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La vida y la muerte, el compás de espera y la esperanza Imprimir E-Mail
jueves, 13 de diciembre de 2007

Por Marcelo Sneh (Especial, desde Beer Sheva)

El Yom HaShoah Ve ha Gvurá, es decir el día de la Shoah y el Heroísmo, es el día en que se conmemoran la vida y la muerte y es un día en el que recordamos a los muertos y nos acordamos de los sobrevivientes, pero por sobre todas las cosas la enseñanza más importante de ese día es el honrar los tres pilares que nos hacen seres humanos y nos diferencian de los demás seres vivos y de otros ciertos “humanos”: honrar la vida, honrar la memoria y honrar la esperanza.

Esta nota fue escrita precisamente cerca del día de la Conmemoración del Yom ha Shoá ve Ha Gvurá (Shoah y Heroísmo) próximo pasado, pero un acontecimiento para muchos emocionante y para mí histórico y que sucedió hace pocos días, devolvió en forma contundente la actualidad a esta nota. Estoy hablando de Omrí Attiah, un hermoso muchachito de 11 años condenado a morir de leucemia que tuvo su milagro de Janucá propio, ya que el derecho a vivir le fue devuelto en forma de luz ardiendo en una lámpara de aceite en el Beit Hamikdash de la vida. Y quien salva una vida, es como si hubiese salvado cien. Y quien salvó esta joven y fresca vida es uno de los 35.000 anónimos donantes que corrieron a dar una muestra de su sangre en una campaña sin precedentes, encontrándose entre todas esas almas buenas un solo donante compatible ciento por ciento (sic), un verdadero milagro si se tiene en cuenta que a esos 35.000 hubo que agregar los miles que ya figuraban como donantes potenciales (entre los que nos contamos mi mujer y este humilde servidor). Ahora Omrí recibió la vida como regalo del destino, merced a una movilización que hace tiempo no se daba en Israel. Y debido a este milagro sin precedente es que quiero contarles un caso que sucedió hace unos meses. Léelo hasta el final, caro lector, es una historia emocionante, de vida, de muerte… y de esperanza..

Dicen que la esperanza es la más humana de las cualidades, porque está unida a la conciencia y va de nuestra mano desde el mismo momento en que nos damos cuenta de que estamos en este mundo hasta el terrible momento de tener que abandonarlo. El dicho "mientras hay vida, hay esperanza" no es un simple cliché, ni mucho menos una muletilla: es una frase inmensa, es algo difícil de abarcar y de comprender por quienes tenemos el raro privilegio de una salud a toda prueba, jugarreta de un destino que nos hace sacar "pleno" en la ruleta genética del casino de la vida, y nos permite disfrutar de banalidades tales como orinar sin necesidad de acostarse en una cama, ser perforado por impías agujas que nos sacan las toxinas de la sangre a través de un aparato y nos la devuelven limpia después de una operación llamada "diálisis" porque nuestros riñones son dos pedazos de carne incapaces de cumplir con una función que por obvia nos parece tan sencilla y falta de trascendencia, o respirar con sólo abrir nuestra boca, a veces demasiado habladora, sin necesidad de sofisticados mecanismos, para no nombrar cosas más íntimas y desagradables como los sistemas "contra natura…"

Y al que le parezca que este humilde servidor de ustedes está hablando socarronamente, o está manejando en forma asaz chabacana un tema delicado y terrible como lo indican el título y la introducción de esta nota y como podrá comprobarse adentrándose en estas terribles líneas, voy a ir aclarando que mi quizá cuasi sarcasmo es sólo un escudo, una pose, un esfuerzo por no dar rienda suelta a mis sentimientos y dejarme llevar por mis emociones, tal como me sucedió hace un par de días, cuando ensimismado en mis tareas frente al sufrido teclado de mi computadora, y como siempre con la TV encendida a mi derecha, con la sintonía clavada en canal 2 y con un oído atendiendo al noticiario de las ocho: apenas terminó el boletín informativo ingresó en el cuarto Lidia, mi compañera de siempre y para siempre, para decirme que "Ilana Dayan iba a pasar un programa sobre el doble trasplante de pulmón que le hicieron a este muchacho Yaniv Rajamim en el Hospital Beilinson, tenés que verlo y escribir una nota, y también hacer un llamado a la conciencia sobre la donación de órganos, mirá lo que le pasó a este pobre muchacho…"

De más está decir que me dispuse a ver el programa. Para mí la donación de órganos es algo más que sagrado, es una empresa de vida, es un culto a la esperanza. Soy donante, mi compañera es donante y quien quiera tomar esta nota firmada por mí como declaración jurada, puede hacerlo: el día que algún familiar o ser querido necesiten de un riñón o de un lóbulo pulmonar, que son partes que hasta donde dan mis escasos conocimientos en la materia pueden donarse en vida, allí estaré.

