Inicio
 
El Vaticano e Israel: del rechazo al reconocimiento Imprimir E-Mail
miércoles, 11 de septiembre de 2013

Por Julián Schvindlerman*

Durante sus primeros años de existencia, las prioridades nacionales de Israel se centraron en asegurar su supervivencia, con lo cuál la seguridad fue un asunto prioritario, y en garantizar viabilidad y autosuficiencia, con lo cuál la economía fue una cuestión focal. Luego se encontraba el importante tema de la inmigración, la que dotaría de vitalidad a todo el emprendimiento nacional y afianzaría la presencia física del estado, especialmente a la luz de la asimetría poblacional vis-à-vis el mundo árabe circundante. 

 

 

 

 

 

 

Asociada a todas ellas estaba la cuestión del reconocimiento externo de la nación incipiente. Tal como ha explicado el autor Uri Bialer, sostener la defensa de la patria, absorber inmigrantes, forjar una economía pujante; todo ello requería de fondos, armas, personas, materias primas, y apoyo internacional. Las naciones del mundo podían asistir u obstruir el esfuerzo israelí política, económica y demográficamente. Como las fronteras del país al finalizar la guerra de 1948 eran más amplias que las estipuladas por el Plan de Partición de 1947, la obtención de legitimidad para esa nueva realidad por parte del estado judío era una necesidad crucial de su política exterior.

Muchas naciones cuyo apoyo precisaba en este sentido Israel eran cristianas, varias de ellas católicas, y en consecuencia pasibles de influencia vaticana. Quiere decir que la Santa Sede tenía un poder político sobre el Estado de Israel que excedía ampliamente el propio de toda relación bilateral. Al negarle el reconocimiento diplomático, al oponerse a su ingreso como miembro de las Naciones Unidas, al socavar su soberanía sobre la ciudad que designó como su capital, al reclamar el retorno de los refugiados palestinos, y al incitar al mundo católico a presionar a sus propios gobernantes en todos los países posibles de modo desfavorable a los intereses del estado judío, el Vaticano no contribuyó a alivianar la ya de por sí dura realidad de los israelíes. En particular, la renuencia vaticana a reconocer formalmente a la nueva nación se prolongaría por décadas.

Contactos existían, pero no tenían como objeto negociar el entablado de relaciones diplomáticas. Más bien, variaban desde lo protocolar (como fue la audiencia privada que Pío XII concedió al ministro de relaciones exteriores Moshe Sharret, en mayo de 1952) a lo ceremonial (como fue el concierto dado porla Orquesta Filarmónica de Israel al Papa, en mayo de 1955, en Roma) o a lo pragmático (como fue la entrega de un cheque por parte del gobierno israelí al Patriarca Latino monseñor Antonio Vergani, en noviembre de 1955, en compensación por daños a las propiedades de la Iglesia Católica durante la guerra de 1948/49). La Santa Sede se apoyaba en la existencia de tales contactos para justificar que no había de parte suya una oposición de facto al estado judío. En mayo de 1948, por caso, L´Osservatore Romano publicó un artículo titulado “Riconoscimento de jure e riconoscimento de facto” en el cual elaboraba a propósito de esta diferencia teórica. Reconocimiento de jure, explicaba el órgano vaticano, es la manifestación de la voluntad de un estado a establecer relaciones diplomáticas con una entidad soberana, mientras que el reconocimiento de facto supone una aceptación tácita de otro estado, acotada temporalmente y supeditada a desarrollos futuros. De aquí se deducía que la Santa Sede reconocía la existencia de Israel aún cuando no hubiere publicado ninguna declaración solemne al respecto. Israel sencillamente no figuraba mencionado en los documentos y pronunciamientos del Vaticano. Cuando debía comentar sobre la situación en la zona, simplemente empleaba los términos “Palestina” o “Tierra Santa”. Esta práctica estaba tan asentada que cuando dos oficiales israelíes fueron recibidos en el Vaticano, en diciembre de 1948, su anfitrión les dijo: “Caballeros, he oído que han venido de Palestina hace tres días”,a lo que uno de ellos respondió: “hemos venido de Israel hace tres días”.

A pesar de este silencio, debe destacarse que la Santa Sede nunca cuestionó oficialmente la existencia del Estado de Israel. El no-reconocimiento ciertamente no reflejaba una actitud positiva hacia el estado judío, pero tampoco había el Vaticano repudiado oficialmente su existencia. Aunque, a juzgar por la siguiente declaración del máximo responsable de la política exterior vaticana, podemos concluir que no fue por falta de sentimiento. En 1957, dijo Domenico Tardini, Prosecretario para Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios de la Secretaría de Estado, al embajador francés ante la Santa Sede, Roland de Margerie, durante una conversación sobre Israel:

“Siempre he estado convencido de que no había necesidad real de establecer aquél estado…que su creación fue un error grave por parte de los estados occidentales y que su existencia es una fuente constante de peligro de guerra en el Medio Oriente. Ahora que Israel existe, no hay por supuesto posibilidad de destruirlo, pero cada día pagamos el precio de este error”.

