Inicio
 
Eugenia Sacerdote de Lustig cumplió 100 años Imprimir E-Mail
jueves, 09 de diciembre de 2010
"En mí adolescencia, estudiar ciencia era para los varones. Las mujeres nos preparábamos en el Liceo Femenino que nos formaba en idiomas, historia y literatura. También en confeccionar primorosos ajuares de bebé que siempre me salían defectuosos y me colocaban al borde de desaprobar manualidades".


Eugenia Sacerdote de Lustig nació el 9 de noviembre de 1910 en Turín. Tuvo que engañar a su madre diciendo que estudiaría matemática cuando en realidad se había inscripto en Medicina, en Italia. Las leyes antisemitas impuestas por Mussolini la obligaron a emigrar junto con su familia a la Argentina donde se destacó por sus investigaciones en histología. Afectuosa, optimista, cálida, con una energía que le hace gambetas a su casi ceguera, relata su conmovedora historia de vida y actividad científica.

Del Liceo Femenino a doctora en Medicina

No fue fácil para Eugenia (del griego bien nacida como se ocupó de inculcarle su padre) ser mujer, judía y querer ser científica durante la Italia fascista. La primera dificultad que tuvo que enfrentar fue anhelar obtener el título del liceo científico, el único que permitía el ingreso a la facultad.

Con su prima Rita habían decidido seguir la carrera de medicina para lo que debían prepararse en latín, griego, matemática, física, química y filosofía. Le dedicaron 12 horas por día durante un año al estudio de estas disciplinas bajo la tutoría de un riguroso profesor que aceptó enseñarles. El esfuerzo dio sus frutos y luego de aprobar exigentes exámenes escritos y orales lograron el objetivo.

Eugenia prefirió decirle a su familia que estudiaba matemática, seguramente una carrera que le pareció sería menos preocupante para su madre, viuda desde muy joven y responsable de su crianza junto con dos hermanos varones mayores. Y expresó: "Pero, finalmente, cuando un día vio que traía a mi casa huesos humanos para estudiarlos tuve que decirle la verdad a mi madre quien poco a poco lo digirió",

Superar el primer año de la carrera fue un desafío de género. Eran 4 mujeres entre 500 varones, quienes les gastaban todo tipo de bromas pesadas para disuadirlas de su pretensión. Pero Eugenia y Rita no se amilanaron y para evitar las golpizas varias, tirones de pelo, robo de sombreros y de abrigos a que eran sometidas antes de entrar al aula lograron que el portero las dejara ingresar por una puerta trasera de modo de estar ya estaban sentadas en sus lugares cuando llegaba el profesor.

"Después mejoró un poco el trato hasta que finalmente completé la carrera y tuve que defender mi tesis doctoral..¡llevando una blusa, que me prestó una amiga, oscura y con el distintivo fascista!¡Fue la única manera de poder rendirla!", se exalta aún al recordarlo.

Alcanzó a trabajar muy poco en clínica médica. Un día entró un ciclista que se había caído y lastimado, la miró y le dijo: "¿Puede llamar a un médico de verdad?". No podía creer que ella fuese médica. "Así era la idea pública de la mujer. Era una mentalidad muy difícil de vencer. La guerra cambió todo: cuando se dieron cuenta de que las mujeres debían ocupar el lugar de los hombres vieron la importancia que podían tener.

Al año que se recibió, Mussolini comenzó con las leyes raciales y como judía no pudo ejercer más en Italia su flamante profesión.


De los Alpes al Río de la Plata

Se casó con Maurizio Lustig, un ingeniero que trabajaba para la empresa Pirelli.

En el Instituto Internacional de la Alta Montaña, situado en el Monte Rosa de los Alpes que dependía de la Cátedra de Fisiología de la Universidad de Turín. Eugenia

estudió el efecto sobre el organismo humano de la falta de oxígeno ocasionada por la altura., tema que inquietaba a la aeronáutica italiana.

Maurizio vivía en Roma y era primo del director de este Instituto y en unas vacaciones de verano fue a visitarlo. La encargada de hacer el recorrido por las instalaciones fue Eugenia. "Me preguntó sobre todo a tal punto que me hizo comentarle al director ¡cómo se interesó este muchacho por lo que hacemos!". Al poco tiempo "el preguntón" la fue a visitar a su casa, comenzaron a ser novios y se casaron.

