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Zalmen Hirschfeld Imprimir E-Mail
jueves, 01 de noviembre de 2007
Primera parte
Al Maestro, con Cariño:
Por Moshé Korin
Escribí sobre tantas personalidades y tantos temas, sin embargo sobre éste, mi maestro, el vínculo que me unió a él, y mi especial devoción por el teatro ídish, hasta aquí no he podido hacerlo. Finalmente, luego de largo tiempo, en estas líneas intentaré esbozar una inicial y breve introducción a este tema, hablando de alguien que a su vez me hace hablar de mí mismo. Y lo haré con la profunda convicción de que más que un recuerdo, se trata de una presencia permanente, de la compañía constante de un amigo que convive aún conmigo en las profundidades de mi alma.

Mi hogar

Es por ello tan importante hoy para mí volcar en estos renglones, esa especial relación que he mamado desde mi hogar con la literatura y el teatro ídish, y que este maestro, Zalmen Hirschfeld —también actor y animador— sembró y cultivó en mí como precedente.

Ya desde pequeño, en mi casa, todo lo relativo a la literatura, el cancionero y el teatro idish despertaba siempre en mí un especial afecto.

Provengo de un hogar donde se trabajaba seis días a la semana (14 horas diarias). Y donde la gran distracción semanal era ir al teatro ídish, un verdadero deleite que compartía con mis padres y mi hermana, los domingos después de la siesta de los mayores.

Recuerdo que los niños no pagábamos entrada. Aún puedo verme en aquel teatro, junto a compañeros, amigos y vecinos, de pie frente a la barra del foso en el que se sitúa la orquesta. Aquella orquesta que fuera dirigida en una época por Herman Ludwik, luego por Straitman, Jacobo Fisher, Hojberg, y más tarde por Simón Tenovsky, entre otros.

Mi escuela

En mi escuela, como todos saben, la “Schólem Aleijem” de Villa Crespo, se nos educaba con alegría y emoción. A todos nosotros nos deslumbraban maestros que al mismo tiempo eran actores. Tuvimos el caso de Jordana Fain, maestra de Segundo Grado que era actriz del Teatro “IFT”, la maestra Berta Bialy (luego, esposa de Sneh) quien reemplazó a Jordana, era recitadora y actriz, el maestro de Cuarto Grado (lo que es hoy Quinto), Jaime Wasershprung que presentaba representaciones musicales espectaculares. Incluso el muy conocido actor Max Berliner, era maestro de música y de teatro, y yo participaba en las obras infantiles.

Cálido homenaje

Y así llego a quien quiero homenajear en esta nota, agradeciéndole con afecto y calidez la enorme huella que dejó en mi vida. El citado Zalmen Hirschfeld, fue mi maestro de los dos últimos grados de la escuela primaria (Quinto y Sexto, equivalentes al Sexto y Séptimo grado de nuestros días), así como también mi profesor en todos los años de la escuela secundaria y del Seminario de Maestros de Literatura Judía.

Por demás especial y emotivo es el agradecimiento que le debo por haberme incentivado y entusiasmado a que realice mi “Bar Mitzvá”. Mi papá era un “apikoires” (alguien que tiene conocimientos, pero decide no cumplir con los rituales) pero, arribado el momento en que les comenté a mis padres mi decisión, sin dudarlo, me acompañaron en el emprendimiento.

Clases vivenciales

Así como ocurre cuando al despertar por la mañana y querer contar el sueño de la noche, lo hacemos desde lo más inmediato que recordamos yendo hacia atrás, también aquí quiero comenzar hablando de Zalmen Hirschfeld con lo más inmediato que llega a mi mente, y que es el tiempo que lo conocí, que lo traté, que lo tuve como maestro.

Sus clases de literatura eran sumamente vivenciales. Cuando no tenía el original, con sólo mirar un libro escrito en hebreo, él ya nos lo leía en idish, y hasta nos parecía que estaba escrito en idish, y viceversa. Además, su voz clara y profunda, su excelente dicción y la riqueza de su personalidad hicieron de él, un muy admirado profesor.

Nos leía la obra y, a un tiempo, nos representaba fragmentos de la misma. Así, pasaron por nuestras aulas los grandes personajes de obras de Schólem Aleijem como “Tevie”, “Menajem Mendel” y “Motl Peisi, el hijo del cantor”, o el “Dibuk” de An-Sky, “Kidush Hashem” de Schólem Asch y muchos otros.

Con el mismo fervor nos transmitía obras de la literatura hebrea: ¨Magash Hakesef¨ (La bandeja de plata) de Nathan Alterman, ¨Bab El Wad¨ (La entrada al valle) de Jaim Guri o ¨Hamatmid¨ (El estudiante de la Academia Talmúdica) de Jaim Nájman Bialik entre otras. También nos estimulaba con ejemplos de la Biblia, como cuando nos hacía representar en el aula, “El Cantar de los Cantares”.

