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Nuestro título de propiedad sobre Israel es la Biblia Imprimir E-Mail
martes, 29 de junio de 2010
Por Rajel Hendler
(Especial, desde Israel)

Comenzaremos con unos antecedentes históricos que creemos fuente de su creación y de su crecimiento y evolución. Citaremos a tres figuras, a tres pensadores forjadores del pensamiento, del pensamiento judío, los que, a mi parecer, contemporáneos de nuestra historia sionista, configuran casi un proceso hegeliano de síntesis histórica sobre qué es el Sionismo.


En los albores del siglo XIX sopla un nuevo espíritu entre los historiadores judíos, marcados por el despertar del sentimiento nacional de la conciencia judía. Su primer representante es Simón Dubnov (1860-1941). Su Historia Universal en diez volúmenes se publica primero en ruso en 1925. Para Dubnov el factor determinante de la historia judía es la vocación nacional. Esto es lo que lleva al pueblo judío a vivir su propia vida dentro de los círculos sociales culturales en que se desarrollan. Se basa en el principio de aislamiento y selección. Autonomismo, o sea que se cree que puede existir una minoría cultural autónoma, dentro de otras culturas mayoritarias. No llegó a rectificarse porque murió en un campo de concentración.

A su vez Ajad Haam (Asher Guinsburg, “Uno del pueblo”), pensador judío nacido en Ucrania a mediados del siglo XIX y fallecido en 1927, considera el autonomismo de Dubnov como una utopía. No confía en la conquista de derechos nacionales efectivos en la diáspora. Sus artículos constituyen una amalgama de diversas teorías nacionalistas, basadas en un idealismo práctico. Para Ajad Haam el pueblo es una encarnación psico-histórica formada por recuerdos nostálgicos de un destino común. Palestina debe ser el centro cultural, no solamente el Hogar Nacional Judío. Ajad Haam es el precursor del sionismo cultural.

Y llegamos al forjador, creador del concepto estatal, a Herzl, como respuesta, como síntesis real ante los cuestionamientos conceptuales, ideológicos, nuevas corrientes actuales y a lo largo de la historia. Dijo Herzl en su obra “El Estado Judío”: “Palestina es nuestra patria histórica inolvidable. El solo verla, oírla, nombrarla, constituye para nuestro pueblo un llamado conmovedor. Para Europa, para el mundo, constituiremos la vanguardia de la cultura en su lucha contra la barbarie”.

“Los judíos que lo quieran tendrán un Estado. Hemos de vivir como hombres libres y lo que allí lograremos en nuestra propia tierra, como hombres libres, será en beneficio nuestro, una obra poderosa, que felizmente será en beneficio de la humanidad toda”.

Ernesto Renán afirma: “La Filosofía de la Historia es una creación del pensamiento judío y en cierto sentido la versión última de los profetas”. “Sin el monoteísmo y su meta mesiánica la historia no tendría sentido ético”.

Volveremos a la actualidad y luego retrocederemos a los orígenes de nuestra historia, al Génesis. En una clase en la Mijlalá del Emek, dependiente de la Universidad de Haifa, a la cual asistía, elegí uno de los cursos titulado: “Eretz Israel, historia, religión, filosofía”, dictado por el profesor Miki Jadad. Volví a ser alumna, alumna de la Tercera Edad.

En una de sus exposiciones, el profesor afirmó: “El título de propiedad de los judíos sobre Israel es la Biblia”. Ahora, que llegamos al año 62 de nuestro Estado de Israel, este documento tiene especial significación y fuerza.

Es cierto; nuestra actual Independencia, su proclamación, comienza según el calendario civil el 14 de mayo de 1948. Pero nuestros derechos a esta tierra se remontan a miles de años. Su fundamento fue la Biblia y lo sigue siendo, a pesar de los altibajos y peripecias de la historia.

Al respecto recordé una clase que dicté en el Seminario de Maestras Normalistas que ejercían en las escuelas integrales judías, a las que se complementaban estudios judaicos, donde yo dictaba Historia Judía. Reviví un momento en ese Seminario, en la calle Ayacucho, quinto piso, cuando una alumna me preguntó: “¿Por qué se llamó Israel al Estado Judío en el año 1948?”

Hoy recurrí a mi fichero de aquellas clases que conservo y encontré la respuesta que le di entonces y que es vigente a pesar de todos los vaivenes políticos atravesados: Israel es el nombre que Dios mismo dio a su pueblo, a su pueblo elegido reiterando el pacto con Abraham sobre la tierra prometida. En Génesis cap. 32/22 leemos: “Y Iaacov durmió en Majanaim cuando esperaba a su hermano Esaú. En sueños se le presentó y luchó con un ángel, lo vence y el ángel le dice: `No será más tu nombre Iaacov, será Israel porque has luchado con Dios y con los hombres y has vencido”'.

En Génesis (cap 35 vers. del 9 al 15): Dios reitera su promesa y el nombre Israel y agrega:…. “Yo soy el Dios Omnipotente. Crece y multiplícate. Una nación, conjunto de naciones, procederán de tí…. La tierra que he dado a Isaac la daré a tí y a tus descendientes”. O sea que Dios llamó a su pueblo elegido para la tierra prometida Israel. Así lo confirma la Biblia.

Tierra y Pueblo constituyen una unidad indiscutible en el tiempo y en el espacio. “He aquí; yo estoy contigo y te guardaré por donde quiera que fueres y volveré a traerte a tu tierra”. Esta es la promesa.

Esta fue la respuesta que le di a mi alumna en 1970, creo, en Buenos Aires. Y es notable como esta definición escuchada en Israel me reunió con mi alumna de ayer que me formuló la pregunta.

Y siguiendo un tanto el orden cronológico de los diferentes éxodos que sufrió el pueblo judío, la vuelta a nuestra tierra prometida, la creación y proclamación del Estado Judío son testimonio de nuestros derechos históricos.

A lo largo de los siglos hasta nuestros días otros exilios han ensombrecido la vida judía. Grandes tributos de vidas y lágrimas han sido pagados hasta llegar nuevamente al cumplimiento de “las promesas futuras” de salvación del cap. 33 de Jeremías: “En las calles desoladas de Jerusalén aún han de oírse voces de alborozo y alegría, en las ciudades de la llanura, en los campos del Néguev, en el país de Biniamín, en las ciudades de Judea ha de pastar el ganado”.

Lo citado como testimonio de nuestros derechos históricos de propiedad sobre Israel, desde el Génesis, sirve ampliamente para extraer consecuencias, confirmar ideas y puntos de vista también en el orden político, sociológico, nacional y afianzar nuestra responsabilidad por la patria rediviva, por el Estado de Israel, cuyo cumpleaños festejamos y honramos.

Apretemos filas, unámonos y sintámonos seguros en nuestras creencias y en la razón de nuestra lucha, apoyándonos en la síntesis de belleza, bondad, justicia y moral, gracia suprema que es el Libro de los Libros, que debe seguir siendo nuestro guía y maestro, el Libro de los Libros, la Torá.

Finalmente, nos preguntamos: ¿Sabremos conservar fiel y lealmente lo que conquistamos, lo que es nuestro? ¿No cederemos bajo distintas presiones? ¿Lograremos la paz y la concordia externa e interna? Que así sea. Oremos y luchemos por lograrlo y velar por lo que conseguimos.
 
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