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A 85 años del fallecimiento de: Israel Zangwill Imprimir E-Mail
lunes, 18 de julio de 2011
Por Moshé Korin

Son pocas las figuras en la historia del judaísmo de Gran Bretaña que captaron tan rápidamente las simpatías como Israel Zangwill, y merece ser recordado por diversos motivos, ya que fue vocero de los oprimidos, sionista, defensor del territorialismo, y hombre público que en el apogeo de su vida; casi llegó a ser el héroe de un pueblo.

La personalidad que surge de quienes lo conocieron, lo describieron como simpática y honorable.

En primer lugar, Zangwill se consideraba escritor, y creo que no podría haber buscado una forma más adecuada de recordar un nuevo aniversario de su fallecimiento, que tratando de sacudir el polvo que se ha acumulado sobre su obra maestra, titulada: “Los hijos del Gueto”.

Al releerlo vale agregar, que no se presentaría ningún obstáculo en el camino del lector moderno que se proponga conocer este libro por primera vez.

Estilo florido

El estilo en que está escrito es a menudo florido y en la actualidad podría resultar un poco denso; el argumento cae dentro de la tradición general de la novela victoriana, excesivamente adornado, con abundancia de “fuertes“situaciones melodramáticas.

Cuando Zangwill escribió el libro (1892), aún no había cumplido 30 años y su actividad literaria se limitaba a trabajar en periódicos humorísticos al lado de autores como Gerome Klapka (1859-1927), por lo que se vio un tanto afectado a raíz de los convencionalismos periodísticos de la época.

Crece la obra

Sin embargo, cuando más se progresa en la lectura de “Los hijos del Gueto”, parecen ser menos notorios sus defectos, hasta que en su mayor parte pasan desapercibidos.

A más de 100 años de haber sido escritas las páginas de esta obra, conservan su vitalidad. Lo mejor que cada personaje de Zangwill tiene en sí, surge a través de su estilo, como dije, por momentos denso, y nos convence de su palpitante y renovada realidad.

Verosímil

Por sobre todas las cosas, los primeros lectores de Zangwill debieron haberse sentido impresionados por su autenticidad. En lugar de presentar caricaturas al estilo de “Punch” (publicación humorística inglesa), o santos de yeso como en “Daniel Deronda”, Zangwill trató de dar a conocer seres humanos verosímiles, tentativa en la que tuvo mucho éxito.

Era más fácil, por así decirlo, obtener una carta de ciudadanía en la vida real que en la literatura. Transplantado a las tradiciones eternamente extrañas de la ficción inglesa, el mundo del “maguid” (predicador), o del “jasid” (devoto), tendió a hacerse ininteligible, mientras que el mundo del “shadján” (casamentero) y del “badján” (bufón, especialmente de casamientos), aparecían como algo sencillamente pintoresco. Sin embargo, Zangwill se esforzó por ser algo más que un pintor de escenas de estilo exótico.

Historia y religión

Creo que hay dos razones que explican este éxito. En primer lugar el escritor había desarrollado un fuerte sentido de la historia y en particular el papel principal que ocupaba la religión en la vida de los judíos, sin la cual las características más superficiales del “Gueto” virtualmente carecerían de sentido.

A pesar de sus propios puntos de vista emancipadores, no se desconcertó ante la idea de la ortodoxia. Algunas de sus mejores páginas están dedicadas a los “Hijos de la Alianza”, una minúscula congregación ortodoxa, “alegremente tallada bajo la rueda del ritualismo, que gira perpetuamente”.

Ellos le causan gracia y quizás algunas veces se siente agraviado por sus actitudes, pero por sobre todas las cosas comprende la intensidad apasionada que los sostiene, y que a la vez les ilumina su vida interior.

En comparación con los “Hijos de la Alianza”, la mayor parte de sus otros personajes son fláccidos, pero aun así se mueve en un mundo delineado por la costumbre y el exceso de formalidades.

Me parece justo destacar que Zangwill, ha asignado la importancia que corresponde -ni excesiva ni escasa- a la parte que la religión ha venido a desempeñar en el Gueto, mientras que su alusión a las prácticas religiosas, no es fingida, sino enteramente natural.

Gente común

Su segunda fuente de inspiración consiste en que siempre estuvo preparado para dedicar la mayor parte de su tiempo a escribir acerca de la gente común. La extrema pobreza en la que se desenvolvió su propia niñez y su total falta de esnobismo en la edad adulta, lo capacitaron para escribir acerca de la gente muy pobre, con tanta franqueza, como cuando se refiere a los judíos extremadamente ortodoxos.

A pesar de que su relato de las tiendas donde venden golosinas, así como de los dispensarios en que entregan alimentos a los pobres está un tanto expurgado, es sin embargo lo bastante convincente, mientras que su objetivo más importante, fue hacer ver toda la humanidad que se oculta bajo las frías estadísticas de la época, relativa a los “extranjeros indigentes”.

Pero no se dejó llevar por la suposición de que la mayoría de los judíos parecemos más heroicos de lo que realmente somos.

