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ROSA LUXEMBURG Imprimir E-Mail
viernes, 04 de enero de 2008

Por Moshé Korin.

Se cuenta entre las grandes mujeres de la política del siglo XX. Militante de una gran utopía: el socialismo de orientación marxista. Símbolo de la lucha sin cuartel en pos de un ideal. Nació en un hogar judío. Hoy los hechos de la historia quizá nos permitan ver con más objetividad la enorme importancia que tuvo Rosa Luxemburg como dirigente revolucionaria y como pensadora e ideóloga de ese movimiento. Por ello es útil hacer un breve repaso de su vida.

Precoz militante.

Nació el 5 de marzo de 1871 en el seno de una familia judía de Zamosc (Zamosch), Polonia, población que en aquel tiempo pertenecía a Rusia. Su padre era comerciante. Su madre, de apellido Krantz, descendía del Maguid (predicador) de Dubno, Iaakov ben Wolf Zeev Krantz. Rosa era prima del escritor I.L. Péretz, según acotó en una nota (MUNDO ISRAELITA, 16/03/01) la Sra. Amalia S. Saionz de Polack.

Ya a los 15 años de edad, siendo estudiante en Varsovia, se unió a un grupo revolucionario llamado “Proletariado”. Este grupo organizaba y conducía huelgas obreras, pero en ese mismo año (1886) sufrió un duro golpe: sus líderes padecieron suerte diversa: unos fueron desterrados, otros encarcelados y cuatro de ellos condenados a muerte.

Sin embargo, la jovencita Rosa no se amilanó y continuó dando batalla junto a los sobrevivientes. Pero poco después la policía descubrió sus huellas, y sus camaradas entendieron que debía irse del país. Era aún menor de edad cuando llegó a Suiza, donde vivían muchos refugiados de Europa Oriental. Allí actuó en el clandestino Movimiento Socialista de Inmigrantes Polacos.

Al mismo tiempo, siguió siendo una aplicada estudiante. Ingreso en la Universidad de Zurich y cursó Matemáticas, Ciencias Naturales, Historia y Economía Política.

En agosto de 1893, Rosa ya representó al Partido (todavía llamado “Proletariado”) en el Congreso de la Internacional Socialista.

A partir de 1894, su partido pasó a llamarse Social Demócrata del Reino de Polonia; y algunos meses después tomó su nombre definitivo: Partido Social Demócrata de Polonia y Lituania -S.D.K.P.L.- (El mismo actuó conjuntamente con el Social Demócrata Ruso, hasta su separación en 1903).

Los estudios siguieron siendo el centro de sus preocupaciones para servir a la revolución y no para ejercer una profesión liberal. Fue así como en 1898 se doctoró en Economía Política con su tesis “El Desarrollo Industrial Polaco”, presentada en la Universidad de Zurich.

Matrimonio por ciudadanía.

En 1898, Rosa emigró a Alemania. Para obtener la ciudadanía de este país. Celebró un matrimonio simulado con el editor Gustav Lübeck. Comienza en aquella época una activa militancia junto a los trabajadores. A la vez, integra la redacción del periódico Sächsische Arbeiter Zeitung (Diario de los trabajadores Sajones), y luego la del Leipziger Volkszeitung (Diario Popular de Leipzig); a lo que se suman sus notas en el Neue Zeit (Nuevo Tiempo), que adquieren especial difusión. En sus trabajos periodísticos logra volcar muchas de las ideas que la convierten en original pensadora marxista. Pronto es reconocida como impulsora e ideológica del ala izquierda del movimiento social demócrata.

Nace la revolucionaria.

A todo esto, comenzó a adquirir fuerza en el marxismo una línea interna de postura revisionista. La misma planteaba que el capitalismo, en su camino ascendente, también iba a brindar cierto bienestar a las masas, que saldrían lentamente de la postergación. Por lo que esa línea postulaba el reformismo, es decir, la lucha por acelerar las reformas sociales aun dentro del capitalismo.

Rosa Luxemburg se opuso. Escribió entonces (1898), una serie de artículos en defensa de la revolución, respondiendo a las notas reformistas de Eduard Bernstein.

