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Januca: Pocos vencieron a muchos y salvaron al pueblo judío Imprimir E-Mail
jueves, 20 de diciembre de 2007
Por el Rabino  Mordejai Klorman (*)
A través de su larga historia, el pueblo judío ha estado expuesto en numerosas ocasiones a persecuciones y matanzas como también a intentos de eliminarlo de la faz de la Tierra.
En ocasiones, estos intentos han sido dirigidos a la destrucción física del pueblo judío, y en otras ocasiones a su destrucción espiritual a través de la asimilación.

Como ejemplo de los intentos de destrucción física, tenemos el del Faraón de Egipto que decretó que había que asesinar, ahogando en el río Nilo, a todos los judíos varones recién nacidos, condenando con ello al pueblo judío esclavo en Egipto a la desaparición.   

Otro ejemplo es el del pueblo asesino de Amalek, que se abalanzó en el desierto sobre los judíos que habían salido recién de Egipto, después de 400 años de esclavitud, cor el fin de exterminarlos. Los judíos no estaban aún organizados como pueblo y sólo con la ayuda de D’os lograron vencer a su poderoso enemigo. En la Torá está escrito: “Recuerda Amalek”, queriendo decir con esto que el pueblo judío nunca deberá borrar de su mente a estos asesinos que quisieron exterminarlo.

Después viene una larga serie de persecuciones y matanzas pasando por la destrucción de los dos Grandes Templos en Eretz Israel, con el consiguiente destierro de los judíos a la diáspora, por la inquisición, las cruzadas, los pogroms, culminando con el intento de solución final nazi que terminó con un tercio de nuestro pueblo.

Otro intento de exterminio físico se produjo en 1948 cuando tantos millones de árabes se abalanzaron sobre algunos cientos de miles de judíos con el claro propósito de eliminar al recién creado Estado de Israel.

Pero en otras ocasiones estos intentos han sido dirigidos a la eliminación espiritual de los judíos, a través de obligarlos a renunciar por la fuerza a su religión y tradiciones, con el objeto de hacerlos adoptar la religión y cultura del pueblo dominante.

Uno de los casos más notorios se produjo durante la dominación griega sobre Eretz Israel, cuando los griegos trataron de imponer por la fuerza a los judíos el paganismo y la cultura helénica.

La religión de los griegos se basaba en la adoración a muchos dioses, entre ellos el sol y las estrellas. Ellos crearon a sus dioses a los cuales atribuían forma humana, y cualidades y defectos humanos. Es decir, les atribuían las virtudes y vicios de los griegos. Después adoraban a esos dioses, los servían y complacían copiando las cualidades y defectos que ellos mismos habían puesto en sus dioses. Hacían la guerra para servir al Dios Marte, se emborrachaban para complacer al Dios del vino y así  sucesivamente. Con la misma justificación hacían orgías, comían y bebían exageradamente y hacían un culto de la belleza física y de la fuerza.    

En cambio, los judíos desde siempre hemos tenido y tenemos un D’os único que creó al Universo y en él al ser humano a imagen y semejanza de Él. A diferencia de los griegos que crearon a sus dioses a imagen y semejanza de ellos. Como no sabemos cómo es D’os, la semejanza a Él se refiere a la inteligencia del ser humano que se asemeja a la suprema inteligencia de D’os.

A diferencia de los griegos que ponen sus propias cualidades y vicios en sus dioses, los judíos aspiramos a seguir el ejemplo de D’os que nos creó, aprendiendo de su suprema bondad, justicia, compasión y caridad.

La diferencia fundamental con los griegos, es que ellos al tener muchos dioses creados a su medida, pueden elegir cualquier dios para imitarlo de acuerdo a sus propias conveniencias y circunstancias; el dios del amor, de la guerra, del vino, etc.

En cambio, nosotros, los judíos, tenemos un solo D’os, nuestro Creador, que nos dice: “Tienes delante de tí el bien y el mal y puedes elegir”. Hay libre albedrío. Pero D’os nos dice: “Yo te aconsejo que elijas el bien que es la vida, en cambio el camino del mal es la muerte”. “Si eliges el bien -dice D’os- tendrás vida, vida larga, plena y fructífera”. Es decir, para nosotros lo más importante es la vida a la cual se llega a través del camino del bien. De manera que nosotros, a pesar de tener libre albedrío, tenemos señalizado para seguir el camino del bien y de la vida.

En el tiempo de la dominación helénica sobre Eretz Israel, como a través de toda nuestra existencia, los judíos demostraron que creían en un solo D’os.

Los griegos trataron de imponer a los judíos su paganismo, sus dioses y su cultura. Pero la gran mayoría de los judíos los rechazaron en forma absoluta, porque tal como lo demostramos anteriormente, estas creencias atentaban contra la esencia de lo que es el judaísmo, contra su existencia como judíos y contra la supervivencia del pueblo judío.

Los judíos no querían saber nada sobre helenismo y la adoración a muchos dioses creados por los griegos a su imagen y semejanza, y tampoco querían vivir de acuerdo a la filosofía griega.

