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Mártires Criptojudíos de América Imprimir E-Mail
lunes, 10 de diciembre de 2012

Por Natalio Arbiser

5º Nota

Por amabilidad del Studio Shenkin (Proyecto de Actividades para la Diáspora –Organización Sionista Mundial, Hagshamá—) y del Departamento de Juventud de la AMIA, organizadores del Seminario Virtual “Presencia del Judaísmo en los Albores del Continente Americano”, a cargo del autor de estas notas, en sucesivas ediciones “Mundo Israelita” entrega las Clases que conforman dicho Seminario.

 



En esta Nota recorremos en breve pasaje los aspectos de la vida y obra de algunos de los muchos mártires del judaísmo en la etapa colonial en Iberoamérica, en la cual mayoritariamente vivieron como criptojudíos —si bien revelando su enorme compromiso con el judaísmo—. Se los reconoce como los más vigorosos espíritus en el perseguido credo judaico del período inquisitorial en Iberoamérica. Son los “hombres de la Nación” —de quienes nos ocupamos en esta Nota— y las “dogmáticas” —de las que nos ocuparemos en la próxima Nota—.

• Luis de Carvajal el mozo

Hijo de Francisco y Francisca

A Luis de Carvajal el mozo (1566/1596) se lo llama así (“el mozo”, el joven) para distinguirlo de su tío el gobernador, Luis de Carvajal y Cuenca. Su nombre hebreo será el de Iosef Lumbroso.

Nace en Medina del Campo (España) como quinto hijo de los nueve del matrimonio novocristiano de Francisco Rodríguez de Matos y Francisca Rodríguez, siendo educado en escuelas jesuitas. A los 13 años de edad —el tiempo de la ceremonia hebrea del “Bar Mitzvá”— sus padres le revelan que es judío. A los 17 años de edad se autocircuncida.

Es conocedor de los Diez Mandamientos, los Trece Preceptos, los Salmos y lector de los Profetas Ezequiel, Isaías y Job. Asimismo lee apócrifos. Y tiene importante número de discípulos, entre los que se hallan Manuel de Lucena, la bella Justa Méndez, la memoriosa Juana Enriquez (de las dos últimas nos referiremos en la siguiente Clase).

Su tío, Luis de Carvajal y Cuenca es Gobernador de la Corona Española en Nueva España (México) y lo nombra heredero y sucesor. Arriba el mozo a las Indias como Asistente de su tío, pero pronto se enfrasca en lecturas que si bien incluyen autores católicos —como el comentario bíblico de Lyra y las obras de Oleastro—, secretamente comienza la práctica del judaísmo. Como la obligada mayoría de lectores tiene contacto con la literatura religiosa católica, pero a diferencia de muchos cristianonovos en su caso hay un mayor conocimiento del judaísmo. Es así que se adjudica un nombre judío: Iosef Lumbroso. Viaja, predica y enseña los rituales judaicos a otros conversos.

Muchedumbre rugiente

Los Autos de Fe se realizan de manera pública las más de las veces en las ciudades americanas con sedes del Santo Oficio, en largas procesiones en torno a la plaza mayor. Del “espectáculo” participa agolpándose un apretujado gentío, parte del cual obtiene mejor perspectiva visual al treparse a los árboles. También mulatos, mestizos, aborígenes son parte del anhelo sádico de la multitud. Y, en los palcos oficiales se hallan entre los invitados las autoridades y las personas de alcurnia. De ese espíritu bélico de la muchedumbre, nos dice Alfonso Toro:”La compacta multitud de espectadores, acomodada como pudiera estarlo en una plaza de toros para ver la suerte suprema, rugía satisfecha, al ver el final del drama”.

En el Auto de Fe del 14 de marzo de 1590 en Ciudad de México, Luis de Carvajal el mozo es reconciliado —condena intermedia—; también se absuelve a su madre y hermanas. Pasa entonces a ser Secretario del Rector de la Escuela para Nativos de Santa Cruz de Tlatelolco, donde debe además brindar Clases de Retórica.

Continúa con su prédica de judaizar a los conversos que se mantienen alejados de la fe mosaica, convocando al retorno al judaísmo mediante poesías de místico y religioso fervor. Se lo considera el primer poeta judío de América. Se abate la desgracia en la familia de los Carvajal. El novio de una hermana delata a ésta ante la Inquisición, y acusada, la muchacha revela los nombres de sus familiares que la llevan a las prácticas judaicas, cayendo casi todo el grupo familiar —también su madre y otras hermanas— en las garras inquisitoriales. Apresado por la Inquisición, se le inicia un proceso.

Prisión por la misión

En 1595 vuelve la Inquisición a arrestarlo. Es un joven hombre de 35 años y gran madurez, que demuestra mayor arraigo aún en la identidad judaica, con una muy firme actitud que nace de una ilimitada convicción: la de realizar una trascendente misión como elegido de Dios para brindar testimonio de la verdadera fe. No sólo “confiesa” que es “judaizante” sino que en su juicio se vanagloria de ello ante los inquisidores que lo acusan.

