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En el mes de junio la DAIA realizó un homenaje a los ex combatientes judíos de la guerra de Malvinas Imprimir E-Mail
lunes, 10 de diciembre de 2012

Transcripción del Discurso del ex combatiente Sergio Ariel Vainroj,

Nos convoca hoy un episodio histórico y único que vivió nuestro país: la guerra por la recuperación de nuestras Islas Malvinas en 1982.

La época más oscura y sangrienta que vivió la Argentina que comenzó el 24 de marzo de 1975 y se llevó consigo 30mil desaparecidos, de los cuales 1900 almas eran judíos, representando casi al 11% del total de desaparecidos argentinos durante la dictadura militar, un número alto si se tiene en cuenta que la comunidad judía en la Argentina no llega ni al 1% de loa población general. Esa misma dictadura que, viendo que su sucia tarea encomendada por los poderes económicos internacionales se terminaba. Tuvo la siniestra idea de perpetuarse en el poder acudiendo al conocido fervor patriótico de los argentinos y tomó militarmente las Islas Malvinas el 2 de abril de 1982. Tres días antes de esa fecha los miles de argentinos convocados por las organizaciones sindicales, ya artos y sin temor alguno a la feroz represión militar, al grito de “luche y se van “estaban ahora en una enorme fiesta patriótica aclamando con alegría victoriosa la operación militar perpetrada por esa junta militar genocida.

 

Arrastrados por esa euforia nos encaminamos a una guerra desigual contra nada menos que las fuerzas armadas inglesas y la OTAN. Pese a las advertencias internacionales de que iba a ser una masacre de no retirarse de las islas, la junta militar se encaminó así en otro tipo de genocidio, apostando quizás a la suerte, al azar o el idealismo espástico a costa de “hasta el último soldado” como dijera el presidente y comandante de facto.

Y allí estábamos nosotros, los jóvenes ciudadanos de 18 años. Civiles cumpliendo con el entonces servicio militar obligatorio, que más que preparación para la guerra era: tirar un par de tiros , recibir maltratos verbales, morales , físicos y además correr, limpiar y barrer, de ahí el término co-lim-ba. Como judíos en la colimba, en unas fuerzas armadas con tradición antisemita, tuvimos siempre un agregado más al común maltrato y menosprecio por parte de los jefes militares. Nuestra sorpresa y desgracia fue ver que esa normativa se siguiera implementando en las condiciones de guerra, cuando ante un ejército enemigo superior, es de esperarse la unión y la camaradería.

Y así fuimos a Malvinas 40 judíos a una guerra por la soberanía de nuestra Argentina. En esta Argentina que nos cobijó desde los comienzos de la inmigración judía, brindando a nuestros padres, abuelos y bisabuelos un horizonte de esperanza.

Cuando reiteradas veces en la sociedad se puso en tela de juicio la condición del judío argentino, nosotros tenemos la más valiosa muestra de lo que somos como comunidad al haber ofrendado nuestra vida en pos de la defensa de nuestro país.

La guerra tiene múltiples aristas, pero la más dolorosa es la de los caídos, por eso antes de continuar quisiera invitarlos a realizar un minuto de silencio por los 649 muertos en combate que quedaron allá en las islas, de los cuales hasta hoy no sabemos ciertamente si hubo algún judío.

Decía que la guerra tiene múltiples aristas, pero hoy estamos acá para reescribir y completar un capitulo de la historia argentina y de la historia de los judíos argentinos

Ante el fervor nacionalista que contagió a la mayoría de los argentinos y preocupó a otros pocos, quiero destacar la excepcional actitud que tuvo el rabino Marshall Meyer, el entonces rector y fundador del Seminario Rabínico Latinoamericano, quien tuvo la intención de enviar rabinos a Malvinas para sostener moralmente a los soldados judíos que allí estaban Restricciones de la cúpula militar de aquel tiempo impidieron que los rabinos llegaran a las islas. Pero esta acción nos revela el claro conocimiento de la presencia de los soldaos judíos en Malvinas, y que además está documentado por el relevamiento de esos datos que el ejército había enviado por el pedido del seminario. ¡Cuánto nos hubiese alentado tan sólo verlos, o escuchar alguna frase en hebreo o yiddish en medio de tanta muerte y horror! Pero no sucedió. La presencia de curas capellanes parecía hacer más intensa la ausencia de algo judío de donde agarrarse mientras bailábamos con la muerte durante 74 días.

