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Nuevo Tiempo Judío Imprimir E-Mail
lunes, 31 de marzo de 2008
Importante Enciclopedia:
Durante mi última visita a Israel, leí en el diario que se anunciaba la presentación de la Enciclopedia “Zman Iehudí Jadash. Tarbut Iehudit be-Idan Jiloní” (cuya traducción sería: “Nuevo Tiempo Judío. Cultura Judía en una Era Laica”), publicada por la Editorial Kéter y cuyo compilador es Iair Tzabán.
Recordé entonces cuando a comienzos de los años ´90, en ese entonces en calidad de alto funcionario oficial, pues era el Ministro de “Klitá” (Absorción) del Estado de Israel (anteriormente había sido legislador), nos visitó en Buenos Aires.

Coincidencia
En aquella ocasión tuve la enorme satisfacción de ser su anfitrión en la Escuela Scholem Aleijem (de la calle Serrano, de la cual yo era entonces su Director), donde él quedó muy gratamente impresionado por encontrar una institución educativa al mismo tiempo muy judaica y secular, destacando que esta composición tan singular no era frecuente hallar en la diáspora y enfatizando la coincidencia con su propia visión del tema.
Tuvimos aquella vez una relación muy amigable, e inclusive lo he visitado en el hotel donde se alojaba y conversamos mucho sobre todo lo pertinente al judaísmo.
Y allí en aquella visita, hace más de tres lustros, ya él me anticipó su idea, que justamente vi ahora concretada: me comentaba que se proponía juntar material para mostrar este nuevo tiempo judaico, y el desarrollo de una cultura laica.
En esta ocasión, al hallarme en Israel, si bien no pude asistir el día de la presentación oficial de la Enciclopedia, he seguido a través de los distintos medios de comunicación israelíes —orales y gráficos— sus declaraciones, que tuvieron importante eco, como así ojearla y leer párrafos en librerías y luego me pasé un día entero en una biblioteca, tomando nota de párrafos de la misma.
En función de lo abrevado durante ese tiempo,  y de lo conversado conmigo en aquella visita cuando era ministro, como así también en una entrevista que le solicité durante mi estadía en Israel, elaboré esta nota para dar a conocer al público argentino la persona, la perspectiva y la obra de Iair Tzabán.
Raíces
-¿Dónde están sus raíces?
-Mis padres llegaron a Israel desde Polonia oriental a comienzos de los años veinte del siglo veinte, es decir: en la época de la Tercera Aliá, como pioneros laicos, pero tradicionalistas en alguna medida. Todo su modo de vida era laico, pero en la casa se observaba la “kashrut”, y durante las Altas Fiestas mi papá me llevaba con él a la sinagoga. Al llegar a mis trece años de edad, subí a leer la Torá.
-¿Y sus abuelos…?
-Los padres de mi padre murieron en Auschwitz; los de mi madre, hicieron “aliá” en 1935. Eran personas religiosas. La familia estaba unida y era amplia, y todos juntos celebrábamos las festividades judías. Yo absorbí lo básico del contenido del legado judío: las festividades —fundamentalmente la noche del séder familiar de Pésaj—, el “Bar Mitzvá”, etc.
-¿Y la escuela…?
-Estudié en la “Guimnasia Ivrit” en Jerusalem. Para mi fortuna, tuve buenos maestros en asignaturas importantes como Literatura Hebrea, Historia del Pueblo Judío, “Tanaj” y Talmud; y todo eso quedó muy grabado en mí.
Influencia
Recuerdo que en nuestras charlas en Buenos Aires, le pregunté por su formación inicial y me dijo que toda su vida fue un hombre de Izquierda. Durante veinte años estuvo junto a Moshé Sné, quien fuera líder del judaísmo polaco, y, ya en Israel fue jefe de la comandancia nacional de la “Haganá” (ejército; antecedente del actual “Tzáhal”). Definió a Sné como una persona imbuida de judaísmo en cuerpo y alma, y me dijo que eso ejerció en él una natural influencia, dado su proximidad de tantos años.