Luego, en 1899, se ocupa de refutar un libro del mismo Bernstein. Sus notas fueron la base de la obra que publicó ese mismo 1899 con el título de Reforma o Revolución. En ella sostiene que el camino de la reforma social no es válido para mejorar las condiciones de vida de las masas. Escribe allí que: “... las combinaciones capitalistas agravan la contradicción entre el carácter internacional de la economía del mundo capitalista y el carácter nacional del Estado, en tanto van siempre acompañadas de una guerra general de tarifas que agudiza las diferencias entre los Estados capitalistas ...”. Y sostiene, asimismo, que los créditos tendrán como consecuencia un aumento de la producción y un intercambio mayor. Pero mientras, por una parte, aumenta la producción, por la otra disminuye el consumo, dadas las limitaciones propias de los mercados. El aumento de la producción se vuelve así en contra de la seguridad del sistema, lo mismo que la especulación financiera que siempre pone en riesgo a los capitalistas. De este modo, la extensión de las líneas de crédito no sólo no va a evitar la crisis capitalista, sino que, al contrario, la profundizará.

Su trayectoria y su fama de revolucionaria cruzaban las fronteras al concluir el siglo diecinueve. Todos recordamos cómo, en el film que hace unos cinco lustros se estrenó acerca de su vida, se la ve festejando junto a sus camaradas la llegada del siglo veinte, que en esas horas se nos estaba yendo. Ella tenía entonces 28 años de edad, pero su trayectoria revolucionaria le había ganado la admiración de muchos camaradas más veteranos. En aquella celebración, brindó junto a importantes figuras de la socialdemocracia, y el lema del brindis era: “¡Por un siglo veinte socialista en todo el mundo!”.

Paulatinamente, Rosa fue mostrando su enorme predisposición a dar batalla sin cuartel y a convertirse en importante teórica e ideóloga de un sector revolucionario.

Discutiendo con Lenin.

Pese a su relación amistosa con Lenin, tuvo con él varias disputas teóricas. Fue entre 1903 y 1904. Aunque también discutieron acerca de la estructura del partido y la relación de éste con las masas, la cuestión nacional era el tema fundamental del disenso.

Rosa y su partido combatían -en este punto- en dos frentes internos. Por un lado, contra el Partido Socialista de Polonia, cuya fracción principal encabezaba Pilsudski (años más tarde, hombre fuerte del régimen nacionalista) y Presidente del Consejo de Ministros de Polonia. En especial a partir de su líder en Galitzia, Daszinsky, se trataba de fervientes abogados de la causa nacional polaca, hasta el extremo de oponerse a las huelgas de los trabajadores porque atentaban contra la unidad nacional (Polonia estaba bajo dominio ruso, pero Galitzia era parte del Imperio Austrohúngaro). Y por otro lado el partido de Rosa, el Social Demócrata de Polonia y Lituania, se había separado del Social Demócrata Ruso (bolchevique) en 1903, precisamente por diferencias de criterio en cuanto a la autodeterminación nacional.

Rosa concebía la liberación del proletariado como una tarea mundial, que no podía restringirse a las fronteras nacionales. Entendía que la lucha nacional imposibilitaba la unión de los trabajadores de los distintos países. Lenin, en cambio, adoptaba un criterio más pragmático: “...Nosotros los rusos -decía- debemos destacar el derecho de los pueblos a separarse, mientras que los polacos deben resaltar el derecho de los pueblos a unirse...”. De todos modos, Rosa Luxemburg apoyó los movimientos nacionales de los países balcánicos y de los eslavos del sur contra el Imperio Turco. Porque entendía que con la caída de dicho Imperio se generaba un muy buen antecedente para la sublevación contra la monarquía austrohúngara.

Lo cierto es que los socialdemócratas polacos lucharon encarnizadamente contra el intento secesionista de los nacionalistas de su país y a favor de la unión con sus partidos hermanos en Rusia. Y hoy, a la luz de la historia, se advierte que aquellos primeros esbozos de la causa nacional que defendía Lenin, serían, a la muerte de éste, los eslabones iniciales de la revolución en un solo país que pondría en práctica Stalin; y de una metodología de terror sistemático que ya se había inaugurado con la revolución bolchevique de 1917, y que Rosa condenó con su característica energía.

Días de revolución y cárcel.

