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ABBA EBAN: PROTAGONISTA Y TESTIGO DE LA HISTORIA. Imprimir E-Mail
jueves, 14 de febrero de 2008
EN EL AÑO DEL 60º ANIVERSARIO DEL ESTADO DE ISRAEL:
Por Moshé Korin.
Pocos son los casos de alguien que sea al mismo tiempo un importante protagonista histórico y un relevante historiador. En la Argentina están los ejemplos de Domingo Faustino Sarmiento y Bartolomé Mitre, entre otros. En el moderno Estado de Israel, un hombre ha sido protagonista obligado de las páginas más fervientes; ha historiado las vicisitudes de su pueblo y siguió haciendo, día a día, la historia judía del siglo XX. Nos referimos, por supuesto, a Abba Eban, actor y cronista a la vez, de los hechos más significativos, quien falleciera el 17 de Noviembre de 2002.

Primer representante.

Él fue durante su vida, y aún hoy se lo considera, uno de los más estudiados historiadores del judaísmo en casi todo el mundo. Pero además ha sido el primer diplomático que representó a Israel ante las Naciones Unidas. Y su sólida carrera es parte del activo papel que vino desempeñando desde sus tiempos muy jóvenes, en pos del reconocimiento del Estado judío, ante las más altas esferas de la política internacional. Queremos en nuestra nota de hoy referirnos a esta gran figura, prohombre de la diplomacia israelí y del Estado de Israel.

La muerte del padre.

Nació el 2 de febrero de 1915 en un hogar judío de Ciudad del Cabo, Sud África. Su madre provenía de Yanushky (Lituania), cercana a Kovno; ella había sido la tercera de los cuatro hermanos que sobrevivieron (sobre un total de once).

La llamaban Alta en Lituania y Alida en Ciudad del Cabo. En la capital sudafricana se casó con otro judío oriundo de Yanushky, Abraham Meir Solomon. Éste se hizo próspero como comerciante y fundó instituciones sionistas por doquier. El matrimonio tuvo primero a Ruth y luego a Abba. En 1916, cuando este último apenas contaba un año de vida, su padre cayó gravemente enfermo. Trasladado a Londres, falleció pocos meses después.

Abba Eban recordó siempre cuán doloroso fue para él no haber guardado de su padre otras imágenes que las registradas en fotografías.

En Inglaterra.

Su madre viuda se casó cinco años más tarde en Londres, en segundas nupcias, con un físico, el Dr. Isaac Eban (cuyo apellido el niño adoptaría), hombre también muy activo en materia judaica y sionista.

Vivían los niños con su madre y el padre adoptivo en la capital inglesa, en una casa de tres pisos, en el Nº 12 de Kensington Park Road. En ese nuevo hogar nacieron dos nuevos niños: Carmel y Rafael.

Allí transcurrieron la infancia y la juventud de Abba. A los 5 años de edad aprendió el alfabeto hebreo. Pero concurrió a una escuela no-judía, sita en el suburbio portuario de St. Olave. Al niño Abba le gustaba la dársena y se esmeraba en observar desde el puente el bullanguero movimiento, con las embarcaciones, grúas y pesados camiones. A la edad de 8 años imaginaba para sí un futuro semejante al del hombre que desde lo alto de la torre vigilaba el contorno.

En sus años adolescentes, su interés se centró en el griego y el latín, lo mismo que en los clásicos en general. Así, se entusiasmaba con las lecturas de Platón, Herodoto, Homero, Píndaro, Horacio, Virgilio y Ovidio.

De esa época recuerda especialmente a uno de sus profesores, que leía con unción a los clásicos griegos y cuando encontraba alguna frase especial, se dirigía con estética emoción a sus alumnos. Aquél sumaba a su gran versación en griego antiguo y en poesía, un encendido protestantismo, aunado a un socialismo romántico que lo llevaba, por ejemplo, a despotricar contra el automóvil.

En esos días, el joven iba a escuchar a los líderes sionistas en distintos mítines. Así oyó, entre otros, a Jaim Weizmann, a Zeev Jabotinsky y al luego asesinado Jaim Arlozoroff.