Viraje
Según me lo reconoció, con el correr de los años, Tzabán operó un viraje en su concepción ideológica, al arribar a la conclusión de que una Izquierda que no esté integrada a la cultura nacional de su pueblo no tiene posibilidades de echar raíces en él. Y por eso, si bien a una edad relativamente tardía, y a la par de una intensa actividad política, fue a capacitarse en Ciencias Judaicas, estudiando primero en la Universidad Bar Ilán y luego en la Universidad de Tel Aviv.
Y entonces, en 1972, cuando debía comenzar a estudiar el pensamiento de “Jazal” (Nuestros Sabios, de Bendita Memoria) en la Universidad de Tel Aviv, falleció Moshé Sné. Fue el momento en que sus compañeros le pidieron que se dedicase a la acción pública. Lo hizo pero sin dejar nunca de pensar, escribir y disertar acerca de los temas vinculados a la identidad y la cultura judías.
Educación judía
En 1996, cuando tras dieciséis años se retira de la “Knéset” (Parlamento israelí) como legislador y tras cuatro años en el gobierno, como Ministro de “Klitá” (Absorción e Inmigración) en el gabinete de Itzjak Rabin, se vio en la necesidad de elegir a qué área dedicaría su actividad principal. Tanto el campo político como el social le resultaban importantes; y, desde luego, también todo lo relativo a la “aliá” –de la que hasta el presente sigue ocupándose—.
Por distintos motivos, Iair Tzabán —según éste me reveló— decidió entonces poner el énfasis en el área de la educación judía.
Durante casi diez años fue presidente de “Meitar”, un centro de estudios académicos del judaísmo como cultura, dedicado a la educación judía para estudiantes y para “olim” (Inmigrantes diaspóricos recién llegados), haciéndolo siempre desde un punto de vista laico y pluralista.
Controversia
Retomando la prolongada, pero muy amena conversación que tuve con él durante mi última estadía en Israel, luego de llamarlo y concretar una entrevista, las que siguen fueron sus respuestas a mis preguntas.
-¿Qué lo condujo a promover este proyecto?
-Pertenezco a la generación en la cual tuvo lugar la gran discusión —en octubre de 1952— entre David Ben Gurión (1886/1970) y el “Jazón Ish” (Rabino Abraham Ishaiahu Karlitz; 1878/1953), quien era considerado autoridad principal en cuestiones vinculadas a la Torá entre los judíos de Eretz Israel), acerca de la carreta llena y la carreta vacía. Recordemos que en esta controversia, el “Jazón Ish” sostenía que la carreta del público religioso estaba llena, mientras que la del sionismo laico era una carretilla vacía. De esa manera, afirmaba, en el trayecto cuesta arriba, la carretilla vacía debía ceder el paso a la llena.
Búsqueda
A mí en ese entonces me movilizó mucho y decidí comenzar mi propia búsqueda, a raíz de la respuesta de Ben Gurión —me dijo Tzabán—. Él le hizo ver que no existe una única carreta religiosa, sino muchas, y por cierto, asimismo existen muchas carretas laicas. Y, lo que me desagradó más aún, fue su aseveración de que la carretilla laica estaba llena sólo de cosas materiales, como la creación del Estado, la economía y el ejército; porque allí me pregunté: ¿y dónde está la cultura judía secular…?
A esto se le sumaba que al abrir la Enciclopedia Hebrea, uno no hallaba allí el término “laicidad”: ni como término principal ni como secundario. Y a todo ello sumémosle mi experiencia en “Meitar”.
Contradicción
-En el pasado, cuando se decía judío laico, esto constituía una contradicción en los términos; hoy en día es posible. ¿Qué es para Ud. un judío laico…?
-También en la actualidad hay quien piensa que se trata de una contradicción conceptual; yo, en cambio, no lo veo así. Entiendo que hubo una época que abarcó varias generaciones, en la cual se dio una superposición completa entre la identidad religiosa y la nacional en el pueblo judío, en el judaísmo. Esta coincidencia no es eterna; tuvo un comienzo histórico determinado, y tuvo un desenlace histórico determinado. Acerca de la fecha de comienzo existe una discusión entre los investigadores… Tal vez se pueda señalar a la reforma que hizo el Rey Ioshiahu (en el siglo VII antes de la Era Común) como el inicio del gran esfuerzo por crear esta superposición.