Contrastando con los griegos, la Torá ordena: “Kdoshim Tiyú Ki Kadosh Ani  Hadoshem Eloheijem”: “Tenéis que ser sagrados porque sagrado soy Yo, vuestro D’os”. Y ser sagrado significa entre otras cosas, que hay que ser recatado y no participar en borracheras ni orgías.

El judío tiene la Torá que establece que todos lo hombres son iguales ante la ley, sin diferencias de clases sociales.

Para los griegos la gente estaba dividida en clases altas y bajas: aristócratas y esclavos.

Solón, el sabio griego que hizo grandes reformas en la sociedad y realmente organizó a la sociedad griega, a pesar de su gran sabiduría, hizo una excepción con los extranjeros a los cuales no concedió los mismos derechos que a los ciudadanos griegos.

En cambio, la Torá establece que el dictamen de que todos son iguales ante la ley vale tanto para los judíos como para los extranjeros.

Para nosotros vale mucho la libertad que lograron los Macabeos, y subrayamos lo que se reza en la oración hecha por los grandes sabios, cuando un reducido número de judíos creyentes y observantes de la Torá vencieron a un gran ejército griego y con ello a la tendencia asimilacionista de muchos judíos.

Esta oración dice que muchos, refiriéndose a los griegos, fueron entregados por D’os en manos de los pocos, refiriéndose a los judíos; los impuros en manos de los puros, los malvados en manos de los justos, los malos en manos de aquellos que estudian la Torá.

¿Cómo se define la impureza? No se trata de impurezas físicas sino de impurezas de corazón y de mente. Tahará es la pureza del alma. El ser humano no debe llevar a la práctica los pensamientos malos, sino que por el contrario debe estar impregnado de la pureza del alma y del espíritu; del deseo de hacer buenas acciones.

La pureza del pueblo judío durante la rebelión de los Macabeos, está representada por el siguiente hecho: cuando los judíos dirigidos por los Macabeos vencieron a los griegos y entraron al Beit Hamikdash (Gran Templo), se dieron cuenta de que había sido profanado por los griegos. Pero encontraron un solo jarrito de aceite puro que estaba sellado, lo que demostraba que no había sido tocado por los helénicos. Este aceite con el cual se prendió la Menorá alcanzó para ocho días, permitiendo que la Menorá estuviese prendida durante ese lapso. Y ése es el milagro de Janucá.  La rebelión de los judíos que no se asimilaron y combatieron por su fe, pocos contra muchos, los vencieron y salvaron al pueblo judío, estuvo coronada por el milagro de la pureza del aceite de Beit Hamikdash. Este es el símbolo de la pureza del pueblo judío que no ha sido mancillada por otros pueblos paganos con su impureza y que conduce a la eternidad de la existencia del pueblo judío como ejemplo, enseñanza y baluarte de la ética y moral viva y de las buenas acciones para toda la Humanidad.

La luz de la Menorá que se pudo prender gracias al aceite puro, iluminó al pueblo judío con su pureza y lo sigue iluminando y así será para toda la eternidad.

Esta fue la verdadera rebelión de los Macabeos. Lograron la libertad de los judíos, pero libertad no sólo física sino también espiritual, y que estaba al servicio de las enseñanzas de la Torá. Significa estar al servicio de la igualdad de los hombres y de las mujeres de las diversas clases sociales ante la ley, contra la explotación del hombre por el hombre y contra la esclavitud de cualquier índole. Significa ética y pureza de sentimientos y de corazón versus el desenfreno de las pasiones humanas. Y lo que es más importante de todo, significa la creencia judía en un D’os único que enseña sólo el bien, versus la creencia de los griegos, en muchos dioses con diferentes comportamientos (quitar la mujer al otro, orgías, borracheras), que eran imitados por los helénicos para tener más mérito frente a sus dioses.

En la Torá está escrito que  D’os hizo una serie de advertencias sobre las consecuencias que sufriría el pueblo judío en caso de no comportarse correctamente y de no ir por el camino del bien. Entre otras advertencias está que si no eligen el camino del bien los judíos van a ir al destierro y se van a mezclar con los demás pueblos, desapareciendo como pueblo.

En el Talmud se dice que el gran talmudista Rav dijo: “Le tengo miedo a este versículo que dice que el pueblo judío en caso de no seguir por el camino del bien, puede desaparecer entre los demás pueblos”.

Durante la dominación griega, los Macabeos y los judíos que los acompañaron lograron salvar a su pueblo de la asimilación, dando una lección a los judíos de todos los tiempos, y también a los de la época actual.

El pueblo judío tiene en la actualidad como su peor enemigo a la asimilación, ya que en todo el mundo muchos judíos pierden su identidad al asimilarse. Entonces, es necesario tener siempre presente la lección que nos dejaron los Macabeos que iluminaron con su rebelión simbolizada por el aceite puro del Beit Hamikdash, la pureza y la grandeza de los valores judíos, y nos demostraron que debemos mantenernos incólumes conservando nuestra pureza y grandeza, es decir nuestra identidad, asegurando con esto la eterna existencia de nuestro pueblo.

(*) Autor de los libros “Luces del Judaísmo”, “La Tora, el Talmud y la vida de cada ser humano”, “La milenaria sabiduría judía”.

 

 
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