Inicio arrow Video Exclusivo
 
Zeide Imprimir E-Mail
jueves, 03 de abril de 2008
Por Isaías Leo Kremer
Zeide querido, hoy, como en cada seder de mi vida, rememoro el último en que estuvimos juntos.

Las circunstancias eran tristes, papá y mamá ya no estaban con nosotros, tampoco mis hermanitos y demás familiares.

Vivíamos en un ático cerrado y lúgubre, tú, la bobe y yo, su último nieto.

Alrededor sonaban las bombas y el ruido de metralla atronaba el ambiente, manteniéndonos en zozobra y temor.

No sabíamos si la próxima bomba caería sobre nuestras cabezas, o el próximo tableteo de ametralladoras cercenaría nuestras vidas.

Insististe en dejar la puerta abierta para la llegada del profeta Elías, sabíamos que por la misma podían entrar abruptamente los nazis o sus esbirros polacos  o ucranianos.

Sobre la mesa, un platón ritual, misteriosamente resguardado, tenía dos papas hervidas y un poco de agua con sal, ese sería todo nuestro festín de Pesaj.

La bobe, acicalada y llorando, te acomodó almohadones detrás de la espalda, para que estuvieras más cómodo que de costumbre

Los ayes de dolor se oían por doquier cuando a la luz de la única vela, comenzaste a recitar “Esclavos fuimos del faraón en Egipto”.

Mi mente infantil alcanzó a preguntarse:¿hace falta retrotraerse a una esclavitud tan lejana?, ¿no basta con la que padecemos hoy?.

Recordaba otras reuniones festivas rodeado de los afectos que ya no vería, pues pese a mi corta edad, tenía noción clara de lo que fuera la muerte y desaparición de los míos.

La barba canosa y paternal del Zeide estaba mojada con sus lágrimas, cuando me miró y me dijo:¿un Izik, di fir kayes?, (las cuatro preguntas rituales que yo debía enunciar).

¡Basta Zeide!, dije yo y continué: ser judío es una desgracia, por serlo nos humillan, degradan y asesinan, mientras nosotros seguimos aferrados a tradiciones y festejos para agradecer a un D” que hace tiempo ya nos abandonó.¡Maldito el día en que me hicieron judío!, dije llevado por la ira.

Mi Zeide estaba partiendo el único trozo de matzah que ignoro como había conseguido para la ocasión, dadas las condiciones de escasez que reinaban entre nosotros.

Dijo la bendición correspondiente y alcanzándome la tableta, me miró profundamente y con tristeza, antes de responderme pausadamente.

“¡Izik querido!, eres el último de mis nietos, el último que lleva en sus venas algo de mí y de mis queridos ancestros, algo de tu sangre es mía y a esa fracción es que dirijo mis palabras.

Todos nosotros, (mi familia y yo), somos como un largo tren de carga con muchos vagones que está pasando un largo y angosto puente sobre un profundo río.

Ya han atravesado el puente gran cantidad de vagones, mas si al pasar el último vagón, el puente cediera, este último vagón caería al vacío y arrastraría en su caída a todos los precedentes.

Trata de no ser tú ese último vagón, malograrías el esfuerzo de todos los que te precedieron, no tendríamos cara para presentarnos ante el tribunal supremo, del cual estoy ya tan cercano”.

Los gritos y sirenas que atronaban la noche, no me permitieron tomar en cuenta las palabras de mi Zeide, afuera se desarrollaba una Kinderaction. Mi bobe apagó con sus dedos la única vela y quedamos en la penumbra del ático durante horas interminables.

Por la mañana, me despertaron y me indicaron que subiera al altillo pequeño, desde cuya mínima ventana, podía observar la calle hasta el regreso de ambos.

Bajaron a la calle con sus ropas de Pascua, cada uno de ellos portando una cacerola en la cual traerían agua para beber, ya que el agua corriente hacía tiempo que no fluía por las cañerías.

Contemplé desde mi puesto cómo caminaban lenta pero dignamente con sus insignias amarillas en dirección a la fuente de agua.

También vi cuando los interceptó una gavilla de ucranianos con sus uniformes grises, se reían de los ancianos y les impartieron órdenes en medio de sus carcajadas.

Mi Zeide, permaneció quieto y erguido, mirándolos de frente, aferrada a su brazo, mi bobe llorando.

De pronto, como en cámara lenta, observé a un ucraniano, que desde atrás de mi Zeide, descargaba sobre su cabeza un fuerte mazazo y el Zeide cayó. Cerré mis ojos, ahogué un grito, clavé mis uñas en la carne y permanecí en silencio.

Cuando me animé a mirar nuevamente, los ucranianos habían desaparecido, los cuerpos de mis abuelos estaban tirados uno sobre otro, con las cacerolas aún en sus manos rígidas.

La masa cerebral de mi Zeide estaba desparramada en la acera, era increíble, uno de los mayores cerebros, de quien tantos habían tomado aguas de sabiduría, yacía esparcido en la calle, pisoteado por botas ucranianas y las moscas se posaban impunemente sobre él.

A partir de ese desgraciado día, aprendí a vivir como un topo bajo la tierra, como una ardilla, entre las ramas de los árboles, me oculté en chiqueros, letrinas, cloacas y cuanto lugar sirviera para esconderme un día más de los asesinos.

La consigna era sobrevivir, no a cualquier precio pero hacerlo, no manché mis manos con sangre, no delaté aunque fui delatado, seguí siendo quien soy, nunca fui un número ,ni un luftkind (niño de aire), como lo fueron mis hermanos, arreados por los nazis y sus esbirros.