Lo que resulta más claro para el hombre contemporáneo es que al igual que las comunidades no judías de Europa que a partir del Renacimiento atravesaron procesos de modernización y secularización —y fue decreciendo entre ellas la influencia de la religión—, un proceso similar se operó en las comunidades judías.
Es cierto que sobrevino con posterioridad y con grandes dificultades, pero aquel solapamiento de identidad judía con identidad nacional es en la actualidad, parcial; ya no es pleno. Es decir que sólo una parte de quienes se consideran pertenecientes al pueblo judío, también se adscribe a la religión mosaica; y están quienes no lo hacen en el sentido profundo del término; y por lo tanto se ha creado una realidad de judíos seculares, no observantes.
Historia y existencia
-¿Qué es para Ud. ser judío…?
-Para mí, ser judío es estar situado en la convergencia entre dos líneas: una vertical, que simboliza la existencia judía a lo largo de las generaciones —según nuestra tradición— desde Abraham Avinu, padre de la nación, hasta nuestra generación; la otra línea, en cambio, es horizontal, y simboliza la existencia demográfica judía, ya que se encuentran judíos en distintos lugares del mundo. En el punto de contacto entre la historia y la existencia, aquí me encuentro, y éste es para mí el significado de ser judío: pertenecer a ambas cosas.

Denominadores comunes
Un laico no es forzosamente un ateo. Hay diversos tipos de laicos, así como los hay de religiosos. El laicismo presentaría dos comunes denominadores. Que serían: 1) el dramático descenso en el ascendiente de la religión, sus instituciones y gobernantes sobre la vida social y personal de los individuos; 2) la no aceptación de la autoridad de estas instituciones como coercitiva para el individuo en todas las áreas de su accionar, a diferencia de como lo hace la persona religiosa.
Fuera de esto, los laicos carecen de una plataforma común; puede tratarse de un laico derechista o izquierdista; puede ser un laico republicano o monárquico, así como socialista o capitalista. Ésta no es una plataforma ideológica sino un punto de partida, una concepción que alude a todo el espectro de la vida que vive esa persona en la sociedad de la cual forma parte.
Incorrecta metáfora
-Y, en su opinión,  ¿qué es el laicismo…?
-Cuando se le pregunta a una persona “de a pie” qué es el laicismo, por lo general las respuestas habrán de comenzar con la palabra “no”: “no religioso”, “no creyente”, “no observante de los preceptos”. El laicismo es percibido como una ausencia, una falta de algo. Esta metáfora es equivocada. Porque es como si alguna vez hubo un recipiente lleno de fe, alguien hizo en él un orificio, la fe se escabulló y lo que quedó es un vacío.
Para mi satisfacción —responde Iair Tzabán—, esta descripción no es aceptada por todos los religiosos. Hay suficientes personas entre el público religioso que no aceptan esta descripción según la cual la laicidad es un vacío. Pero incluso entre los laicos hay quienes admiten esta descripción y dicen: “¡Ah, otrora la vida era plena, ahora todo es vacuo!”.
Ahora bien, de ser la secularización una vacuidad, no sería posible explicar la historia de Europa durante los últimos mil años. Hace un milenio era enorme la influencia de la Iglesia católica en Europa: contaba con poderes de Estado, económicos, sociales, políticos y espirituales. En la actualidad no es así en absoluto, puesto que la sociedad europea atravesó un proceso de secularización; y de haber sido ésta débil, entonces cómo pudo hacer frente a esos inmensos poderes de la religión, de la Iglesia…
Humanismo y racionalismo
-¿A qué atribuye el ascenso de la secularización…?
-Mi argumento es que el ascenso del proceso de secularización está vinculado al de fenómenos socio-culturales de enorme significado: en primer lugar, el ascenso del humanismo. Toda religión es teocéntrica, coloca a Dios en el centro, mientras que en el humanismo es el hombre quien se halla en el centro.
