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Los psicoanalistas y el Holocausto Imprimir E-Mail
miércoles, 30 de mayo de 2007
Por Moisés Kijak

Primera parte

El Congreso de Hamburgo no fue el único en el cual se trató sobre el nazismo y sus consecuencias. Ya en otros previos a éste se presentaron valiosos trabajos sobre dicho tema. Pero se esperaba que durante ese Congreso, por ser el primero que tuvo lugar en Alemania después del advenimiento del nazismo, éste iba a ser tratado en toda su profundidad.

Un panel fue dedicado a “La identificación en relación con el fenómeno nazi y tres valiosos trabajos versaron sobre los trastornos psíquicos observables en las víctimas, así como en hijos de víctimas y victimarios.

Mortimer Ostow, en la discusión que hace de estos trabajos, señala que los panelistas han tratado “...las consecuencias y efectos del apocalipsis nazi en ausencia aparentemente completa de material clínico relacionado con su iniciación y motivación, y enfocando a la psicología de la participación individual en este problema masivo”. Más adelante agrega que “...comprender, aunque sea brevemente cómo los grupos se involucran en este fenómeno es mucho más útil que comprender cómo los individuos responden a él o inclusive lo utilizan”. A mi entender, “Psicodinámica de los apocaliptico”, al cual pertenecen estos fragmentos citados, es una de las aportaciones más valiosas al estudio del nazismo.

La observación que hace Mortimer Ostow es clara: al nazismo sólo se lo trató tangencialmente. Esa fue mi opinión también, después de haber leído el resto de los trabajos afines presentados en dicho congreso.

Meses después apareció en el Int.Rev.Psicho-Anal (1986:13, 175) el trabajo “A form of group denial al the Hamburg Congress”, debido a Rafael y Rena Moses, cuya lectura, debo reconocerlo, me conmovió profundamente, tanto por su contenido como por la valentía y la sinceridad con que fue escrito. La postura crítica de estos autores se centra en el hecho de que no se discutieron las características del Holocausto nazi, sus causas, los aspectos cualitativos y cuantitativos que hacen que ese genocidio sea único y diferente de otros genocidios, de la planificación y el método de ejecución y el sistemático método de terror que los acompañó. Sostienen estos autores que equiparar el Holocausto nazi cos toda otra serie de actos de crueldad, desde torturas hasta masacres masivas ocurridas en otras épocas y lugares es una forma de diluir, de distorsionar y de evitar de tratar directamente con el Holocausto alemán. “Pero quisiéramos también preguntar –continúan- cuál es la razón por la cual estas dos cuestiones no pudieron ser planteadas sistemáticamente: ¿cómo pudo haber ocurrido esto, y cómo podría ser prevenida una recurrencia (de otro genocidio de tal naturaleza)?”

Rafael y Rena Moses intentan responder a esta pregunta diciendo que “...la penetrante atmósfera de una negación durante el Congreso no lo permitió”. Existía una necesidad de proteger a los colegas alemanes de acusaciones y de evitar erupciones emocionales. Eso llevó, según estos autores, a preparar el programa en forma tal que todo se deslizase suavemente. Para que ello ocurriese se ubicó al tema del nazismo en medio del programa, acolchado por todos los costados (“padeed on all sides”), y se evitó incluir, aunque fuera en el programa social y en forma optativa, una visita a un campo de concentración.

Los autores terminan su trabajo recordando que en tal atmósfera defensiva es imposible plantearse preguntas como “¿qué es lo que existe en los humanos que los llevó al Holocausto? y ¿qué se puede hacer para evitar que se repita?. Quizá no sea demasiado tarde para continuar la búsqueda de respuestas”.

Y es con estas palabras que quiero comenzar mi aportación a esta temática.

Me mueve el deseo de continuar la discusión, y mis comentarios sobre algunos de los puntos de tan amplio tema tienen como propósito acentuar la urgente necesidad de intensificar los estudios sobre el nazismo y sus consecuencias.


2

La agresividad que el ser humano ejerce contra sus semejantes, ha sido estudiada desde la perspectiva de todas las ciencias del hombre.