Para sus estudios posteriores eligió la Universidad de Cambridge, donde cursó Lenguas Clásicas y Orientales; y continuó -entre 1938 y 1940- con una beca de investigación en árabe, bajo la tutoría de Nakdimón Doniach, autor de un Diccionario Inglés-Árabe editado por Oxford. El joven Abba Eban se graduó con diploma de honor.

Más adelante, manejando a la perfección el inglés y el árabe, y al mismo tiempo el hebreo, tendría las herramientas precisas para actuar en la diplomacia del nuevo Estado.

Pero antes ya se había distinguido por la locuacidad y el brillo de sus discursos, como el de marzo de 1938 en Cambridge, que recogiera con grandes elogios la publicación de esa alta casa de estudios. Allí llamó a la lucha contra Hitler, Mussolini y Franco. Asimismo había fundado la Sociedad de Trabajo Universitario y presidido la Unión de los Estudiantes. Tuvo por entonces una aproximación a las ideas social-demócratas del pensador inglés Harold Laski.

En el Medio Oriente.

Durante la Segunda Guerra Mundial es ascendido a Mayor del Ejército Británico. Su excelente conocimiento del árabe le sirvió para ser designado en el staff del Ministerio de Defensa británico en El Cairo, a partir de 1941. Allí comenzaría a empaparse de la política del Medio Oriente, de la cual pasaría a ser, algunos años después, uno de los especialistas más entendidos.

En las vacaciones, recibe en Londres a importantes líderes sionistas de Éretz Israel, como Moshé Sharett y Dov Hess, entre otros. Fue Sharett, precisamente, quien le trajo un día a su casa londinense a Berl Katzenelson, el legendario líder sindical sionista.

Luego entrena a voluntarios judíos en Jerusalem, por si hubiera una invasión de las tropas alemanas que avanzaban en África del Norte.

Días de lucha.

Concluida la Segunda Guerra Mundial, en la que vistió el uniforme británico, pasó a las filas sionistas (y en ellas, al laborismo), para emprender desde la diplomacia una nueva lucha, tendiente a la creación de un Estado Judío en Éretz Israel.

Así, en 1946 la Agencia Judía lo designó su informador político oficial en Londres. Puede decirse que su brillante carrera como diplomático israelí se inicia antes del nacimiento del Estado, cuando aparece como negociador de la dirigencia sionista de Éretz Israel, a la que ahora representa, ante las autoridades inglesas, a las que había representado en la Segunda Guerra Mundial.

En 1947 es nombrado agente oficial de enlace entre la Agenda Judía y el Comité Especial de la Naciones Unidas para Palestina. Al mismo tiempo, pasa a ser representante de la Agencia Judía ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, un puesto capital para su futura proyección política. Formará parte de la comisión que promulga la Resolución de Partición de Palestina, en noviembre de 1947. Eban tenía entonces sólo 32 años de edad.

Nace el Estado Judío.

Los años ‘47 y ‘48 fueron de muy intenso trajín para Abba Eban. Permanentes alegatos, excelentes discursos, continua presentación de documentos.

Con el advenimiento de la Mediná, en mayo de 1948, pasa a ser el primer representante oficial del Estado de Israel ante las Naciones Unidas. Trabajó duramente para efectivizar la tregua con los países árabes y lograr el reconocimiento de Israel en la Asamblea como miembro de las Naciones Unidas (UN). Elaboró un anteproyecto de paz y luchó contra la pretensión de establecer un “statu quo” de ciudad internacional para Jerusalem, al tiempo que bregó por la supervisión israelí de los Lugares Santos en dicha ciudad.

A la vez, con la admisión de Israel en la UN, a partir de 1949 Eban es delegado permanente en ese organismo internacional.

El gobierno del premier David Ben Gurión, lo designa luego embajador en Washington. Eban fue embajador israelí ante los Estados Unidos entre 1950 y 1959. De él solía comentar el primer ministro, que Abba, habla con los diplomáticos en siete idiomas, hasta en persa, pero en otras seis lenguas que él domina, no se puede expresar en la UN, pues no hay quién las entienda (griego antiguo, latín y otros idiomas semitas antiguos como el arameo).

