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El “ashkenazismo”, ¿nuevo movimiento israelì? Imprimir E-Mail
lunes, 31 de marzo de 2008
Reportaje a Daniel Galay
Por Ricardo Feierstein
Al comienzo fue la visión de la película “Ashkenazim”, una producción israelí con estilo documental que plantea la necesidad de recuperar la herencia de los judíos de Europa Central y Oriental en el actual Estado de Israel, que sufre un proceso de mimetización- al parecer- con el paisaje mesoriental.

Tuvo participación fundamental en ese film el hijo de Daniel Galay (Goldvaser), un antiguo compañero del Hashomer Hatzair al que acabo de reencontrar en Jerusalén. Daniel, a su vez, dirige el Beit Leivik- un intento de revivir la lengua idish y su cultura, cuyos integrantes acaban de tener un congreso en la Universidad de Tel Aviv- y, en una reunión de amigos, poco después, originó con sus planteos una interesante discusión. Las preguntas que siguen pueden ayudar a conocer a este hombre singular.
-Los lectores de "MUNDO ISRAELITA", en general, no te conocen. ¿Podrías ennumerar una mínima nota biográfica: nombre, edad, llegada a Israel, oficio o profesión, conformación de tu familia y algo más?
-Nací en Buenos Aires, 1945. Llegué a Israel en 1965 en un garín de la Jativá Anilevich. Vivi unos 5 años en los kibutzim Dvir y Lehavot Habashán. Hice mis primeros estudios de musicales en Buenos Aires, en el Conservatorio Nacional de Música y Artes Escénicas Carlos López Bouchardo. Luego continué en la Universidad de Tel-Aviv y recibí mi título de Master en Composición de la University of Chicago. Después de dos años en USA regresé a Israel en 1979 y casi inmediatamente comencé mi actividad cultural y social en pro de la lengua y cultura idish. Estoy casado con Jana, abogada. De mi hija Rajeli, cellista, casada con Alón, tenemos una nieta, Ari; mi hijo Asaf está casado con Jana Polin, y él activa en pro de los mismos ideales que me alientan a mí.
 -¿Cuál es (o fue) tu actividad política en Israel? ¿Es cierto que fuiste candidato a diputado por una de las listas electorales, hace un tiempo?
-En el año 1996, a través de un intermediario, me reuní con Natan Sheransky y Yuli Edelstein. El encuentro fue electrizante en el sentido que ellos dos (futuros ministros de una fracción de mucho peso) entendieron de inmediato el altisimo valor de las ideas que yo representaba, a lo cual hay que agregar, que tenían interés en sumar a sus filas a un olé veterano como yo...Cuando presenté mi candidatura fui elegido al lugar número 10 de la lista (prácticamente número 9, ya que la candidatura de Sheransky no se puso a votación). Tomando en cuenta que yo no hablo ruso (como lo hicieron casi todos los candidatos) sino que me dirigí al público en idish y fui aplaudido estruendosamente, esto da una pauta de lo representativas que eran mis ideas. Lamentablemente, en el momento que Israel beAliá, el partido de Sheransky, llegó al poder, se olvidaron totalmente de mi existencia y de mis ideas. Acto dictatorial per excellence. Bueno, en política este tipo de "olvidos" son bastante comunes. Fuera de este episodio, todo lo que uno hace tiene también un peso político.
 -¿A que llamás el "movimiento ashkenazí”? ¿Cómo lo explicarías a un judío de la diáspora y a un judío israelí? ¿Es apto para judíos religiosos y para laicos a la vez?
-El movimiento ashkenazí está abierto a judíos religiosos y laicos, y también a no judíos. Pueden apoyarlo de distintas maneras. La identidad judía contemporánea tiene tres focos sobre los cuales se basa: Israel, la Religión y la Shoá. El movimiento ashkenazí es la propuesta de un cuarto foco que destaca la historia laica, pero no únicamente laica, de los judíos ashkenazíes. Este cuarto foco viene a completar el significado de los tres anteriores. No es casualidad que los otros tres sean tan dominantes. La alternativa judía laica no supo hasta hoy dia formular su ideología basándose en una dimensión histórica más profunda. El Sionismo, el Bundismo, el movimiento progresista y también el asimilacionismo son relativamente "jóvenes". ¿Cuánto tienen? ¿Un poco más de cien años? El ashkenazismo es una concepcion de mundo muy integracionista que basa su identificación en una historia europea-occidental de cerca de mil años.
-Planteás en tus opiniones que el judaísmo tuvo una presencia universal y, a la vez, que el tema del etnicismo cobra mayor importancia en el contexto actual. ¿Cómo conciliás esos dos momentos de la historia judía?
-Yo pienso que enfatizar la idea de Un Pueblo Judio (con mayúsculas) puede conducir a posiciones limitadas, que ignoran  las notorias especificidades de los judíos ashquenazíes, sefaradíes y orientales. Se trata aquí de tres historias con rasgos muy diferentes que, después de todo, representan nuestra variada experiencia histórica y la riqueza cultural de cada una de ellas. En otras palabras las etnias judías, y todo tipo de mixturas entre ellas, tienen un largo trajinar histórico. Los conceptos de pueblo, nación o estado nacional únicamente, con todo el respeto que se merecen, son insuficientes para exponer la diversidad cultural, psicológica y mental de los judíos. Aquí es donde el concepto de etnia nos puede servir. Por otra parte, las ideas humanistas y universalistas que judíos desarrollaron en muchas épocas corresponden a una genuina concepción de mundo, como también a una aspiracion de convivencia en el seno de diversos pueblos. Bien encarados, estos dos términos se concilian perfectamente.