Muchas veces al volver de un recreo, nos sorprendía con una parodia, la cual en el lapso de cinco o diez minutos (la duración del recreo) había improvisado, como por ejemplo: ¨Der josn iz a gueendikter / a docter abogade / un tzu dem nadn krigt er tzu / a puesto in der mercade¨. (El novio es un graduado / doctor en abogacía / y le complementan la dote / con un puesto en el mercado).

Estas parodias, cantadas con una melodía  conocida, luego él las popularizaba por la Radial Hora Hebrea (Idishe Shu).

Quién puede olvidar sus magistrales clases que brotaban espontáneamente, llenas de aforismos, de giros idiomáticos, humor, dichos, fábulas y adivinanzas salpicadas siempre con juegos de palabras y picardía, como por ejemplo:

¿Cuál es la diferencia entre ¨jalemítkes¨ y ¨jaleónkes¨?. Durante todo un día estuvimos buscando, preguntando y aprendiendo mientras buscábamos la respuesta. Nadie pudo dar en la tecla. Recién al día siguiente nos develó la incógnita: ¨Jale (jalá) con queso¨ y ¨Jale sin queso¨, lógicamente dicho en idish. 

Representaciones

A mi admiración, sumemos la de casi todos mis compañeros, por este maestro que siempre nos respondía con cariño. Y nuestro especial esmero se hallaba no sólo en la clase sino también en las frecuentes representaciones donde interpretábamos piezas teatrales, dirigidas por él o por otro maestro. Hirschfeld, que presenciaba muchos de los ensayos, siempre pulía algo.

Fue también maestro de ceremonias en los actos escolares e institucionales de toda la comunidad, invitando a sus alumnos a acompañarlo, para poder brindar una más acabada ilustración. Y de esa manera afianzaba los contenidos enseñados en el aula.

Recuerdo especialmente los Actos sobre el Gueto de Varsovia, sobre “Pésaj” o sobre “Iom Haatzmaút”.

Hirschfeld era más que un docente, era más que alguien encargado de impartir conocimientos; era un ser que anhelaba lograr la transmisión no sólo del saber, sino del sentir que conlleva la cultura judía y a esta misión se entregaba con suma pasión: Hirschfeld era un Maestro con mayúscula. Pues, ¿qué sería un maestro sino aquel que intenta con cada fibra, con cada aspecto de su ser que las enseñanzas que imparte devengan marcas, se tornen permanentes huellas que transformen en el presente o en el futuro a quienes enseña?

Noches de Kinderland

Lo que acontecía por las noches en la Colonia de Vacaciones ¨Kinderland¨, después de la cena y hasta que nos íbamos a acostar, especialmente en la terraza del primer pabellón, creo que merece una nota aparte.

Pero en lo que concierne al maestro Hirschfeld quiero rescatar de mi memoria los tiempos en los que él era invitado, durante la temporada de verano, a visitar la Colonia.

Hirschfeld pernoctaba allí una o dos veces durante ese lapso. Después de cenar nos reuníamos la mayoría de los ¨janijim¨ (educandos) y de los ¨madrijim¨ (líderes), a disfrutar del recital que él con emoción, humor y talento, nos ofrecía.

En uno de esos encuentros, nos sorprendió con una canción que había compuesto especialmente, durante  su viaje de ida en tren, desde la estación Once hasta Gowland, cantándola para nosotros con la tradicional melodía de ¨Tchiribím, Tchiribóm¨:

Oif der mape guit a kuk, fun undzer Arguentine.Oifn veg kain Chivilcoy Faran iz a Medine¨.

¨Dos land iz breit un grin un grois,Dos land iz shein , ¡a vunder!Di Republik eist Kinderland,

A gan eidn far di kinder¨.

(Observen el mapa / de nuestra Argentina / camino a Chivilcoy / existe un Estado./ El país es ancho, verde y grande / el país es bello – una maravilla - / Kinderland se llama la República / un paraíso para los niños.)

Caminatas

En mis primeros años de alumno del Colegio Secundario —yo tenía 13, 14 y 15 años de edad— en los soleados mediodías  de invierno, iba a buscarlo donde él vivía, en Castelli y Valentín Gómez, para caminar juntos hasta el “Shule”, en Villa Crespo. A veces, hacíamos el trayecto al revés: yo lo acompañaba cuando él retornaba a la casa.  Él era muy popular en nuestro “ishuv” (comunidad)y yo tengo aún bien presente cómo en cada esquina de los barrios Once, Almagro y Villa Crespo, había siempre un grupo de judíos que al reconocerlo se le acercaban para charlar brevemente con él; a tal grado alcanzaba su popularidad. Él había sido actor profesional y en aquella época también actuaba, aunque ya esporádicamente.