Esther Anshell

Hay una escena memorable en la que la heroína, Esther Anshell, regresa al Whitechapel (barrio característico judío en Londres durante mediados del siglo XIX hasta mediados del siglo XX), luego de una ausencia de diez años encuentra a Malka, la prima de su madre, todavía fomentando viejos disgustos familiares. Luego se dirige a su habitación y comprueba que todas las cosas están donde las había dejado y por último llega a la conclusión de que su vida no se vio afectada por ninguno de los “grandes acontecimientos ocurridos en una pródiga década de la historia europea”.

En cuestión de minutos se abrieron nuevamente todas las heridas de la familia, porque tal como lo explica Zangwill “todo envejece y poca gente progresa. Malka se encontraba dentro de la mayoría”.

La época

La acción de “Los Hijos del Gueto” se desarrolla en una época relativamente temprana antes que los judíos holandeses del barrio East End se vieran totalmente inundados por los inmigrantes que llegaron de Rusia. Fue aquella una época de gran agitación, por lo que el libro constituye un documento de considerable valor, en cuyas páginas desfilan testimonios gráficos originales del sionismo anterior a Herzl, así como la intranquilidad que existía en las clases obreras, el teatro “idish”, el periodismo del barrio Whitechapel, y muchos otros episodios de interés.

Whitechapel

Merced a las exactas y detalladas descripciones de Zangwill, casi podría reconstruirse el plano de Whitechapel. A veces se pasa por alto que una parte sustancial del libro no se refiere en modo alguno a East End, sino a Kensington, donde Esther había sido llevada a vivir con una familia pudiente a la que acompañaba.

Estos capítulos contienen algunos bosquejos ligeramente maliciosos y sumamente divertidos de la vida en el sector más acomodado de la clase media judía, que adoptó las costumbres inglesas, las cuales encierran un gran interés desde el punto de vista sociológico.

Comienzo de disolución

Por su elevado espíritu, “Los hijos del Gueto” es en esencia un libro triste. Aparece como relatando las penas y alegrías de una tradicional comunidad estrechamente unida, pero el propio Zangwill, considera simplemente que se ha ocupado de describir un mundo que ya había comenzado a disolverse.

El abismo que separa las generaciones es tan amplio, que a veces es imposible de llenar; la pobre Esther con sus dolores de cabeza y su melancolía, es como una aldea en medio de dos mundos, y apenas se le permite alcanzar el más tenue de los finales felices.

La salida más práctica que el escritor puede encontrar para varios de sus personajes principales, es hacer que migren a Estados Unidos, país que admiraba entusiastamente.

En realidad el libro fue originalmente escrito por la estimulación y motivación del juez Sulzberger para la Jewish Publication Society of America. El futuro de aquellos personajes que quedaron rezagados es más problemático y su solución quedó en el aire.

Otras obras

Sería erróneo suponer que Zangwill ha escrito un solo libro. Por ejemplo, los vívidos relatos que refiere en “Soñadores del Gueto” (1898), bien podrían servir de excelente introducción a una historia judía escrita para un niño imaginativo.

Uno de esos relatos, titulado “Jad Gadia” (un cabrito), cambió por completo la vida del distinguido poeta francés André Spire (1868-1966), convirtiéndolo al sionismo y llevándolo a fundar toda una escuela de poesía judeofrancesa. Asimismo, Zangwill ha escrito también otros libros dignos de leerse como por ejemplo “El rey de los Shnorers” (mendigos), en 1894 y “Fantasías italianas”, de temática universal. Fue también un dramaturgo muy exitoso de vena humorística.

Sin embargo el renombre de Zangwill como escritor debe descansar en “Los hijos del Gueto”.

Opinión personal

Posiblemente una opinión personal tiene más valor que un piadoso homenaje con motivo del 85º aniversario de su fallecimiento: debo decir que cuando recientemente lo leí de nuevo, descubrí, que a pesar de sus “limitaciones” es un libro agradable, conmovedor y cautivante.

No se trata por cierto de un libro admirable, pero sí único, escrito con palabras que nacen del corazón y destinado a conservar definitivamente un aspecto significativo de la vida de los judíos de Inglaterra que no tiene precedentes y no volverán a repetirse.

Mientras exista curiosidad por averiguar el origen e historia de las fuerzas que contribuyeron a formarnos tal como somos, este libro de Zangwill debería siempre encontrar lectores.

Otros datos

El personaje que hoy nos ocupa nació y falleció en Inglaterra (1864-1926), hijo de inmigrantes recién llegados de la Rusia zarista. Es considerado el padre de la literatura judía inglesa. Infundió el conocimiento del judaísmo en la colectividad judía de Gran Bretaña y despertó su interés por los problemas de los judíos de otros países.

Asimismo, Israel Zangwill cumplió un papel importante en la promoción del movimiento “Jibat Tzión” (amantes de Sión) y del sionismo en Gran Bretaña. Al rechazar la Organización Sionista Mundial, el “Plan Uganda”, Zangwill se retiró de la misma y fundó la Organización Territorialista Judía (1905-1917), que buscaba un país de refugio en cualquier lugar para las masas de judíos forzados a emigrar de Europa Oriental.

Luego de la “Declaración Balfour” (1917), Zangwill retornó al Movimiento Sionista.
 
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