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A 100 años de Tel Aviv Imprimir E-Mail
domingo, 08 de noviembre de 2009
Recordando a Abraham Mibashan, un hombre que nos honró a todos
Por Moshé Korin

Abraham Mibashan Z"L nació en Rumania en 1890, y falleció en 1960. En él convivían el “jéder” (escuela elemental religiosa) y la Universidad, el palacio y la casa de campo, el idish y las modernas lenguas cosmopolitas. Rabino y profesor, ganó el admirado respeto de todos por la tradición como por las ciencias y las artes.

Judío mundano y eminente personalidad, en cada una de sus facetas irradió saber y justicia, embelleciendo su vida y la de la comunidad. Educado y paciente, su espíritu conciliador siempre le exigía mayor esfuerzo en la comprensión.
Creía en el poder de la palabra y que toda confrontación debía arrojar una conclusión clara. Pero antes que nada, su óptica era la de unir las posturas, demostrando que siempre eran reconciliables


El “leit motiv”

En el Dr. Mibashan —uno de los más pacientes y educados judíos de nuestro “ishuv”— convivían su etnicidad rumana, el encanto del gregarismo judío y la elegancia del aristócrata europeo.

Pero antes que nada, fue un incansable “askán”.

Un activista hecho y derecho, un hombre que hizo de la actividad comunitaria su “leit motiv”.

Por todo ello, y el enorme significado que ha tenido para nuestra comunidad, lo honramos aquí con el recuerdo y el cariño que su figura despierta.

Cada judío de la Argentina que lo conoció, lo sigue teniendo en un lugar privilegiado de su corazón.

Hace aproximadamente tres años nos visitó Sara Mibashan de Spinrad, médica argentina que reside en Tel Aviv, y que llegó a nuestro país con su marido y sus tres jos israelíes. Vino a reencontrarse con la Argentina natal y para hacerle conocer su país a los suyos. Amigos en común –Alicia y Salvador Benmergui– me pidieron que desde el Departamento de Cultura yo les hiciera conocer la AMIA, tarea de la que personalmente me encargué. Dialogando con Sara, ella me hizo recordar a su padre y a su abuelo. He tratado a su padre Asher, quien hizo su “aliá” hará más de dos décadas y falleció hace aproximadamente cinco años.

Y, hablando con ella me reencontré con aquellos años de mi niñez y de mi juventud en que estuve frente a su abuelo Abraham Mibashan, afamado líder comunitario, ejemplo y modelo de nuestro “ishuv” (comunidad), el hombre conciliador “par excellence” de la comunidad de su tiempo. Volví a ese hombre aristocrático y sencillo a un tiempo. Una persona de elegantes maneras, deudoras de su majestuosa presencia, verdadero “embajador” de facto. Supo también complementar su personalidad con el siempre cálido y vigoroso saludo fraterno, en el que nos devolvía con simpleza el ser uno más en el "ishuv".


Salón y calle

Abraham Mibashan era un líder para el salón y para la calle. En un mundillo judío que ya era duro y desposeído de ternura (aunque en relación a hoy –un paraíso), él no sólo aportó los buenos modales, la presencia altiva y la imagen señorial, sino que supo regalarnos su amistad, su afecto, su entrega.

Su elegancia sólo adornaba su ternura, mientras su actitud refinada acompañaba al gesto preocupado por la suerte comunitaria. Y su vistosa etiqueta no fue nunca jactancia, sino que por el contrario fue llevada con naturalidad, como acostumbran los grandes. Algo que lo asemejaba también al ilustre Theodor Herzl, al igual que su vocación de periodista y hombre de letras. Por todas estas razones, estimo oportuno hacer un breve repaso de la vida y la obra de este hombre que fue motivo de orgullo de nuestro “ishuv”.


De Rumania a Tel Aviv

Abraham Mibashan nació en Rumania en 1890. Su padre, Menajem Mendl Mibashan fue un escritor y ferviente sionista, que se instaló en Jerusalem y murió en Atlit a mediados de la década del cuarenta. Fue también un reconocido traductor, habiendo sido el traductor al hebreo de la novela italiana “Corazón”, de Edmundo de Amicis. Es decir que Abraham ha tenido en su hogar muy encendida la antorcha judía, sionista y de la pluma literaria.

En su país natal, Abraham cursó los estudios primarios y secundarios, trasladándose a Berlín para graduarse allí con un Doctorado en Filosofía. En 1913, a los veintitrés años de edad, se casa con Rosa Rosenblatt. Su primogénito, Asher, nació en 1914 y poco más tarde, la familia hace “aliá” a Eretz Israel. Una vez aquí, dado el estallido de la Primera Guerra Mundial, en la que Rumania estaba en el bando opuesto a Turquía —potencia dominante en Palestina—, Abraham se establece en la recién fundada Tel Aviv (nacida como barrio de Iafo en 1909), mientras que Rosa se debe ir con el bebé a Rumania. Tiempo más tarde ambos se reencuentran, instalándose en Zurich, Suiza.

Es allí donde Abraham Mibashan comienza su carrera como periodista, ocupándose de los temas del Medio Oriente en su columna del diario “Neue Züricher Zeitung” (Nuevo Diario de Zurich).

Concluida la guerra mundial, la familia Mibashan regresa a Eretz Israel, donde Abraham y Rosa tienen un segundo niño, varoncito al que llaman Aviv en homenaje a la ciudad que los acogía, Tel Aviv. Pero el bebé falleció a los pocos meses, víctima de la disentería.
Censor y "Sheliaj"

En tiempos que el Alcalde de Tel Aviv era Meir Dizengoff —como sabemos una de las principales arterias de la ciudad lleva hoy su nombre–, Abraham Mibashan fue Secretario del Municipio de Tel Aviv. Por su elevado conocimiento de varios idiomas, fue condecorado por las autoridades del Mandato Británico, siendo asimismo nombrado Censor. A su vez, Dizengoff lo designó para tratar con los británicos el tema de la seguridad municipal; Mibashan es también creador de la Policía de Tel Aviv.