En 1904, el mismo año en que, en nuestro país, el joven Alfredo L. Palacios era elegido diputado por La Boca (primer diputado socialista en América latina), en Alemania, Rosa Luxemburg iba presa por insultar al Kaiser. La condena original fue de 9 meses, pero permaneció sólo un mes en prisión. Cabe señalar que en esa ocasión escribió una considerable cantidad de poemas. Su vena literaria se manifestó en otras oportunidades. Una compilación fue publicada póstumamente, también en idioma inglés.

En el frío diciembre de 1905, su figura adquiere especial dimensión. Son los días de la revolución Rusa y crecen sus esperanzas de una revolución proletaria mundial. Pese a su resquebrajada salud, logra ingresar subrepticiamente en la Polonia ocupada por Rusia. Si bien el principal foco revolucionario había sido sofocado, aún continuaba el bullicio de las masas, aunque la reacción comenzaba a hacerse fuerte. Al punto que ella misma cae arrestada, el 4 de marzo de 1906. Primero la tuvieron en la celda de una cárcel, y luego en un fuerte.

En julio, dado que tenía nacionalidad alemana y que estaba enferma, la expulsaron del país.

Volvió entonces a Alemania, prosiguiendo su tarea agitadora a favor de una huelga general y una revuelta armada. Tras ser la oradora principal en un acto público, la arrestan por dos meses, por “incitación a la violencia”.

En ese mismo 1906 escribe Huelga general, partido y sindicatos, obra en la que destaca la importancia de la iniciativa revolucionaria del proletariado, por encima de la del partido. Como miembro de dos Partidos Socialdemócratas, el de Alemania y el de Polonia, en los que activa duramente y sin tregua, es también integrante de la Internacional Socialista, donde en poco tiempo se transforma en figura de singular relieve. Especialmente a través de su participación en el Congreso que la Internacional realiza en Stuttgart, en 1907.

Recibió ataques no sólo desde los sectores reaccionarios (eran incluso frecuentes los agravios antisemitas que debía soportar; aunque nunca respondió a ese tipo de agresión). También fue muy crispada su relación con diversas figuras del movimiento socialista, desde Karl Kautzky -dirigente de su partido-, con quien discrepó en cuanto a los pasos que el movimiento obrero debía seguir para llegar al poder. Rosa lo bautizó “líder del pantano”, ya que optaba por la lucha en el Parlamento, cosa que ella consideraba inútil. En 1910 se produjo la ruptura definitiva entre Rosa Luxemburg y Karl Kautzky.

Patriotismo y Guerra Mundial.

Al estallar la Primera Guerra Mundial, sostuvo que se trataba de una guerra interimperialista y se opuso a ella. Siguió reclamando la fraternidad y unión de los trabajadores de todos los países. Pero eran tiempos muy difíciles para el movimiento revolucionario de izquierda. Y esto en diferentes latitudes. Es muy conocido el caso de Mussolini en Italia, que abandonó el Partido Socialista del que era miembro, disconforme con la línea pacifista y antiimperialista, para fundar el fascismo (que entre otros objetivos tuvo el de romperles los huesos a sus ex camaradas y a todos aquellos que se oponían a la guerra).

La cuestión es que el patriotismo nacionalista se apoderó también de muchos dirigentes de la socialdemocracia alemana. Rosa, en cambio, permaneció en su postura, denunciando la guerra y negándose a derramar sangre de ciudadanos y de trabajadores de otros países.

En una célebre arenga a los soldados alemanes, dijo Rosa Luxemburg: “...Si esperan que asesinemos a los franceses o a cualquier otro hermano extranjero, digámoles “No, de ninguna manera”...”. Así, se la acusó de provocar la insurrección de las tropas, y el 20 de febrero de 1914 fue arrestada. Lo interesante es cómo esta ferviente polemista que era Rosa Luxemburg logró transformar la situación en los tribunales de justicia. Su alegato (publicado años más tarde en un opúsculo en alemán y en inglés, titulado “Militarismo, Guerra y Clase trabajadora”) fue el de quien acusa y no el de una acusada. Condenó a los belicosos y demostró que los soldados y el pueblo eran las víctimas de la política imperialista. Se la condenó a un año de prisión, pero sus convincentes declaraciones ante los jueces produjeron impactante efecto en el pueblo trabajador.