Cada uno volvió de Malvinas como pudo y se las arregló como pudo para seguir viviendo una vida normal. Los militares nos devolvieron a la vida civil con una carga de prohibiciones de hablar de lo ocurrido y vivido en la guerra bajo la amenaza de detención tras habernos hecho firmar una declaración jurada; la sociedad también. Era común escuchar y presentir en entrevistas laborales: “A ese no lo llames, es un loquito de la guerra. ¡Si!, ¡Estuvo en Malvinas! Los gobiernos de turno también se acoplaron a esta desmalvinización. Sólo después de diez años a a través de una lucha de reclamos el estado nos otorgó una pensión graciable de 150 pesos para todo aquel que hubiere participado en las acciones bélicas. Pero, hasta ese momento, los suicidios de ex combatientes ascendían a unos 500.

Lo que nos extrañó fue que, la dirigencia de nuestra comunidad, tan milenaria en experiencias, guerras y posguerras, no haya continuado con el interés que manifestó hacia nosotros el rabino Marshall Meyer con el intento de enviar a los rabinos. Y además que nadie se le ocurriera preguntar cómo volvieron de la guerra esos muchachos y si necesitaban algo...Dónde estuvieron los dirigentes comunitarios a la hora de sentirse realmente elegidos y santificados para portar los rollos de una ética, moral, sabiduría y organización como, sin precedentes, ha tenido nuestra mística y tradición, que cambió la historia del mundo…? Dónde y qué tan ocupados estuvieron estos últimos 30 años! que no vieron que pasó con sus chicos judíos de la guerra de Malvinas! Éramos acaso material de descarte o vergonzante que, ya no hablemos humanamente, pero ni políticamente útiles para campañas de aliá, o ser socios de, .les servíamos!!!??

Fuimos a Malvinas con indumentaria militar israelí, sépanlo… pero no tuvimos el recibimiento y atención que un soldado israelí recibe al volver del frente… Tuvimos nosotros que tocar estas puertas para que este acto fuera posible. Ya no somos los chicos judíos de la guerra de Malvinas, somos hombres que, como pudimos, sobrevivimos.

Pasaron largos años y ese anhelo de sentirnos recibidos, reconocidos, asistidos en lo que la guerra dejó y de ser escuchados muchas veces el deseo se ahogó en desánimo y acostumbramiento confinándonos muchas veces a soledades amargas mientras veíamos el desfile de festejos, conmemoraciones, celebraciones y actividades de nuestra comunidad. Pero hoy, a 30 años de la guerra, ¡no podemos dejar de decir que aquí estamos!. Se nos ha dicho oportunadamente que somos los “desaparecidos con vida de la dictadura”. Y en otra ocasión se nos ha aplicado la comparación de que, seguir ignorándonos, sería como ignorar a los sobrevivientes de la Shoá. Hoy estamos contentos de compartir con ustedes esto que nos tocó vivir, para recibir, como dice nuestro querido compañero Silvio Katz, el último abrazo que nos faltaba, el de nuestra casa comunitaria. Hemos solicitado, a la AMIA , a la DAIA y a otras instituciones educativas, sociales y deportivas, una serie de beneficios sociales ya no por el beneficio en sí, sino como una manera de resarcir tantos años de abandono y como una pluma que escriba o reescriba la historia judeo argentina, que ¡por aquí pasaron héroes! Y que de aquí en mas, D´os no lo permita, si hubiere un conflicto bélico en nuestro país, no pasen al olvido aquellos hermanos que pudieron regresar con vida. Al respecto quiero destacar el valioso aporte histórico de los libros editaos este año:“Los Rabinos de Malvinas”, de Hernán Dobry y “Lágrimas de Hielo” de Natasha Niebieskikwiat.

Cada uno de nosotros tiene muchas experiencias para transmitir y compartir sobre lo vivido en la guerra y esperamos que las futuras generaciones se interesen en esto para reafirmar una vez mas el aprecio a la vida y la memoria, para que nunca más queden en el olvido los que dieron su vida por este país.

 
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