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Libros, “Salir del Ghetto” Imprimir E-Mail
sábado, 07 de septiembre de 2013

De  Martín Glozman

Por Mosh Korin

Es necesario poseer una gran cuota de valentía para interrogarse circulando por los rieles de un espíritu autocrítico y reflexivo y dejar de lado las cómodas verdades preestablecidas y ajenas. Ocurre a veces que a esto, además, se le suma la capacidad de poder lanzarlo a otros, abrir el propio interior para que otros tal vez se reflejen, se piensen. Cuando ambos elementos se conjugan nos hallamos entonces, en el terreno fértil de lo literario.

 

Estos rasgos son los que caracterizan la obra, recientemente publicada, de Martín Glozman, titulada “Salir del ghetto”. Obra que, además, tiene como uno de los nervios subjetivos que la atraviesan el estar concebida desde un espíritu dialógico, pues está elaborada acudiendo a otro, lector, incluyéndolo, casi esperando y anhelando que sus líneas se compongan con él en comunicación con lo expresado.

Esta característica de un escritura que cuenta con la presencia silenciosa de un lector, el evocarlo aún en la incertidumbre de no saber su respuesta, es algo que rara vez nos es dado leer, pero que hace a la riqueza de un tipo de escritura que la torna cercana, casi familiar, propia de una íntima conversación entre confidentes.

La escritura de Martín Glozman está impregnada de un llamado al otro; silencioso a veces; otras, un grito al borde de la desesperación, pero que sin duda siempre convoca al otro; lo supone y por ello lo invita a no ser indiferente con su interioridad hecha letra.

Imposible es no quedar afectado mientras se leen sus páginas, no ser atrapado por esta singular voz que, desde su fuero más íntimo nos cuenta –no nos relata, sino que nos habla directamente- sobre su crisis subjetiva.

Frente a un tópico así, fácil sería caer en el exhibicionismo; sencillo sería ofrecer a la mirada del lector una obscena desgarradura sin espesor subjetivo, sin ningún atisbo de pliegue sobre sí mismo como esbozo siquiera de pensamiento. Pero Glozman sortea estos facilismos y si bien nos brinda una escritura libre lo hace desde la calidad de un novel escritor.

Tuve la enorme fortuna de conocer y ser amigo de su abuelo, Salomón Rotenberg, quien fuera sobreviviente de la Shoá y sobre el cual tuve el placer de versar unas líneas y presentar su libro testimonial “Abi vaiter” (“Continuamos”). Hombre de desmesurada inteligencia y de gran habilidad como comerciante,Salomón dejó indudablemente, un sello personal tanto en quienes lo conocimos como en sus familiares.

No me sorprende entonces que el testimonio y la vida de su abuelo sean un sitio ineludible a atravesar para Martín. Instalándose como una marca imposible de evitar o dejar pasar inadvertidamente. Se transforma en su escritura a veces en una carga, otras, en una guía, un consuelo, pero siempre late como un sitio subjetivo a partir del cual pensarse, componerse para ser sí mismo. Sea desde la diferencia con su abuelo Salomón,  o bien desde la continuidad o del movimiento que se realiza entre ambas posibilidades. 

“Mi abuelo lo hizo. Mi abuelo siguió adelante. Yo en cambio he tratado de encontrar sentido sintiendo que yo era el ghetto, que yo era lo que él dejó atrás, que yo era ´musulmán´ (Agamben – filósofo italiano, nació en 1942 discípulo de Walter Benjamín, entre otros). Que soy tristeza, que soy temor. Que soy hijo de sobrevivientes de sobrevivientes.” Que yo era don Pablo, que yo no era Don Salomón.” (Pág. 43)

“Mi abuelo fue un héroe, un triunfador. Yo soy en escalafón, un resto, un ser sin identidad, sin certidumbre, sin valor positivo. Esto me dije toda la vida hasta que encontré el gran sentido.” (Pág. 44)

Nacido en Buenos Aires en 1979, Martín es Licenciado en Letras. Ha sido docente e investigador en la carrera de Letras de la U.B.A. en Literaturas eslavas y en Literatura europea del Siglo XIX.

