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“Exodus”, el barco de inmigrantes ilegales Imprimir E-Mail
jueves, 13 de diciembre de 2007
Por Moshé Korin
Este invierno (julio de 2007) se cumplieron sesenta años del arribo del barco que transportaba “mapilim” (inmigrantes judíos ilegales a Palestina bajo el mandato británico) “Ietziat Eiropa” (Salida de Europa) -o, bajo su nombre foráneo, “Exodus”- desde el continente europeo a Eretz Israel; un viaje que se convirtió en símbolo de la iniciativa de introducir inmigrantes clandestinos y en expresión de la lucha del pueblo judío por llegar a su tierra.

Desde comienzos del mandato británico en 1920, los ingleses habían limitado la inmigración a Eretz Israel. Repartían un cierto número de permisos de “aliá” (inmigración a Israel), “certificados”, pero la cantidad de estos no guardaba proporción alguna con la cifra de judíos deseosos de llegar a Eretz Israel. A consecuencia de ello, comenzó a desarrollarse una inmigración ilegal, en primer término por vía terrestre, a través de la frontera norte, y luego por mar.

Desde principios de los años treinta del siglo XX, los barcos con inmigrantes ilegales comenzaron a realizar sus travesías desde Europa hacia las costas de Eretz Israel. En horas de la noche desembarcaban a los “mapilim” en la costa, y éstos eran llevados a “kibutzim” cercanos al lugar; cuando llegaban los británicos, ya no sabían distinguir quién era refugiado y quién miembro del kibutz.

Al comienzo del arribo masivo de sobrevivientes del Holocausto a Israel, los británicos acechaban a los barcos de inmigrantes junto a las costas. Cada barco capturado era enviado a Chipre, y los “mapilim” eran confinados en campos de detención en la isla.

En junio de 1947 el gobierno británico decidió que todo barco portador de inmigrantes ilegales que fuese capturado junto a las costas sería devuelto junto con sus pasajeros al puerto de partida. El barco “Exodus” fue el primero, y también el último, en caer víctima de esta decisión.

El “Exodus” zarpó de las costas francesas el 11 de Julio de 1947, cargando 5.415 inmigrantes ilegales, sobrevivientes de la “Shoá”. Esta vez, los británicos acecharon a la nave ya en Europa, y al llegar a las costas de Palestina tuvo lugar una ardua batalla, en cuyo transcurso los “mapilim” sufrieron muertos y decenas de heridos. Debido a ello, el “Exodus” capituló. Los británicos salieron triunfantes y el barco fue conducido al puerto de Haifa. Los “mapilim” fueron subidos a tres embarcaciones de deportación, y devueltos, no a Chipre sino a Francia. Al llegar a Francia, los inmigrantes se rehusaron a descender de los navíos.

Las condiciones eran insoportables: un gran hacinamiento, una temperatura cercana a los 50 grados, prácticamente sin cuidados médicos y sin condiciones sanitarias, pero el espíritu de los “mapilim” no flaqueó, y a pesar de las duras circunstancias, persistieron en su negativa con firmeza y obstinación casi durante un mes. Estaban dispuestos a llevar la idea sionista hasta el final, y decididamente ignoraban cuál sería ese final. La postura tenaz de los “mapilim” por un lado, y el comportamiento de los británicos, por el otro, fueron un factor importante en la decisión de la ONU acerca de la partición de Palestina y la creación del Estado judío.

El 28 de Agosto de 1947 los barcos zarparon hacia el puerto de Hamburgo en Alemania, y junto a la ciudad de Lübeck desembarcaron a los “mapilim” por la fuerza y los confinaron en campos.

En 1958 se publicó el libro “Exodus”, escrito por un judío norteamericano, Leon Uris, y dos años más tarde se filmó la película “Exodo”, rodada en Israel, y protagonizada por Paul Newman. El libro y la película describían la lucha heroica de los judíos que deseaban a toda costa llegar a su tierra.

En “Beit Sokolov”

Creo que sería de relevancia compartir con ustedes un encuentro que se realizó hace aproximadamente dos años atrás en “Beit Sokolov” (La Casa del Periodista Judío) en Tel Aviv, durante una de nuestras visitas a Israel.

Ni bien leí la gacetilla de ese encuentro, me lo agendé y junto a Sara, mi esposa, partimos hacia allí el día indicado. Como es mi costumbre, para eventos como este llevé un grabador y mi libreta de apuntes. Así que trataré de transmitirles lo más fidedigno posible, ese emotivo evento.

En el escenario había una mesa y tres sillas. A la hora indicada subieron Ike (Itzjak) Aran (Aharonowicz), Capitán del “Exodus”, quien se convirtió en leyenda.

