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Los psicoanalistas y el Holocausto Imprimir E-Mail
domingo, 03 de junio de 2007

Por Moisés Kijak

Segunda y ultima parte

El psicoanálisis fue blanco de los ataques nazis, por su contenido y por su condición de “ciencia judía. Los psicoanalistas como personas fueron objeto de persecuciones. Todos conocemos cómo Freud logró escapar a Londres, luego de la anexión de Austria. Cuatro hermanas de Freud quedaron en Viena. “Hacia fines de ese año (1937) Marie Bonaparte intentó traerlas a Francia, pero no pudo obtener el permiso de las autoridades francesas. Freud no tenía ninguna razón especial para sentir temores por su bienestar, ya que, afortunadamente, no llegó a conocer su destino; fueron incineradas unos cinco años después.“ (Jones T.III. pág. 251). De más está decir que “incineradas” es un eufemismo tendiente a ocultar aquello que les sucedió hasta que fueron reducidas a cenizas. Sin duda alguna, también ése habría sido el destino de Freud y de otros analistas, si no hubieran obtenido el permiso negado a las hermanas de Freud.

No sólo como víctimas reaccionaron los psicoanalistas. También enfocaron su instrumento de investigación, desde los comienzos de la persecución nazi, para comprender ese fenómeno. Como resultado de ello, aparecieron numerosos trabajos que se fueron haciendo más frecuentes en la medida en que los crímenes alemanes fueron más conocidos.

La necesidad de ocuparse de la evaluación de los daños psíquicos sufridos por los sobrevivientes de la persecución nazi y el deseo de ayudarlos a recuperarse y adaptarse a las nuevas condiciones de vida, dio lugar a que muchos analistas se dedicaran al diagnóstico y tratamiento de dichas víctimas. Diversas teorías fueron enunciadas para explicar los daños permanentes observados en éstas, que no podían ser entendidos a la luz de lo conocido hasta ese momento.

Con el paso de los años, también los hijos de sobrevivientes fueron objeto de estudio ya que se encuentran en ellos rasgos de personalidad y a veces cuadros psicopatológicos vinculados con la persecución vivida por los padres.

No es éste el lugar para comentar los múltiples y valiosos trabajos publicados respecto al nazismo y sus secuelas. Sólo quiero referirme brevemente a dos trabajos leídos durante el 23er. Congreso Psicoanalítico Internacional en Estocolmo, en el año 1963, por considerarlos como representativos de dos forma distintas de aproximación al tema. El primero es de Bela Grunberger, “The Anti-Semite and the Oedipal Conflict”, en el cual el autor explica la problemática tanto individual como colectiva del antisemita, aplicando las teorías psicoanalíticas conocidas: el complejo de Edipo no resuelto, la ansiedad de castración, la relación ambivalente con el padre y la proyección en los judíos, tanto de aspectos desvalorizados como temidos. El segundo es de Martin Wangh: “National Socialism and the Genocide of de Jews”. El problema es centrado dentro de un marco mucho más amplio, teniendo en cuenta la derrota sufrida por Alemania en la Primera Guerra Mundial y las repercusiones psíquicas que esto trajo aparejado sobre la generación que luego sería la protagonista de la historia durante la época nazi; la crisis económica previa al surgimiento del nazismo y las consecuencias de la misma sobre los distintos estratos sociales; el papel jugado por Hitler como líder carismático y la posibilidad de proyectar masivamente en él la figura de un padre omnipotente; la regresión forzada que esto incrementó y la elección de un chivo emisario, facilitado por una larga tradición antisemita. A mi entender, es el trabajo más completo y abarcativo escrito sobre el tema, desde el punto de vista psicoanalítico, y ha de servir como fundamento para futuras investigaciones.

Pero quisiera referirme también a otro tipo de reacciones de parte de los psicoanalistas.

