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Mensaje del Embajador de Estados Unidos, Anthony Wayne Imprimir E-Mail
jueves, 22 de mayo de 2008
“El Día de la Victoria en Europa (Día V-E) trajo esperanza de normalidad, después de casi cinco largos años de ocupación.  También impartió un sentido duradero de solidaridad a los que pelearon contra la tiranía Nazi. Un líder de la Resistencia lo dijo bien: “Somos uno porque, juntos, creímos en algo”. Celebramos un gran triunfo del bien sobre el mal. Nunca olvidaremos los actos de coraje que hicieron posible la liberación de un continente o los héroes que pelearon por la causa de la libertad.  Y honramos a los valientes soldados que humillaron a los tiranos, defendieron a los inocentes y liberaron a los oprimidos. Al comienzo de la guerra, había personas que creían que la democracia era demasiado blanda para sobrevivir, especialmente contra la Alemania Nazi, que ostentaba las fuerzas armadas más profesionales, mejor equipadas y más entrenadas del mundo. Aún así, el ejército Nazi sería derrotado por una coalición de fuerzas armadas que incluyó muchos aliados democráticos, combatientes por la libertad (freedom fighters) de países ocupados y líderes de la resistencia clandestina.  Los soldados estadounidenses, quienes, tan solo unos meses antes, habían sido campesinos y empleados bancarios y obreros en fábricas, lucharon codo a codo con nuestros aliados.  Y los tiranos del mundo recibieron una lección: No hay ningún poder como el poder de la libertad, y ningún soldado tan fuerte como un soldado que lucha por esa libertad.
Celebramos la victoria que ellos ganaron, y nos volvemos a comprometer con la gran verdad que ellos defendieron, que la libertad es un derecho natural de toda la humanidad.  Gracias al sacrificio de esa gran generación, esa verdad ha prevalecido en tantos lugares y por tanto tiempo desde ese entonces, y continúa motivando a hombres y mujeres alrededor del mundo hoy en día.  Gracias a su sacrificio, los tiranos cayeron; el fascismo y el nazismo fueron derrotados; la libertad prevaleció y los dominios de la libertad fueron asegurados, para que su marcha pudiera continuar alrededor del mundo en las décadas siguientes.
Como decía una canción de mis tiempos universitarios, nosotros a menudo: “Encontramos el costo de la libertad enterrado bajo tierra.”
Así fue que a lo largo de Europa, los estadounidenses compartieron la batalla con británicos, canadienses, polacos, franceses libres, y valientes ciudadanos de otros países.  Desde el este, valientes soldados de la Unión Soviética defendieron su patria y empujaron a los ejércitos Nazis de vuelta a Alemania. En las pruebas y el sacrificio total de la guerra, nos convertimos en aliados.  A pesar de que el mundo posterior a la guerra vio crecer nuevas divisiones entre la Unión Soviética y los Aliados de Occidente, muchas de las naciones que liberaron una Europa ocupada siguieron trabajando juntas para la libertad de toda Europa, que se hizo realidad solo en décadas recientes.  Y las naciones que pelearon en todo el continente se convertirían en aliados de confianza en la causa de la paz. Nuestra gran alianza de libertad se ha hecho más amplia y permanece fuerte, y aún es necesaria hoy en día.
Nosotros en los Estados Unidos y Europa, hemos sido ampliamente recompensados con la oportunidad adquirida a un precio tan caro de vivir en libertad, de seguir nuestros propios intereses, de disfrutar la generosidad de nuestras naciones, y lo mas importante, de ver a los hijos, nietos, y ahora bisnietos de esos valientes hombres y mujeres que sacrificaron todo, prosperando y disfrutando las bendiciones de la libertad.  Es un legado del cual cada uno de nosotros puede estar orgulloso y al cual todos podemos decir que, en alguna forma pequeña, hemos contribuido.  Podemos estar orgullosos de haber llevado la antorcha de la libertad y, finalmente, de pasarla a la próxima generación, responsable de continuar ese legado.
La victoria sobre la Alemania Nazi fue mucho más que una victoria militar.  Fue la victoria del espíritu humano por sobre la opresión y la tiranía, el odio y el racismo en sus formas más peligrosas y bestiales.  Y debemos pasar a aquellos que vendrán después de nosotros el espíritu de conexión histórica, de aspiraciones comunes y esperanza compartida.
Los Estados Unidos de América y estas naciones están unidos por la historia, por los derechos universales que hemos defendido juntos, y por nuestras más profundas convicciones.  Todos nosotros entendemos que el progreso de la libertad es fruto del trabajo unido de generaciones, desde los valientes soldados y ciudadanos comunes que lucharon contra la Alemania Nazi más de 63 años atrás hasta aquellos que luchan por la libertad hoy en día.  Y trabajando juntos, nos aseguraremos de que la promesa de libertad y democracia conseguida en el Día V-E alcance algún día a todas las personas en el siglo 21.  No podemos dejar que las lecciones de esta lucha y esta victoria sean olvidadas.
Nuestros pueblos nunca dejaron de tener un aprecio en común por la libertad y la ley, la justicia y la democracia. Estos valores están arraigados en lo más profundo de nuestras culturas y civilización.  Son el verdadero espíritu de nuestros pueblos. Son el corazón y el alma de nuestras naciones.
Las causas pueden ser juzgadas por los monumentos que dejan detrás de sí. El terror Nazi es conmemorado hoy en lugares como Auschwitz, Dachau, Buchenwald, Treblinka, y el Ghetto de Varsovia.  La alianza que ganó la guerra es conmemorada hoy en cementerios cuidadosamente construidos en Normandía, Anzio, San Petersburgo, y otros lugares a lo largo de Europa, donde recordamos vidas breves de gran honor, y ofrecemos esta plegaria: Siempre estaremos agradecidos y siempre debemos recordar.  Pero la verdadera prueba de que hemos aprendido de estos sacrificios debe estar personificada en nuestros actos diarios, en nuestras democracias y en las vidas de nuestros hijos.
Debemos recordar y vivir las lecciones aprendidas de ese sacrificio, para entonces poder decir, como dijo el entonces Subsecretario de Estado Richard Armitage en sus palabras al Grupo de Trabajo para la Educación sobre el Holocausto, “Nunca más a la brutalidad totalitaria que consumió a los judíos de Europa y a millones de otras personas.  Nunca más al genocidio que fue planeado y ejecutado con malicia científica y eficiencia mecánica.  Nunca más a la dramática opresión que corrompió a sociedades enteras en nombre del odio y en nombre de la muerte.  Cuando decimos “nunca más”, estamos hablando no sólo de fuerzas históricas, sino directamente a las caras y a los nombres de aquellos que fallecieron y a aquellos que sobrevivieron al Holocausto.  Y es con ellos que afirmamos nuestro compromiso.”
 
 
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