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La Shoá, la indiferencia y el heroísmo Imprimir E-Mail
lunes, 26 de noviembre de 2007

Por Marcelo Sneh

(Especial desde Beer Sheva,Israel)

Hay un aspecto en la historia de la Shoá que aún no ha sido estudiado con la profundidad y la atención que se merece: me refiero a los no judíos que aun a riesgo de sus propias vidas, hicieron todo lo posible y más aún para tratar de salvar a quienes todo el pecado que cometieron fue nacer perteneciendo a una confesión  distinta a la de ellos.

La "Solución final del problema judío", tal como la definieron en Vansee sus siniestros artífices, no era en la práctica algo fácil de llevar a cabo, ya que se trataba de un complicado proceso que implicaba, en cada país donde la peste nazi lograba enseñorearse, un proceso compuesto de varias etapas a llevar a cabo por los grupos especiales de tareas: al principio, los pasos de la operación eran aislar, acorralar y eliminar a los judíos, tanto sus vidas como sus cuerpos. Más tarde, con el advenimiento de los campos de extermino, el proceso agregó otra etapa que era la del transporte y los hornos que simplificaron en parte la eliminación. Y como decía, todo este proceso dependía de la población local invadida y su colaboración, ya sea por comisión u omisión.

En épocas en que el exterminio de judíos alcanzó su punto más crítico en Europa Oriental, las matanzas fueron iniciadas incluso por grupos de pobladores locales, con el antisemitismo fluyéndoles junto con la sangre en las venas y que históricamente tenían una rica tradición de persecuciones contra judíos. Por supuesto que todo judío que lograba ocultarse de algún modo precario o escapar momentáneamente y tenía la desgracia de ser descubierto por sus "vecinos" podía considerarse perdido. A lo sumo podían, los más pudientes, escapar nuevamente a las garras de la muerte mediante el pago de un chantaje, como los "shmaltzovniks" (*), chantajistas polacos que primero exprimían a sus víctimas hasta no dejarles un centavo, hecho lo cual, los entregaban a la Gestapo. Otros, muchos otros, no colaboraron activamente con los nazis, pero prestaban su conformidad con lo que veían y escuchaban a su alrededor, se encogían de hombros y se tranquilizaban a sí mismos diciendo que lo que pasaba no era de su incumbencia. Otros se hacían los indiferentes o permanecían o se declaraban neutrales, sin colaborar con los nazis ni ayudar a sus víctimas. O al menos… eso es lo que creían. Porque todos sabemos que la indiferencia es el mejor cómplice de cualquier crimen. Y como criminales que eran, los nazis dependían de la indiferencia o de la falta de interés en sus actos que demostraron los aliados, de los que se sabe a ciencia cierta que desde el año 1942 estaban perfectamente enterados de las atrocidades cometidas por los nazis.

Un ejemplo claro de lo antedicho es el comportamiento de la Iglesia católica. Si bien el Vaticano condenó enérgicamente el plan de eutanasia nazi, nunca se pronunció en forma contundente en contra de los asesinatos masivos de judíos. Si bien el Vaticano protestó enérgicamente contra el bombardeo aliado sobre el monasterio de Monte Cassino, en Italia, por los valiosos tesoros e incunables que allí se guardaban, nunca protestó, ni enérgicamente ni nada, contra las matanzas y diabólicos experimentos "científicos" sobre niños en los campos de concentración, por el sólo hecho de ser judíos. Tampoco siquiera hizo  un acto de contrición al enterarse de los cientos de víctimas que tomar ese monasterio les costó a los norteamericanos, ya que  por complacer a Pío XII tuvieron que escalar y tomar el monte a pie.

Pero lo peor es que la Iglesia estaba en condiciones de estar al corriente de todo lo que estaba sucediendo. El Vaticano tenía una fuente de informaciones excelente: en cada ciudad, pueblo, aldea o villorrio, había por lo menos una iglesia con un párroco: decenas de miles de vicarios de D´s que vieron saqueo, presenciaron deportaciones, escucharon confesiones… y muchos de ellos ayudaron, a diferencia de sus jerarcas del Vaticano, terminando muchos de ellos en Dachau. De modo tal que el Vaticano fue uno de los primeros en saberlo todo, de estar al tanto de todo el horror. Son bien conocidos los informes enviados por las representaciones diplomáticas vaticanas en marzo de 1942 a la Santa Sede.

De los Estados Unidos -que si bien su ingreso en la contienda y su actuación en el conflicto fueron los que decidieron su desenlace- tampoco puede decirse mucho respecto de sus esfuerzos por salvar judíos, más bien escasos o casi nulos. Un antecedente terrible fue el envío de regreso a Europa del trasatlántico "Saint Louis", cargado con casi 1000 refugiados judíos que simplemente huían por sus vidas.

A principios de 1942, un hecho estadístico asombroso hace pensar sobre qué hubiese pasado si los EE.UU. hubiesen distraído parte de sus efectivos aéreos para bombardear si no los campos de exterminio por lo menos las vías férreas que conducían a dichos campos de muerte: al primer trimestre de 1942, el 80% de la población judía en Europa estaba aún con vida. Increíble, ¿verdad? Una acción expeditiva por parte de la poderosa maquinaria aérea norteamericana quizá hubiese pateado el tablero de la estadística de la muerte… quién sabe. No, quién sabe, no, es seguro. En 1944, en pocos meses, medio millón de judíos húngaros salieron de Auschwitz por las chimeneas de los crematorios.

