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El mediador Imprimir E-Mail
martes, 22 de mayo de 2007

 Autora, Andrea Bauab. Dirección, Daniel Marcove

Por Moshé Korin

Una suave música nos guía, nos induce a dejarnos llevar por la contemplación. Estamos en el Auditorio de Hebraica aguardando a que comience la obra teatral. Se nos concede este tiempo de antesala, de compás de espera que nos permite ir entrando en ese otro tiempo, en ese otro espacio que es el de la ficción teatral. Espacio y tiempo tan especiales que requieren de una disposición sensible diferente de la cotidiana. Conciente de este requisito anímico el director nos conduce hacia él. Casi imperceptiblemente vamos descubriendo signos, elementos que nos permiten transportarnos a aquel otro mundo que comenzará a desarrollarse frente a nosotros.

Un escritorio de oficina junto a su sillón, sobre él una moderna “notebook”, un teléfono inalámbrico; detrás de ellos, cual telón de fondo, emerge frente a nosotros una inconfundible imagen que nos sitúa en el espacio y el tiempo que advendrá: no tenemos dudas, la imagen pertenece al moderno Israel.

Se apagan las luces, comienza la obra “El mediador”.

La trama y sus personajes

En una oficina del “Mossad” (Servicio Secreto) un joven va al encuentro de un funcionario. Walter (Mathias Carnaghi) es un joven argentino desgarbado, con una ansiedad que va “in crescendo” hasta la cólera, increpa a Mordejai (Pablo Lichtin), un funcionario del “Mossad” que con una actitud que oscila entre la comprensión benévola cuasi paternalista, y la defensa de la inamovible impotencia de su rol, se presta sin embargo a escucharlo.

La trama va desarrollándose con un ritmo pausado que atrapa al espectador. Así, al inicio sólo vislumbramos la tensión entre el emotivo Walter que demanda algo frente a lo cual el representante de un invisible sistema, responde que nada puede hacerse frente a las decisiones de los Altos Mandos.

Intuimos que la historia girará en torno a la tensión entre ambos personajes y la puja causada por la presión que Walter intenta ejercer por todos los medios sobre Mordejai.

“Walter: -Algo, tal vez una palabra de lo que le diga puede servir”.

“Mordejai:- Voy a escucharte toda la tarde. Pero adecua tus expectativas a la realidad.”

El motivo de la inquietud y la angustia que embargan a Walter es su hermano mayor David. Walter comienza a desovillar la historia de su hermano. Poco a poco, a través de memorias del pasado infantil primero y de la juventud luego, en retrospectiva, Walter irá relatando su historia y la de su entrañable hermano. Frente a nosotros emergen en continuo vaivén las escenas pasadas, los recortes de la memoria de Walter junto a David adolescente (Darío Orsi) en Buenos Aires, y el presente del joven ya adulto Walter que enfrenta a Mordejai en Israel.

De niño Walter era un pequeño temeroso, ensimismado en su mundo hecho de libros, su nexo con los otros era su admirado hermano David, quien de carácter extrovertido, inquieto y apasionado -tanto por el movimiento sionista, como de su novia no judía Florencia (Gisela Heger) de la cual está profundamente enamorado-, pareciera su opuesto.

Al cumplir los 20 años, David revela su decisión: viajará a Israel para unirse al Ejército. La conmoción no se hace esperar, el desconsuelo embarga tanto a Florencia como a Walter. Aún así, el fuerte lazo mantenido entre la adolescente pareja no se desmorona, sino que se consolida, como también se fortalece la personalidad de Walter y David (representado en su etapa adulta por Gabriel Sincler).

Florencia deviene esposa israelí, siendo compañera fiel de su amor de juventud; David continúa en el ejército haciendo carrera e involucrándose cada vez más con aquel deseo surgido en sus tempranos años: defender a Israel. Walter termina sus estudios, ya no es temeroso, impulsado por la confianza en sí mismo que le legó su hermano, halló su pasión: ser mediador.

Sólo una vez recorrido el pasado, una vez que nos hemos adentrado en la emotividad, en las características singulares que hacen a los tres personajes de Walter, David y Florencia, que constituyen el trípode afectivo sobre el que se monta la obra, se revela el nudo que yace en el conflicto entre aquel Walter adulto y Mordejai. ¿Qué era aquello que al inicio de la obra demandaba Walter a Mordejai? ¿Cuál es el punto sobre el cual Mordejai se torna tan inflexible? Las preguntas han quedado abiertas en el suspenso que mantiene la trama, finalmente el nudo conflictivo se explicita. David ha sido secuestrado por Hezbollah. Y aquello que al inicio de la obra parecía ser un pedido de Walter se transforma en una fuerte toma de posición.

“Walter: - (...) no vine a pedirle nada. Vine a avisarle que voy a ir ahora mismo a negociar con ellos para que liberen a mi hermano mayor. Con o sin la ayuda de ustedes”.

(...)

“Mordejai: - (...) es un principio: Israel no negocia con terroristas. Sí lo hace con Jefes de

Estado, sí, con Gobiernos, sí con otros ejércitos. No, con terroristas!”

El acto que defiende Mordejai sostiene una firme política de Estado, desde la cual se excluye al terrorismo como interlocutor posible para la negociación, no válido en tanto no posee detrás la legitimación democrática. Los términos del conflicto están planteados. Por un lado, encontramos la ley de Estado que supone un bien apoyado en una entidad superior a la del individuo, y por otro, la ley íntima que rige el sentir, el dolor frente a la posible pérdida de un ser querido. ¿Qué prevalece, el valor de una singular e irrepetible existencia o la conservación de una política que reasegure la bienamada tierra de Israel?