El periodista encargado de dar comienzo a la reunión, relató que para que Ike participe del encuentro viajó hasta Zijrón Iaacov, ciudad en la que él vive. La casa que habita recuerda por su forma a un barco, y se encuentra en lo alto de una colina llamada “Guivat Eden”. La vista que se observa desde el ventanal en el salón de su casa, siguió relatando el anfitrión, resulta difícil de describir. A lo lejos allí abajo, a la derecha, la aldea árabe Fureidis; a la izquierda, la vieja carretera hacia Haifa, y hasta donde alcanza la vista, un paisaje verde de parcelas de tierra labradas. Ike, con un cuerpo juvenil, pantalones cortos, me invitó a tomar asiento, siguió comentando el periodista, en el salón de su casa frente al panorama sobrecogedor, y juntos retrocedimos en el tiempo, casi sesenta años. Esa visita fue preparativa del encuentro a realizarse en la Casa del Periodista Judío en Tel Aviv.

El Capitán

Quien condujo el acto comenzó diciendo: “Cuéntennos usted lo que le parezca acerca de su vida:

“Nací en Lodz, Polonia, en Agosto de 1923. Vivíamos en Danzig (en la actualidad Gdansk), pero cada vez que se aproximaba la fecha en que mi madre debía dar a luz, ella viajaba a Lodz, e inmediatamente después del nacimiento regresaba con el bebé a Danzig. Y así fue como nací en Lodz, y cuando tenía un día y medio regresamos a Danzig, donde crecí hasta los diez años. El idioma de mi madre era el alemán, y yo estudié en un colegio alemán. Mi padre viajó a Eretz Israel, construyó aquí una casa y regresó a buscarnos, y así vinimos a este lugar a comienzos de 1934, poco tiempo después del ascenso de Hitler al poder.”

“Crecí en Tel Aviv; estuve en el movimiento juvenil ´Ha-Majanot ha-Olim´(Campamentos de los inmigrantes a Israel) y partí a una capacitación agrícola en el Kibutz Iagur. Deseaba enormemente enrolarme en el ejército que luchaba contra Hitler. El ejército británico no era ´mi taza de té´. Finalmente subí a un barco, y regresé después de un año y medio, y entonces escuché que había algo llamado Paliam [división naval, dentro del Palmaj, destinada a brindar apoyo a la empresa de la inmigración ilegal] y me sumé a él. Yo ya era un veterano del mar, mientras que ellos recién se iniciaban.”

“Comencé a navegar en todo tipo de barcos y hacia toda clase de lugares perdidos; estuve en barcos británicos, noruegos y de otros países, y cada tantos años volvía hacia Eretz Israel y me presentaba en Paliam.”

“En 1946 recibí mi certificación de ´primer oficial´, y me faltaban sólo dos meses de ´tiempo en alta mar´ a fin de obtener el título de capitán. En Londres conocí a la gente que se ocupaba de la aliá, y ellos me enviaron a Baltimore, donde subí a bordo de un barco de excursiones llamado ´President Warfield´, que más tarde cambió su nombre por el de ´Exodus´.”

“Este barco había permanecido en Inglaterra unos cuatro años. Roosevelt se lo había enviado a los ingleses antes de que los EE. UU. entrasen en la contienda, y los ingleses lo devolvieron a Baltimore, con 1.700 soldados americanos a bordo. Nosotros compramos ese barco, y yo subí a él en noviembre de 1946. Navegamos con él a Francia e Italia, y regresamos a Francia, a un pequeño puerto, al sur de Marsella, hacia donde trajeron a todos los “mapilim”.”

-¿Y Ud. resultó elegido para ser el capitán del barco? le preguntó el otro periodista

-Había un capitán norteamericano no judío, y yo era el primer oficial. El capitán vino por el sueldo y abandonó en Marsella, y entonces fui nombrado capitán del barco. Oficialmente podía ser capitán; tenía un certificado de Honduras, un certificado inglés de primer oficial y me faltaban sólo esos meses para pasar los exámenes.”

¿Cómo pudo asumir una responsabilidad tan grande, con sólo 23 años? ¿No tuvo miedo? volvió a preguntarle.

“No, estaba bastante tenso, pero no tenía miedo”.

El periodista que lo presentó volvió a tomar la palabra y luego alternativamente fueron preguntando y requiriendo información de Ike, quien contestaba con naturalidad y emoción. Tenía en ese entonces casi 83 años.

¿Lo tomaba como una aventura de un muchacho joven?

-No. Lo veía como mi tarea de salvar lo que había quedado del pueblo judío en Europa. Esa era nuestra misión. El Paliam se había creado para esa función”.