Pero hay algo que debe quedar en claro: ante el desequilibrio de fuerzas entre victimarios y víctimas, la neutralidad era una humorada obscena. Para los nazis, la neutralidad suponía de hecho apoyar a los asesinos,

Sin embargo… no todos colaboraron con los nazis, así como tampoco todos demostraron indiferencia cómplice. De un lugar a otro en la Europa arrasada por los nazis, hubo muchos, miles, que arriesgaron su propio pellejo por salvar a judíos. Muchas y variadas fueron las formas en que esta gente actuó: algunos actuaron por cuenta propia, otros, con sus familias, amigos vecinos… en algunos casos, comunidades enteras asumieron la riesgosa responsabilidad de salvar judíos, como Le Chambon-Sur-Lignon en Francia, y a nivel nacional, Dinamarca fue una nación completa que se unió para evitar la deportación de sus ciudadanos judíos. Finlandia, con su manifiesta simpatía hacia el eje, no permitió que se les tocara un solo pelo a sus judíos.

Y un capítulo aparte merecen los diplomáticos como Raoul Wallenberg, el cónsul japonés en Hungría Shuguihara, el portugués De Sousa y otros,

¿Cuál era el motivo que llevaba a estas personas a actuar así? Hubo quienes simpatizaban con los judíos. Hubo, para nuestro asombro pero los hubo, antisemitas que dentro de su ideología de prejuicios no podían aprobar ni aceptar ni el asesinato ni el genocidio. Otros eran amigos, vecinos,  compañeros de trabajo, subordinados o jefes de quienes salvaron. Y hubo otros que asumieron el increíble riesgo de ayudar a perfectos desconocidos, algunos por ideas políticas o convicciones religiosas. Sea como sea, para muchos la decisión de arriesgarse a ayudar no fue más que el resultado de una sencilla apreciación moral: la vida debe ser preservada frente a la muerte. Y para otros no hubo alternativa: lo que hicieron fue natural e instintivo.

Muchos de ellos sintieron que estaban actuando sencillamente por una cuestión pura, simple y elemental de decencia humana. Cuando mucho tiempo después les llegaron los emocionados agradecimientos de quienes ellos habían salvado, llamándolos héroes, se apuraban a bajar tímidamente la cabeza y decir que en realidad de héroes no habían tenido nada, y que lo que habían hecho, por lo menos así lo sentían, no tenía nada de especial ni de extraordinario, se trataba de una conducta básicamente humana: habían actuado como corresponde hacerlo a seres humanos.

Analicemos ahora qué se logró con toda esta ayuda, escasa ante la magnitud del total de las víctimas pero inmensa de la mano del versículo del Talmud que dice que "el que salva una sola vida, salva a un mundo entero". La "Solución Final del Problema judío" pergeñada por los nazis fue creada con el fin de transformarse en una política de alcance universal, única en su género y aplicable a nivel mundial. Pero a través de Europa, el variable grado de éxito que tuvo la ejecución de la “Solución” dependió en grado sumo, por una parte, de la actitud de los invasores nazis hacia el país que ocupaban y su gente, como de la actitud de la población local hacia sus vecinos judíos por la otra. Dos ejemplos polares: en Polonia, nueve de cada diez judíos fueron asesinados, mientras que en Dinamarca, nueve de cada diez judíos… fueron salvados. Una diferencia crucial que se encontraba en el comportamiento de ciudadanos comunes para con sus vecinos.

Cuando la gente miraba sin hacer nada, los judíos eran liquidados. Cuando los ciudadanos pasaban a la acción, los judíos por lo menos tenían una chance. Citamos con emoción a Elie Wiesel, en una charla que dio en 1984 sobre estos anónimos, altruístas y abnegados héroes:

"Recuerden que es fácil salvar vidas humanas. Uno no tenía que estar loco para sentir compasión por un niño desamparado. Bastaba con abrir una puerta, arrojar un trozo de pan, una camisa, una moneda; era suficiente con apiadarse… En aquellos tiempos, uno se elevaba a la cúspide de la humanidad con simplemente continuar siendo humano".

Caros lectores, esto fue a modo de introducción. Los casos de los heroicos diplomáticos que arriesgaron sus vidas (algunos la perdieron, como Wallenberg, e irónicamente a manos de quienes eran enemigos de sus enemigos) los iré presentando en próximas notas, así como también la historia de ese país asombroso que es Dinamarca y de cómo salvó a sus conciudadanos de origen judío de una muerte segura. También hubo historias individuales de gente que cuando fue invitada a testificar qué los movió a hacerlo, dijeron con la mejor de las sonrisas y los ojos brillantes por la emoción: "Porque somos seres humanos y ellos también eran seres humanos. Simplemente sentimos que había que salvarlos… nada más".

(*) Despreciables chantajistas que se ocupaban de sacarle dinero a los judíos a cambio de su silencio ante la Gestapo sobre ellos. El nombre viene de "schmaltz" (grasa) ya que solían dirigirse a sus víctimas con la frase "entrega tu grasa". De más está decir que cuando a sus vícitmas se les terminaba el dinero, eran entregados sin miramientos a los nazis.

 
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