En 1939, cuando su primogénita Livia tenía un año, los dirigentes de Pirelli se vieron obligados a despedir al ingeniero Lustig por ser judío. Luego le dieron la oportunidad de radicarse. en Sao Paulo donde tenían una fábrica ya funcionando. “Así que él se fue para Brasil y Eugenia viajó a Buenos Aires con una beba sin conocer a nadie, sin poder hacer nada, sin saber español, ignorando qué sería de mi madre y hermanos...", relata conmovida.

Todo lo que sabía de su esposo era su dirección.en Sao Paulo por un telegrama que le envió. Luego viajó a Brasil a reunirse con su marido. Aproximadamente al año y medio de estar allí llegaron a Buenos Aires las maquinarias que enviaba Pirelli, pero desde Estados Unidos, ya que la guerra se había extendido. El matrimonio, ahora con dos hijos ya que había nacido su primer hijo varón, regresó a nuestro país.


Su especialidad: el cultivo "in vitro" de células

Comenzó a ir a la biblioteca de la Facultad de Medicina, que en ese entonces estaba donde se encuentra ahora la Facultad de Ciencias Económicas. Luego se ofreció para investigar sobre histología..

"Si bien el profesor a cargo de la cátedra de Histología no se interesó para nada con mi especialidad que es el cultivo de células en vivo, porque aquí todavía no se conocía, me ofreció una mesa y una silla para que trabajara. Pero la observación de estos materiales debía hacerlo en un medio estéril. Así que como pude me preparé una cajita que cumplía con estas condiciones para tener material para trabajar compraba una gallina, le sacaba sangre del ala, y con este suero investigaba", explica Eugenia.

A los dos años aproximadamente se terminó de construir el nuevo edifico de la Facultad de Medicina y la Cátedra de Histología Embriológica. Ahora ya Lustig estaba instalada en un lugar nuevo y limpio pero su único estipendio continuaba siendo el remanente de un subsidio que recibía la Cátedra para reponer la vidriería. "Yo cuidaba que no se rompiera nada así me quedaba ese dinero", cuenta. Pero fue a partir de entonces que pudo conocer a los profesores Houssay, De Robertis, Mendez, algunos de los más destacados especialistas en el estudio de los tejidos humanos y debido a que un asistente del grupo emigró a los Estados Unidos obtuvo un contrato que le permitió cobrar su primer sueldo.

En 1947 Juan Domingo Perón echó de la cátedra a Bernardo Houssay y por solidaridad renunciaron todos los miembros del equipo. "En su reemplazo enviaron a un profesor que le llamaban Flor de Ceibo porque llegaba, daba su materia y se retiraba. No se interesaba por nada, ni por los materiales que se preparaban ni por quiénes trabajaban en la cátedra. Además, yo no podía ni hablar porque si se daban cuenta de que era extranjera corría el riesgo de que me expulsaran del país", reconoce angustiada.

Su salvación llegó de la mano del Dr. Brachetto Brian, Director del Instituto de Oncología Roffo quien le propuso trabajar con él investigando el cáncer. "Quería saber cómo se dividían las células tumorales. Si eran varios núcleos o si era el mismo núcleo el que se dividía. Así comenzó su tarea de investigadora en el área de investigación básica en oncología de este Instituto donde continuó hasta el año 2000".

Y una anécdota aparece en el recuerdo. "Yo necesitaba más espacio para trabajar y había un cuarto al lado de mi laboratorio que me hubiera venido muy bien pero estaba cerrado y nadie podía entrar allí. En esa habitación estaba encerrada una caja fuerte, de la que se había perdido la llave, que tenía en su interior un cristal radiactivo que Madame Curie le había regalado al Dr. Roffo cuando vino invitada por él a dar una conferencia en Buenos Aires. Tuvimos que buscar en la cárcel a un ladrón experto en abrir cajas fuertes para extraer el cristal que se llevó la Comisión de Energía Atómica, previa eliminación las radiaciones del lugar". Es el laboratorio que sigue en pie hasta hoy.

En 1950 el Director de la Sección de Virología del Instituto Malbrán, el Dr. Armando Parodi, quien venía de especializarse en virus en Estados Unidos, la interesó para crear un Departamento de Bacteriología para estudiar estos microorganismos de los que recién se comenzaba a hablar. Él sabía que para estudiar los virus se necesitaba hacerlo con células vivas, tarea en la que la Dra. Lustig había sido pionera en la Argentina.

