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Reconocimiento palestino ¿imprescindible o innecesario? Imprimir E-Mail
lunes, 26 de noviembre de 2007

Por Egon Friedler

En cada nueva negociación con los palestinos todo parece volver a foja cero, como si cada uno de los acuerdos alcanzados en el pasado debiera ser negociado de nuevo. En vísperas de la conferencia de Annápolis ha vuelto a plantearse una vez más el tema del reconocimiento palestino a Israel como estado judío, como si los acuerdos de Oslo no hubieran existido y los palestinos no hubieran aceptado la famosa Hoja de Ruta.

Y una vez más se inicia una áspera discusión en Israel sobre el famoso reconocimiento palestino. Mientras unos desdeñan el reclamo y se hacen eco de la famosa posición de Menajem Begin: el Estado de Israel no necesita de ningún reconocimiento de nadie para existir, otros sostienen que esa concesión simbólica es esencial para indicar un claro cambio de actitud de una posición beligerante a una pacífica.

Para los partidos de derecha, que han preferido olvidar la posición de Begin, cada vez más el reclamo del reconocimiento se torna en una carta de negociación imprescindible. El ministro Avigdor Lieberman, del partido “Israel Beiteinu” declaró a “Haaretz” que exigiría del primer ministro Ehud Olmert, que esa exigencia sea una precondición para las negociaciones. Pero el ministro no se limitaría a este planteo dentro del gobierno. Además estaría negociando con el Likud y el Partido Nacional Religioso la adopción de una decisión parlamentaria que convierta esa precondición en ley. La periodista de “Haaretz”, Mazal Mualem comenta que en opinión de los analistas si una medida de ese tipo fuera aprobada precipitaría una crisis con el liderazgo palestino o limitaría de manera decisiva la capacidad de maniobra del primer ministro israelí en la cumbre auspiciada por los norteamericanos.

La posición del diario “Haaretz” es claramente contraria al reclamo de Lieberman. En un editorial publicado el 15 de noviembre y titulado “Quién quiere un Estado judío”, sostiene que “Es fácil hablar de un Estado judío, pero es difícil de tener el coraje político para hacer lo necesario, o sea retirar las colonias israelíes establecidas en el corazón de la población palestina. Para el diario liberal-paloma israelí “La suspensión de la construcción en las colonias no es un premio a los palestinos que antecede a algún acuerdo, sino una medicina vital para la existencia de Israel. Ya es difícil señalar una frontera entre los bloques de asentamientos de Etzion, Ariel y Maale Adumin, con sus fronteras expandiéndose, con la tolerancia de Washington.”. Más adelante “Haaretz” escribe : “Para los fanáticos religiosos de ambos bandos, la solución existente es encantadoramente sencilla. Los islamistas quieren un Estado islámico en todo el territorio que consideran sagrado. Religiosos israelíes de derecha quieren un Estado halájico en toda la zona que consideran sagrada. El único problema es que se refieren a la misma tierra “sagrada”. Por ello, mientras se siga posponiendo la partición, la posibilidad de un sangriento caos mesiánico se vuelve cada vez más cercana.”

El columnista estrella de “Haaretz” Yoel Marcus, va aún más lejos. A su juicio el reclamo de reconocimiento a los palestinos es “estúpido”. Marcus comienza su artículo narrando una anécdota : Hace cuarenta años, Yacov Herzog (hermano del sexto presidente de Israel, Jaim Herzog) fue invitado por la BBC a tomar parte en un simposio por la BBC. El tema era: ¿Cuales son las chances de supervivencia de Israel? Herzog, indignado por la elección del tema, se negó a participar y dijo que si alguna vez quisieran realizar un simposio sobre las chances de supervivencia de Gran Bretaña estaría encantado en participar. Marcus pregunta: “¿Quién creería que 32 años después de la muerte de Herzog y 60 años después de la creación del Estado de Israel, que sigue aquí pese a quienes predijeron su caída, los líderes del país reclamarían su reconocimiento como Estado judío? ¿Y por quién? Por los palestinos, que rechazaron el Plan de Partición aprobado por las Naciones Unidas el 29 de noviembre de 1947 y han hecho todo lo posible por no tener un Estado hasta hoy en día.”