La segunda fuerza es el racionalismo. En todas las religiones existen límites apriorísticos a la soberanía de la racionalidad humana, y también entre nosotros se suele decir “aquello que te resulta insondable, no lo indagues”. De esto se desprende que excede al hombre la posibilidad de entender los secretos de la Creación y el comportamiento de Dios. Frente a esta opinión, sostiene el racionalismo que no hay tema —en la naturaleza, la sociedad y el universo— que no pueda ser investigado.   

Soberanía y democracia
También conceptos como los de “soberanía nacional” y “democracia” necesitaron de un proceso de secularización a fin de ocupar su lugar. Hasta hace mil años, la cadena de mando era clara: el Papa, quien representaba a Dios, confería autoridad a los reyes; éstos lo hacían a los príncipes; y estos últimos a los terratenientes, quienes gobernaban a sus vasallos. A partir de aquí esto se terminó. El pueblo es la fuente de autoridad.
Lo que se hace más patente en la democracia. Éste es el punto de inflexión, que la fuente de la autoridad es humana y no está en manos divinas. La consecuencia más importante de la secularización, desde el punto de vista del mundo judío, es que este proceso permitió la aparición del sionismo. Antes imperaba la consigna “con la ayuda de Dios vendrá el Mashíaj, quien habrá de redimirnos”, mientras que con el sionismo surgió la consigna: “habremos de redimirnos por nuestros propios medios”.  
Solución sionista
En la perspectiva de Iair Tzabán, en la conciencia de los judíos la religión preservó a lo largo de las generaciones, su pertenencia al Pueblo Judío, así como el vínculo con Eretz Israel. Pero esto no fue suficiente para liberarse de la diáspora. El sionismo operó una revolución en la actitud ante la diáspora: de una concepción en la cual vendría el Mashíaj y redimiría, a otra de autoliberación.
El sionismo brindó también una solución en la cuestión de la identidad judía ya que en tanto el judío era miembro de una comunidad religiosa, no tenía dilema alguno, sabía cuál era su identidad.
En cambio, con la modernización y la emancipación, comenzaron los problemas de asimilación, los fenómenos de conversión al cristianismo. Pero un judío que dejó de ser judío creyente pasa a ser laico. No desea asimilarse, convertirse al cristianismo, entonces, ¿qué es…? “De repente, carece de coordenadas”, asegura Iair Tzabán. Y entonces viene el sionismo y le da una respuesta: “Aun si no eres creyente y si no observas los preceptos, igualmente eres hijo del Pueblo Judío”. Y esta afirmación tiene un contenido muy elocuente.
Mirada enciclopédica
A posterior del encuntro con Iair y a tres días de partir de regreso a Buenos Aires, apareció en el diario “Iediot Ajronot” un resumen de la presentación de dicha enciclopedia, la cual tuvo los condimentos de reportaje y reflexiones. A continuación transcribiré partes de la nota:
Cuando se le preguntó a Tzabán qué necesidad viene a satisfacer la redacción de la Enciclopedia, aclaró que en ésta hay muchos materiales vinculados a la cultura judía moderna, predominantemente laica, que se hallan dispersos en todo tipo de lugares, y que hasta aquí no existía un “Corpus” completo que brindase un cuadro más integral de la cultura judía durante los últimos doscientos cincuenta años. Se trata de una obra dividida en secciones, y de la que el autor nos dice que la definiría como “una mirada enciclopédica”.
Asimismo señaló Iair Tzabán (“Alma Máter” de la iniciativa y concreción del proyecto), que junto a sus colaboradores y socios en este emprendimiento, no tuvieron la pretensión de incluir todo. Particularmente, porque sólo escribir acerca de la cultura judía durante los últimos doscientos años, les hubiese insumido por lo menos veinticinco volúmenes. Por ello, el objetivo se limitó a brindar un cuadro general, responsable, mediante la ejemplificación de los principales procesos de la modernización, la secularización y sus consecuencias.
