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Obra teatral de Aliza Olmert: “Fantasía para piano” Imprimir E-Mail
jueves, 15 de noviembre de 2007
Por Moshé Korin
Es sabido, pero no siempre recordado en todas sus implicaciones, que al finalizar la Segunda Guerra Mundial, las consecuencias de haber sobrevivido, no terminaron con la rendición nazi. Las marcas, las imborrables huellas de lo ocurrido acompañaron el pesar de cada sobreviviente. Difícil es generalizar, complejo es estimar una serie de constantes, un abanico de siquiera posibles efectos sobre sus posteriores vidas, pero algo es ciertamente sabido y comprobado: en ningún caso ha sido sin consecuencias.

El despertar de los recuerdos, de lo inevitable de tener que lidiar con lo que emotivamente acarrea el recordar haber atravesado la Shoá, ha sido y es una de las labores subjetivas más críticas que enfrenta el sobreviviente. ¿Cómo lo hace? ¿Cómo recorre el camino hacia atrás? ¿Cómo cierra, una vez abierto, el capítulo perteneciente a esos abismales tiempos?

La obra teatral “Fantasía para piano” muestra el despertar de las huellas que dejó la guerra, así como la búsqueda del recorrido subjetivo para encontrarse con el pasado arrancado por el nazismo.

Los personajes

Ana Zinger es una mujer que vivió una feliz infancia en un pueblo de Polonia. A sus tempranos 10 años, logró sobrevivir a la “Noche de los niños” en la cual los niños judíos del pueblo son salvajemente arrojados al remolino del río.

Ana es ahora una mujer adulta, esposa, madre y abuela que construyó su nueva vida en Israel, y que luego de cinco décadas decide volver a aquel pueblito polaco.

La obra no relata cómo Ana sobrevivió, sino que pivotea entre la pasada infancia en Polonia y el presente. La conexión entre ambos tiempos es un piano negro de cola. En él se condensan las historias familiares, los significados de ruptura de una vida, los recuerdos y las ansias de que no todo quede perdido.

La obra transcurre en 1990, el poder comunista tenía como saldo, una aguda pobreza. Aquel río que ahogó tantas almas, es reciclado bajo el nombre de “Manantial Sagrado”, para atraer turistas al pueblo de campesinos. 

Es en este marco que llega Ana y se encuentra con un anciano y un matrimonio de campesinos, Yusek y Halina Zagorsky.

Entre estos cuatro personajes se tejerá la trama de la historia. Si bien el anciano es un personaje más bien periférico respecto de los demás, su importancia radica en que cristaliza los prejuicios y conductas antisemitas hasta el punto de reivindicarlas de manera manifiesta, intentando además constantemente manipular y sacar provecho de toda circunstancia.

Por otro lado, el matrimonio Zagorsky muestra un interesante contrapunto entre sí. Yusek es un campesino proveniente de otro pueblo, cultivador de rabanitos como lo fueron su padre y abuelo. Rústico y con una cierta inocencia infantil, refugia sus frustrados sueños de ser padre y tener un mejor pasar, en su ratón “Colón”. Será precisamente Yusek aquel que estallará colapsando hasta la desesperación frente a la verdad descubierta.

Halina es hija de Magda, la cocinera de la familia Zinger en los tiempos anteriores a la ocupación nazi; la cocinera en brazos de quien la pequeña Ana se adormecía de niña, pero quien, sin embargo, desde el día de la ocupación comenzó a vestir la ropa de seda de su madre.

El relato de Halina a su marido, en el cual cuenta cómo se adueñaron de la casa que hoy habitan y los hechos perpetrados por los polacos del pueblo contra los judíos, es probablemente la escena de mayor tensión, ya que ambos se enfrentan. Yusek, al interrogar a su esposa, comienza a entender. Él empieza a ver la verdad, no sólo de por qué Halina no quiere vender a la “turista” el piano negro de cola que esconden en la casa y que usan como depósito de mermelada, sino de dónde proviene la casa “supuestamente” heredada por su suegro, quién ha sido realmente su íntimo amigo Antek durante la guerra, quién ha sido y es su esposa. Así, la ira y el desconcierto se apoderan de Yusek, al escuchar sobre las atrocidades cometidas.

“Halina:- (...) ¿Por qué me hablás así? ¿Cómo es que no tartamudeás? 

¿De parte de quién estás? ¿De su parte o de tu propia parte?

Yusek: - Estoy de parte de los que no me engañan. Por Dios, si mi casa ya no es mi casa y Antek no me saluda, entonces yo no soy yo...y...

Halina: - El padre de Antek era el que los paraba en fila. ¿Quién creés que los empujaba al remolino? (...) Si me traés la lista de tus amigos y vecinos, yo te contaré uno por uno sobre sus padres y sus abuelos”

Yusek decide entonces marcharse. No lo retiene el supuesto oro escondido en algún sito de la casa. El oro oculto devenido botín para la campesina y el anciano, es el anzuelo introducido por Ana luego de que se le negara el ansiado piano. En su voraz búsqueda, ella y el anciano destruyen la casa que queda reducida a escombros, al final de la obra.

El texto

Que además del nudo tensional entre los personajes de Ana y la campesina polaca, el texto establezca el conflicto entre el matrimonio polaco, nos indica que Aliza Olmert no escatima en complejizar. La obra no busca el modo fácil de mostrar lo ocurrido y sus consecuencias, sino que hace hablar a las miserias humanas que condujeron a las atrocidades.

Por otra parte, no nos muestra a una sobreviviente cargada de rencor. Ana es tenaz, determinada en su anhelo de recuperar lo propio, dolorida hasta su última fibra, pero no la domina un acérrimo odio, el cual sería una forma de quedar apresada. Esta comprensión es otra de las exquisiteces del texto.