Es una tarea difícil para nuestro psiquismo el tomar conciencia de tal grao de agresividad. Irremediablemente se ponen en marcha defensas tendientes a evitar tanto dolor psíquico. Estas conductas defensivas pueden transformarse, si no las tenemos en cuenta, en un obstáculo muy grande, tanto en el conocimiento apropiado de los hechos como en la elaboración teórica de los mismos.

Es comprensible que muchos psicoanalistas, a pesar de haber sido algunos de ellos víctimas de la persecución nazi, no hayan querido o podido ocuparse del tema. También es compresible que en psicoanalistas que tratan a sobrevivientes del nazismo se pongan en marcha conductas defensivas, como respuestas contratransferenciales, que los lleven a minimizar o malentender los relatos de los pacientes (Kijak y Pelento, 1983).

Pero sería importante comprender qué motivaciones han llevado a algunos psicoanalistas, empeñados en ocuparse del estudio de la persecución nazi y sus consecuencias, a elaborar teorías a las cules me he de referir a continuación, teorías que curiosamente son similares a las enunciadas por algunos escritores e historiadores.

Durante mis veinte años de actuacion en medios psicoanalíticos, he leído con frecuencia y oído habiualmente en diferentes versiones, ideas que se refieren a la participacion de las víctimas en su propia destrucción. Las causas de esta participación habría que buscarlas, de acuerdo con estos psicoanalistas, en el predominio de Thanatos, en el masoquismo de los judíos, en la culpa inconsciente, en el sometimiento a padres castradores, en el hecho de generaer con sus conductas y hábitos el odio de sus vecinos, en el uso de defensas patológicas que impiden la percepción del peligro, y muchas otras explicaciones. Todas estas opiniones tienen en común tanto el desconocer el contexto histórico en el cual ocurrían los hechos, como el querer aplicar a fenómenos tan complejos como el Holocausto, teorías provenientes de la psicopatología individual. La explicación que encontramos en la relación entre un sádico y un masoquista, no podemos aplicarla a la que existe entre una potencia agresora y un pueblo agredido, a menos que queramos caer en reduccionismos que quitarían validez científica a nuestras afirmaciones.

Muchos escritores se han ocupado de alabar a los judíos que en los ghettos o en los bosques se han opuesto con armas en las manos a los nazis, y de denigrar, a veces en forma implícita y generalmente en forma explícita, a aquellos otros, la imnensa mayoría, que al decir de estos hombres de letras, se dejaron llevar pasivamente “como corderos al matadero”.

No es éste el lugar apropiado para hacerlo, pero sería importante investigar la influencia que tuvieron estos relatos, elaborados sin tener para nada en cuenta las circunstancias que acompañaron a dichos hechos, sobre el estudio del Holocausto. Citaré un breve ejemplo: cien judíos son conducidos por un camino fuera de un pueblo, para trabajos forzados, custodiados sólo por un alemán armado. ¿Cómo no se rebelaron, si fácilmente podrían haberlo desarmado?, preguntan estos estudiosos del Holocausto, para justificar esa presunta pasividad. A nadie se le ocurre pensar que quedaba todo el pueblo, con sus familiares en él como rehenes, y que sin la menor duda su población hubiese sido completamente aniquilada si el guardián hubiera recibido un rasguño (Yitzhak Zuckerman (Antek), 1982). Lidice es un ejemplo de ello.

Pero la influencia de esas opiniones ha sido muy grande, no sólo sobre los psicoanalistas en cuyas elaboraciones las reconocemos sin dificultad, sino también sobre la inmensa mayoría de la gente, incluyendo a las víctimas potenciales de los nazis, y lo que es más trágico aún, sobre los mismos sobrevivientes del Holocausto, que tal vez por sometimiento, tal vez por otras razones, adoptan como propias esas imágenes con las que se los describe. He tenido la oportunidad de escuchar en reuniones clínicas, cuando se presentaban historiales de sobrevivientes, a prestigiosos colegas diciendo que fue, por ejemplo, gracias a la existencia de objetos internos protectores, fruto de una buena relación con los padres durante la infancia, que estos pacientes lograron salvarse. Cuando yo trataba de explicar que, sin negar la posible existencia de dichos objetos internos, la salvación se debió a razones fortuitas y, en última instancia, a que a los alemanes les faltó tiempo para completar su obra, y que de haber durado un solo año más la guerra, no habría quedado un solo judío vivo en Europa, la respuesta que recibía era siempre idéntica: un atrincheramiento detrás de la teoría y una

necesidad de desconocer los hechos.

