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lunes, 31 de octubre de 2011
Pedro Bonifacio Palacios
Almafuerte
Por Moshé Korin

Un 13 de mayo de 1854 nacía en San Justo, en el seno de una familia muy humilde, Pedro Bonifacio Palacios, el mismo que la posteridad recordara con el pseudónimo de “Almafuerte”.

Siendo aún un niño pierde a su madre y es abandonado por su padre, quedando a cuidado de su tía materna. Se independizó en su temprana adolescencia y debió padecer incontables penurias económicas

Años después “Almafuerte” escribiría sobre el sentimiento de orfandad sufrido a temprana edad:

“¡Ay! los hijos que pierden a sus padres,

pierden riego, calor, escudo y lanza.

Como nube de arena que no riega,

Como sol que no alumbra en la borrasca,

Como roto espaldar que no defiende,

Como consejo que pervierte y mancha,

así, malditos,

padres sin alma,

son aquellos que niegan a sus hijos,

consejo amor, ejemplo y esperanza.”

(“Hijos y padres”)

De tempranas vocaciones artísticas, Pedro se apasiona con el arte pictórico, pero cuando el gobierno le niega la beca para ir a perfeccionarse a Europa, cambia de rumbo dedicándose de lleno a la escritura y a la docencia

Vocación de enseñanza

A pesar de no poseer título habilitante se dedicó a la enseñanza. Comenzando como docente en Balvanera; posteriormente fue maestro en Mercedes y Salto.

Luego, con tan sólo 16 años de edad, fue director de una escuelita en el pueblo de Chacabuco. Allí fue donde en 1884, recibió la visita de Domingo Faustino Sarmiento, quien por aquel entonces era Presidente y que en esa oportunidad le ofreciera un cargo como docente en Buenos Aires. Ofrecimiento que Pedro rechaza para quedarse a cargo de la educación de los pequeños más humildes.

Más que la mera transmisión de conocimientos su modelo de enseñanza estaba orientado a abrir un panorama espiritual en sus alumnos. Meta que además extendería luego a través de sus poemas a sus lectores.

Después se trasladó a Trenque Lauquen, donde también dirigió una escuelita para niños económicamente carenciados.

Su compromiso con los más pobres y con los oprimidos fue ejercido a lo largo de su vida usando distintos vínculos de acción y expresión: desde la docencia, hasta el periodismo y pasando por la poesía que tanto le debe a este gran autor.

“No es digno del dolor romper los frenos

tan solo por la vianda suculenta;

delante de un redil de vientres llenos

¡prefiero yo la humanidad hambrienta!...”

(“Sin tregua”)

Su proyecto y vocación de enseñanza se vieron truncados, ya que Bonifacio Palacios es destituido como docente y obligado a renunciar. La razón formal que se aducía era su falta de título habilitante, sin embargo fueron sus poemas críticos al gobierno, la causa verdadera.

Tal y como solía hacer “Almafuerte”, a las situaciones penosas que debía afrontar en su vida las trasmutaba en versos, donde el acento no está puesto en sí mismo, sino en legar a otros su propio aprendizaje de la situación.

“Si te postran diez veces, te levantas

otras diez, otras cien, otras quinientas:

no han de ser tus caídas tan violentas

ni tampoco, por ley, han de ser tantas.

Con el hambre genial con que las plantas

asimilan el humus avarientas,

deglutiendo el rencor de las afrentas

se formaron los santos y las santas.

Obsesión casi asnal, para ser fuerte,

nada más necesita la criatura,(…)”

(“Avanti”)

Su labor como periodista.

En todos los sitios donde enseñó fue también notorio por sus polémicos y apasionados escritos periodísticos, en nada complacientes con los caudillos locales.

En 1887 se traslada a La Plata y se desempeña como periodista durante tres años en el diario “Buenos Aires”, siendo luego director del diario “El pueblo”.

Su labor periodística se caracterizó por su indominable espíritu crítico y su apasionada lucha.

De esta época datan sus célebres versos bajo el pseudónimo de Almafuerte. Muchos otros diarios publicaban sus artículos y poemas bajo otros pseudónimos que también usaba Bonifacio Palacios para hallar una forma más libre de expresión de sus ideas.

