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“Blackie, con todo respeto” Imprimir E-Mail
jueves, 13 de marzo de 2008
De Myriam Esclair, biografía novelada:
Por Moshé Korin
Una mujer yace con el alma dolorida, presa del terrible mal del vacío por haber perdido a sus seres queridos. Cobijada en su cama sin poder tener reposo, siente que las fuerzas que siempre la han guiado la abandonan. Sus anteriores pasiones, sus arrebatos emprendedores, que habían hecho de ella una mujer que resplandecía en su profesión, parecen haberse detenido para siempre. Pareciera que el mundo que otrora había sido testigo de sus innumerables capacidades e inagotable energía, se le ha hecho ahora ajeno.

La mujer es Paloma Efron, más conocida como Blackie. El duro momento anímico que debe afrontar es causado por la muerte de su padre -Iedidio Efron-, al que le siguió pocos meses después, su esposo Carlos Olivari y luego, su madre, Sara Steinberg. Aquel tiempo en que Paloma deberá atravesar esta serie de penurias es el elegido por Myriam Esclair para comenzar su biografía novelada sobre aquella fascinante mujer.

No siempre nos es dado saber por qué un escritor elige un inicio en vez de otro, pero sí de seguro nunca la elección es casual. La escena es intensa, no sólo por la confluencia de la pérdida de los seres amados, sino además por la resolución que condensa rasgos principales que definieron a Paloma.

“Y se produjo el milagro. Blackie se hizo presente dejando atrás a Táibele, la huérfana, y a Paloma, la viuda reciente. (...) Pude abrir mis brazos, aceptando el cariño y consuelo de mi familia. En una palabra, volví a ser yo, aquella muchacha que a fuerza de trabajo e impulso personal enfrentaba un mundo tan difícil como el artísitico.”

La pluma de Esclair construye el renacer del impulso en una situación en la que Blackie, entre sueños, escucha la voz de su padre que la exhorta a seguir. Esclair logra transmitir de un modo profundamente intimista el fuerte vínculo que entre ambos existía; la admiración y el ejemplo que él fue para ella, aún luego de su partida.

Iedidio Efron y Táibele

“Los quiero de rodillas frente a la inteligencia. Si alguna vez los veo de rodillas frente al poder o frente al dinero, les rajo los dientes de un cachetazo”.

De férrea ética, de inagotable fuerza creadora al servicio de la cultura, y muy especialmente de la educación, fue Iedidio Efron, el padre de Paloma, quien, indudablemente, le transmitió estas cualidades. Quisiera detenerme un instante en él, pues su figura ha apuntalado, ha trascendido echando raíces en su “Taibele”, como solían llamarla en la familia. Y aunque estas líneas son para ella -y versan sobre el libro de Esclair-, de seguro Blackie, a quien tal, como nos relata Myriam en sus páginas, criticaron alguna vez por mencionar “demasiado” a su padre, hubiera apreciado que junto a ella, recordáramos la importante figura que su padre fue en el mundo cultural y el legado que en ella perduró.

Iedidio Efron, más conocido como Iiedidie, había arribado de pequeño junto a sus padres a la colonia Barón Hirsch en Entre Ríos. Su prestigiosa fama de gran docente, no sólo por sus conocimientos y vasta cultura, sino además por su sabiduría y calidad humana, hizo que su nombre trascendiera en su época dentro del mundo judaico argentino.

Fundador en 1911 de la primera Yeshivá en Argentina en la colonia Fainberg -Entre Ríos-; fue también director de escuela primaria mixta de enseñanza de castellano y hebreo, luego inspector de las escuelas de las zonas de Basavilbaso -Entre Ríos-, y Moises Ville -Santa Fe-. Creador de la “Liga de Maestros de la J.C.A”, fue nombrado inspector de los Cursos Religiosos de la JCA y hasta llegó a ser su director general en Buenos Aires, donde se radicó después la familia Efron. Se dedicó a la educación judía en la Argentina, Chile, Uruguay y Paraguay, la red escolar judía que organizó, orientó e inspeccionó fue única en la diáspora, valiéndole el nombre de “el Sarmiento de la cultura judía”. Durante la Segunda Guerra Mundial, en 1943, fundó el Majón Lelimudei Haiahadut -Instituto Superior de Estudios Judaicos-, para la formación de jóvenes maestros argentinos que sería posteriormente el basamento de la Escuela Normal para Maestras de Religión y Hebreo (‘Mejona’). Su personalidad y el respeto que la colectividad argentina le profesaba dejaría una imborrable herencia en Taibe.

El “tata” de Blackie era exigente con la formación y la responsabilidad para con sus hijos, así lo fue también Blackie con sus colaboradores y, por sobre todo, consigo misma, aunque esto, con el tiempo, le costaría su salud física; el “tata” amaba la cultura, la libertad y se indignaba con ardor frente a lo injusto e innoble; también Blackie dedicó su labor radial y televisiva a enarbolar, enaltecer y acercar a su público el mundo cultural y los valores de la ética y el respeto al otro.

“Blackie, con todo respeto”

“Quería saber quién era Blackie”, dice Myriam Esclair en la contratapa del libro. La frase es contundente y sintética de aquello que alberga la biografía novelada que ha emprendido. La narración en primera persona logra una calidez que nos va llevando por los sucesos que marcaron la vida de Paloma y por los sentimientos que “con todo respeto” Esclair logra recrear. La autora se ha sumergido en la investigación, la búsqueda no sólo de datos, sino de quienes guardan el recuerdo de aquella imborrable mujer, y de esa manera ha logrado traer al presente la inolvidable voz de Blackie que en estas páginas revive.