Nacen los espartaquistas

En el verano boreal de 1914, el Kaiser (emperador de Alemania) necesitaba la aprobación de los legisladores para que se concedieran créditos a su gobierno, a fin de llevar adelante la guerra. Y hasta los diputados de la bancada socialdemócrata adhirieron mayoritariamente al pedido del Kaiser.

Esto provocó la ruptura. Rosa Luxemburg, junto a Karl Liebknecht, Franz Mehring y Clara Zeitkin, conformó la Liga Espartaquista. A fines de 1918, ésta pasó a constituirse como grupo interno dentro del Partido Comunista Alemán. Desde la cárcel, Rosa siguió dirigiendo y organizando la resistencia a los planteos imperialistas. Logró que en su país de origen, Polonia, el S.D.K.P.L. se mantuviera fiel a las consignas internacionalistas proletarias y en contra de la guerra.

Rosa pronunció constantes arengas para que los trabajadores y los soldados alemanes se levantasen contra los junkers y aboliesen el capitalismo. Quería que imitaran el hecho revolucionario acaecido en Rusia, pero al mismo tiempo -como ya señalamos- fue decidida enemiga del régimen de terror impuesto por los bolcheviques en la naciente Unión Soviética. Junto a Karl Liebknecht, eran los editores del diario espartaquista, Die Rote Fahne (La Bandera Roja).

Sus ideas en economía

Su libro aparecido en 1913 La Acumulación del Capital, presentó para muchos estudiosos el trabajo teórico de más alto nivel del marxismo en su época. Y hasta algunos lo consideraron, en este tema, en segundo lugar y luego del célebre El Capital, de Karl Marx.

Sostiene que el imperialismo surge como consecuencia lógica del capitalismo. La sociedad de mercado suele ser inadecuada para muchos países, por lo que invariablemente deben salir a ganar mercados en otros territorios. Generalmente, el avance se realiza hacia países que suelen tener métodos de producción más primitivos. Y la consecuencia de esto es el imperialismo.

Afirma que la estrechez de los mercados locales obliga a los países poderosos a una lucha por ganar los mercados internacionales. Esto se traduce en la política internacional agresiva de los Estados nacionales, que se dirime en la guerra.

De un lado, planteaba que el capitalismo debería necesariamente extinguirse con el agotamiento de los mercados externos no-capitalistas. Pero del otro, afirmaba que el colapso vendría antes de arribar a dicho límite, porque la penetración capitalista provoca serios conflictos sociales, y el proletariado organizado llevaría a cabo la revolución, reemplazando al capitalismo por el socialismo marxista.

La última prisión

Varias veces estuvo en prisión. Y varios años supo lo que es estar presa y no sólo no claudicar, sino incluso dirigir el partido. Tanto en Polonia como en Alemania, conoció el padecimiento en la cárcel. Pero siempre se mantuvo firme en sus convicciones y en su lucha. El 8 de noviembre de 1918, con el fin de la Primera Guerra Mundial, la Revolución Alemana la libera de prisión. Aunque aquellos días de jolgorio serian contados.

Sólo nueve semanas después, el 15 de enero de 1919, se produce un violento golpe reaccionario. Se encarcela, tortura y asesina a dirigentes socialistas. Y también a miles de trabajadores. Rosa y Karl Liebknecht son arrestados y trasladados a la cárcel. Allí los soldados matan a ambos (a ella con un golpe de culata que le destroza el cráneo).

Después de su muerte se editaron sus manuscritos, La Revolución Rusa y sus Cartas de la Prisión, en 1922. Y un año más tarde aparecieron sus Cartas a Karl y Luise Kautsky. En la “Revolución Rusa” critica la falta de cauces democráticos en el movimiento revolucionario soviético.

De Rosa Luxemburg dijo Franz Mehring: “El más admirable cerebro entre los sucesores de Marx y Engels”.

Cuando existía la República Democrática Alemana, el correo de ese país hizo imprimir estampillas postales con su efigie.

Como señalaron sus biógrafos, para Rosa Luxemburg su patria era el movimiento obrero internacional y su objetivo la revolución socialista y el bienestar de los pueblos.

 

 

 

 
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