De regreso en Israel, entre 1959 y 1966 presidió el Instituto Científico Weizmann, en Rejovot. Inicia allí las Conferencias Internacionales “Ciencia y Progreso en los Nuevos Países”. En aquellos tiempos es también electo diputado a la Knéset (Parlamento israelí) por el partido laborista, Mapai. Entre 1959 y 1960 lo nombran ministro sin cartera.

Su visita a la Argentina.

En mayo de 1960, Abba Eban visita oficialmente la Argentina siendo Arturo Frondizi presidente de la nación y Diógenes Taboada su canciller. El 28 de mayo pronuncia una conferencia, en un acto académico especialmente organizado en la Facultad de Derecho de la Universidad de Buenos Aires. Eban era entonces ministro sin cartera del gobierno israelí encabezado por Ben Gurión. El acto fue presidido por el decano de es casa de altos estudios, Dr. Francisco Laplaza. Y la presentación de Eban estuvo a cargo del presidente del IICAI (Instituto de Intercambio Cultural Argentino Israelí), Dr. José Peco.

En su celebrada disertación, Abba Eban expuso en Buenos Aires los fundamentos históricos que habían dado lugar al renacimiento del Estado de Israel. Demostró que en éste se entrelazaban el pasado y el futuro, ejemplificando con aquel presente de investigación en el que confluían el descubrimiento de los Manuscritos del Mar Muerto, imperecederas memorias del pasado, con los hallazgos de la física nuclear en tanto inescrutable misterio del futuro. El pasado y el futuro se fusionan íntimamente en el presente del Estado de Israel, concluyó; él mismo presidía entonces el más importante Instituto Científico de Israel.

Además afirmó Eban en aquel acto, que “... el Renacimiento de Israel no es empresa para una pequeña generación ... es un drama concebido en términos majestuosos y representado con vistas a la eternidad ... Si desempeñamos nuestro debido papel en el desenvolvimiento de su curso, todas las generaciones llamarán bienaventurada a nuestra memoria...”.

Cautivó al público que llenaba el Aula Magna de la Facultad de Derecho. Se mostró brillante en su doble perfil, como diplomático y como historiador. Si como diplomático dijo: “... el Estado de Israel no envidia a sus vecinos árabes sus diez soberanías, sus cincuenta millones de gentes, su vasto subcontinente rico en recursos naturales... pero tampoco es menester que pidamos disculpas por nuestras 8000 millas cuadradas ... es la deuda mínima que nos debe la historia... “, como historiador, a su vez, expresó: “... el valor primario del renacimiento del Estado de Israel es para todos quienes se preocupan por la vindicación de la fe; contra las teorías fatalistas o deterministas de la historia, que ven al ser humano no como agente activo de los procesos históricos, sino como mera materia inerte sometida a los mismos....”.

Como dijimos en un párrafo anterior, Abba Eban, llegó a nuestro país en mayo de 1960, coincidiendo con los festejos del sesquicentenario (150) de la Revolución de Mayo. Venía en el primer vuelo directo de un avión de “El Al” a la Argentina, pero regresó en un aparato de línea.

Lo que no supo hasta que luego se dio a publicidad, fue que el mismo avión con el que había llegado, los agentes del Servicio Secreto Israelí trasladaron a Medinat Israel para su juzgamiento al ex-jerarca nazi Adolf Eichmann, capturado por ellos en la Argentina. Un hecho que conmocionó al mundo...

En el año 1995 Abba Eban volvió a visitarnos representando a la Universidad Hebrea de Haifa, quien una vez más nos deleitó con sus magistrales conferencias.

Canciller.

A su retorno a Israel, poco después es designado ministro de educación y cultura, cargo en el que se desempeña entre 1960 y 1963, también en el gobierno de Ben Gurión.

Entre 1963 y 1966 fue asistente del primer ministro Leví Eshkol. Hasta que en febrero de 1966 es nombrado Canciller israelí (función que desempeña hasta 1974). En este nuevo cargo, tan a la medida de su espíritu emprendedor y de su especial agudeza en las siempre difíciles relaciones internacionales, Abba Eban intenta vigorizar las relaciones de Israel con las Naciones Unidas, y al mismo tiempo afianzar el vínculo con los países del Mercado Común Europeo.

La Guerra de los Seis Días.