-¿El movimiento ashkenazí es sionista, antisionista, asionista? ¿Cómo se posiciona respecto al actual gobierno de Israel y al Estado en general?
-El planteo ashkenazí puede ser sionista, asionista e incluso antisionista. Esto depende de cada uno. Anti-judío– no, de ninguna manera. Pues sería una flagrante contradicción. El ashkenazismo que yo promuevo tiene simpatía hacia el sionismo, pero sabe criticarlo en aquellos puntos donde la crítica es inevitable. Lo mismo tal vez con respecto al bundismo. El bundismo es parte de la historia judía y debe ser entendido plenamente. Desentenderse de él significa divorciarse de la historia judia contemporánea. Siendo consecuente con mi posición, digo que el “ashkenazismo” también reconoce, cuando hay lugar a ello, la contribución del liberalismo y la derecha al desenvolvimiento y la unidad de la sociedad judía.
-La crítica más repetida que he escuchado sobre tus ideas, dice que en un momento en que Israel trata de unificar las diásporas llegadas de todas partes del mundo, vos desplegás la idea de "recuperar" los valores de los grupos de origen: ashkenazíes, sefaradíes y orientales. ¿Esto no significa crear un foco de conflicto en un país que ya tiene bastantes problemas?
-Al respecto yo tengo una posición un "poquito" diferente. La política central de Israel fue la de borrar las diásporas, no unificarlas. Y si logró unificarlas es en derredor a una plataforma tal vez joven pero demasiado estrecha y limitada. Esto condujo a conflictos y enajenaciones gravísimas, de los cuales somos muy poco concientes, ya que la ideologia imperante ve únicamente la supuesta "unidad" nacional, pero no admite para nada la hostilidad entre las diversas etnias, que son producto de una politica absolutamente errónea que se continúa durante decenas de años. Finalmente, hoy ya se da en la población y en muchos círculos cierta apertura, cierta disposición a revisar las cosas, y esta es la Fuente (con mayúscula) de nuestro optimismo con respecto al futuro del pueblo, o de "los pueblos" judíos.
-En su última novela, "Historias de amor y oscuridad", el escritor israelí Amos Oz hace decir a uno de sus personajes que el mayor valor del judaísmo diaspórico fue su cosmopolitismo, su ambición de una ciudadanía universal. Hoy, esa concepción enfrenta planteos más nacionalistas en Israel. ¿Como te posicionás frente a esta alternativa?
- Mi posición es disidente. Pero hasta hoy día ninguno de mis más extremos enemigos la tildó de  ilógica. Mi posición ashkenazí porta un caracter nacional (no me asusta este término), ya que nuestra principal preocupación es la existencia física y espiritual del pueblo judio, sin dar primacía a una parte a cuentas de la otra. Nuestra posición asimismo es la más universalista (no se trata aqui de un universalismo abstracto y estéril), pues  tiende puentes naturales  y abiertos con todas las comunidades, culturas y continentes donde se desarrolló la identidad judia contemporánea, sea esta ashkenazí, sefaradí u oriental judia.
 -¿Qué haríamos con los idiomas judíos de la diáspora- como el idish o el djudesmo- en este intento de revalorización del origen cultural de cada grupo?
-Sin estos y otros idiomas judíos, sin preservarlos y desarrollar el amor a estos colores y mensajes sonoros, llevamos las de perder. Muchos dirigentes judíos alarman: "¡oy, oy, oy…! ¡la asimilación!" y son los mismos dirigentes que no hacen nada para cultivar y transmitir nuestras lenguas a las nuevas generaciones. Es una política de bárbaros. No de gente culta y con sensibilidad hacia nuestro acervo cultural multifacético.
-¿Cómo quedaría, en este planteo, la relación entre Israel y las comunidades judías del mundo? ¿Habría un centralismo del Estado Judío o bien una vinculación entre iguales?
-El resultado natural de todo lo expuesto aquí es la aspiración a una vinculación entre iguales entre el Estado Judío y las comunidades judías del mundo. A los israelíes no les gusta tanto esta posición. Por otra parte, las comunidades aún no la conocen suficientemente. Pero sin duda estamos al comienzo de un profundo cambio y  es de suponer que cada uno de nosotros puede contribuir en algo a encaminarlo en la senda correcta.
 -Por último: vamos a suponer, por un momento, que sos nombrado Ministro sin cartera del próximo gobierno israelí, para aplicar tus ideas en la sociedad. ¿Cuáles serían tus primeros cinco proyectos ejecutivos?
 -1. Una política exterior que hace hincapié constantemente en la contribución de los judíos y los israelíes a la cultura y al mundo contemporáneo en general. (La politica exterior de Israel de hoy día, si es que existe, es únicamente defensiva y le resulta "incómoda" la identificación con el aporte judío de la diáspora. Un absurdo total).
2. Una política de desarrollo linguístico que se basa en las tradiciones de todas las comunidades en Israel, de modo que el israelí promedio domine varios idiomas y sepa cultivar sus lenguas nacionales.
3. Una política educativa que enfatiza los valores espirituales y morales del judaísmo, tratando de crear puentes reales y vivenciales entre los diversos sectores de la población.
4. Una política que no niega el  etnicismo, sino que se apoya en él para  motivar y favorecer el desarrollo personal.
5. En el momento que la solidaridad entre las diversas comunidades (ashkenazíes, sefaradíes y orientales, como también, por otra parte, los árabes-israelíes y otras minorias) esté más segura y  afianzada, la política israelí dejará de ser inestable y caótica como ahora, y será posible desarrollar ofertas de paz en el Cercano Oriente mucho más atractivas y exitosas que las que conocimos hasta hoy.

 
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