Comienza la transmisión. El conocido rostro de Ilana, cuyos padres fueron entrañables amigos de los míos, con los ojos inusualmente húmedos, comenzó a desgranar la historia de la familia Rajamim: la dolencia sin concesiones de Yaniv, un simpático muchacho en la fresca treintena de su vida, atrapado en una maraña de tubos que trataban en lo posible y en una carrera desgastante contra un tiempo sin concesiones de mantener el sistema respiratorio de Yaniv funcionando, ya que Yaniv venía de un cáncer maligno del que a duras penas pudo salir, pero del que una de las peores secuelas fue la transformación de sus pulmones en dos pedazos de carne casi inútiles, y ahora necesitaba con urgencia recibir el trasplante de uno o dos pulmones ya mismo, "ayer", si es posible. Y aquí viene lo increíble, lo terrible, lo espeluznante: el joven y brillante periodista Roni Kuban, relator y acompañante de la sufrida familia y del equipo médico que luchó denodadamente por salvar a Yaniv, me cuenta en su estilo que parece que estuviera dialogando con cada teleespectador por separado: "Yaniv Rajamim necesitaba un pulmón con urgencia. En lista de espera, su lugar es el número 61…"

La cámara, con una vehemencia escalofriante, lisa y llana, nos enfrenta sin concesiones con la madre de Yaniv, una hermosa y joven mujer llamada Mazal (nombre que curiosamente significa "suerte"), la que nos cuenta que "cuando escuché eso, reuní a mi familia, a mi marido Nuriel (un hombre también de aspecto joven para su edad, que casi no habló durante todo el programa, sólo abrió la boca para rezar porque 'no quería que lo vieran llorar') y mis otros 5 hijos y les dije que estábamos frente a una situación que teníamos que resolver, que el Dr. Motti Lifschitz, director del Departamento de Trasplantes del Hospital Beilinson de Petaj Tikwah, me dijo que si Yaniv esperaba su turno para un trasplante no tendría ninguna oportunidad de vida, pero si recibía ya mismo el trasplante de dos lóbulos pulmonares, podría vivir, quizás. Tal como lo esperaba, mis hijos me dijeron que todos se movilizaban para ayudar al hermano en peligro…"

Después de los análisis y las investigaciones de rigor, quedó establecido que los donantes de los dos lóbulos que significaban la vida para el hermano en peligro serían la hermana mayor de Yaniv, Tirán, una joven mujer con esos atributos especiales de la característica belleza de las mujeres orientales y los rasgos ennoblecidos por esa sensación de que lo que uno está haciendo es lo correcto, a pesar de los miedos y las responsabilidades: no olvidemos que Tirán es casada y madre de un hermoso niño de corta edad, quien deberá esperar un tiempo antes que mamá pueda volver a ser suya sin límite de tiempo ni de circunstancias…

El segundo donante será Netanel, el benjamín de la familia, un hijo casi de la vejez, que se encontraba en ese momento sirviendo en Tzahal, el Ejército de Israel, como enfermero de combate, con toda una carrera militar por delante, con tantos proyectos y aspiraciones… Qué llevó a Tirán (que no era la primera vez que se movilizó para salvar la vida de su hermano, ya que cuando éste estuvo enfermo de cáncer ella le donó médula ósea) o a Netanel a renunciar a parte de sus propios proyectos de vida, qué extraña y a la vez elevada abnegación los llevó a correr el riesgo de dejar de lado algunos de sus propios sueños, los que como muy bien cantaba Charly García, guardados estaban en los castillos de cristal de la vida, es algo que difícilmente podamos llegar a comprender, a abarcar con nuestro entendimiento. El programa, sabiamente libre de la a veces irreverente y sucia profanación de los cortes publicitarios, nos iba llevando por los pasillos del hospital, por los rostros arrasados por las lágrimas, por las explicaciones de los médicos… Los relatos con voz quebrada de la madre Mazal, interrumpidos cada tanto por un llanto maternal incontenible capaz de contagiar a alguien como este humilde servidor, al que mucha gente lo definió como "una roca…"

Por fin llegó el día. Someramente y para no recargarte de detalles innecesarios, caro lector, he de contarte que primero operarían a Tirán, luego a Netanel, y a mitad de camino entre ambos, prepararían a Yaniv para recibir a sus hermanos dentro de sí, para ayudarlo a seguir viviendo. Hasta vino a participar de la triple intervención un médico japonés considerado la máxima eminencia mundial en este tema de los trasplantes de pulmón, el Dr. Yoshiai Hague. En total se habilitaron tres quirófanos, con 9 cirujanos, 8 anestesistas y enfermeros, camilleros, sanitarios… la cámara va de quirófano en quirófano, de pasillo en pasillo, de sala en sala… de rostro en rostro. El transido rostro de la madre, el angustiado rostro de la esposa de Yaniv, una nueva inmigrante de Gran Bretaña a la que Mazal le hizo "shiduj" (1) con el hijo, aparentemente con excelentes resultados, los ojos tranquilos y profesionales de médicos y enfermeras, y los ojos cerrados y entregados al letargo de los tres pacientes, los más ajenos a todo este drama que se va desarrollando en ese campo de batalla donde día a día se libra una batalla más… en la eterna guerra por la vida.