Pero es en 1967 cuando la figura de Eban ocupa la primera plana de la prensa mundial. Los países árabes tensan la situación y la guerra entre éstos e Israel aparece inevitable. Antes de comenzada la misma, en mayo de ese año, emprende Eban un dramático viaje a París, Londres y Washington y entabla arduas negociaciones en cada una de las tres ciudades. Realiza un supremo esfuerzo diplomático para lograr el apoyo de las mayores potencias occidentales a la posición de Israel.

Finalmente, el 4 de junio marca el comienzo de la llamada Guerra de los Seis Días, durante la cual el canciller Eban explica, en todas las salas de conferencias y en los conciliábulos entre diplomáticos, la postura israelí. Sabe conquistar los apoyos indispensables. La victoria de las fuerzas armadas israelíes es abrumadora; una victoria que no sólo se gestó en los campos de batalla, sino también en los foros internacionales donde Eban desplegó todo su talento.

La diplomacia de la posguerra.

Concluida la contienda, la incomprensión del mundo fue muy grande, incluso en las potencias occidentales. La lucha que entonces lleva a cabo desde la Cancillería es titánica. Muchos le exigen a Israel la devolución de los territorios ganados a los árabes y la vuelta a la situación previa al 4 de junio de 1967. Israel quiere fronteras seguras. Y ya no se desprenderá de la Jerusalem recuperada. En marzo de 1968, el embajador norteamericano ante la UN, Jarring, propone una fórmula para que se puedan realizar reuniones entre las partes sobre la base de un mandato aceptado. Y sugiere que los cónclaves se lleven a cabo en Nicosia, la capital chipriota. Pero Egipto rechaza la propuesta.

Es muy recordada la disertación de Abba Eban en la Asamblea General de la UN, en octubre de ese mismo año. Allí afirma categóricamente que sí cree posible un acuerdo de límites compatible con la seguridad de Israel y sin menoscabo de las naciones árabes.

En febrero de 1969 fallece de un infarto el premier israelí, Levi Eshkol. Golda Meir será la nueva premier, continuando Abba Eban como canciller.

En agosto de 1970, Israel comunica que acepta la Resolución Nº 242 (de 1967) del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Fundamenta que lo hace con la certeza de que la misma será aplicada en todas sus partes; y asegura que al establecerse una paz justa y definitiva, retirará sus fuerzas armadas de las líneas de cese del fuego a las fronteras seguras y reconocidas que se determinen en las negociaciones.

Enfatiza asimismo, que las negociaciones sobre fronteras y retiro de fuerzas se proponen obtener los cambios esenciales que afirmen la seguridad del Estado de Israel y que, fundamentalmente, impidan nuevas guerras.

Crepúsculo.

Si los años de 1967 a 1970 habían sido especialmente brillantes, entre el ‘71 y el ‘72 transcurren años crepusculares para la diplomacia. En los Estados Unidos ya no gobierna Lyndon B. Johnson sino Richard Nixon. El embajador Jarring sigue encargado de impulsar las iniciativas para arribar a la firma de una paz valedera en la región mesoriental; pero su gestión no prospera. De todos modos, continúan siendo tiempos de muy activa diplomacia y Abba Eban ocupa importante espacio en todos los estrados internacionales.

En 1971, el embajador Jarring presenta a Israel un memorándum del gobierno egipcio presidido ahora por Anwar El Sadat. En el mismo, Egipto se muestra intransigente y no acepta la navegación internacional por el Canal de Suez ni por el Golfo de Akaba. Las precisiones de dicho documento egipcio tampoco satisfacen a la cancillería israelí, presidida por Eban, en cuanto a las exigencias que impone para alcanzar la paz, tras el retiro de las tropas israelíes.

El 26 de febrero, apenas unos días después, la cancillería israelí responde. Lo hace reiterando que está dispuesta a entablar negociaciones razonables en todo cuanto posibilite un acuerdo entre ambos países. Pero la atmósfera no era la más propicia e incluso las conversaciones con Jarring estuvieron suspendidas largo tiempo.

Fronteras seguras.