Filántropo
Sabiendo que el tema a desarrollar era algo que bien podría captar la atención de su amigo, el filántropo Félix Posen, consiguió interesarlo y que éste le financiase la mayor parte del presupuesto. Asimismo, para la edición, Tzabán eligió al Prof. Irmiahu Iovel —destacado investigador y pensador del campo de la filosofía—, quien aceptó ser el editor principal, mientras que un escritor —y experimentado editor—, David Shajam, accedió a ser el editor ejecutivo. Juntos construyeron el concepto de la enciclopedia.
En cuanto al formato de la misma, Iair Tzabán dijo que si se toma, por ejemplo, el término “Ben Gurión”, es  muy sabido de que ya hay suficientes enciclopedias donde aparece. Entonces la intención en esta Enciclopedia era que, por supuesto la entrada incluyera sus datos biográficos y su obra, si bien en forma sucinta. “Lo que se pretendía en nuestra enciclopedia —señaló—es fundamentalmente describir sus posturas en cuestiones de cultura judía, identidad judía, historia judía; cuál era el mundo judío de Ben Gurión. Y, puesto que nos ocupamos de alguien que no era sólo un hombre de ideas, sino también de acción, nos interesa difundir cuál era su posición en cuanto a las relaciones entre religión y Estado, entre religiosos y laicos”. Y, en efecto, se puede leer en el artículo sobre Ben Gurión cómo se convirtió en laico durante su infancia: un día se quitó la “kipá” y de ese modo provocó la ira de su padre, quien le pegó dos cachetazos. Pese a su amor por su progenitor, ya Ben Gurión —que a sus catorce años de edad leía a Baruj de Spinoza— no se retractaría. Luego, ya como hombre de Estado, su acuerdo con los partidos religiosos le hizo imponer el matrimonio religioso en Israel, aunque él mismo se haya casado con una ceremonia civil. En este aspecto, la Enciclopedia muestra la distancia entre su estilo de vida personal y una línea política que tuvo que ser pragmática y realista, otorgando concesiones a los partidos religiosos para poder gobernar el país.
Participantes
Los redactores fueron elegidos en forma conjunta, y tras muchas consultas. Suman un total de doscientos treinta colaboradores. Vemos que entre quienes participan, podemos hallar a un gran número de laicos pero asimismo hay también personalidades religiosas (ortodoxas, reformistas, conservadores; hay incluso un ultraortodoxo). Muchos de ellos son profesores especializados en sus áreas, entre los cuales hay varios galardonados con el Premio “Israel”. Incluso entre los colaboradores, se hallan algunas personalidades judías de la  diáspora.
Ante la lógica pregunta de “-¿Cómo fue trabajar con tanta gente…?”, Tzabán respondió: -“Naturalmente, en un proyecto tan grande y complejo se suscitaron dificultades en más de una ocasión. Pero debo decir que los superamos con entereza. Hay aquí un conjunto de personas con una sólida posición y un prestigio internacional, y precisamente ellos, en su mayoría, supieron aceptar cada observación y sugerencia de corrección, y tomarla en forma pragmática”.
El público lector
En cuanto a la pregunta sobre el público lector que esperaba recoger con esta obra, Tzabán respondió:
“Hicimos todo el esfuerzo posible para que no crean que se trata de una obra académica, destinada únicamente a profesores y estudiantes. Si bien está también destinada a éstos, de ninguna manera, sólo a ellos. Entre nuestros lectores esperamos también interesar a los alumnos de los cursos superiores del secundario, a sus maestros, y, asimismo, al agente de seguros culto, por ejemplo. Es decir: a cualquier persona del pueblo judío interesada en ampliar sus horizontes, en particular en el contexto del nuevo tiempo judío”.
Asimismo, destacó que en esta Enciclopedia los “olim jadashim” (nuevos inmigrantes) contarán con materiales varios que les ayudarán a conocer tanto la cultura judía en general como aspectos de la misma que vivenciaron en sus países de procedencia, de la misma forma que los pertinentes a la nueva sociedad, en la cual son absorbidos. 
