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Recordación de la Shoá y del heroísmo judío Imprimir E-Mail
miércoles, 30 de abril de 2008

Por Moshé Korin.

UNA FECHA ESPECIAL.

La Rebelión del Gueto de Varsovia estalló el 19 de Abril de 1943. Era la noche del primer “séder” de Pésaj en el calendario hebreo.

El 12 de Abril de 1951, la “Knéset” (Parlamento de Israel) resolvió fijar en dicho calendario un día destinado especialmente a rememorar la Shoá (Holocausto), por un lado, y por otro, a recordar los hechos heroicos que protagonizaron los movimientos judíos de resistencia a los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

Al preferir que una fecha de tan particular significado no coincidiera con la festividad de Pésaj, se decidió que fuera el 27 de Nisán, ya que se sitúa entre el comienzo de Pésaj (Rebelión del Gueto de Varsovia) y el Día de Homenaje a los Caídos en Defensa de Medinat Israel (4 de Iiar); siempre dentro de las 7 semanas que, desde muy antiguo, vienen siendo consideradas de duelo (las del recuento que se denomina “Sefirat Haómer”). Hubo también quienes proponían el día 19 de Abril, pero el inconveniente era que cada año caía en una fecha distinta del calendario hebreo.

El levantamiento del Gueto de Varsovia fue seguido por rebeliones también en otros guetos. Todas ellas se caracterizaron por el alto grado de arrojo puesto de manifiesto por sus protagonistas, que enfrentaban a los asesinos del pueblo judío.

LEY DEL DÍA DE RECORDACIÓN DE LA SHOÁ Y DEL HEROÍSMO JUDÍO.

La “Knéset” estableció este día en la fecha arriba mencionada, 27 de Nisán, por una ley que ratificaba la resolución anterior, que aprobó el 4 de Marzo de 1959 y en la cual expresa:

“El 27 de Nisán será el Día de Recordación de la Shoá y del Heroísmo Judío, dedicado año tras año a rememorar la catástrofe que los nazis y sus colaboradores abatieron sobre el Pueblo Judío, y los hechos heroicos de la Resistencia en aquellos días. Cuando el 27 de Nisán caiga en viernes, se trasladará la fecha de recordación al 26 de Nisán del mismo año”.

“En el Día de la Recordación se guardarán, en toda la extensión del país, dos minutos de silencio durante los cuales han de cesar todas las actividades y se interrumpirá el tránsito caminero. Se realizarán recordatorios, asambleas populares y ceremonias especiales en los campamentos militares y en los establecimientos educativos. Las banderas de los edificios públicos serán izadas a media asta; los programas de radio reflejarán el carácter específico de ese día, y en los lugares de esparcimiento sólo se tratarán temas adecuados a dicho carácter”.

“El ministro que sea designado al efecto, acordará con el ente oficial para la memoria de la Shoá, “Iad Vashem”, las instrucciones a fin de que el Día de la Recordación se cumpla según lo estipula esta ley”.

Para la generación que fue testigo de aquellos horrores, y por supuesto para quienes sintieron en carne propia la marca de fuego sobre su brazo, no habría sido necesario fijar un Día de Recordación. Sí lo es respecto de las nuevas generaciones, a medida que se alejan de aquel período nefasto, a fin de que permanezca en la memoria del Pueblo Judío y de la Humanidad.

LA GRAN CATÁSTROFE.

La Segunda Guerra Mundial devastó la mayor parte de los países europeos. Millones de personas perecieron en los bombardeos y cayeron en los campos de batalla. Pero esa contienda se diferenció de las anteriores no sólo por sembrar muerte y destrucción en proporciones tan enormes, sino también porque millones de sus víctimas hallaron la muerte más allá de las acciones bélicas.

Decenas de miles de personas fueron asesinadas día a día, según un plan sistemático, mediante mecanismos perfectamente estructurados, puestos en marcha a tal fin. Y el objetivo era: borrar al pueblo judío de sobre la faz de la tierra.

Fue la más terrible de las agresiones sufridas por nuestro pueblo, tan experimentado en padecimientos. La gran catástrofe llevó al exterminio a casi todos los judíos que vivían en los países europeos, en los territorios conquistados por los nazis. Millones de seres humanos, hombres y mujeres, ancianos y niños, fueron conducidos día tras día a la muerte: gente cuya única culpa era la de ser judíos.

Los gobernantes de muchos países habían pensado que mediante concesiones a Hitler lograrían evitar la guerra. Así fue como cayeron en la trampa Austria y Checoslovaquia. Cuando Hitler advirtió la debilidad de los estados europeos, siguió sorprendiéndolos con sus artimañas y decidió la invasión a Polonia.

La guerra que estalló súbitamente fue motivo de alarma y consternación. Un gran temor se apoderó de todos. En cuanto a los judíos, pronto comprendieron que su situación era distinta de la del resto de las poblaciones.

En Polonia, conquistada por los alemanes en una operación relámpago, vivían por entonces más de 3 millones de judíos. Era considerada el centro de la creación nacional judía. Y los nazis la eligieron para cumplir sus siniestros planes. Mediante órdenes cada vez más frecuentes fueron desalojando a los judíos de sus posiciones y despojándolos de sus bienes.

En poco tiempo, los judíos de Varsovia, la ciudad capital, se vieron aprisionados entre los muros de un gueto y expuestos al hambre, las enfermedades, el hacinamiento y la más absoluta pobreza.

Del mismo modo obraron los nazis en las demás ciudades polacas. Miles de familias judías fueron echadas de sus viviendas y trasladadas a guetos superpoblados. Y advirtieron que no sólo tenían en su contra a las tropas nazis, sino que además se hallaban atrapados en las redes de una terrible hostilidad por parte de la población en medio de la cual habían vivido. Ese odio provenía de una tradición antisemita de muchos años. La espada que esgrimían los alemanes era apoyada por esa población hostil. Y así los judíos se vieron en un callejón sin salida.