En la celda traba amistad con un presunto sacerdote díscolo, un tal Luis Díaz. A él le habla de un enorme contingente de judíos practicantes en la clandestinidad. Entienden los historiadores que no era tan grande el número de éstos. Pero a los oídos de Luis Díaz transmite Luis de Carvajal el mozo, algunos nombres de sus correligionarios y ellos serían pronto descubiertos por las autoridades. El gran fervor religioso de este mozo y su confianza en el presunto amigo juegan una mala pasada...

Luis Díaz sale en algún momento en libertad y vuelve tiempo después, engrillado. Enfatiza ante éste que los cristianos son idólatras y tienen una fe equivocada. Pero tarde advierte el mozo Luis de Carvajal que su tocayo tiene una identidad oculta, y no es sino un confidente inquisitorial.

Obligación

En la Plaza Mayor de la Ciudad de México, el 8 de diciembre de 1596 —en que el Catolicismo celebra el Día de la Inmaculada Concepción— se lleva a cabo el Auto de Fe en el que tras dos años de prisión se sentencia a muerte a Luis —cuarenta años de edad— como a su madre y a tres de sus hermanas (sólo es absuelta su hermana Ana, de diecinueve años; varias décadas más tarde, también condenada a muerte). Condenado a la hoguera, poco antes de atravesar el ardor de la pira fueguina, Luis de Carvajal el mozo, obligado, dice tomar la fe cristiana. Admitir la conversión lo exime del fuego y muere estrangulado. Esto es motivo para que algunos investigadores de la historia bastante apegados al catolicismo inquisitorial rechacen la versión de los historiadores a los que llaman “projudíos” por elevar a Luis de Carvajal el mozo a mártir de la Inquisición.

Pero ya siglos antes el Rambam (Maimónides) reconoce que ante la sentencia de muerte, retractarse de una creencia no implica que se produzca cambio alguno en el fuero íntimo. A su vez, el citado Alfonso Toro sostiene que si bien los inquisidores dieron crédito a la conversión, “su fe vivísima en la ley de Moisés, era el norte de su existencia”.

A tal punto que ya en aquel momento de la ignominia, el fraile Alonso de Contreras, relator de sus últimas horas, reconocía en su Informe Oficial su admiración por la convicción y el temple del mártir judío.

De Luis de Carvajal el mozo quedan algunos de sus poemas, las memorias y el testamento escrito.

(El apellido Carvajal está presente en México a través de los siglos, y, en el siglo veinte, el golero de ese apellido es quien más veces viste la camiseta nacional de la selección de México en los primeros Campeonatos del Mundo de Fútbol.)

• Francisco Maldonado de Silva

Inmortalizado por Marcos Aguinis en su difundida novela “La Gesta del Marrano”, Francisco Maldonado de Silva, es tal vez hoy el más conocido de los mártires judíos de Iberoamérica colonial.

Su padre, Diego Nuñez de Silva es un cirujano, con más de treinta años de residencia en la capital de Portugal. Francisco nace en Tucumán (actual provincia del noroeste argentino) en un hogar con costumbres judaicas y otras de la consabida mixtura que se da en el continente. Viste con elegancia en el Shabat (sábado) en que observa el comportamiento adecuado, al igual que en los días de festividades judaicas. También se autoproscribe la ingesta de carne en algunos días del mes, salándola antes de ingerirla en otras ocasiones. Conmemora con ayuno el Día Grande (o Día del Perdón) con la aparición de la luna en el décimo día del correspondiente mes. Y, se autocircuncida.

Pero dada la deficiente información existente en América hispana de las prácticas y rituales judaicos, Maldonado de Silva reza en latín e hincado en cuclillas (formas cristianas de las plegarias).

Conocimientos

En cuanto a su formación, se sabe que es conocedor de los Salmos (Cantos) y de los Profetas, lector de Salomón y también de textos apócrifos como los Proverbios de Ben Shirach. Curiosamente, aprende acerca del judaísmo a partir de la lectura de algunos libros católicos, como los“Salmi Davidi” (Salmos de David) y el “Scrutinium Scripturarum” de Paulus Santa María (un converso español, cuyo nombre originario había sido Salomón Halevi). También habría sido lector del “Libro de las Comedias” de Lope de Vega.

Tras la muerte de su padre, viaja de Tucumán a Chile, donde ejerce como médico y también se casa. En el confesionario y ante el cura, su hermana confiesa las prácticas judaicas de Francisco. El sacerdote hace caso omiso de la ética que su investidura exige, y denuncia a Francisco Maldonado de Silva ante la Inquisición, que lo arresta y procesa en Lima en 1627. En sus largos doce años de prisión, se muestra siempre desafiante ante el rigor inquisitorial. Así, al tener que jurar se niega a hacerlo “por Dios y la cruz” y no coloca la mano al pie del Cristo, sino que exclama: “Yo soy judío y si he de jurar, juraré por el Señor Dios de Israel”.