De la carreta al camello
Queremos concluir esta nota, citando lo que Tzabán nos dijera respecto a la posibilidad de convivencia en Israel, entre judíos religiosos y los de formación secular. Aquí también —como citáramos al comienzo de esta nota— recurrió a aquel célebre encuentro entre David Ben Gurión y el “Jazón Ish”.
En este punto, recordó que cuando Ben Gurión le preguntó al rabino cómo podrían convivir, esta vez la metáfora no fue sobre carretas, aunque sí sobre otro medio de transporte de la región: un ser vivo como el camello.
Luego de la metáfora anterior de las carretas, ahora usaron la de los camellos. Le respondió el “Jazón Ish”: “Existe una Halajá que sostiene que cuando dos camellos ascienden por un sendero estrecho, uno cargado y el otro no; y no hay suficiente espacio para que los dos pasen al mismo tiempo, entonces el camello que no transporta carga debe ceder el paso al camello que sí la lleva”.
Y agregó: “Y nosotros debemos soportar el peso de los 613 preceptos; es decir, que llevamos una pesada carga”.
A ello replicó David Ben Gurión: “¿Y Ud. cree que este camello (se señaló a sí mismo) no lleva acaso una pesada carga…?: Poblar al país, disecar los pantanos, defender las fronteras… ¡¿Todo eso no representa una pesada carga?!”.
Estructura
En lo que hace a la estructura de la Enciclopedia, vemos que la misma cuenta con cinco volúmenes, y contiene diez secciones.
El Tomo I, contiene una sección titulada: “Acerca del pensamiento judío moderno”, editada por el Prof. Menajem Brinker (uno de los autores que ya ha sido galardonado con el Premio “Israel”); otra sección es: “Memoria, mito e historia”; editada por el citado Prof. Irmiahu Iovel (también galardonado con idéntico Premio); y hay aquí una sección muy interesante acerca de: “Cambios en los modos de vida”, redactada por el Prof. Israel Bartal. En la misma se brinda a los lectores un interesante cuadro acerca de cómo influyó el proceso de secularización en la vida concreta: la vestimenta, la alimentación, la familia, el vínculo con el cuerpo, la actitud hacia el sexo y hacia el servicio militar. E incluye un artículo que me resultó muy atractivo, como el titulado: “El tren llega a la aldea”, donde se explica el importante cambio producido a partir de la innovación que significó la introducción del ferrocarril arribando a las aldeas del este de Europa, tan nutridas de vida judía.
Con sección adicional
El Tomo 2, elaborado por el Prof. Derek Jonathan Pensler (de la Universidad de Toronto, Canadá), incluye una sección acerca de los movimientos nacionales y sociales; otra sobre el modo de reacción de la sociedad religiosa frente a la secularización y la modernización, redactada por el Prof. Iosef Dan (también ganador del Premio “Israel”), que incluye un muy interesante artículo de Avi Rabitzky (igualmente ganador de dicho Premio) titulado: “Entre la ortodoxia y la modernidad”. Asimismo, este volumen presenta una sección adicional elaborada por Rubik Rosenthal, que está dedicada al hebreo y a las lenguas judías, como el idish, el judeoespañol y lenguas de los judíos de países árabes.
El Tomo 3 está consagrado a la Literatura y otras artes, habiendo sido redactado por los Prof. Dan Meiron (también laureado con el Premio “Israel”) y Janán Jever. Aquí hallamos material acerca del desarrollo de la cultura judía durante los últimos doscientos años, en todas las diásporas.
A su vez, el Tomo 4, presenta una sección —elaborada por la Prof. Shulamit Wolkow— dedicada a: “Relaciones entre judíos y no judíos en la era moderna”; otra, redactada por el Prof. Morton Weinfeld (de Toronto, Canadá) titulada: “Vida judía moderna en las diásporas”; y, una última sección, redactada por el propio Iair Tzabán, titulada: “El Estado de Israel como empresa judía moderna”.
Y, por último, el Tomo 5 corresponde a los Índices, y está elaborado de una manera simpática hacia el lector.

En resumen: esta obra agrega un color y un matiz importante y necesario al calidoscopio de enciclopedias de temática judía.

 
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