La guerra que había comenzado en el Este se extendió como una llamarada. Las tropas avanzaban velozmente y los nazis iban de victoria en victoria. En el término de pocos meses ocuparon Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia, Yugoslavia y Grecia. Los gobiernos de Checoslovaquia, de Hungría, de Rumania y de Bulgaria, colaboraban con la política nazi. En todas partes llovían los edictos contra los judíos.

Hubo gobiernos y poblaciones que hostigaron a los judíos y ayudaron a los nazis en su macabra tarea. Pero también hubo en Europa países que rechazaron las exigencias de Hitler y no entregaron a sus judíos. En Holanda se declaró en Febrero de 1941 una huelga general de identificación con los judíos, concentrados en barrios especiales. Muchos holandeses arriesgaron sus vidas para salvar a judíos, y hasta los ocultaron en sus propias casas. También Dinamarca, el pequeño país que no pudo evitar la conquista nazi, se mostró fuerte en su defensa. Los daneses lograron desbaratar los intentos de los alemanes de apresar a los judíos y trasladarlos a campos de concentración. Ellos los ayudaron a ocultarse y los trasladaron por mar a Suecia, que era un país “neutral”. También los movimientos de resistencia en Bélgica, en Francia, en Noruega y en Italia, ayudaron a muchos judíos a librarse de la trampa. Y una llamita de esperanza seguía viva en los corazones: todos los males acabarían por pasar y los alemanes se hartarían de sus crímenes.

EL PLAN DE “SOLUCIÓN FINAL”.

Con la invasión alemana a la Unión Soviética, en Junio de 1941, comienza la etapa crítica de los planes nazis respecto a los judíos. Es cuando adoptan la política de aniquilación total. Eso sucedió en la Conferencia de Vansse, en Enero de 1942. Allí decidieron aplicar la llamada “Solución Final”.

La matanza comenzó por centrarse en pequeños grupos, pero se fue ampliando gradualmente hasta llegar al asesinato frío y metódico del mayor número de judíos posible.

Se levantaron numerosos “campos de concentración”, constituidos en verdaderas fábricas de muerte. Allí arribaban a diario miles de judíos en trenes especiales. Los nazis trataban de disimular sus verdaderas intenciones y todo se hacía en medio del mayor ocultamiento.

En circunstancias tan terribles, hubo judíos que, individualmente o en grupos, revelaron un ingenio asombroso en su lucha por la supervivencia, en la organización de la ayuda mutua, en el aliento a sus semejantes, en el empeño por conservar la dignidad y la honra. Los núcleos clandestinos surgidos en los diferentes guetos, se esforzaron por cuidar todos los aspectos de la vida en las situaciones más adversas. Ellos alentaban a las organizaciones “jalutzianas” (jóvenes cuya mira era el trabajo pionero en Éretz Israel). En el seno de esas organizaciones educaron a la juventud en una actitud digna y apuntalaron su apego al ideal de Éretz Israel. Ellos imprimieron periódicos clandestinos y se ocuparon de su difusión. Esos órganos traían novedades de los frentes de guerra y alentaban la oposición al feroz enemigo.

Dadas sus condiciones de vida, las acciones de resistencia armada protagonizadas por judíos, individualmente o en grupos, resultan sorprendentes. El Movimiento de Resistencia tomó la iniciativa de las rebeliones en los guetos y en los campos de muerte; ayudó a rescatar judíos de las ciudades para enviarlos a los bosques; y proporcionó alimentos, armas y escondites a los fugitivos.

LA FUERZA DEL ESPÍRITU JUDÍO.

La Rebelión del Gueto de Varsovia, que comandada por Mordejái Anielevich se inició el 19 de Abril de 1943, en la noche del primer “séder” de Pésaj, es un modelo de valor y espíritu de sacrificio. No tenían ninguna posibilidad de destruir la infernal maquinaria nazi. Pero con su actitud demostraron la fuerza del espíritu humano, frente a quienes encarnaban la más absoluta bestialidad.

Poco más tarde, en el verano de 1943, estallaron los levantamientos en los guetos de Biálystok y de Vilna. Los sobrevivientes que lograron refugiarse en los bosques, se incorporaron a las unidades de partisanos judíos, cuyo Movimiento creció en los años 1942-43. Ellos también tomaron parte activa en los movimientos de resistencia de Francia y de Bélgica, y ayudaron a rescatar niños judíos de Francia y Holanda. Hubo, además, judíos en las filas de los partisanos de Yugoslavia y de Italia, y otros que se distinguieron por su bravura en los bosques de Rusia y Ucrania.

RECORDACIÓN DE LA SHOÁ Y DEL HEROÍSMO JUDÍO.

El pueblo judío se ha fijado como objetivo, no olvidar el más terrible episodio de su historia; estudiarlo y transmitir el significado de la Shoá y sus enseñanzas desde el punto de vista humano; profundizar en el conocimiento de aquella etapa oscura en la que perecieron 6 millones de nuestros hermanos; convocar a la opinión pública en Israel y en todo el mundo, para que hechos aberrantes como los vividos no se repitan.

En cada Día de Recordación de la Shoá y del Heroísmo Judío, se realizan en todo el territorio israelí y en las comunidades diaspóricas, actos públicos, asambleas recordatorias en las escuelas y en diferentes instituciones; se organizan congresos, conferencias y visitas a los museos que guardan la memoria de las víctimas; se ensalzan las acciones heroicas y la potencia espiritual de los combatientes.

 
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