, y no lo menosprecio, al expresar el secreto anhelo y los objetivos manifiestos de la nación de hacer cumplir la justicia. Expresar lo unificador y respetar lo singular. Sé que el presidente no es gobernador, ni juez. No es legislador pero le está permitido soñar. Establecer valores, dirigir con honestidad y compasión, con coraje y amabilidad. No hay nada que prohíba al presidente efectuar buenas acciones. Él tiene el derecho, e incluso la obligación, de servir a su nación, que es su pueblo; educar con el amor del pueblo, del estado, de todos los individuos. Acercar a aquellos que se encuentran lejos. Ocuparse de la distancia remota. Ayudar al débil. Brindar consuelo al afligido. Reunir al pueblo. Incrementar la igualdad. Tender un puente sobre las diferencias. Apoyar la creatividad espiritual y científica.

El presidente debe mirar con coraje la totalidad de la película, y ver que se ha pagado un precio por la construcción del país y su crecimiento vigoroso: la reducción de los recursos naturales, el daño ecológico del paisaje. Y, como el resto del mundo, debemos movernos hacia una economía limpia, responsable y justa. El viaje más fascinante, en el siglo XXI, será el retorno del equilibrio en la naturaleza. Se trata de una oportunidad única para nosotros en la que se deberá aprovechar la creatividad y el conocimiento israelí, en cooperación con nuestros vecinos, y así crear una nueva región y un nuevo paisaje para el país y en nuestro entorno, retornando a la cortesía, al respeto de lo espiritual y al amor al libro. Los logros literarios de Israel no son menos que sus frutos científicos y, de modo similar, garantizan ayuda y sublimidad. Incrementar el interés en la cultura, ser considerados de sus prójimos.

Es deber del presidente recordar a la generación, representada aquí en la Knesset, que es moralmente responsable de aquellos que están todavía en su plena juventud. Permitirles construir sus propias vidas, correctamente establecidas, criados con la gran herencia de nuestro pueblo y guiados por el descubrimiento de nuevos mundos. De hecho, la sabiduría no es regresiva. Y la responsabilidad no debe envejecer. La desesperación no tiene ningún rol. Y la corrupción puede ser eliminada. Las guerras no son ideales ya que, tanto el vencedor como el vencido, pagan un pesado precio. La paz es sostenida por gente viva que respeta la vida.

Veo la necesidad de alentar a la joven generación para que se inicie en la vida política y las jerarquías de liderazgo, a fin de comenzar de nuevo. Su entusiasmo es esencial para nuestro futuro. No hay lugar para el abatimiento. De hecho, el pueblo judío es el inventor de la insatisfacción. Somos un pueblo que nunca hemos aceptado, ni aceptaremos, el asesinato, la falsedad, el dominio, la esclavitud, la discriminación, la explotación, la claudicación o quedarnos quietos. Desde que establecimos el Estado, debemos mantener esos principios en nuestro país.

Las 169 palabras de los Diez Mandamientos, son, incluso hoy en día, la base de toda la civilización occidental. Y la visión social de Amós y la política de Isaías, son la brújula de nuestro camino.

Sí. Creo en esclarecer al mundo, en llevar luz tanto a los pueblos como a las naciones. Recordemos que la primera oración en el Génesis fue: “Que se haga la luz”. Einstein dijo que nuestro lema era la “chutzpah” (audacia); la “chutzpah” para socavar los convencionalismos, la “chutzpah” para renovar, crear, contribuir, para elevarse por encima de lo existente. La “chutzpah” creativa del pueblo judío.

Soy conciente que existen normas. El presidente debe ser como el Estado. Adherir a la ley, fortalecer la justicia, ayudar al brazo ejecutivo a cumplir con sus deberes respetando la minoría. Pero tiene el derecho de tratar con lo deseable. La carencia. La visión. Debe alentar los procesos de paz. Dentro de la casa. Con nuestros vecinos. En toda la región. La nueva era, en cualquier caso, rebaja las fronteras territoriales y reduce la discriminación entre la gente. Está basada más en la creatividad que en el gobernar.

Israel debe ser no sólo un bien sino un valor. Un llamado moral, cultural y científico al crecimiento del hombre, de todo hombre. Debe ser un buen y cálido hogar para los judíos que no son israelíes, así como para los israelíes que no son judíos. Y debe crear oportunidades iguales para todos los segmentos de la población sin diferenciar entre religión, nacionalidad, comunidad o sexo.

El presidente debe apelar al público religioso y laico para que encuentren aquello que les sea común. Debe apelar a los palestinos y los países árabes, sin desdibujar su herencia, a participar en el gran viaje a través de un mundo construido sobre el intelecto, no sólo sobre la tierra. Dar supremacía a la educación.

En el futuro mapa de Israel, deben marcarse cuatro prioridades: Jerusalén, el Negev, la Galilea, y el Valle de la Paz.

 

a. Jerusalén tiene ansias de impulso y está sedienta de renovación. De ser la ciudad, prometida para nosotros y santa para todos los creyentes. Ser el centro espiritual y político para el pueblo judío y el nido de plegarias para los que buscan la paz de todos los creyentes. Ser un centro universal para la ciencia y un desafío intelectual para todos aquellos que llegan a sus puertas. La singularidad de Jerusalén es, también, su destino.

b. El Neguev (Región sur de Israel) ha comenzado a despertar. No se le debe permitir jamás quedarse dormido, otra vez. El Neguev hace posible duplicar el área colonizada de Israel. Combatiremos su aridez así como hemos luchado contra la hostilidad fuera de él. Ahora, los misiles tienen radios de alcance distantes, que hacen borrosa la diferencia entre el frente y las zonas remotas (traspaís). Como los asentamientos están más dispersos, la concentración de los objetivos de los misiles se reducirá.