Podemos inferir que el ubicar dentro del lecho de Procusto de opiniones y teorías conocidas, situaciones tan complejas, es el producto de no poder enferentarse con lo shechos dolorosos, de reconocer tan alto y perfeccionado grado de agresividad humana jamás alcanzado hsta ahora. Pero, guiándonos por un postulado básico del psicoanálisis que nos habla de la multideterminación de toda conducta, podemo suponer la eistenciade otras motivaciones, que hacen que muchos colegas tengan estas posturas. Del reconocimiento de dichas mnotivaciones depenerá la posibilidad de realizar una invstigación apropiada que conduzca a un conocimiento lo más objetivo posible edel nazismo y sus consecuencias, ya que de ello dependerá el evitar su repetición.

Rafael y Rena Moses nos hablan en el trabajo anteriormente citado, de la atmósfera prevaleciente durante el Congreso pasado, la necesidad de no tocar a fondo el tema del nazismo para que se mantuviese un clima de paz entre los colegas huéspedes y los anfitriones. Eso se logró (o se intentó lograr) omitiendo el tratamiento directo de dicho tema, y negando el grado de malestar que dicha omisión causaba.

En cuanto al malestar que sintieron muchos colegas judíos y no judíos, hubo otro factor imporante del cual creo que no se habló: el haber tenido que enfrentarse, no sólo puertas adentro con los colegas hijos de la generación que perpetró el Holocausto, sino purets afuera del Congreso con los propios centenares de miles de asesinos nazis, quienes ejecutaron materialmene el genocidio y que ahora están disfrutando de una vida feliz y próspera, recordando muchos de ellos con orlgullo sus servicios a la patria, sin conflictos con el medio socialque aprueba y lelgitima su historia. Bien sabemos que estos (aunque nuestras teorías se vengan estrepitosamente al suelo), en la inmensa mayoría de los casos, si no concurren al psicoanalista no es por vergüenza sino simplemente por no tener ninguna necesidad de hacerlo. Por mlás esfuerzos que hagamos para rastrear en ellos algún vestigio de culpa inconsciente, no vamos a encontrarla. Esto se hace más dramático, comparando el biestgar de ls victimarios con las mutilaciones psíquicas permanentes de los sobrevividnts del Holocausto, a los que ni siquiera les queda el consuelo de ser comprendidos.

En el pnel del Congreso de Hamburgo, el profesor Klein, queriendo ejemplicar la negación que tuvo lugar en las v´citimas de la persecución nazi, trajo como epígrafe de su trabajos dos cortos fragmentos de un poema de Gebirtig “Nuestra ciudad está ardiendo... y Ud. se queda mirando con los brazos cruzados”. M.Ostow corrigue el significadoque le da Klein a este ejemplo literario, que es a su vez un documento historico, ya que me parece oportuno para centrar alrededor de él mis conclusiones. Si bien la política polaca hacia los judíos casi siempre fue hostil, ésta se había exacerbado en la década del 30, tanto a nivel oicial com polar. El boicot económico auspiciado oficialmente se completaba con medidas restrictivas de distinta naturaleza. Los ataques físicos se hicieron caa vez más frecuentes y graves, hasta transformarse en pogroms. La policía, al mismo tiempo que toleraba a los agresores, perseguía a los grupos judíos de utodefensa. Nada podían hacer los judíos para evitar dichos pogroms. El clima antisemita reinante en Polonia los había aislado, dentro de una población hostil o, en el mejor de ls casos, indiferente. El resto de los países estaba tan impregnado de la propaganda antisemita nazi, que reforzaba la propia, que era imposible despertar en ellos la solidaridad necesaria. La extrema runa económica en la cual se encontraban los judíos, sumada a las restricciones inmiratorias de la mayor parte de los países, hacía difícil su emgración. ***