Existen muchos ejemplos de agresividad extrema llevada a cabo contra grandes grupos humanos. Las matanzas sistemáticas realizadas por los asirios durante los siglos 8 y 7 A.C, las masacres ejecutadas por Genghis Khan y sus huestes, las Cruzadas, el exterminio de un millón y medio de armenios a manos de los turcos, los progroms de los ucranios contra los judíos en en 1648/9 y al final de la Primera Guerra Mundial, los millones de seres muertos en el Archipiélago Gulag en la época staliniana, en la Camboya del Pol Pot, o el aniquilamiento de los indios Aché en el Paraguay, son algunos ejemplos de genocidios* en diversos tiempos y lugares, desde los albores de la civilización hasta nuestros días.

Todos los genocidios nos llenan de horror, y el impacto que nos produce el ver a tantos seres humanos víctimas de tanta violencia nos induce a calificarlos en forma similar. Sin duda que todos ellos poseen elementos en común y, en última instancia, todos son consecuencia de la agresividad humana. Pero el genocidio alemán contra los judíos posee elementos únicos que lo hacen diferente de todo otro genocidio, actual o pasado. Estas diferencias, que es imprescindible conocer para estudiar el nazismo, hacen que el Holocausto sea no sólo un hecho cuantitativamente distinto de otros similares. A la Alemania nazi le debemos el haber dado un salto cualitativo en lo que a persecuciones respecta, y es ese cambio el que es imprescindible reconocer y estudiar. Históricamente, toda nueva estrategia y táctica genocida fue empleada en los genocidios que le siguieron, y no hay nada que haga suponer –teniendo en cuenta los que ya han ocurrido desede el fin de la Segunda Guerra Mundial- que estos no hayan sido aplicados y vuelvan a aplicarse. Sólo se puede prevenir y combatir lo que se conoce.

Por los límites de esta presentación, sólo enumeraré algunos signos distintivos del genocidio alemán y me centraré sólo en la persecución contra los judíos, aunque también fueron víctimas otros pueblos y grupos humanos.


  1. El proyecto genocida alemán no estaba dirigido contra los judíos de Alemania sino contra los de toda Europa y, en última instancia, de todo el mundo. Toda la ideología nazi, con su teoría racista, estaba centrada en la necesidad de salvar a la raza aria, aniquilando a los judíos.

  2. Jamás un genocidio contó con una organización tan eficiente. Todo estaba perfectamente organizado, como una planta industrial perfecta en la que nada es dejado a la improvisación. Nada se perdía de lo que podía ser aprovechado de las víctimas: sus bienes, su capacidad de trabajo como esclavos (las filiales de las fábricas I.G. Farben y Krupp junto a las cámaras de gas) y, después de asesinados, sus ropas y calzado, sus aparatos ortopédicos y dientes de oro, sus cabellos. Todo era rigurosamente contabilizado y distribuido. Jamás existió en la ejecución de un genocidio una conjunción tan perfecta entre los jefes políticos, militares y espirituales y sus respectivos subordinados. Nunca la cincia brindó tanto y, a su manera, se “enriqueció” tanto como durante el genocidio nazi.

  3. Todo el proceso genocida contó con un apoyo legal absoluto. Desde las primeras leyes antijudías en 1933, las leyes de Nuremberg en 1935, hasta cada uno de los pasos dados hasta la “solución final” a partir de 1942, todo era realizado dentro de las normas legales establecidas, llegándose en algunos casos hasta a reprimir matanzas que no tuvieran lugar dentro de dichas normas.

4) Jamás un movimiento genocida contó con una cantidad y calidad de ideólogos, con una ideología como el nazismo. Es un enorme error, que además imposibilita el estudio del Holocausto, considerar a los nazis como “locos”, y el nazismo como una “psicosis colectiva” (en el sentido habitual que solemos dar a ese término) ni mucho menos describirlo como un fenómeno de masas en una situación de extrema regresión, dominadas por un líder psicótico. Científicos alemanes comenzaron, después de la Primera Guerra Mundial, a brindar al nazismo las herramientas ideológicas que luego iba a utilizar.