"Entonces comencé a trabajar hasta al mediodía en el Roffo, luego me iba a mi casa a darle de mamar a mi tercer hijo, Mauro, quien era recién nacido. A las 2 de la tarde la pasaba a buscar el Dr. Parodi e íban para el Malbrán", dice. Por ese entonces Eugenia no sabía nada sobre virus pero buscó libros, estudió todo lo que pudo y montó allí la Sección de Cultivos de Tejidos. "Tuve que inventar la virología", reconoce.

Al cabo de un tiempo a Parodi le ofrecieron un importante cargo público en Montevideo y se fue para Uruguay. Por lo que quedó únicamente en manos de la Dra. Lustig todo el Departamento de Histología del Instituto Malbrán.

Cuando en 1952 comenzó en nuestro país la terrible epidemia de poliomielitis la investigadora estaba de vacaciones en Pinamar y el Ministro de Salud Pública la mandó llamar urgente. La epidemia avanzaba a un paso alarmante. No existía la vacuna y había que realizar entre 60 ó 70 diagnósticos por día.

"La desgracia es que el virus de la poliomielitis crece solamente sobre célula humana o sobre célula del mono rhesus que se encuentra en la India, aquí no hay. Por lo que la única forma de poder hacer diagnóstico de todos los enfermos que me llegaban diariamente era sobre tejido humano. ¿Qué podía hacer? Se me ocurrió recurrir a los restos de abortos que pudiera haber en las maternidades. A la mañana las recorría y en las heladeras algo encontraba. Llevaba un frasco grande estéril y colocaba estos trozos”. Luego rápidamente, manejando su coche transportando restos humanos al Malbrán. Allí cultivába in vitro estas células fetales que al día siguiente ya habían crecido lo suficiente como para poder ponerlas en contacto con el material a investigar y en 24 ó 48 horas dar un diagnóstico preciso".

"Tenía un miedo terrible de infectarme yo y que se infectara todo el personal. Cada día trabajaba hasta medianoche con mi técnica, Catalina,” Cuando terminaban ponían todo el material que habían usado en el jardín del Malbrán, le echaban nafta y prendían fuego, porque temían que a la mañana siguiente la persona que iba a limpiar tocara algo y se infectara. Tan grande era el miedo que al fin decidió mandar a sus hijos a Montevideo por seis meses, donde un primo lejano aceptó recibirlos. Ella viajaba a verlos cada sábado en avión y volvía el domingo a la noche.

Poco después se oyeron las primeras alentadoras noticias de la vacuna Salk. Eugenia fue becada por la OMS junto con investigadores de distintas partes del mundo para ir a Estados Unidos y Canadá, a estudiar los efectos de esa vacuna.

En aquel viaje logró encontrarse por unas horas con su prima Rita Levi Montalcini, su compañera de estudios de medicina en Turín a quien llevaba catorce años sin ver.

A su regreso, Lustig impulsó el uso de la vacuna Salk. Si bien aún no había sido autorizada por el Ministerio de Salud, decidió vacunar a sus propios hijos para dar el ejemplo y ella misma se la aplicó a los primeros chicos que se acercaron al Malbrán. Tiempo después, y ya hacia el final de la epidemia, un enfrentamiento gremial terminó con su trabajo allí; había caído Perón.


La noche de los bastones largos

Lustig pudo recién hacer reconocer su título durante el gobierno del Dr. Arturo Frondizi cuando su hermano, Risieri Frondizi, a la sazón rector de la Universidad de Buenos Aires renovó en 1957 los concursos y pudo presentarse para la cátedra de Biología Celular en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, aunque no había revalidado su título. Ganó el concurso y al día siguiente recibió en su casa el diploma italiano que había presentado, con el agregado: "Se reconoce el título".

Su carrera académica terminó de manera drástica. Fue el 29 de julio de 1966, en la fatídica noche de los bastones largos, cuando asumió el gobierno el general Onganía. Vio cuando llevaban a todos los profesores, a Sadosky, a Rolando García. Ella se salvó de ser detenida porque había ido a hablar por teléfono fuera de la Facultad de Ciencias Exactas. Luego de este episodio renunció.

Siguió trabajando en el Roffo como investigadora del Conicet luego de ser convocada por el Dr. Houssay y donde recorrió toda la carrera durante cuarenta años hasta ser nombrada investigadora emérita.

En 1970 murió Maurizio. Fue un golpe difícil de asimilar para Eugenia en un momento en que dos de sus hijos ya habían partido. Poco después, sin embargo, volvió a trabajar en el Roffo y ganó un concurso recién creado para el Departamento de Investigación Oncológica.