“Ana:- ¡No me retractaré, señora Zagorsky! No puedo ser más clara. ¡Ya una vez me echaron de aquí!

Campesina:- ¿Qué pensaba encontrar?

Ana:- Encontrar gente común que con argumentos lógicos pudiera negociar con ellos algo que les convenga. No vine a quitarle ninguna casa, si eso le preocupa. Aunque de acuerdo con la nueva ley, me dicen que sí puedo.”

El personaje de Ana no retorna tan sólo para reclamar los bienes arrebatados, busca más que eso; busca un bien preciado más simbólicamente que materialmente. El piano es el nexo de las generaciones. Es aquel piano frente al cual el día de la ocupación, ella, sentada junto a su madre, ensayaba la “Fantasía para piano” de Schubert para el concierto que nunca llegaron a estrenar. El piano es el símbolo de que ella ha sobrevivido y que existe su descendencia: habiendo sido regalado por su abuela, tocado con su madre hasta el último momento, será el obsequio para su nieto en Israel. 

El desenlace de la trama

Quisiera detenerme un instante en la última escena. En ésta, Ana cubre con su impermeable su finalmente recuperado piano. No creo que sea nimio el detalle, pues aquel impermeable que ha llevado en su viaje, que se ha negado a cambiárselo a la señora Zagorsky por una semana de alojamiento gratuito -cuando la campesina aún creía que Ana era una turista- es aquello que más quiere. Cubrir entonces el negro piano de cola perteneciente a la familia que perdió con el impermeable, pareciera simbolizar el rito funerario judío. En la tradición judía, a diferencia de la cristiana, el muerto no es expuesto a la vista de los demás, sino que el rito se realiza con el cuerpo tapado o dentro del cajón fúnebre cerrado. Aquel piano que presentifica la ausencia, la muerte de sus seres queridos es cubierto por Ana con lo más querido que porta. El rito funerario de despedida de los suyos que le fue arrebatado, es así logrado.

La dirección y las actuaciones

Si bien los cuatro actores Alicia Pagano (Ana, ciudadana israelí), Rosita Pincovschi (Halina, campesina polaca), Adrián Wasergold (anciano polaco) y Ernesto Knoll (campesino polaco), muestran uniformidad en cuanto a la calidad expresiva con la que evidencian su notable compromiso, cualidad y esfuerzo, cabe resaltar a Rosita Pincovschi en el rol de la campesina polaca, pues su actuación logra una natural desenvoltura del personaje digna de mención.

La trayectoria del Director Manuel Iedvabni es destacable no sólo por su amplia experiencia, sino porque da cuenta de la talentosa y creativa realización artística lograda en la dirección de “Fantasía para piano” -versionada además por él mismo -. Debutando en el año 1954 en el teatro IFT con “Una gota para el mar” de Osvaldo Dragún, ha sido luego fundador de tres ámbitos independientes de teatro: Teatro del Centro (1968), Teatro Contemporáneo (1980) y Galpón del Sur (1985). Ha puesto en escena más de 20 piezas de autores argentinos y más de 40 de autores universales, entre ellas: “El avaro” de Moliére, “El alacalde de Zalamea” de Calderón, “Tres hermanas” de Chéjov, “El diablo y el buen Dios” de Sartre, “La resistible ascensión de Arturo Ui” de Brecht, entre muchas otras. Dentro del abordaje de temática judía se destacan “La pared” de John Hersey, sobre el levantamiento del Gueto de Varsovia, “Dreyfus” de J.C. Grümberg (AMIA), “Canciones maliciosas” de Jon Marans (Regina) , “Gueto” de Y. Sobol (Hebraica) y “Mil años, un día” de Ricardo Halac (Hebraica).

Ha obtenido varios premios; entre los más renombrados: el ACE, el Florencio Sánchez y el Trinidad Guevara por “Chéjov-Chéjova” de F. Nocher; el María Guerrero y el Florencio Sánchez por “Canciones maliciosas” de J. Marans; nuevamente el ACE por “Una bestia en la luna” de R. Kalinoski. Además del premio Trayectoria otorgado por la Asociación

Argentina de Actores.

La autora

Nacida en 1946 en Alemania, Aliza Olmert es madre de cuatro hijos y esposa del actual Primer Ministro de Israel.

Artista plástica y escritora de guiones para teatro y cine. Ha presentado sus trabajos en centros culturales y teatros tanto de Israel como del mundo. Entre las diversas obras de su autoría se destacan: “Jerusalem, entre el cielo y la tierra”; “Panamá” y “Un pedacito de mar”.

Es además trabajadora social egresada de la Universidad Hebrea de Jerusalem. Directora del comité de arte en el centro de Convenciones Internacionales de Jerusalem, estudió Artes y Diseño en la prestigiosa Academia Betzalel en Jerusalem.

Ella sirvió en el Ejército de Defensa Israelí como comandante en una base de entrenamiento para la especialidad de topografía.

Agradecimientos

Para concluir quisiera agradecer a quienes hicieron posible la realización de este espectáculo: La obra es presentada por la Sociedad Hebraica Argentina todos los domingos, a las 18.30, en el teatro IFT. La Embajada de Israel, junto con el Departamento de Cultura de la AMIA, tienen el orgullo de auspiciar este emprendimiento.

Susy Pevsner en la supervisión de Hebreo. Francisco Paciullo y Federico Barreiro en la realización de escenografía. Agencia Marion Weiss, en la gestión de la obra. Miguel Rur en la realización de la banda de sonido. Eduardo Guimarey como asistente de dirección y Alicia Vera en la escenografía, vestuario y luces. ¡Un espectáculo digno de ser visto!

 
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