Quiero citar un fragmento de una declaración ofrecida en “Grossdeutsche Zeitung” el 2 de mayo de 1924, después del encarcelamiento de Hitler a raíz del “putch” de Munich: “... queremos tener personalidades puras e íntegras...como la de Hitler. El y sus amigos en la lucha, nos parecen como un regalo de Dios de una época ya pasada, cuando las razas todavía eran puras, los hombres eran más grandes, las mentes menos engañadas”. Este manifiesto fue firmado por Johannes Stark, premio Nobel de Física en 1919, y por Philipp Lenard, premio Nobel de Física en 1905 (Weinreich, 1947). Estos científicos no fueron la excepción. Cientos de renombrados antropólogos, etnólogos, filósofos, historiadores, juristas, economistas, geógrafos, demógrafos, teólogos, lingüistas y médicos, cuyos nombres quedaron registrados, se adhirieron espontáneamente al nazismo y, ya sea en forma individual, ya a través de institutos creados al efecto, brindaron las bases científicas para la preparación, justificación y ejecución del genocidio. “Sólo quedan sin conocer los nombres de los ingenieros que construyeron con tanta eficiencia las cámaras de gas; pero los hechos demuestran que conocían el oficio” (Weinreich, 1947).

Estos mismos científicos se ocuparon de difundir la doctrina nazi a nivel mundial. La ciencia antijudía que ellos desarrollaron formó una parte orgánica de toda la ciencia puesta al servicio del Tercer Reich.

Quiero citar otra frase dicha en 1933, cuando no era aún obligatorio decir tales cosas: “...el saber significa para nosotros: tener el poder sobre las ideas y estar preparados para los hechos...La revolución nacional-socialista no significa sólo que un partido con suficiente fuerza tome el poder, esta revolución significa una revolución total de nuestra existencia alemana...Heil Hitler”. Quien firma esto es el filósofo Martin Heidegger (citado por Weinreich, 1947).

  1. Como resultado de esa ideología, jamás se llegó a tal deshumanización de las víctimas. La expresión de tal deshumanización quedó demostrada a través del más cruel de los sadismos desatado contra los judíos durante las deportaciones, confinaamientos en los ghettos, al reducir a las víctimas en los campos de concentración a un número y objeto, quitándoles la identidad, en todos los tormentos gratuitos, el terror, la humillación, la degradación y tortura destinados a destruir el espíritu antes de la aniquilación total (Kuper, 1982)

El exterminio, ideológicamente justificado, fue un fin en sí, independientemente de los beneficios económicos o de cualquier otra clase. La prioridad era matarlos, aún cuando todavía se podría aprovechar su trabajo como esclavos. La orden era enviar a los campos de exterminio a los trenes, aun cuando las vías eran necesarias prioritariamente para fines bélicos. Esa es la razón por la cual el exterminio de los judíos de Hungría, Italia, Grecia y Eslovaquia continuó hasta el último momento, a pesar de que la guerra estaba irremediablemente perdida. “El genocidio de los judíos fue la más completa realización de la aniquilación de un pueblo como tal (Kuper, 1982).

  1. Aunque parezca redundante, es importante recalcarlo: basados en esa ideología, millones de alemanes y sus aliados tomaron en sus propias manos la matanza de cuantos judíos pudieron, a pesar de que habrían muerto lo mismo, simplemente exponiéndolos al hambre y las epidemias. Ningún otro genocidio en la historia se caracterizó por el establecimiento de estos eficientes centros de exterminio.