Cuéntenos acerca de la batalla con los británicos.

-Los británicos venían siguiéndonos puerto tras puerto en Italia y Francia. Ya en los EE. UU. sabían que habíamos comprado el barco. Fue el único barco que los ingleses sabían medio año antes de su travesía que estaba destinado a traer inmigrantes ilegales a Eretz Israel, de modo que venían siguiéndonos en cada puerto.

Ese barco había sido antes un barco escuela de la armada británica, a bordo de él se adiestraban jóvenes, que luego eran capitanes. También el capitán que me atacó después, el Capitán Carson, había estudiado en ese barco y permanecido a bordo de él unos tres años”

-¿Cómo se desarrolló la batalla?

-Puesto que sabía que yo podía navegar en aguas muy poco profundas, mientras que los barcos de los británicos no estaban construidos para eso, comprendí que no podrían seguirnos cerca de la costa.

A fin de cerciorarme, hice una prueba, y junto a Alejandría viré a la derecha, para ver hasta dónde llegarían. En determinado momento todos ´tomaron´ a la izquierda, y no podían arrimarse a la costa. Entendí que si llegaba hasta las diez millas de la costa de Gaza, no podrían seguirme. Pero al parecer también ellos lo comprendieron, y cuando estábamos a 22 millas de la costa, nos atacaron. Era algo que tenían prohibido hacer; un verdadero acto de piratería. Eran en total los mandatarios de la Liga de las Naciones en Palestina; no tenían ningún derecho legal de atacar un barco de pasajeros en plena mar. Fue un auténtico acto criminal.

Y lo hicieron a pesar de todo.

-Lo hicieron, porque comprendieron que de otra forma no podrían reducirnos. La batalla fue dura. Estábamos rodeados de destructores británicos, que embestían nuestro barco desde todos los ángulos; en determinado momento arrojaron granadas de gas, y así fue como soldados pudieron abordar el barco.

Algunos de ellos ingresaron en el puente de mando esgrimiendo porras y con disparos de revolver. Corrí hacia abajo y continué piloteando el barco con el timón que estaba en popa. A todo esto, los soldados seguían embistiendo el barco y lastimando a cachiporrazos a mujeres y niños que permanecían en cubierta.

-¿Cómo reaccionaron los “mapilim”?

-Devolvieron los golpes y lucharon como leones.

-¿Sabían que cabía la posibilidad de que debiesen luchar?

-Sí, los habíamos preparado ante esa eventualidad, y ellos se proveyeron de latas de conserva y papas, y cuando fuimos atacados, comenzaron a arrojar sobre los soldados británicos latas de conserva, tornillos y otros objetos contundentes. Y verdaderamente, algunos de los soldados británicos cayeron al agua.

Los británicos no estaba preparados para una reacción así, y comenzaron a disparar, y pronto tuvimos pérdidas: tres muertos y más de cien heridos. Iosi Harel, a quien Ben Gurión había designado como oficial de a bordo, decidió la rendición, y entonces los ingleses abordaron el barco y nos llevaron a Haifa.

-Entiendo que Ud. no quería rendirse.

Yo sabía que podíamos seguir. Junto a Tel Aviv nos esperaban tres escuadras de Paliam. Desde un principio habíamos pensado llegar hasta la costa, pero Harel tomó otra decisión.”

-¿Cree que de no haberse rendido, hubiesen logrado arribar a la costa?

-No tengo dudas al respecto.

-¿Qué sucedió después?

-Descendieron a los heridos y les suministraron primeros auxilios; cargaron a los “mapilim” en tres barcos para su expulsión, y éstos zarparon. Al principio pensamos que los llevaban a Chipre, pero luego quedó en claro que se dirigían a Francia.

-¿Dónde estaban Uds., la tripulación del barco?

-Los miembros de la tripulación se ocultaron en el barco. Todos eran judíos; después vinieron otros cinco muchachos del Paliam de Italia. Todos nos escondimos en el barco, pero los norteamericanos salieron, y quedamos sólo nosotros, once personas.

-¿Hasta cuándo?

-Era un viernes, y teníamos un arreglo con gente de Paliam, según el cual ellos vendrían hasta el barco y cantarían determinada canción, y ésa sería la señal de que habían llegado. El domingo vinieron; nosotros nos disfrazamos de operarios, descendimos junto a ellos del barco y salimos del puerto. Más tarde comprendimos que los barcos de deportación habían sido llevados a Francia. Estuvieron allí 29 días. Los ingleses los presionaron para que bajaran, pero había consenso entre todos los “mapilim” de que ninguno descendería. Los franceses aceptaron acogerlos, y eso era algo grande para un judío refugiado por aquellos tiempos, convertirse en ciudadano francés.

