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Hamas volvio a sembrar el terror en Jerusalem Imprimir E-Mail
jueves, 13 de marzo de 2008

Simplemente sangre. Es el título de un recordado film norteamericano, pero también una descripción breve y precisa del único fin que persigue el terrorismo fundamentalista: destruir física y moralmente al Estado de Israel, sus ciudadanos y todo lo que huela a sionismo alrededor del mundo.

La semana pasada le tocó a una ieshivá (casa de estudios) de la sagrada Jerusalem. Un insano miembro de Hamas entró allí y sembró la muerte, el horror y el caos. Ocho muertos y decenas de heridos entre las víctimas, cuyo único pecado era estar, en aquel momento, estudiando los textos judaicos con devoción.

¿Qué movimiento de resistencia puede justificar el asesinato a mansalva de estudiantes rabínicos como parte de su estrategia política? Para cualquiera en su sano juicio, un ataque así es inconcebible y repudiable. Para los miles de palestinos y simpatizantes de Hamas que salieron a las calles a festejar el ataque es motivo de alegría. Un dato que indica, a las claras, lo difícil de negociar con un interlocutor que claramente no desea la paz sino la desaparición del contendiente como única salida posible.

Resulta difícil pensar en la paz con las imágenes de los pasillos de la ieshivá manchados de rojo, las bolsas con las que los miembros del Maguen David Adom recogieron los restos humanos, o los festejos palestinos.

Pero la obligación de los liderazgos israelí y palestino es pensar dos pasos más allá del rencor y el odio. Desde Israel, más allá de los vaivenes ya clásicos de la lucha política interna, existe la intención indubitable del gobierno de Ehud Olmert de avanzar en el proceso. Se eligió a la ANP, de Mahmoud Abbas, como interlocutor válido, por su moderación en lo que hace a su interés por alcanzar un acuerdo de paz en el corto lapso. Y también porque hasta el momento Hamas no ha mostrado ninguna intención por negociar seriamente sin los fusiles sobre la mesa, más allá de alguna tregua momentánea.

Es más: Hamas, que ante los ojos del mundo se muestra como una organización caritativa que presta ayuda social, trabajo y salud para los pauperizados palestinos de la franja de Gaza, tiene un límite para su bondad: Israel.

Como alguna vez lo expresara Khaled Mashal, uno de sus líderes más feroces: “no tenemos problemas en entablar un diálogo con cualquier país del mundo, a excepción de la entidad sionista”.

La estrategia, por lo visto, le da al grupo un moderado éxito. A pesar de la condena de países como Francia, Estados Unidos y Alemania, las Naciones Unidas no pudieron consensuar un repudio al atentado al seminario Mercaz Harav.

La oposición de la Libia de Gaddafi, que pedía “condenar todos los ataques” en insólita referencia a las incursiones israelíes a Gaza, fue suficiente para empañar, una vez más, la imagen de la organización internacional que debería bregar por el entendimiento entre los pueblos, y castigar de manera severa a los países y organizaciones que quiebran de manera sistemática las reglas de convivencia internacional.

Hamas, Hezbollah, Irán, dejan su huella de terror dondequiera lo consideran necesario según su mentalidad retrógrada y asesina.

El ataque en Jerusalem se produjo a días de que los judíos argentinos y la sociedad toda recordemos un nuevo aniversario de nuestro bautismo de fuego en el escenario terrorista: el atentado a la embajada de Israel, aquel 17 de marzo de 1992.

Los 16 años transcurridos no han servido, por lo visto, de mucho. La investigación judicial, desde un principio en manos de la Corte Suprema de Justicia, adolesció de lentitud, cuando no de inoperancia. Para colmo, dos años después el terror fundamentalista pegó por segunda vez, cuando un coche bomba se estrelló contra la vieja y querida sede de la AMIA, en Pasteur 633.

Todos los jueces juntos; sólo el secretario Esteban Canevari; otra vez el pleno del Alto Tribunal. Las fórmulas para resolver la madeja judicial y dar con los responsables del ataque fracasó una y otra vez. En medio de tanta desorientación, llegó la adjudicación a la Jihad Islámica, brazo armado de Hezbollah, como autor del atentado a la sede diplomática.

Sin dudas, el próximo lunes las autoridades volverán a prometerle a sobrevivientes y familiares de las víctimas que harán “todo lo posible” para esclarecer el atentado. Entre el escepticismo y la esperanza, la sociedad espera de una vez las respuestas que faltan, como agujas clavadas por un terror internaciona que sigue atacando, con un objetivo único e indubitable: simplemente sangre.

 
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