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Una mujer de excepción LA ALCALDESA VIRTUAL BATIA MAKOV Z”L (1841 – 1912) Imprimir E-Mail
martes, 27 de agosto de 2013

 Este relato me lo contó mi madre, Iona Makov, nieta de su notable abuela Batiah Makov En la segunda mitad del siglo XIX la fuerte resistencia y el rechazo  político-social a la integración de los judíos en  Europa  (y en la parte oriental de manera cruel) fueron acompañados con violencia y muerte: discriminación,  pogroms, “guetización”  masiva, asimilación forzada, imputaciones falsas, etc. Estas acciones criminales movilizaron cambios de fondo  en la actitud, hasta ese momento pasiva,  de los judíos  El resultado  fue  la creación del  movimiento sionista que propiciaba como solución la formación de  un país en Erets Israel, en el sitio geográfico, histórico,  material y  espiritual  donde pudiera desarrollarse un “nuevo tipo de judío como  hombre y crear su nueva sociedad nacional”.

 

 

 

 

Mientras los intelectuales discutían la forma de hacerlo, algunos grupos  pragmáticos apuntaron en forma directa a  la acción, es decir,  ir de inmediato a Erets Israel para trabajar su tierra y reverdecer su cultura. Uno de ellos fue la “Sociedad Menuhá (Tranquilidad) V’ Nahalá” (Heredad) que  desde su inicio  contó con la participación de nuestra heroína  junto a célebres pensadores y empresarios de Polonia de esa época.

Batiah  fue hija de Tanjum  y de Miriam Esther Appel.

Creció y se educó en un clima judío tradicionalista y liberal, con confort y bienestar. Nacida en  Lublin en 1841  se destacaba por su belleza, inteligencia  y brillo intelectual. Su padre, un próspero comerciante, cuando visitaba las ferias de Europa Central, la llevaba con él  y le enseñaba las artes  empresarias que serían fuertes armas de defensa en el paso siguiente de su vida.

Llegado el momento en que los hijos formaban sus  propias familias, tal como  ocurría en esos tiempos,  Batiah  Appel fue “presentada”  para casarse con Reb Abraham Makov, un joven muy estudioso de las Sagradas Escrituras. “Una novia rica con un joven muy aplicado”.

La nueva pareja vivió en una aldea llamada Taraspol, cerca de Brest-Litovsk.

El  sólo se ocupaba de estudiar la Torá día y noche. Ella mantenía la casa, la educación de los hijos  (tuvieron diez) y  trabajaba como comerciante notable. En este oficio la inteligente mujer arrendó varias propiedades del duque ruso Gushko, que incluían bosques, plantaciones agrícolas y tres importantes  industrias. Dirigía  sola la enorme empresa cumpliendo un reconocido control estricto de procedimientos y resultados. Lo que llamamos “una mujer moderna de negocios”.

Entre 1880 y 1890 aumentaron cada vez más las manifestaciones graves contra los judíos . Batiah,  ya madura en  la vida, vivía con zozobra el futuro de  su prole. Los hijos mayores se fueron emancipando, ora casando o emigrando a los EEUU, (tal como nos lo contara Sholem Aleijem en “Tevie...”); pero los menores tenían  un panorama diferente,  incierto y quizás nefasto. “Yo no quiero perder a mis hijos a manos del Zar”,  clamó a su marido en un momento de desesperanza. El reservado  esposo, con su habitual irresolución en forma temblorosa le preguntó: “..... ¿Qué es..... Lo que debemos hacer....?”  Ella le respondió con firmeza: “ Decidí liquidar mi negocio, desarraigar nuestra casa de aquí y trasladarla a Erets Israel!”. Reb Abrahan quedó en silencio, asombrado; luego la miró e ironizó en voz alta:

 “¿acaso hoy es Purim para que vengas a burlarte de mí?”.

Corría el año 1888. Batiah  oía la prédica de los intelectuales, como la  de los “Jovevé Sión” a quienes consideraba  un “grupo apropiado para la solidaridad pero no ejecutivo”. Se requería una solución rápida. Retomó el contacto con los miembros de la Sociedad “Menuhá V’Nahalá”, de Varsovia,  pues concordaba con sus planes y procederes.

Regresó a su casa y luego de su rotunda y severa plática,  Reb Abraham, hombre muy  piadoso,  sólo atinó a manifestarle en forma  airada: “Batia, estás loca......, a Erets Israel iremos cuando llegue el  Mashiaj” (Mesías). Ella le respondió: “si estuviera loca seguiría estando aquí hasta que los gentiles roben nuestros bienes  y se lleven a nuestros hijos e hijas como sirvientes”. Finalmente terminó: “tú esperarás al Mashiaj,  ¡yo me voy con los chicos!”. Reb Abraham convocó al Consejo Rabiníco del pueblo, expuso el caso y se dictaminó “el estado de alienación de Batiah, por lo que se aconsejaba “disolver la relación de esta pareja”. Batiah quedaba libre de acción.

Vendió todos sus bienes y viajó  a la Tierra Prometida con sus cinco hijos menores. Llegados a Jaffa, la matriarca tenía 49 años!  Los que la acompañaron fueron: Mordehai (Mi abuelo materno)  de 17 años, Fradl de 14, Jonathan de 12, Herzl de 9., e  Ite , la más pequeña, de 6.

Pensemos ahora en ese año 1890. ¿Qué era entonces Erets Israel  hace 120 años bajo el Imperio Otomano?