  2. Aunque se infiere de lo anteriormente expuesto, creo imporatante recalcar las diferencias con otros genocidios. Tomaré como referencia el realizado por los turcos contra los armenios. Ambos tienen muchos elementos en común. Pero el genocidio alemán fue más radical, ya que su ideología racista no permitía excepciones, mientras que los turcos, a través de la conversión forzada de las víctimas, le daba a éstas cierta posibilidad de sobrevida. Fue infinitamente más sistemático, no dejando, como los turcos, lugar a la espontaneidad en los planes y la ejecución de los crímenes. Durante ambos genocidios se crearon condiciones de carencia como para que las víctimas perecieran espontáneamente. Pero los alemanes prefirieron tomar la ejecución de los asesinatos en sus propias manos. Reitero lo ya dicho: en ningún genocidio anterior fueron asesinados tantos millones de seres humanos, en centros altamente especializados creados para ese fin.

  3. Si se desea entender “cómo pudo haber ocurrido esto”, es imprescindible tener en cuenta el peso que tuvo la propaganda nazi. Los ideólogos nazis contaron, en el comienzo de su actividad, con un gran bagaje de material antisemita que durante siglos había sido usado con éxito, y que en mayor o menor grado había dejado el terreno fértil en casi todo el mundo. Era la vieja literatura, con las acusaciones habituales contra los judíos, manteniendo el mismo estereotipo: “...todo su dinero y valores en plata y oro debe serles quitado...todo lo que ellos poseen lo han robado de nosotros a través de la usura...” Estas palabras, escritas por Lutero en 1543 (“Sobre los judíos y sus mentiras” y citadas por la Encyclopaedia Judaica T3, pág. 106) podrían haber sido dichas por cualquier agitador antisemita en los últimos dos mil años, desde Apion hasta un jerarca zarista. Los científicos nazis tomaron este material, conservaron aquello que podía seguir siendo eficaz**, pero modificaron el contenido para hacerlo más apropiado a sus fines.

El aparato de propaganda nazi logró ampliamente sus metas en todos los frentes: a) logró cohesionar a la enorme mayoría de los alemanes; b) facilitó la adhesión de países aliados y satélites; c) estimulado el antisemitismo preexistente, vio facilitada la conquista de otros países y la colaboración, luego de haber logrado la misma, de gran número de sus habitantes; d) logró mantener la neutralidad, generalmente la colaboración pasiva de determinados países no involucrados en la guerra, y e) pudo, usando la propaganda antisemita en forma de quinta columna, infiltrar a los países enemigos, logrando en estos gran cantidad de simpatizantes que colaboraron con ellos. Como resultado de esta propaganda, los judíos de la Europa ocupada se vieron en una situación de total aislamiento, perseguidos por los alemanes y sus colaboradores ucranios, polacos, croatas, lituanos, letones y estonios, sin ayuda de sus vecinos, y ante la casi total indiferencia del mundo. Justo es reconocer la valiente actitud de pueblos como el danés y el holandés, que, arriesgando sus vidas, tanto hicieron para salvar a sus vecinos judíos.

Sólo traeré dos ejemplos de los efectos de este aislamiento, producto, en parte, de la eficaz propaganda alemana, la cual también dificultó la ayuda que los judíos del resto del mundo intentaban brindar. Cuando aún podrían haberse salvado muchísimos judíos de Europa, los burócratas de los países libres, amparándose en leyes inmigratorias severas, hicieron oídos sordos a los ruegos, arrojándolos al final conocido. Cuando las instituciones judías suplicaban a los aliados para que bombardeasen las vías férreas que conducían a los campos de exterminio, tratando de salvar a los judíos húngaros, la respuesta fue que no se podían arriesgar aviones y personal en misiones no prioritarias.



NOTAS

  • * Entendemos por genocidio el crimen que cae bajo la ley internacional y que el mundo civilizado condena y por el cual son punibles tanto los actores principales como sus cómplices, así sean individuos, agentes públicos o gobernantes; ya sea que el crimen sea cometido por razones religiosas, raciales, políticas o del cualquier indole”. Extraído de la propuesta de R. Lemkin a las Naciones Unidas en la Asamblea General del 11 de diciembre de 1946 (R.Lemkin, citado por L. Kuper, 1982)

  • ** Las caricaturas antisemitas, por ejemplo, siguen siendo idénticas, desde la Edad Media hasta las más recientes en la URSS y los países árabes.


(De la Revista “Megamot” – Nº 3 – 1988)

 
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