Ciertamente podría leerse en la figura de Walter una cierta desmesura apasionada regida solamente por el afecto hacia el ser querido, sin embargo no se trata tan sólo de eso. Si bien el nudo tensional de la obra se establece en principio entre estos personajes, la tensión luego se desliza y la complejidad se introduce. El verdadero planteo político de posiciones, se sustenta en la obra en las distintas perspectivas que albergan cada uno de los hermanos.

Dos hermanos, dos caminos posibles

“David:- (...) Por el momento, puede hacerse oír sólo aquel que tiene atrás un ejército poderoso. Ahí recién, existe la posibilidad de que te escuchen.”

Pareciera uno defender lo opuesto del otro: ¿La paz o la guerra? ¿La “Uzi” (ametralladora) o la palabra? Y sin embargo la diferencia está dada en los medios pues la desembocadura, la meta, es la misma: la paz.

Pero, ¿Dónde se halla la fuerza capaz de negociar en el conflicto? ¿En el poder del ejército o en el de la palabra? Y si ambos caminos son posibles, ¿cuándo es el tiempo acorde a cada medio?. Las respuestas apresuradas son aquí dejadas de lado ya que, como hemos mencionado, la trama resalta especialmente, a través del relato de la historia de David, Walter y Florencia, las vidas puestas en juego en las decisiones políticas. La obra toda es una puesta en relieve de interrogantes que no resuelven, que no cierran. No hallamos certeros métodos, no nos son propuestas posiciones a seguir, sino mas bien nos son ofrecidas las aberturas propias de la delicada problemática que se trata. “El mediador” aborda el sensible tema con el respeto que se merece. Aborda el problema en el sentido más riguroso del término: plantea sus posiciones posibles y las implicancias que éstas suscitan. Elabora el problema del modo más honesto, aquel que expone, que evidencia, las distintas dimensiones implicadas: individuales, afectivas, sociales, presentes y futuras.

El texto

El texto pertenece a Andrea Bauab. La temática y el modo en que la aborda le son ya característicos.

La presentación de problemáticas actuales, la humana emotividad de sus personajes, el abordaje abierto y concienzudo de temas conflictivos invitando a la reflexión sobre ellos, se ha conformado en el último tiempo en su sello particular de escritura.

Recientemente ha publicado “Cuatro obras de Teatro Judío Moderno”, editado por Editorial “Milá” del Departamento de Cultura de AMIA, está compuesto por obras teatrales donde los temas que en ellas se abordan, pueden indiscutiblemente definirse como contemporáneos, ya que versan sobre aquellas interrogaciones que el tiempo presente nos acerca, sobre la relación actual con nuestra historia, nuestra identidad y las mutaciones que ellas conllevan.

Su trayectoria tiene larga data y ha recorrido distintas sendas. Durante nueve años fue directora de Departamento de Motivación y Prensa en la Campaña Unida Judeo-argentina. Luego se desempeñó como Jefa de Prensa y vocera de la Embajada de Israel de Buenos Aires. Ha sido además directora de Programación del Canal Menorah desde su inicio y en sus dos primeros años. Es autora del guión de cine “Cartas para Jenny”, primera co-producción de Argentina, España e Israel y que cuenta con subsidio del INCAA (Instituto Nacional de Cinematografía Argentina) y de Ibermedia. Además de obras para adultos que escribe desde hace largo tiempo, ha escrito también obras infantiles, dos de las cuales se han representado con gran éxito: “La historia de Lamed” (letra “L” en el alfabeto hebreo) y “Parpar chel chocolat” (mariposa de chocolate), ambas habladas en castellano y con canciones en hebreo.

La dirección

El singular estilo que Bauab fue forjando, se ha encontrado con la experiencia y el talento de Daniel Marcove, quien junto a la asistencia de Verónica Waltman, se ha encargado de la dirección.

Como director y puestista Marcove es un artesano. Toma las materias primas hechas del guión, las cualidades actorales, la música, moldeándolas hasta hacer emerger de la composición de ellas, la fuerza expresiva capaz de transmitir el espíritu del texto. Por otra parte, como al inicio de estas líneas hemos apuntado, es exquisita la capacidad con la que conduce al espectador a adentrarse e involucrarse en el mundo de la obra, a la que se asiste. Ya nos ha mostrado en otras obras que ha dirigido, su saber hacer con los elementos mínimos de una puesta en escena simple, donde la apoyatura radica en el manejo actoral que de ellos se hace. El Marcove director privilegia lo gestual, los cambios posturales, las modulaciones de la voz, en suma, Marcove utiliza todo el posible andamiaje actoral para construir la dirección. Ocurre que el saber que posee por ser además un aclamado actor, le confiere esa sensibilidad necesaria para conducir un elenco actoral que en la presente obra, se destaca por su ductilidad.

La conjunción de estos atributos de Marcove con el texto de Bauab hacen que la obra escrita de la autora crezca en expresividad y se enriquezca la potencia de su decir.

Por último, sólo nos resta mencionar a quienes han hecho posible la realización de este espectáculo. Natalia Epstein y Lucila Belcic, realización de escenografía y vestuario, Sergio Vainikoff, música original, y Miguel Morales en el diseño de iluminación. Nuevamente mis felicitaciones al elenco artístico, por su vehemente y talentosa actuación.

 
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