Eugenia Sacerdote trabajó hasta que sus ojos se lo permitieron. Hasta hace poco estuvo investigando sobre la relación del Mal de Alzheimer y el cáncer. “Escribí muchos artículos, recibí varios premios, pero nunca me gustó hablar de honores”, termina diciendo Eugenia Sacerdote de Lustig.
 
< Anterior   Siguiente >

Ediciones

Edicion 4524
9 de mayo de 2014
22 de febrero de 2013
31 de agosto de 2012
14 de agosto de 2012
10 de agosto de 2012
31 de julio de 102
13 de julio de 2012
20 de junio de 2012
2 de junio de 2012
25 de mayo de 2012
11 de mayo de 2012
22 de abril de 2012
6 de abril de 2012
16 de marzo de 2012
24 de Febrero de 2012
27 de enero de 2012
30 de diciembre de 2011
16 de diciembre de 2011
25 de noviembre de 2011
11 de noviembre de 2011
21 de octubre de 2011
23 de septiembre de 2011
26 de agosto de 2011
05 de agosto de 2011
22 de julio de 2011
8 de julio de 2011
24 de junio de 2011
10 de junio de 2011
27 de mayo de 2011
13 de mayo de 2011
30 de noviembre de 2010
15 de noviembre de 2010
1 de octubre de 2010
17 de setiembre de 2010
3 de setiembre de 2010
20 de agosto de 2010
9 de julio de 2010
25 de junio de 2010
11 de junio de 2010
28 de mayo de 2010
14 de mayo de 2010
30 de abril de 2010
16 de abril de 2010
2 de abril de 2010
19 de marzo de 2010
5 de marzo de 2010
19 de febrero de 2010
22 de enero de 2010
8 de enero de 2010
25 de diciembre de 2009
11 de diciembre de 2009
27 de Noviembre de 2009
13 de noviembre de 2009
30 de octubre de 2009
16 de octubre de 2009
2 de octubre de 2009
18 de setiembre de 2009
4 de setiembre de 2009
21 de agosto de 2009
7 de agosto de 2009
24 de julio de 2009
10 de julio de 2009
26 de junio de 2009
12 de junio de 2009
29 de mayo de 2009
15 de mayo de 2009
1 de mayo de 2009
17 de abril de 2009
3 de abril de 2009
13 de marzo de 2009
27 de febrero de 2009
13 de febrero de 2009
30 de enero de 2009
19 de diciembre de 2008
12 de diciembre de 2008
5 de diciembre de 2008
21 de noviembre de 2008
14 de noviembre de 2008
7 de noviembre de 2008
31 de octubre de 2008
24 de octubre de 2008
17 de octubre de 2008
26 de setiembre de 2008
19 de setiembre de 2008
12 de setiembre de 2008
5 de setiembre de 2008
29 de agosto de 2008
15 de agosto de 2008
8 de agosto de 2008
1 de agosto de 2008
25 de julio de 2008
18 de julio de 2008
4 de julio de 2008
27 de junio de 2008
20 de junio de 2008
6 de junio de 2008
30 de mayo de 2008
23 de mayo de 2008
16 de mayo de 2008
9 de mayo de 2008
2 de mayo de 2008
18 de abril de 2008
11 de abril de 2008
4 de abril de 2008
28 de marzo de 2009
21 de marzo de 2008
14 de marzo de 2008
7 de marzo de 2008
22 de febrero de 2008
15 de febrero de 2008
8 de febrero de 2008
1 de febrero de 2008
18 de enero de 2008
11 de enero de 2008
4 de enero de 2008
21 de diciembre de 2007
14 de diciembre de 2007
7 de diciembre 2007
30 de noviembre de 2007
23 de noviembre de 2007
16 de noviembre de 2007
9 de noviembre de 2007
2 de noiembre de 2007
26 de octubre de 2007
19 de octubre de 2007
12 de octubre de 2007
28 de setiembre de 2007
21 de setiembre de 2007
7 de Setiembre de 2007
31 de Agosto de 2007
24 de agosto de 2007
17 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
27 de julio de 2007
20 de julio de 2007
13 de julio de 2007
6 de julio de 2007
29 de junio de 2007
15 de junio de 2007
8 de junio de 2008
1 de junio de 2007
25 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007

© 2018 Mundo Israelita