¡Sobreviví!, eso es lo importante, aunque sé positivamente que sólo fue una cuestión de azar y suerte, esa misma que no tuvo la gran mayoría de los judíos de Europa, entre ellos, mis padres, hermanos, la bobe y el Zeide.

Hoy, Zeide querido, a tantos hechos y tantos tiempos de aquellos sucesos, me encuentro presidiendo lo que será la noche de Pesaj en mi hogar, rodeado de amados hijos y nietos.

Aún no han llegado los invitados, estoy sólo contemplando las tabletas de matzah y los trozos de papas que embeberé en agua salada, antes de convidarlos a los míos.

Es inevitable que en cada seder, desde aquellos tristes días, mi pensamiento y mis recuerdos me lleven a ese último que viviera junto a mi bobe y mi Zeide.

No sé si puedes desde donde estás, conocer mi pensamiento, hay uno que prima por sobre los demás y es el de hacerte saber que no soy yo el último vagón, ese que arrastra todo el convoy hacia el vacío.

Estoy pasando gloriosamente el puente, tras la formación de mis padres y abuelos, desconozco si mis hijos y nietos seguirán como yo el mismo camino, espero y deseo que así sea.

Pero respecto a mí, Zeide querido, puedes presentarte frente al tribunal con toda tu dignidad intacta, esa  que supiste inculcarme, no seré yo quien te avergüence en las alturas con una conducta impropia.

En lo que a mí respecta, también se acorta mi tiempo para presentarme ante tan digno estrado, tu estarás a mi lado, al igual que mis padres, y juntos bendeciremos a nuestros descendientes.

Las puertas de las casas de mis hijos estarán abiertas la noche de Pésaj. Por ellas entrará el profeta Elías, y todos nosotros posaremos nuestros labios en su copa cuando oigamos la frase :Esclavos fuimos del Faraón en Egipto,¡Jag sameaj!.

 
< Anterior   Siguiente >

Ediciones

Edicion 4524
9 de mayo de 2014
22 de febrero de 2013
31 de agosto de 2012
14 de agosto de 2012
10 de agosto de 2012
31 de julio de 102
13 de julio de 2012
20 de junio de 2012
2 de junio de 2012
25 de mayo de 2012
11 de mayo de 2012
22 de abril de 2012
6 de abril de 2012
16 de marzo de 2012
24 de Febrero de 2012
27 de enero de 2012
30 de diciembre de 2011
16 de diciembre de 2011
25 de noviembre de 2011
11 de noviembre de 2011
21 de octubre de 2011
23 de septiembre de 2011
26 de agosto de 2011
05 de agosto de 2011
22 de julio de 2011
8 de julio de 2011
24 de junio de 2011
10 de junio de 2011
27 de mayo de 2011
13 de mayo de 2011
30 de noviembre de 2010
15 de noviembre de 2010
1 de octubre de 2010
17 de setiembre de 2010
3 de setiembre de 2010
20 de agosto de 2010
9 de julio de 2010
25 de junio de 2010
11 de junio de 2010
28 de mayo de 2010
14 de mayo de 2010
30 de abril de 2010
16 de abril de 2010
2 de abril de 2010
19 de marzo de 2010
5 de marzo de 2010
19 de febrero de 2010
22 de enero de 2010
8 de enero de 2010
25 de diciembre de 2009
11 de diciembre de 2009
27 de Noviembre de 2009
13 de noviembre de 2009
30 de octubre de 2009
16 de octubre de 2009
2 de octubre de 2009
18 de setiembre de 2009
4 de setiembre de 2009
21 de agosto de 2009
7 de agosto de 2009
24 de julio de 2009
10 de julio de 2009
26 de junio de 2009
12 de junio de 2009
29 de mayo de 2009
15 de mayo de 2009
1 de mayo de 2009
17 de abril de 2009
3 de abril de 2009
13 de marzo de 2009
27 de febrero de 2009
13 de febrero de 2009
30 de enero de 2009
19 de diciembre de 2008
12 de diciembre de 2008
5 de diciembre de 2008
21 de noviembre de 2008
14 de noviembre de 2008
7 de noviembre de 2008
31 de octubre de 2008
24 de octubre de 2008
17 de octubre de 2008
26 de setiembre de 2008
19 de setiembre de 2008
12 de setiembre de 2008
5 de setiembre de 2008
29 de agosto de 2008
15 de agosto de 2008
8 de agosto de 2008
1 de agosto de 2008
25 de julio de 2008
18 de julio de 2008
4 de julio de 2008
27 de junio de 2008
20 de junio de 2008
6 de junio de 2008
30 de mayo de 2008
23 de mayo de 2008
16 de mayo de 2008
9 de mayo de 2008
2 de mayo de 2008
18 de abril de 2008
11 de abril de 2008
4 de abril de 2008
28 de marzo de 2009
21 de marzo de 2008
14 de marzo de 2008
7 de marzo de 2008
22 de febrero de 2008
15 de febrero de 2008
8 de febrero de 2008
1 de febrero de 2008
18 de enero de 2008
11 de enero de 2008
4 de enero de 2008
21 de diciembre de 2007
14 de diciembre de 2007
7 de diciembre 2007
30 de noviembre de 2007
23 de noviembre de 2007
16 de noviembre de 2007
9 de noviembre de 2007
2 de noiembre de 2007
26 de octubre de 2007
19 de octubre de 2007
12 de octubre de 2007
28 de setiembre de 2007
21 de setiembre de 2007
7 de Setiembre de 2007
31 de Agosto de 2007
24 de agosto de 2007
17 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
27 de julio de 2007
20 de julio de 2007
13 de julio de 2007
6 de julio de 2007
29 de junio de 2007
15 de junio de 2007
8 de junio de 2008
1 de junio de 2007
25 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007

© 2018 Mundo Israelita