El Neguev nos permite aprovechar la energía solar y crear electricidad no contaminante para el estado y desalinizar agua del mar y preservar aguas de tiempos remotos. Permite formar un terreno común de relaciones económicas con los tres vecinos: los jordanos, los egipcios y los palestinos.

c. La Galilea: su encanto se renueva. Posee una belleza abrumadora. La mitad de su gente son judíos y la otra mitad son árabes. Es una oportunidad para crear verdadera igualdad. La Galilea invita a la nueva generación a enriquecerla con energía intelectual y establecer industrias no contaminantes, cubrirla con vides y recibir a turistas. Llegará el día en que el Líbano se libere de sus destructores y Siria sea redimida de sus ataduras, y la paz llegará desde el norte.

d. El Valle de la Paz se extiende a lo largo de la frontera entre nosotros, el Reino Hashemita y los palestinos. Podrá convertirse en un refugio de cooperación entre Israel, Jordania y los palestinos. Ya los tres dieron su consentimiento. La Aravá será una asombrosa área turística. Allí, una serie de lagos artificiales pueden darle vida y hacerla atractiva. A lo largo de ella un acueducto será construido hacia el Mar Muerto para compensarlo por su pérdida de agua. En lo dilatado del valle, se establecerán parques industriales que ofrecerán muchas oportunidades de trabajo para todos los socios. En el Valle de la Paz veremos cómo, por primera vez, será posible aprovechar la economía como puntapié para la paz. Una sociedad- entre Jordania organizada e Israel moderno- ayudará a los palestinos a superar su indigencia y establecer su país. Creo que la política se ocupa de las fronteras y la economía de las relaciones. Las buenas relaciones hacen posible la determinación de fronteras seguras y acordadas.

El Valle de la Paz es un desafío que puede crear entusiasmo entre nuestros hermanos en la Diáspora, para participar en el camino de una amplia visión con el objetivo de crear vida y paz. También puede traer apoyo de los países del Golfo. Es posible entusiasmar a la gente joven, al unir la ciencia, el desarrollo y la paz en un solo manojo.

Tengo la intención de dedicarme a promover las relaciones entre Israel y la Diáspora, sumando una dimensión intelectual y creativa. Y, esto, junto al estímulo de relaciones modernas con los países árabes.

Dentro de nosotros existen enormes poderes creativos ocultos en las áreas espirituales, filosóficas, científicas y culturales. Y en lo profundo se encuentra la obligación de asistir en la aflicción humana en cualquier lugar, el lugar del pobre de vuestro pueblo y el lugar del necesitado en su región.

Mis amigos, miembros de la Knesset, estimados invitados:

Fui joven y también envejecí. Mis ojos han visto a Israel en sus horas más difíciles y también en momentos de logros e inspiración espiritual. Mis años me posicionan en un punto de observación desde el cual se ve la escena de nuestra vida como nación renaciente, que se extiende con toda su gloria. Es verdad que aparecen manchas en la imagen. Es verdad que hemos fallado y errado , pero por favor, créanme: no hay espacio para la melancolía. Los extraordinarios logros de Israel, en sus sesenta años, junto con el coraje, sabiduría y creatividad de nuestra joven generación, dan origen a una clara conclusión: Israel tiene la fuerza para alcanzar gran prosperidad y convertirse en un estado ejemplar, tal como nos fuera encomendado por nuestros profetas.

Permítanme seguir siendo optimista. Permítanme ser un soñador de su pueblo. Permítanme presentar el lado luminoso de nuestro estado. Y también, si en ocasiones la atmósfera es otoñal, incluso si hoy, el día parece repentinamente gris, el presidente que ustedes han elegido, nunca se cansará de alentar, despertar y recordar ; porque la primavera nos está esperando en el umbral. La primavera llegará definitivamente!

Y, como conclusión, quiero expresar mi agradecimiento y amor a mis dos bisnietos, a mis ocho nietos, a mis tres hijos, y a mi esposa Sonya, quien nos unió a todos entre suaves lazos de amor y con modestia en su corazón.

Señora presidenta del Parlamento: gracias por cumplir el rol de presidente con sabiduría y encanto. Ha llenado un vacío en un período difícil.

Señor primer ministro: gracias por la confianza y cooperación, que ha me ha demostrado durante el período en que fui miembro en su gobierno.

Estimados amigos: hoy les digo “Shalom” y “Au Revoir”. Mi residencia estará abierta para ustedes y para todo el pueblo de Israel ya a partir de mañana por la mañana y el número telefónico estará disponible para todos. Les deseo, desde lo profundo de mi corazón, un continuo servicio leal en nombre del Estado de Israel y su maravilloso futuro. Serviré a esta nación de un modo diferente pero no con menos fe.

Le doy gracias al Creador del Universo, a mi pueblo, y a ustedes por darme tan grande privilegio. Miles de gracias.

Shalom para ustedes, y “Au Revoir” nuevamente.

¡Larga vida al Estado de Israel!

 

 
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