Finalmente, la triple intervención ha sido un éxito. Los lóbulos pulmonares de Tirán y Netanel, esos pequeños pedacitos de carne, están insuflando mágicamente el elixir de la vida en el cuerpo de Yaniv, el hermano bienamado. El padre reza, la madre llora, los dos héroes van saliendo del pastoso marasmo de la anestesia, los hermanos se abrazan… pero lo que sucedió luego ya era sabido por todos. Yaniv recibió bien los dos lóbulos pulmonares de sus hermanos, empezó a respirar mejor y su torturado cuerpo fue bendecido por un poco más de oxígeno y de calidad de vida… pero diez días después su organismo se vio afectado sorpresivamente por la caída de todos sus sistemas vitales, muriendo sin poder salir de esa crisis.

He de ahorrarte, caro lector, el relato de las terribles escenas de la "shivá" (2). He de ahorrarte también los intercambios de acusaciones, las opiniones cuando lo que no tendría que haber pasado (o sí) ya pasó, he de ahorrarte los gritos desgarradores de su viuda… sólo una cosa quiero decir: nadie tiene la vida comprada, nadie conoce ni el qué ni el cómo, ni el cuándo respecto de su propia vida. Pero algo me queda claro, muy claro, más claro que el agua con la que Mazal lavaba amorosamente las manos y el rostro de su hijo Yaniv todas las mañanas después de haber velado su sueño en un duro sillón, a su lado: si Yaniv no hubiese estado en el turno 61 para un trasplante de pulmón, si hubiese habido suficientes donantes como para acortar la espera hasta un plazo lógico y no haber tenido que conformarse con esa solución apresurada y casi desesperada de trasplantarle dos lóbulos que más que darle vida lo hubiesen mantenido vivo de alguna manera… otro hubiese sido el resultado. O no. Eso nunca lo sabremos. Pero lo que sí sabemos es que historias terribles como ésta quizá puedan reducirse en número si paralelamente se reduce el número de pacientes en lista de espera para un trasplante y proporcionalmente aumenta la lista de donantes potenciales, en vida o in articulo mortis. Porque si es que hay un más allá, o no lo hay, es preferible que un riñon o un pulmón o nuestro páncreas, en lugar de pudrirse inútilmente en alguna sepultura olvidada, sean la clave para que alguien siga permaneciendo en este mundo y disfrutando del maravilloso don de la vida.

A quienes quieran sumarse, el teléfono del Centro de Donación de Órganos es 1-800-609-610, y el sitio de Internet es www.health.gov.il/transplant. Quienes no dominan ni el hebreo ni el inglés pueden dirigirse a éste, mi correo electrónico: Esta dirección de correo electrónico está protegida contra los robots de spam, necesita tener Javascript activado para poder verla , y gustosamente brindaré mi modesta ayuda en todo lo que sea traducción al castellano y/o orientación, asesoramiento y ayuda sobre este tema. En la Argentina la entidad se llama INCUCAI, y tiene un teléfono las 24 horas: 0800 555 4628, y un sitio web: http://www.incucai.gov.ar/home.do.

¿Por qué lo hago? Quizá por lo que dijo Netanel, el menor de los hermanos del malogrado Yaniv, cuándo se le preguntó por qué había donado el lóbulo pulmonar a su hermano, sacrificando así una carrera militar brillante: "Siempre soñé con ser útil en algo a alguien, siempre quise que parte de mí pudiese ser útil a alguien… y ahora siento que con el trasplante de Yaniv se cumplió mi sueño. Y aunque Yaniv ya no está con nosotros, igual creo que mi cometido se cumplió. Y sé que allí donde él descansa está protegido, porque parte de mí está con él para velar por su reposo" (…) "Sé que ya no podré volver a ser soldado combatiente, pero tampoco quiero volver a serlo, ya que ahora mi misión es seguir sirviendo en el Ejército, pero yendo de base en base para concientizar a todos mis compañeros y compañeras de armas en la importancia de la donación de órganos, en el inmenso significado de un rectangulito de cartón donde nuestra firma significa a veces la vida…"

Netanel ya no necesita ser soldado combatiente, porque Netanel ya libró la más noble de sus batallas, saliendo victorioso aunque en ella haya caído su hermano Yaniv. El alma noble de ese chico merece la mejor de las medallas, y si él, que por su edad podría ser mi hijo, pudo hacerlo, pues yo también puedo. Todos podemos.

Familia Rajamim, que encontréis consuelo en el recuerdo imborrable de Yaniv o en su sonrisa reflejada en la de vuestros nietos o en el inconmensurable altruismo de vuestros hijos Tirán y Netanel. Pero si aumentamos el número de donantes de órganos, si logramos aumentar la conciencia de la gente respecto de este tema tan importante, si sumamos para multiplicar, entonces el sacrificio de muchos como Tirán y Netanel y por supuesto y principalmente el de Yaniv, ya no habrán sido en vano.

Mishpajat Rajamim… She lo tedú od tza'ar (que no conozcan más dolor).

 

(1) Shiduj: unión, llevar a una pareja en potencia a que se conozcan presentándolos entre sí.

(2) Shiv'á: (Lit: siete). Precepto hebreo que consiste en permanecer sentados sin calzado y con los espejos cubiertos durante siete días a partir de la sepultura de un ser querido.

 

 
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