Diversos factores fluctuaban en la actitud vaticana hacia el nuevo estado, algunos de ellos descansaban sobre sentimientos hostiles presentes en el catolicismo de la época. El día que Israel proclamó su independencia, L´Osservatore Romano afirmó que “la Tierra Santa y sus sitios sagrados pertenecen al cristianismo, el Verdadero Israel”. Al año siguiente, dos días antes de que Israel fuera admitido formalmente en las Naciones Unidas, el boletín de la Congregación para la Propaganda Fide de la Santa Sede caracterizó al sionismo como un movimiento “espiritualmente inspirado por una venganza de 2000 años de antigüedad contra el cristianismo”. Otro factor yacía en el clásico temor al comunismo y la asociación automática que hacía la Iglesia Católica de éste con los judíos. En 1948, en ruta hacia Israel para asumir su puesto como embajador, James McDonald efectuó una parada en Roma para dialogar con el Papa sobre las relaciones con Israel. Pío XII hizo saber su malestar por el reconocimiento dado por Washington a Israel y dejó saber al diplomático estadounidense que Roma temía que el estado judío “se hará comunista”. Las aprehensiones por la penetración comunista del Medio Oriente eran reforzadas por la sospecha de que los sionistas eran izquierdistas y la impresión de que el apoyo occidental a Israel empujaría a las naciones árabes hacia la órbita soviética, conforme ha observado la investigadora Esther Feldblum. Con la Guerra Fría asomando y regimenes comunistas emergiendo en el lejano oriente y Europa, con naciones católicas tales como Hungría, Rumania, Checoslovaquia, Polonia, y los países bálticos ingresando al campo soviético, y con fuerte presencia comunista en las puertas del propio Vaticano (el partido comunista italiano pasó a ser en determinado momento el más grande partido comunista de Occidente), el Papado se sentía amenazado. El panorama era especialmente aterrador para un pontífice alérgico al comunismo. Estos temores resultaron ser infundados. Israel fue un aliado de los Estados Unidos; los países árabes, de la Unión Soviética.

La Santa Sede alegaba otros varios motivos para no dar el reconocimiento formal al estado judío: la ocupación israelí de territorios reclamados por los palestinos, la anexión de Jerusalem, el status de la Iglesia Católica en Israel, la ausencia de fronteras internacionalmente reconocidas, etc. Pero las excusas no resistían demasiado análisis. En cuanto a la situación de los palestinos, bajo esa misma vara la Santa Sede debió haber privado de vínculo diplomático a Egipto (con quién estableció lazos en 1947) por haber gobernado Gaza entre 1949 y 1967 sin dar lugar a la independencia Palestina. Si la ausencia de fronteras internacionalmente reconocidas fuese un criterio válido, entonces la Santa Sede debía explicar cómo sostenía relaciones diplomáticas con Irak (1966), y Kuwait (1968), por no citar al propio Líbano (1947), todas naciones con disputas fronterizas (con Irán y Kuwait, con Irak, y con Israel y Siria respectivamente). Si el status de la Iglesia era un problema en el estado judío -la única democracia de la región- ciertamente no menos lo era en las naciones totalitarias, teocráticas, o monárquicas con las que Israel compartía vecindario y en las que el Vaticano tenía presencia. El único tema objetivamente defendible, desde una óptica vaticana, era el de Jerusalem. En esto era coherente pues tampoco había entablado lazos diplomáticos con Jordania. Y aún así, el alegato no resultaba creíble. Muchos otros países tampoco reconocían como válida la anexión israelí de Jerusalem y sin embargo tenían relaciones diplomáticas con ella. Si la inexistencia de diferencias políticas entre las naciones fuese el parámetro guía, entonces la Santa Sede debió haberse abstenido de reconocer diplomáticamente a países como Uganda, Sudán, o Ruanda, en los cuáles hubo represiones y genocidios que Roma seguramente no aprobaría. Y ni que hablar de la Alemania Nazi, nación con la que el Vaticano no cortó lazos aún ante los gravísimos crímenes cometidos, la persecución contra la Iglesia, y las fluctuaciones territoriales de aquél país durante la guerra que jamás contaron con reconocimiento internacional. Resultaba cada vez más claro que Roma veía con apatía, sino con desprecio, a Jerusalem. Su renuencia a reconocer a Israel la ubicaba junto a los estados más intransigentes. En el contexto político de los años noventa, eso lucía como un anacronismo.