En 1936, durante la reunión del PEN Club Internacional que tuvo lugar en Buenos Aires, el poeta Leivik, representante de la literatura idish, denunció la postura impasible e insultante de los escritores polacos, frente a los ruegos de sus colegas judíos, para que protestasen contra las persecuciones antisemitas. He aquí algunas de las palabras finales de la loución de Leivik: “...os escuché hablar sobre la belleza del arte puro, de la poesía pura. Pero olvidastréis hablar de la belleza y santidad de la sangre humana... Es el tiempo de decir que la tristeza, ls lágrimas, la pena, la sangre de cada persona y de cda pueblo, de cada pueblo sometido, desamparado, arruinado, así se el judío, así sea el abisionio, es más que bella. Es l santidad de la vida humana. Recordad esto, delegados del acltual congreso”.

Dos años después, en 1938, luego del pogrom de Przytyk, escribe Guebirtig este poema, teniend que valerse de metáforas, no precisamente pr el efecto estético, sino para no ser prohibido por la censura polaca.

Su texto completo, en cuya traducción he tatao de ser lo mnás fiel posible, es:

Arde, hermanos, arde

nuestro pobre pueblito está ardiendo

malignos vientos con cólera

arrancan, destrozan y expanden

más aún las llamas salvaje,

todo alrededor ya arde.


Y ustedes parados, mirando

con las manos cruzadas,

y ustedes parados mirndo.

Nuestro pueblito está ardiendo.


Arde, hermanos, arde

nuestro pobre pueblito está ardiendo

las lenguas de fuego

ya lo traaron todo.


Y ustedes parados...


Arde, hermanos, arde

Puede, Dios libre, llegar el momento

en que nuestra ciudad junto con todos nosotros

quede convertida en cenizas

y que queden –como después de una batalla-

sólo vacías y negras paredes.


Y ustedes parados...


Arde, hermanos, arde.

La ayuda sólo depende de ustedes

Si el pueblito os es caro,

tomad las vasijas y apagad el fuego,

apagadlo con vuestra propia sangre,

demostrad que podéis hacer eso.


No estéis parados, hermanos

con los brazos cruzados.

No estéis parados, hermanos, apagad el fuego

Nuestro pueblito esta ardiendo


Conociendo el texto, y el contexto en el que fue esdrito, es otroel cuadro que aflora: un ueblo perseguido, que hace esfuerzos desesperados para defenderse, que imrescindiblemente necesita de la ayuda de otros ueblos para salvarse y al cual nadie quiere oír, que quiere seguir defendiéndose com pueda a pesar de conocer su suere, y que sigue denunciando la impasibilidad del mundo.

La interpretación incorrecta de estos mensajes de parte de algunos psicoanalistas es evidente. Se toma como ejemplo de negación lo que es una dramática denuncia y un desesperado pedido de ayuda. Errores como estos deben servir para estudiar más el tema, para conocer mejor los hechos y para librarnos de los estereotipños que tanto dificultan la investigación. El día que logremos esto, nos daremos cuenta de que no son precisamente las víctims las que niegan su situación. Son las conductas defensivas de los testigos, a veces influidas por formas sutiles de la propaganda del poder genocida, las que no permiten que os pedidos de ayuda de las víctimas encuentren eco.


4


El “Decennial Book” de la “Encyclopaedia Judaica” (1973-1982), en su actualización del tema del Holocausto, y comentando las diversas y contradictorias teorías sobre el mismo, termina diciendo que a pesar de los miles de docuentos que se posee y los numerosos strabajos ya realizados, la investigación se encuentra aún en sus comienzos. Pienso que como psicoanalistas debemos hacer propias estas palabras: también estamos recién en los comienzos de una investiación sistemática sobre este tema. El estudio del nazismo es de fundamental importancia, porque ha puesto a la lu una capacidad destructiva en el ser humano, desconocidahsta ahora, tanto en su calidad como en su intencidad.