En 1633 consigue desde la celda escribir la primera de sus cartas a la Comunidad Judía de Roma. Asimismo, en su arenga a sus correligionarios tan combatidos y perseguidos Maldonado de Silva les inculca: “Defended la Verdad... Combatid contra los perros que la despedazan... Elegid para Vosotros la Vida”. (Desconoce la excepción de Recife, Brasil donde comienza la breve existencia de una comunidad abiertamente judaica).

Está en prisión por largos doce años y, a diferencia del proceso en Nueva España de Luis de Carvajal el mozo, en el Perú no hay un juicio previo a la sentencia definitiva de Maldonado de Silva. Pese a las durísimas condiciones a las que se lo somete por su inclaudicable actitud de fe judaica,Maldonado de Silva no disminuye su apego por los derechos humanos. Tal como su ejemplar perseverancia en la convicción de la verdad judaica, lo es la fuerza con que alienta la libertad del espíritu, sosteniendo siempre un muy alto concepto de la dignidad y la moral de los seres humanos.

Negros voladores

En este proceso es también activo funcionario inquisitorial, Juan Sáenz de Mañozca, quien se destaca por ser uno de los de mayor rigor y absolutismo. Mañozca revela el estado en que se hallan los prisioneros del Santo Oficio en América, al reconocer en un documento que ni se sienta en sus catres ni les da la mano por la suciedad imperante en las celdas. Y va más allá su torpe visión, tan emparentada con la “caza de brujas” como cuando declara respecto a los negros americanos que son esclavos en minas de Zaragoza (Antioquía, actual Colombia) que éstos son capaces de tullir y matar personas, succionar sangre infantil y… ¡volar por el aire…!, entre otras “minucias” por el estilo.

A tanto llegan sus desvelos persecutorios, que en 1638 lo llama al orden el Consejo en España, para que atempere su ardor y se someta a las normas del Santo Oficio.

En cuanto a las torturas que sufre Maldonado de Silva —y otros muchos—, vale señalar que ya las Instrucciones de Toledo en su Parágrafo 4 ordenan que en las Actas del Tormento no se mencionen las lesiones que se ocasionen a los reos, aun si las mismas tuviesen lugar.

Después de cada Audiencia, firma con su nombre hebreo, Eli Nazareno. A los 46 años de edad, muere quemado vivo en el Auto de Fe en Reyes (Lima) el 16 de enero de 1639.

• Tomás Treviño de Sobremonte

Hace exactamente 420 años —en 1592—, cuando el Centenario del “Descubrimiento” de América, nace en Medina de Rioseco (España).

Es hijo de una familia aristocrática. A diferencia del padre que es cristiano viejo, su madre, Leonor Martínez de Villagómez es cristiana nueva, y también “judaizante”. Como Luis de Carvajal el mozo y como Maldonado de Silva, también se circuncida Treviño de Sobremonte. Conoce algunos Salmos y los versículos del Profeta Isaías. Celebra la Pascua hebrea y cumple con el Ayuno del Día Grande (Iom Kipur o Día del Perdón). Estudia latín en dos escuelas jesuíticas y Derecho Canónico en Salamanca. A diferencia de los anteriores mártires citados, nace en España. Y también lo diferencia de ellos, que ante la Inquisición sólo admite su judaísmo poco antes de la condena a ser quemado vivo.

Todavía en España tuvo un primer incidente cuando alguien lo llama “el Judío”.

A sus veinte años de edad arriba a Nueva España (geografía que actualmente es México y parte de América Central), en 1612, siendo en estas tierras un exitoso comerciante.

Cuando su madre y un hermano son apresados y torturados en España por la Inquisición, éstos confiesan que asimismo Tomás es “judaizante”, por lo que es apresado en Nueva España en noviembre de 1624. Es juzgado y se le dicta una sentencia leve, que consiste en manifestar el arrepentimiento. Pero este arrepentimiento no es de su fuero íntimo y, una vez en libertad, continúa con su práctica y prédica judaizante.

Reconciliación

En 1629 se casa con María Gómez, que es también “judaizante”. Ella es apresada, pero ante las autoridades se reconcilia con la Iglesia Católica y es absuelta. Pero no puede ella reconciliarse con su marido, ya que Tomás no le perdona a María el abandono del judaísmo. En octubre de 1644 y poco antes de lograr la fuga, Tomás Treviño de Sobremonte es nuevamente encarcelado. A diferencia de los dos mártires mencionados anteriormente, siempre niega a la Inquisición su vida como judío. Sólo poco antes de la condena, confiesa. Luego de cuatro años y medio de prisión, se lo condena a ser “relajado” —morir quemado vivo—. En el más atroz de los Autos de Fe celebrados en Ciudad México, donde son condenados más de un centenar de prisioneros, el 11 de abril de 1649 —a casi diez años del también tremendo Auto de Fe en Reyes— es quemado vivo Tomás Treviño de Sobremonte, a los 56 años de edad.

 

Epígrafe: Portada de la novela de Marcos Aguinis, ilustrada con el rostro de Francisco Maldonado de Silva.

 
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