Marcus termina su artículo de manera categórica : “Existimos y somos un Estado judío. Todo el mundo nos reconoció como estado judío. Los Estados árabes que nos atacaron después de la Declaración de Independencia y lo hicieron porque somos un Estado judío. Hicimos la paz con Egipto y Jordania a pesar de ser un Estado judío. Si hay alguien que necesita reconocimiento, son los palestinos. Sus líderes los han incitado durante generaciones a odiar a los judíos y a matarlos, pero su odio no les dio un Estado propio. El reclamo de que nos “reconozcan” como Estado judío, a pesar de la insistencia de “Israel Beiteinu” a que el gabinete lo plantee como condición “sine qua non”, es como si negáramos nuestra existencia nacional o debiéramos reforzar nuestra identidad como Estado.

“¿Cómo en un país en el que nos consideramos inteligentes puede caminar un reclamo tan estúpido?”

La posición del “Jerusalem Post” es muy diferente. Comienza recordando los reconocimientos palestinos a partir del cambio de posición de Yasser Arafat en 1988 y menciona una por una las inquietantes declaraciones de los líderes de la Autoridad Palestina en los últimos días: Saeb Erekat, el principal negociador palestino: “No aceptaremos reconocer a Israel como Estado judío. No hay un país en el mundo en el que las nacionalidades étnica y religiosa estén mezcladas” ; Yasser Abd Rabbo, otro destacado negociador: “Sólo los partidos sionistas consideran a Israel un país judío y nosotros no pedimos ser miembro del movimiento sionista internacional: el primer ministro Salaam Fayad: “Israel puede definirse como lo desee y si quiere denominarse un Estado judío que lo haga. Pero los palestinos no reconocerán nunca la identidad judía de Israel.”

El diario israelí en idioma inglés subraya que “El rechazo palestino a aceptar a Israel como Estado judío sugiere que todas sus solemnes manifestaciones acerca del derecho a la existencia de Israel no significan nada”. Más adelante califica la pretensión de Erekat de que la mezcla de identidades religiosas y étnicas es algo inusual de “tontería” y comenta: “Quizás no oyó hablar de la Conferencia Islámica, un grupo de 55 países o de la Iglesia de Inglaterra”. El “Post” hace hincapié en que “el primer ministro Olmert declaró esta semana que no participaría en ningún diálogo posterior a las negociaciones de Annápolis que no esté basado en la aceptación de Israel como Estado judío. En esencia, Israel reclama a los palestinos que terminen con su doble juego.”

El final del artículo del Post es terminante: “Sin reconocimiento mutuo, no hay negociación. Los palestinos esperan que Israel acepte su existencia y sus derechos como pueblo. El pueblo judío no espera menos que eso.”

Sin duda, cada una de las posiciones reseñadas, tiene sus fundamentos. Es claro que sin reconocimiento mutuo no puede haber negociación del mismo modo en que resulta obvio que la paz es imposible sin una evacuación de colonias judías de la Margen Occidental.

Todo parece indicar que las últimas declaraciones de los líderes palestinos negando el carácter judío de Israel son movimientos tácticos más relacionados con la lucha interna palestina que con las próximas discusiones de Annápolis. Pero como ha sucedido a menudo, esos movimientos tácticos pueden convertirse en posiciones negociadoras rígidas que podrían bloquear todo el proceso de negociación.

Israel, como lo señalan acertadamente Marcus y “Haaretz”, puede vivir perfectamente sin el reconocimiento palestino. Más bien, son los palestinos que no sólo necesitan reconocimiento israelí, sino también buena voluntad y ayuda concreta, si es que realmente quieren tener un Estado viable. El eterno problema palestino es que para ello debe haber no sólo un cambio de posición negociadora, sino también de psicología. Mientras Fatah pretenda competir con Hamas y siga aferrándose a la mística del honor, el triunfalismo y la violencia no podrá realizar avances concretos hacia un Estado palestino moderno con todo lo que esto implica.

La gran paradoja que no han entendido los palestinos, es que el reconocimiento de Israel es mucho más necesario para ellos que para Israel. Para obtener éxito en un plazo relativamente breve en la edificación de un país que funcione no tienen otro remedio que ganar la cooperación y confianza de su vecino. Para ello deben abandonar de una vez por todas las ilusiones heroicas que los han llevado a 60 años de fracasos repetidos.

 

 
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