Esto cambió para comienzos de 1992 con los primeros contactos discretos, y para fines de 1993 el Acuerdo Fundamental entre las partes estaba sellado. Al año siguiente, Roma y Jerusalem intercambiaron embajadores. Desde entonces, dos pontífices visitaron el país y rezaron ante el Muro de los Lamentos. El largo camino que separa al rechazo del reconocimiento había sido, finalmente, transitado.

* Autor de “Roma y Jerusalem: la política vaticana hacia el estado judío” (Random House Mondadori/Debate)

 
< Anterior   Siguiente >

Ediciones

Edicion 4524
9 de mayo de 2014
22 de febrero de 2013
31 de agosto de 2012
14 de agosto de 2012
10 de agosto de 2012
31 de julio de 102
13 de julio de 2012
20 de junio de 2012
2 de junio de 2012
25 de mayo de 2012
11 de mayo de 2012
22 de abril de 2012
6 de abril de 2012
16 de marzo de 2012
24 de Febrero de 2012
27 de enero de 2012
30 de diciembre de 2011
16 de diciembre de 2011
25 de noviembre de 2011
11 de noviembre de 2011
21 de octubre de 2011
23 de septiembre de 2011
26 de agosto de 2011
05 de agosto de 2011
22 de julio de 2011
8 de julio de 2011
24 de junio de 2011
10 de junio de 2011
27 de mayo de 2011
13 de mayo de 2011
30 de noviembre de 2010
15 de noviembre de 2010
1 de octubre de 2010
17 de setiembre de 2010
3 de setiembre de 2010
20 de agosto de 2010
9 de julio de 2010
25 de junio de 2010
11 de junio de 2010
28 de mayo de 2010
14 de mayo de 2010
30 de abril de 2010
16 de abril de 2010
2 de abril de 2010
19 de marzo de 2010
5 de marzo de 2010
19 de febrero de 2010
22 de enero de 2010
8 de enero de 2010
25 de diciembre de 2009
11 de diciembre de 2009
27 de Noviembre de 2009
13 de noviembre de 2009
30 de octubre de 2009
16 de octubre de 2009
2 de octubre de 2009
18 de setiembre de 2009
4 de setiembre de 2009
21 de agosto de 2009
7 de agosto de 2009
24 de julio de 2009
10 de julio de 2009
26 de junio de 2009
12 de junio de 2009
29 de mayo de 2009
15 de mayo de 2009
1 de mayo de 2009
17 de abril de 2009
3 de abril de 2009
13 de marzo de 2009
27 de febrero de 2009
13 de febrero de 2009
30 de enero de 2009
19 de diciembre de 2008
12 de diciembre de 2008
5 de diciembre de 2008
21 de noviembre de 2008
14 de noviembre de 2008
7 de noviembre de 2008
31 de octubre de 2008
24 de octubre de 2008
17 de octubre de 2008
26 de setiembre de 2008
19 de setiembre de 2008
12 de setiembre de 2008
5 de setiembre de 2008
29 de agosto de 2008
15 de agosto de 2008
8 de agosto de 2008
1 de agosto de 2008
25 de julio de 2008
18 de julio de 2008
4 de julio de 2008
27 de junio de 2008
20 de junio de 2008
6 de junio de 2008
30 de mayo de 2008
23 de mayo de 2008
16 de mayo de 2008
9 de mayo de 2008
2 de mayo de 2008
18 de abril de 2008
11 de abril de 2008
4 de abril de 2008
28 de marzo de 2009
21 de marzo de 2008
14 de marzo de 2008
7 de marzo de 2008
22 de febrero de 2008
15 de febrero de 2008
8 de febrero de 2008
1 de febrero de 2008
18 de enero de 2008
11 de enero de 2008
4 de enero de 2008
21 de diciembre de 2007
14 de diciembre de 2007
7 de diciembre 2007
30 de noviembre de 2007
23 de noviembre de 2007
16 de noviembre de 2007
9 de noviembre de 2007
2 de noiembre de 2007
26 de octubre de 2007
19 de octubre de 2007
12 de octubre de 2007
28 de setiembre de 2007
21 de setiembre de 2007
7 de Setiembre de 2007
31 de Agosto de 2007
24 de agosto de 2007
17 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
27 de julio de 2007
20 de julio de 2007
13 de julio de 2007
6 de julio de 2007
29 de junio de 2007
15 de junio de 2007
8 de junio de 2008
1 de junio de 2007
25 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007

© 2018 Mundo Israelita