Unas ochenta personas descendieron durante los veintinueve días en que los barcos fondearon allí. Finalmente los barcos navegaron hacia Gibraltar, y luego a Hamburgo. Allí hicieron bajar por la fuerza a los “mapilim”. Pero la gente de Exodus fue la primera en obtener certificados, prácticamente todos concretaron la aliá antes del 15 de Mayo de 1948.

-¿Cree que la historia del “Exodus” constituyó una victoria, o una derrota?

-Cuando no conseguimos llegar a la costa, lo vimos como una derrota; pero en última instancia esta derrota fue una victoria mayor que cualquier otra. Cuando descendieron los “mapilim” en Haifa, estaban allí los representantes de la comisión investigadora de la ONU, la Comisión Unscop. Vieron a los heridos y muertos, y recomendaron a la ONU dividir Palestina en dos Estados, uno judío y otro árabe. La expulsión de los refugiados hacia Francia y luego hacia Alemania causó un gran revuelo en todo el mundo. Durante meses los inmigrantes ilegales del Exodus ocuparon la primera plana de los principales diarios del mundo.

-¿Recuerda algún momento difícil en especial?

-Todo fue de alguna manera llevadero, todos éramos jóvenes idealistas, y no lo sentimos extremadamente difícil.”

¿No se quebró en ningún momento?

-Cuando el capitán me transfirió el mando, estaba un poco emocionado, porque a pesar de todo era sólo un oficial.

-¿Lo hubiese vuelto a hacer?

-Lo hice con el Pan-Crescent y el Pan-York” (dos barcos que llevaban 15.000 inmigrantes clandestinos desde Europa, directamente a Chipre).

-¿Qué hizo en su vida después de haber estado al mando de barcos que transportaban “mapilim”?

-Fui capitán del Pan-Crescent hasta el surgimiento del Estado. Después traje a todos los inmigrantes clandestinos desde Chipre a Israel, y luego desde Marsella. Con posterioridad fui capitán de la Compañía Israelí de Navegación ´Zim´. En determinado momento quise crear una cooperativa marítima junto con el ‘Kibutz Hameujad’(Agrupación de decenas de Kibutzim). Ya teníamos unos tres, cuatro barcos, y fundamos la compañía ´Tarshish´; pero entonces decidieron que querían sólo a miembros de kibutz y a mí, y no me resultaba adecuado. Me separé y fundé una compañía propia. En ocasiones tuve nueve barcos, en otras diez; a veces cinco barcos que navegaban hacia Australia y Singapur, a Japón y a Hong Kong. Era propietario de una compañía naviera bastante grande. Mi primer barco fue el ´Hei Daroma´, que navegaba desde Eilat hasta Sharm El Sheij.

-¿Cuándo se retiró de la actividad marítima?

-Mi mujer estaba enferma, y debí retirarme. Ella falleció en 200l.

-¿Tiene hijos?

-Tengo hijos y tengo nietos”.

-Cuando Ud. les cuenta a sus nietos acerca de sus aventuras en el mar, ¿ellos muestran interés?

-Seguro, saben todo.

-¿Ud. se ha reunido con los “mapilim” a lo largo de los años?

-Seguro, nos encontramos cada vez en la Casa del Palmaj. Cada año hay un encuentro de la gente del ´Exodus´; a veces vienen varios cientos. Siempre es agradable reunirse y recordar.

El capitán Ike era optimista entonces, cuando tenía 23 años y timoneó al ´Exodus´ desde Europa hasta Eretz Israel, escoltado por destructores británicos que se ensañaban con su barco y sus pasajeros. Siguió siendo optimista hasta el día del encuentro. Y por notas que leí últimamente, sigue siéndolo hasta el día de hoy.

Alguien del público le preguntó si en su opinión alguna vez viviríamos en paz con los árabes, respondió: “Creo que sí, después de todo somos hijos del mismo padre.”

Cuando terminó la actividad, uno de los periodistas dijo unas palabras de cierre e inmediatamente se produjo una explosión de aplausos; luego un prolongado silencio. Seguramente todos pensaban: ¡Qué fortaleza, cuánto idealismo y heroísmo; un milagro!

Sin duda, una historia heroica de “aliá” a Eretz Israel. Ike Aharonowicz, legendario capitán del barco que transportaba inmigrantes ilegales “Salida de Europa 5707”- “Exodus 1947” ¡Ko LeJai! ¡Por la vida!

NOTA: En la actualidad, Ike está pronto a cumplir 85 años. Por ahora le deseamos: “Ad mea keesrim!” ¡Hasta los cien, como a los veinte!

 
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