Abba Eban conoce de memoria los fundamentos, declaraciones y documentos de los países árabes en más de veinte años a la fecha. Y les recuerda en aquellos días de 1971, que antes de la Guerra de los Seis Días (1967), el canciller egipcio (bajo gobierno de Nasser), Ahmed Said, manifestó que no existían fronteras jurídicas entre Egipto e Israel, sino sólo un línea establecida en cumplimiento del Acuerdo de Armisticio. Y que el representante de Jordania ante el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas dijo asimismo -al referirse a Israel- que no reconocía su territorio dado que no le conocía fronteras.

Por eso, precisa el canciller israelí, “... nuestra política es que, en lugar de línea de cese del fuego o de armisticio, deberíamos establecer fronteras seguras, reconocidas y convenidas como parte del proceso de realización de la paz, y retirar entonces nuestras fuerzas armadas a esas fronteras, una vez definidas ...”.

En 1972, el mismo año en que el presidente norteamericano Richard Nixon viaja a Pekín (en el mes de febrero), en septiembre, terroristas árabes perpetran un cruento atentado contra la delegación de deportistas israelíes que concurría a los Juegos Olímpicos de Munich, en Alemania Federal.

Y en 1973 se desencadenó la llamada Guerra de Iom Kipur. Tropas de Egipto y Siria atacaron sorpresivamente Israel, el 6 de octubre, día de Iom Kipur.

A su vez, el año 1974 es el del primer ascenso de Itzjak Rabin como premier israelí. Es también el de la ruptura en la Conferencia de Ginebra. En agosto de ese año debe renunciar Richard Nixon a la presidencia de los Estados Unidos, tras el escándalo de Watergate. Asume en su lugar el vicepresidente, Gerald Ford. Pero ya son los días en que Henry Kissinger imprime su sello personal a la política internacional norteamericana.

Si en 1975 surgió la declaración de las Naciones Unidas que equiparaba al sionismo con el racismo (clara muestra de la dislocada política internacional, cuando en plena crisis del petróleo los países árabes chantajeaban a Occidente e Israel era la moneda de cambio), el 5 de junio de ese año, una de las grandes batallas libradas por la diplomacia encabezada por Abba Eban obtenía un histórico triunfo, aunque él no fuera ya canciller. Egipto decidió ese día conceder la reapertura del Canal de Suez, que luego de ocho años de clausura se reabría al tránsito de buques de distintas banderas. Y también a la navegación israelí.

El historiador.

Nos detuvimos en algunos aspectos de la biografía de Abba Eban poco conocidos por el gran público, como su infancia, adolescencia y juventud. Y también en una parte -sólo una parte- de su vasta carrera diplomática.

No queremos dejar de mencionar su tarea como historiador, aunque exceda las posibilidades de esta breve nota. Vale precisar que su libro “Mi Pueblo”, cuya primera edición es de 1969 y cuyo título completo es “Mi Pueblo: La historia de los judíos y de mi Nación”, ha tenido varias reediciones y se lo conoce en varias lenguas. Además, es al día de hoy una de las obras, tal vez, más consultadas en casi todas las bibliotecas del mundo, por quienes quieren indagar en la historia judía. Este hombre que fue tan activo partícipe de la historia judía contemporánea, fue al mismo tiempo uno de los más importantes historiadores del judaísmo de antaño.

Entre sus diversas obras publicadas podemos también mencionar: “Jaim Weizmann: Una Biografía Colectiva”, “Realidad y Perspectiva en el Medio Oriente”, “La Ola de Nacionalismo”, aparecido en 1959, “Historia del Moderno Israel”, etc.

Además de hablar muchos idiomas y de ser un brillante conferencista, fue miembro distinguido de la Academia Mundial de Artes y Ciencias y de la Academia Norteamericana de Artes y Ciencias, lo mismo que Doctor Honoris Causa de las más importantes universidades del mundo.

Se han editado, asimismo, varios volúmenes con sus discursos. Entre ellos está “La Voz de Israel”, que contiene los que pronunció entre 1947 y 1948 y que tuvo una reedición en 1957; asimismo se editó el “Discursos de Israel” igual que todas sus conferencias en la UN acerca de la Guerra de los Seis Días.

Un éxito muy notorio lo constituyó, más acá en el tiempo, la serie televisiva “Raíces”, que se realizó en base a su guión. Y que impactó a decenas de millones de espectadores en el mundo. 

Sin lugar a dudas, Abba Eban fue una gran personalidad de la historia contemporánea.

 
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