Si bien ha sido un hito en el arte argentino, su biografía estaba pendiente, era un hueco histórico-literario que rozaba tal vez el desafío, pues de fascinante personalidad y trayectoria, su singular vida exigía que quien se entregara a relatarla, poseyera la sensibilidad suficiente para comprenderla en su vanguardia artística, en su impactante inteligencia, en su revolucionaria femineidad independiente; así como también su faceta emotiva hecha del afecto que profesaba hacia quienes sentía cercanos y de las penas que, silenciosamente para el público, la acongojaban.

Myriam dedica especial atención a reflejar a la mujer independiente y todo lo que ello conllevaba en aquellos años. Pero, además, se detiene haciendo hincapié en la mujer que se entregó a un único amor en su vida: Carlos Olivari. Se casó en 1943 con “Carlucho”, destacado periodista y escritor, a quien ella admiraba y adoraba profundamente. A los pocos meses de la muerte del “tata”, se separaron; luego él fallecería y Blackie no volvería a interesarse por un hombre. No tuvieron hijos, pero la escritura de Esclair delinea bellamente el especial lazo que mantenía con su ama de llaves, Leocadia, y su pequeña, María del Milagro.

Respeto a la profesional

Los remotos comienzos de la joven Blackie, cuando era cantante y amante del jazz, o los viajes en los que entrevistaba y cautivaba con su ingenio a todo aquel con quien dialogara, son relatados aquí evocando la frescura juvenil de la inquietud, el compromiso, el esmero y el amor a la pujanza que caracterizaron no sólo los inicios, sino la carrera toda de Paloma.

De su mano, desembarcó en la Argentina aquella música que la cautivó. Además de cantante, fue organizadora de grandes conciertos de jazz; se desempeñó como periodista radial con una agudeza y un brillo tanto intelectual como humano que hicieron de su estilo, un sello personal. Ese mismo estilo que sería posteriormente afinado y convertido en imagen en los tiempos de la naciente televisión popular.

Fue artista, intelectual, periodista de suma lucidez y humor. En todo aquello que emprendió, brilló su talento e inteligencia. Myriam realiza un recorrido paulatino de su carrera artística, subrayando el aspecto personal que cada nuevo emprendimiento significaba para Blackie.

“Volver a vivir”, “La mujer”, “Diálogos con Blackie” la consagraron en el periodismo radial en las emisoras Continental y Splendid. Incontables programas televisivos produjo. En aquel naciente medio comenzó su carrera con la dirección artística de canal 7 en el año 1954. Éste sería tan sólo el inicio de una carrera a la que le dedicaría el resto de sus vitales energías. Su lema “Amor y respeto” quedaría marcado de forma proverbial en el tiempo.

Alguna vez, Bernardo Ezequiel Koremblit le preguntó:- “¿Cuándo puede decirse de alguien que es un poeta auténtico, un poeta propiamente dicho como se dice de esas raíces que no son adventicias, ni ocasionales, sino permanentes?” Blackie respondió:  “Contestaré con el auxilio de nuestro bienquerido y bienleído Cesar Tiempo: ‘se es poeta cuando se es capaz de transformar un trozo de carbón en un diamante, y luego vender ese diamante como si fuese un trozo de carbón’”.

Bernardo, quien fue su entrañable amigo y colega, definió a Paloma como un ser que vivió la apasionada aventura de la vida y, aunque no escribió versos, fue una poetisa de la vida; alguien a quien si se ha conocido y tratado, no se olvidará nunca, y para quien no la ha conocido, no podrá siquiera imaginársela.

Amor al trabajo

Su exceso de trabajo fue, tal vez, aquello que la consumiría rápidamente, pero también aquello que la vivificaba mientras lo hacía. Ella misma solía decir que el arte, como el amor, no es un pasatiempo que pasa con el tiempo, sino una consagración, una devoción y la entrega total del ser en todas las dimensiones de la ética, de la estética, del saber y el entender. El recuerdo de este decir de Paloma ha revivido por boca de Koremblit, pero el puntilloso recorrido de todas las diversas labores que emprendió en su larga carrera y el modo tan especial en que se dedicaba en cuerpo y alma, es recopilado, descripto y novelado por Esclair de forma por demás atrapante en “Blackie, con todo respeto”; libro que, a quien la conoció le permitirá acercarse nuevamente a ella, y a quien no la conoció, intentar imaginársela.Myriam Esclair

Licenciada en Letras en la UBA, Myriam Esclair es además de escritora, profesora de inglés e italiano, traductora, entre otros, de autores tales como Isaac Bashevis Singer. Como escritora ha publicado un conjunto de ensayos sobre las pioneras en los tiempos de la inmigración, bajo el título “Mujeres en la literatura y la vida judeoargentina” (1996); “Fenia” (1997), novela histórica sobre la vida de la socialista, feminista del Siglo XX, Fenia Chertkoff. Ambas obras, junto con la presente, dan cuenta de su interés por la temática femenina. Un interés que refleja en su modo de escribir sobre sobresalientes mujeres: su escritura es la de una mujer que logra la empatía necesaria para fundirse con aquellos que recrea con su pluma.

Posteriormente publicó “Arele y otras historias” (1998), cuentos que versan sobre relatos de inmigrantes en la Argentina y “Los otros gauchos judíos” (2005), una biografía novelada sobre la inmigración judía en Entre Ríos.

NOTA: El libro fue editado en noviembre de 2007 por la “Editorial Milá” del Departamento de Cultura de AMIA.

 

 
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