Si bien ha publicado diversos artículos y relatos en revistas especializadas tiene un extenso material inédito entre los que se hallan poemas, cuentos, ensayos, diarios y relatos. Esta familiaridad con la escritura puede claramente entreverse en esta publicación.

“El ghetto es la pérdida de sentido, la terrible arbitrariedad, el canalizarse en una línea sin retorno donde todo deja de ser como era.

Es la lucha por vivir, y mantener el sentido social en esas condiciones. (…)

El ghetto es mi tristeza. Son las horas de mi llanto (…). (Pág. 43)

“El ghetto es el lugar en el que nos vemos encerrados, confinados, esta vez sin respuesta, el vacío de sentido. El ghetto es la posibilidad de ser más feliz. El ghetto es el sobreviviente que afirma la vida y decide seguir, también aquel que no encuentra el motivo para luchar.

El ghetto son los valores y también la caída de los valores.” (Pág. 17-18)

El ghetto es entonces, aquí, núcleo de contradicción; el aplazamiento del puro dolor; indiscriminación donde lo propio no se vislumbra pero se siente necesario y por ello también el ghetto -o más bien transitarlo- es la simiente de la esperanza, del poder salir del padecimiento luego de haber recorrido un camino subjetivo para ello.

Martín vuelve una y otra vez sobre sus preguntas sobre cómo identificarse, al tiempo que se interroga sobre cómo diferenciarse. Quien ha leído las memorias de su abuelo, que además de haber salido del ghetto  impuesto por los nazis durante la Shoá, logró también que su pequeña hija pudiera salir de allí de forma clandestina –escondida en una bolsa de basura- para quedar al cuidado de otros hasta que finalizara la guerra; decíamos que para quien ha leído el testimonio de Salomón, le resultará evidente percibir que en varias oportunidades del libro de Glozman ambas historias subjetivas, la de Salomón y la de Martín, se entrelazan profundamente a través de esta poderosa metáfora que es el ghetto.

Como dice un viejo adagio judío, las generaciones venideras se engarzan en el vacío del eslabón de la generación anterior. Y la materialización del engarce en ese vacío es, para Martín, la escritura.

En la escritura halla el suelo subjetivo fértil para recorrer y componer su identidad.

“Yo creo que mi vacío de sentido es muy generacional. Veo un gran vacío de sentido en mi generación” (Pág. 46)

Una identidad que también se sabe portadora del cuestionamiento y la problemática propio de su generación, el singular vacío de los tiempos actuales. No ajeno a él y además muy sensible a su efectos, Martín los problematiza al pensarse.

“Pienso que escribir un libro es una afirmación sobre mí, sobre quién soy, sobre mí mismo, sobre cómo soy, sobre mí, mi historia. Lo que soy más allá de lo que quieren que sea, de lo que debería ser, de lo que soy para otros en la historia de otros. Mi ghetto es –sigue siendo- mi ghetto. Este, mío. Mi historia cobra sentido para mí en este libro.” (Pág.81-82

Su escritura, su naciente obra es su punto de afirmación, su libertad, su puerta de salida del ghetto.

No es sencillo clasificar la presente obra dentro de los tradicionales géneros literarios. Aún si Martín nos dice en su primera página:

“Este trabajo se enmarca entre la autobiografía, la consideración de una salida posible, la continuidad del Sigamos adelante…y las preguntas de ¿hacia dónde es posible salir?, ¿salida de qué?” (Pág. 17)

Sin embargo, su género excede las clasificaciones clásicas ya que no podría afirmarse que pertenece a la autobiografía, pero tampoco que la excluye; en verdad deberíamos tentar de decir que pertenece al ámbito testimonial. Su registro se ubica en esa menos definida zona que es el testimonio de experiencias límites. En el cual el estilo narrativo puede variar, pues está supeditado a transmitir al lector lo crítico de un desgarro interno. Desgarro que sólo puede ser apropiado pensándose y tendiendo una mano hacia el otro, tal como ocurre en la escritura de Martín.

No creo equivocarme al decir que es éste tan sólo el puntapié inicial, el comienzo de una prolífica carrera de escritor para Martín Glozman. 

Realmente, un libro singular e interesante. “Kadima dve Ko Lejai!” 

¡Siempre adelante y por la vida! Mis felicitaciones.

 
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