Notable precisión

Ya de mis días de maestro de escuela —también, claro está, en el “Schólem Aleijem”— tengo muy presente el acto que se le hizo en el año 1963, cuando junto a su mujer —la actriz Ester Rápel, emprendía la “aliá” a Medinat Israel.

Su hijo Iehuda, nacido en Buenos Aires y algo menor que yo, quien se encontraba estudiando en la Universidad de Jerusalem, había decidido radicarse en Israel.

En la escuela, se le realizó una despedida pública que se desarrolló en el patio, totalmente colmado de gente que le quiso manifestar su cariño. Ese día se le entregó un registro con todos los nombres de los que habían sido sus alumnos. Entonces él comenzó a leer en voz alta los nombres y apellidos, y ya en la pronunciación que hacía de cada uno, se podía saber cuál era la personalidad de ese alumno. A veces acompañaba alguna acotación, y siempre con formidable justeza en el juicio emitido y con un sutil humor.

En todos los aspectos, fue la de Zalmen Hirschfeld una personalidad imborrable, alguien que dejó en todos y en cada uno de nosotros, el amor a las palabras y sed de literatura y de cultura en general – de la judía en particular - . Él logró lo más preciado de un acto pedagógico, mostrar la fascinación y el inagotable manantial que puede ser una obra, un autor, y en su caso, la cultura toda; y así transmitir a los más jóvenes el legado hecho de un insaciable disfrute que no se agota ante la ausencia física del maestro, sino que permanentemente se renueva.

La cuna de Zalmen Hirschfeld

Ahora sí, tal como cuando relatamos el sueño nocturno, vamos hacia atrás y nos ubicamos en los años previos a que lo conociéramos y tuviéramos la dicha y el honor de contarlo como nuestro maestro y profesor.

Zalmen Leib Hirschfeld nació en 1902 en la pequeña aldea de Stavisk (Polonia) como vástago tardío de sus padres: Mijael Iaakov y Sheine Shifre. Ellos tenían otros cuatro hijos mayores.

Su padre era el “roife” del “shtetl” —en ruso, “shtarshei feldsher”—, un médico informal con vasta experiencia. Durante seis años sirvió en el ejército zarista.

Influencia del “Rebe”

Autor de un ensayo —en ídish— sobre la historia de su Stavisk natal, titulado “Do iz gueshtanen main víguele” (Aquí estuvo mi cuna), allí escribe sobre sí mismo Zalmen Hirschfeld:

“Con Reb Alter en el jéder, yo aprendí el alef-bet y un buen y claro “ívri” (hebreo). Cuando muchos años más tarde, me inicié en el teatro hebreo como actor y los regisseurs e intérpretes alababan mucho (quizá exageradamente) mi clara pronunciación hebrea, mi buena dicción en hebreo, yo les solía decir: ´este saber, mi buen y claro ´ívri´, lo aprendí con el Rabi, el maestro de párvulos Reb Alter, en el perdido shtetl de Stavisk, situado en el borde noroccidental de la Polonia del Congreso´ (Congress Poiln - Polonia zarista)”.

Bachiller

Más tarde estudió en una Escuela Primaria rusa. Durante la Primera Guerra Mundial, se fue de Stavisk hacia Lodz, ciudad industrial polaca en la que cursa estudios en el “Gymnasium” (Escuela Secundaria) hebreo, graduándose de Bachiller en 1918 (a los 16 años de edad). A su vez, se formó en teatro en el estudio del Dr. Mijael Weichert (donde conoce a Ester Rápel, con quien se casa) y en la Academia Estatal Polaca, en Lodz.

Bajo la dirección del famoso “regisseur”, Dóvid Herman, es parte integrante de la “troupe” (compañía de artistas) que sale de gira. Ambos “regisseurs”, Mijael Weichert y Dóvid Herman, gestaron toda una generación de actores, quienes desarrollaron el mejor método del teatro europeo. Pusieron en escena las mejores obras clásicas del repertorio universal como también las creaciones más interesantes de la nueva —y muy seria— dramaturgia ídish, nacidas de las plumas de Itzjok Leibush Péretz, S. An-Sky, P. Hirschbein, Iaacov Gordin, Kobrin y Schólem Asch, entre otros.

Luego, se desempeña con grupos de varias ciudades polacas. Así, Hirschfeld se une al famoso teatro satírico “Azazel” y al teatro artístico ídish de Varsovia, “Wikt”, encabezado y dirigido por Zygmunt Turkow e Ida Kaminska. Actúa también en el teatro ídish de Cracovia, bajo la dirección de Abrohom Morewski y, a su vez, desde 1928, en el “Vilner Troupe” (de Vilna).

Durante esa época estudia en la Facultad de Filosofía de la Universidad de Varsovia.

 
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