Aunque nos pese, todas las teorías expuestas hasta el momento desde nuestra óptica, sólo explican en parte dicho fenómeno.

Sin duda dicho estudio debe hacerse e rm inerdisciplinaria, y para que el mismo sea exitoso, se deben tener en cuenta los múltiples obstáculos que perturban dicha investigación.

Es urgente que el esltudio se intensifique. El nazismo, a pesar de haber desaparecido como moimiento masivo, dejó un modelo de acción que gobiernos y grups autoritarios pueden aprovechar, por lo menos en parte, para sus fines. A eso hay que sumarle el hecho de que el terrenoprejicioso contra pueblos, minorías o grupos siempre existe y puede fácilmente ser utilizable.

Voliendo al prejicio antisemita y para ejemplificar lo dicho: en 1946 continuaron los pogroms en Polonia causando centenares de muertes, y en 1967, utilizando el terreno fértil para sus propios fines, el gobierno polaco lanzó una campaña contra los judíos que originó el éxodo masivo de los pocos sobrevivientes que aún quedaban allí. El viejo sueño antisemita se hizo realidad: el suelo polaco quedó libre de judíos.

La historia enseña que los modelos de destructividad masiva no sólo fueron repetidos, sino mejorados. No existe nada que nos haga pensar que esto no pueda volver a ocurrir. De hecho, en las últims décadas hemos presenciado genocidios y somos testigos de otros en ejecución.

El psicoanálisis, pñor sí solo, no podrá respñonder a l primera preguna que nos formulen los Dres. Moses, ¿qué es lo que existe en los humanos que los llevó al Holocausto?, pero probablemente aportará, como l ha hecho ahsta ahora en otros terrenos, elementos valiosos para su comprensilón.¿Qué se puede hcer para evitar que esto se repita? Si se estudia a fondo todo aquello que permitió ue los alemanes llevasen a cao su exitoso plan genocida, si se reconoce la responsabilidad que les cabe a todos aquelos que pudiendo haber ayudado no lo hicieron, y si entendemos los múltiples motivos por los que no pretsaron su apoyo a las víctimas, se contará con valiosos elementos para reconocer, denunciar y contrarrestar otros genocidios.

Recordemos que la propagandafue un arma poderosa de la cual se valió elnazismo para llevar a la lpráctica sus proyectos, ya que sabia que s puede destruir a un eblo o gruo sólo si éste quedó aislado. Los psicoanalistas pueden aportar muchísimo, con sus conocimientos, a detectar, aún en sus primeras etapas, dicha propaganda y la forma en la que ésta se infiltra, atrayendo adeptos y neutralizando a eventuales opñositores, así como a reconocer y combatir todo tipo de prejuicio que uede llegar en algún momento a resulados funestos.

Muchos grupos, hermanos nuestros en su condición humana, estar´n clamando por ayuda mientras su pueblito está ardiendo. Tenemos, como psicoanalistas, herramitnas para lograr que los oídos ensosrdecidos o indiferentes de autoridades y agencias internacionales pedan hacerse permeables y presten la ayuda necesaria.

Es una tareas penosa, ya que el tomar conciencia de tal grado de agresividad humana genera un gran sufrimiento psíquico; es una labor frustrante, ya que son má probables los fracasos que los éxitos, pero si también para nosotros la sangre humana es lo más sagrado, debemos hacer todo lo necesario para ayudar a las actuale y futuras víctimas de gencidios.

NOTA


*** El futuro primer presidente de Israel, Chaim Weitzmann, había definido al mundo, en esa época como compuesto por “países de donde nos echan y paises a donde no nos dejan entrar”.

 
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