Un territorio pobre, sin agua, con enfermedades, peligros, terrenos yermos, malaria;  existía la ciudad histórica, sagrada, bíblica, símbolo de la esperanza: Yerushalaim habitada por judíos piadosos y sus vecinos árabes. En el resto del país: beduinos, nómades  y pastores, arenales y piedras, enormes desiertos con un minúsculo valle, el del Jordán. Sin embargo,  también ya estaban los primeros enclaves judíos de la zona: las colonias sostenidas por el barón Edmond de Rothschild ,  Rishon Letsión, Petaj Tikva y Zijron Yaacov junto a la Escuela agrícola de Mikvéh Israel, de l’Alliance Israelite Universelle.

Batiah venía de una vida cómoda, confortable, con hijos acostumbrados a ese sistema de vida....Una vez en tierra la decidida y enérgica mujer buscó su lugar de asentamiento. El espectáculo era sobrecogedor.  Tierras sin cultivo, sin agua, con asaltantes y forajidos que merodeaban el sitio buscando de alguna manera sobrevivir en ese contexto. Los médanos de arena bordeaban el erial. Batiah Makov  fue la primera del grupo societario que tomó posesión de su tierra. Tenía 49 años de edad y una fuerza y optimismo inimaginables. Sus hijos eran su fortaleza. El aire estaba cargado de libertad y de esperanza. “Rejovot” fue el nombre de  la moshavá dado  por sus propietarios como  recordación de lo escrito  en la Toráh (Génesis 26: 2 2).  La primera colonia judía autónoma e independiente.

Un famoso escritor judío de esos tiempos, Moshé Smiliansky – que asimismo formaba parte de la sociedad promotora – describió  la saga de Batiah:

“Era una mujer virtuosa. Su esposo estudiaba la Toráh y ella  se ocupada en sus negocios.  Famosa por su sensatez, los hombres acudían a ella en búsqueda de consejo y en las situaciones difíciles. Batiah actuaba a su solicitud  como “árbitro” indiscutido.

Cuando esta matriarca  llegó a la moshavá todavía no  había empezado su trazado final. Fue la pionera  en llegar al sitio para trabajar y construir su casa. En la primer reunión general  del Consejo, que contaba con veinte miembros,  fue considerada como “javerá” (compañera) con derecho de elegir y ser elegida. Sin embargo, como mujer sagaz e inteligente, conocedora de  las costumbres y tradiciones de los más ortodoxos,  declinó la invitación  a dirigir el grupo. (Pensemos en los tiempos en que entonces ellos vivían........y que  “no se debían sumar conflictos frente a la lucha que todos enfrentaban”).  Se sentaba en el extremo de la mesa, asintiendo o negando con gestos, sin hablar.   La opinión de Batiah fue escuchada porque lo que decía era siempre “con buen sentido”. El Consejo del moshav jamás procedió sin sus ideas. Inclusive cuando la desesperación llegaba a descorazonar el esfuerzo y los más jóvenes proponían  “ir a ver al Barón”...... con firmeza, Batiah reclamaba coraje, sacrificio y fuerza. “La libertad de decisión pertenecía a la colonia y a nadie más”.

Construyó la casa con sus manos. La ayudaron los hijos mayores. Compraba las piedras y las maderas de la construcción, dibujaba los planos, controlaba a los albañiles y cuando llegaron las lluvias  y la tierra absorbió agua suficiente fue la primera en plantar su viña. Viñedos, almendros y naranjales eran su orgullo. Los primeros y mejores del moshav.

Pero no sólo trabajaba en la viña. Dirigía a sus hijos dentro y fuera de la casa, en el establo, en el gallinero, en el patio y en la cocina. Siempre atareada junto a sus hijos  quienes la ayudaban “de sol a sol”. “

Mi madre me contaba también que “muchas veces la comida fue pan negro, sopa de lentejas, aceitunas prensadas y cebollas comidas  con la dignidad de la “gente virtuosa”: higiene y limpieza de la casa, mantel limpio en la mesa, paredes encaladas cada año, servilletas renovadas  y de” buen  gusto”......

Construyó el primer horno de pan de la colonia que ella utilizaba una vez por semana. Entonces ofreció a las otras mujeres emplearlo durante el resto de los días, a su voluntad.

Cuando las reservas de dinero se acabaron  vivieron tiempos muy difíciles. A esto se sumaban las mangas de langostas, el pozo de agua  que se secaba, la cosecha mal apreciada....Batiah y sus hijos afrontaron todo, pero no cejaron en ser “colonia independiente”. No querían pedir ayuda más que a sus fuerzas, su inteligencia y su enorme tesón.” Siempre muy valerosos, optimistas, libres. Así formó una enorme familia que hasta hoy la recuerda, respeta con orgullo y expresa su admiración como modelo de vida.

Los “Rejovotíes” triunfaron en su lucha y crearon en Israel el polo agrícola más sobresaliente del cultivo de pardessim (naranjales) donde la Cienciala Tecnología, el trabajo  y el hondo amor a la libertad florecieron recibiendo con orgullo el aplauso de todo el país por su merecido éxito. En la actualidad  se encuentran en Rejovot , entre otras instituciones, el Departamento de Agricultura de la Universidad Hebrea de Jerusalén, el Instituto Weizmann de Ciencias y la Residencia del Presidente del Estado de  Israel .

Batiah Makov falleció en “su amada tierra de los azahares”  en mayo de 1912.  Fue honrada por toda la moshavá hasta su sitio de descanso con pena y también con la satisfacción  de  haberla tenido como  líder y dechado de virtudes, tanto  familiares como comunitarias.  Una de las calles principales  de Rejovot lleva su nombre: “Rejov Batiah”.

El próximo año se cumplirá el Centenario de su deceso en el que todos sus descendientes recordaremos su formidable accionar y su premonitoria visión.

 Por Uriel J. Sevi

 
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