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Exponen en Berlín el proyecto imperial de Hitler para la ciudad Imprimir E-Mail
viernes, 11 de abril de 2008

Una muestra de arquitectura nazi

El arquitecto Speer le había diseñado una ciudad faraónica que implicaba destruir 30.000 casas. 

 

En el corazón del Berlín actual, junto al monumento a los seis millones de judíos víctimas del Holocausto nazi, una exposición titulada "El mito de Germania: sombras y huellas de la capital del Reich" recrea el proyecto que Adolf Hitler encargó a su arquitecto preferido, Albert Speer (1905-1981), para hacer de Berlín la metrópolis del nazismo. Una maqueta de doce metros de largo muestra las construcciones previstas para los siete kilómetros del "Eje Norte-Sur de Berlín", en cuyo centro habría estado el Gran Pabellón —con capacidad para 150.000 personas— coronado por una cúpula de 250 metros de diámetro y 290 de altura, más alta que la berlinesa Puerta de Brandeburgo y la cúpula de San Pedro en el Vaticano.

Para construir el delirio arquitectónico de Hitler era necesario expropiar 30.000 casas y erradicar a 80.000 personas. El arquitecto Speer necesitaba espacio pero eso no era problema en la Alemania nazi: sus planes incluían la deportación de miles de judíos berlineses, cuyas casas se entregarían a los "arios" que iban a perder sus viviendas por este proyecto faraónico. La piedra natural que Hitler quería para el edificio de la Cancillería del Reich —con un despacho de 900 metros cuadrados— se iba a conseguir con mano de obra esclava de los campos de concentración. Speer calculó todo al milímetro, como lo hizo para sus proyectos en Munich y Nuremberg, pero el alto costo de la guerra anuló los planes. "Entre la Segunda Guerra Mundial y la metrópolis nazi, Hitler eligió lo primero, entonces Speer dejó de ser su arquitecto para convertirse en ministro de Armamentos en 1942", explicó Dietmar Arnold, presidente de Berliner Unterwelten —"el Berlín Subterráneo"— una institución privada que hace visitas guiadas por bunkers berlineses y ahora impulsó esta muestra.

Hitler le encargó en 1938 al arquitecto Speer —que en esa época era inspector general de Construcciones— esta metrópolis nazi, conocida ahora como "Germania". Speer trabajó en el proyecto hasta 1943. El "Eje Norte-Sur" atravesaba el casco histórico de Berlín y se cruzaba con el "Eje Este-Oeste": en ese cruce se levantaría el Gran Pabellón, cerca de donde hoy está la sede del gobierno alemán. Speer estimaba que las obras durarían al menos veinte años. El Arco de Triunfo berlinés, que debía ser cincuenta veces más grande que el de París, nunca pasó de ser una maqueta, lo mismo que todo el proyecto.

Aún hoy los expertos discuten si Speer era un visionario loco y si sus planes eran realizables. "Por supuesto que sí, eran obras realizables, tenemos documentados informes sobre la resistencia de los materiales, que lo demuestran", dice Dietmar Arnold. Pero la historiadora Susanne Willens, también relacionada con la muestra, cree que el proyecto "no era completamente realizable", porque en Europa no había suficiente piedra natural para las construcciones, que difícilmente habrían soportado los vientos y el durísimo clima de Berlín.

"Hitler quería que todo fuera de piedra natural para asegurarse la inmortalidad, como un faraón de la antigüedad", explicó Speer en la década de 1970 en una entrevista televisiva, que se puede ver en esta exposición. "Visto desde hoy, todo parece más una tumba faraónica, una megalópolis antes que una ciudad donde puede vivir la gente", admite Arnold ante la gran maqueta, que se ve en La caída, el filme alemán donde Bruno Ganz interpreta a Hitler en sus últimos días en el bunker de Berlín.

"Es cierto que con esta exposición queremos atraer turistas, pero no sólo extranjeros, también alemanes de todo el país ansiosos de saber cómo sería hoy Berlín si Hitler hubiera ganado la guerra", dice Arnold. En la exposición se pueden ver viñetas cómicas hechas por colaboradores de Speer, donde hay tanques que abren avenidas a cañonazos. También hay chistes gráficos sobre el destino de los trabajadores esclavos.

En los juicios de Nuremberg, en 1946, Speer dijo desconocer los crímenes nazis pero fue condenado a veinte años de prisión. Desde la cárcel cultivó la imagen del idealista culto y confidente de Hitler, cuyo único delito habría sido una monstruosa concepción de la planificación urbana. Speer escribió sus memorias y dio entrevistas donde aseguraba ser una víctima del régimen. Pero hoy se sabe —y esta exposición lo demuestra— hasta qué punto estuvo implicado en los siniestros planes de exterminio nazi.

(Del diario Clarín)

 
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