“No soy un literato, soy un predicador”

Almafuerte fue sin dudas un poeta popular, provenía de estratos humildes de la población, conocía sus sufrimientos, defendía sus derechos y escribía para ellos.

Los tópicos que recorren sus poemarios van desde el amor a una mujer, hasta el amor patriótico, así como sus vivencias personales traducidas a bellas estrofas al tiempo que son enseñanzas para otros.

“¡Y el fervor masculino, temerario

de hurgar mi corazón, no el diccionario!...”

(“Sin tregua”)

Estas sintéticas estrofas, creo, expresan la fuente de las enseñanzas que les brinda a los demás. Ellas se yerguen sobre el suelo de la vida, del corazón hurgado hasta ser transformado. Portando así su palabra, un valor para el vivir más que para la erudición.

Eran profundamente ciertas sus palabras cuando alguna vez se autodefinió: “No soy un literato, soy un predicador”. Podríamos agregar que predicaba oyendo su corazón.

Pero sobre todo, ha transmitido y aún hoy lo hace a sus lectores, fortaleza, pujanza, aliento en momentos de desesperanza, sus versos son consejos y lecciones para forjar un alma fuerte.

“Nadie te dice, nadie, que no sueñes

y la luz de otros tiempos no vislumbres.

(…)

Llénate de ambición, ten el empeño;

ten la más loca, la más alta mira;

no temas ser espíritu, ser sueño,

ser ilusión, ser ángel, ser mentira.

(…)

¡Sube sin timidez, no te abandones;

si te asusta volar, hay escalones!”

(“Sin tregua”)

“No te des por vencido, ni aún vencido,

no te sientas esclavo, ni aún esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y arremete feroz, ya mal herido.

Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;

no la cobarde estupidez del pavo

que amaina su plumaje al primer ruido.”

(“¡Piú avanti!”)

Luego de tener que dejar la docencia, Bonifacio Palacios pobre como siempre, debe buscar su magro sustento. Obtiene un puesto administrativo dentro de la Cámara de Diputados de la Provincia de Buenos Aires. Más tarde se desempeñará como bibliotecario y traductor en la Dirección General de Estadística de dicha provincia.

Si bien ya entrado el siglo XX, participa en la actividad política, siempre se negó a aceptar un cargo político, fiel a sus críticas a quienes vivían a costa de los impuestos de los ciudadanos.

Dijo alguna vez Rubén Darío sobre él:

“Me han hablado de un misántropo, o más bien de un loco. En efecto: dicen que es un hombre que huye de las exhibiciones, del trato de la gente, de las mascaradas elegantes y de los círculos melosos. Que no ocupa un puesto digno de su talento porque sufre la anquilosis moral que le impide inclinar el espinazo delante de nadie; que se ha aislado, enemigo de las hipocresías ciudadanas; que se ha dedicado al cultivo intelectual de los niños, es maestro de una escuela de tierra adentro; que su carácter es bravío y acerado; que adora sus ideales con un hondo fervor; que ama a los pobres y a los pequeños, y que tiene la fe de su fuerza y el orgullo viril de su talento. No hay duda: loco, loco de remate.”

Creo que la noción de locura que maneja este exponente de la hegemónica clase literata de aquel tiempo, no hace más que probar el perfecto acople entre los altos ideales de virtud de Almafuerte y su consecuente accionar en la vida para con ellos.

Sólo en los últimos años de su vida recibe algún reconocimiento cuando el Congreso Nacional Argentino le otorga una pensión vitalicia para que pudiera dedicarse a su actividad como poeta.

Rigió su vida bajo sus férreos valores. Murió humilde tal como había nacido un 28 de febrero de 1917, a los 62 años en la ciudad de La Plata. Su muerte provocó una inusitada manifestación popular.

En verdad debiéramos decir que fue materialmente humilde, pero humana e intelectualmente poseedor de una riqueza que muy pocos tuvieron o tienen. Publicó en vida varios poemarios y adoptó a cinco niños.

De él dijo Jorge Luis Borges: “Escritor olvidado con injusticia, hombre que hubiera sido en plena barbarie fundador de una religión, en plena civilización un Butler o un Nietzsche” Vayan estas líneas como un pequeñísimo homenaje a su ser y su obra, que inmerecidamente han quedado hoy casi en el olvido.
 
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