En 1923 nace su hija Noemí; su hijo Asher cursa estudios en el Gimnasio “Herzlía” de Tel Aviv, el más célebre secundario de Israel en los tiempos previos a la “Mediná” (el Estado).

Es en 1923 que con el cambio de funcionarios en el Municipio, a Mibashan se lo designa como “shelíaj” (enviado) a Rumania, para organizar allí la actividad sionista. Desempeña una muy eficaz tarea en el Keren Hayesod (Campaña Unida), a la que se dedica íntegramente y obtiene importantes resultados.


En Buenos Aires

Es en 1936 —hace exactamente setenta y tres años— que con el afán de impulsar y organizar la actividad sionista en la Argentina, llega a Buenos Aires Don Abraham Mibashan; arriba con su esposa e hija. Su hijo Asher se queda en Bucarest, para concluir sus estudios en el Politécnico; fue luego enrolado en el ejército rumano, logrando recién en 1940 un certificado que le permitiría ir a estudiar a Eretz Israel.

Con sus antecedentes como periodista, junto a la intensa actividad en carácter de “askán” (activista voluntario) y directivo comunitario, Abraham Mibashan se destaca por ser uno de los más fervientes impulsores en nuestra comunidad de la prensa y la literatura judaicas.


Editor

Así, funda la Editorial “Candelabro” orientada en la edición de libros de temática judaica. Con ella llegó a editar ochenta títulos, con más de doscientos mil ejemplares impresos. Al mismo tiempo, fue el editor periodístico de una revista fundamental, incluso para releerla hoy, en la que al recorrer sus páginas nos encontramos con escritos y, en especial, fotos muy significativos de la historia de nuestra colectividad, como de Medinat Israel.

Ésa es la revista “Eretz Israel”, con la cual difunde de manera práctica los intereses vitales de la ancestral Patria judía. Esta revista ilustrada, fue en su época la de mayor circulación en el “ishuv”.

En 1947 —luego de trece años de separación— llega a Buenos Aires su hijo Asher, quien se doctoró en Físico-Química en la Universidad Hebrea de Jerusalem. A su vez, su hija Noemí estudia Medicina, convirtiéndose luego en una muy reconocida psicoanalista en nuestro medio y a nivel internacional.

A todo esto, la actividad editorial de Abraham Mibashan dio a luz numerosos libros relativos a distintos aspectos de la vida judía, tanto en la lucha heroica en los guetos y en los bosques de Europa frente a la brutal persecución nazi, como en la construcción y el levantamiento de Medinat Israel. Y a través de la lengua hispana, el Dr. Mibashan demostró la creatividad judaica en lenguas como el idish y el hebreo.
Componedor

Con la ecuanimidad y la generosidad que siempre lo caracterizaron, ejerció la Presidencia de la AMIA y del Vaad Hakehilot en los años 1955/1956. Fue también Presidente de la DAIA (1958/1959) y presidió en 1958 el Comité de Homenaje por el 10° Aniversario del Estado de Israel.

Cuando dos personas o dos grupos perdían la esperanza de poder arribar a un entendimiento, siempre era el Dr. Mibashan el componedor, el árbitro, el hombre que tenía la palabra justa para que unos y otros no se sintiesen defraudados con un fallo o una decisión. Con la misma simpleza y facilidad con que iba del idish a cualquier otra lengua, también se manejaba frente a los distintos sectores del mundillo judío. No tenía prejuicios ni preferencias, sintiéndose libre para decidir en cualquier contienda y sin importarle la pertenencia de los contendientes a uno u otro partido o institución. Lo mismo frente a personas de una u otra clase social, y frente a personas instruidas como frente a la gente simple. Su sola presencia infundía respeto. En sus discursos promovía el amor por autores y libros, escritores y artistas. Personalidad excepcional en el Movimiento Sionista, lo fue también en el ámbito de la cultura y el pensamiento judaicos. Abraham Mibashan fue un hombre dedicado a estimular obras, creaciones, logros. Y a promover las realizaciones de todo judío con inquietudes.


El adiós

Luego de enfermar poco tiempo después, falleció en 1960, a los setenta años de edad. Dejó en todos un imborrable recuerdo y un sendero a transitar. Luego, su viuda, Rosa, hizo “aliá”, lo mismo que sus hijos Asher y Nomi con sus respectivas familias; sólo David, hijo de Asher y hermano de Sara Mibashan,que había hecho aliá y recibió su título de psicología en la Univ.Hebrea de Jerusalem, en Canadá obtuvo un segundo título de doctorado, regresando a la Argentina donde reside actualmente en Buenos Aires. Rosa y su hijo Asher fallecieron a edades avanzadas. Noemí, que ha sido psicóloga-jefe de varios servicios de salud mental, sigue activa y muy pujante, rodeada del calor de sus hijas, de sus nietos y de una bisnieta.


Síntesis

Hoy evocamos al Dr. Mibashan porque estuvo entre los más inteligentes, ubicuos e instruidos judíos de su época, asentados en nuestro país. Cabe destacar que también este año, al conmemorarse el centenario de la fundación de la ciudad de Tel Aviv, se cumplieron 73 años de su arribo a la Argentina. Lo suyo no sólo constituyó una síntesis entre las distintas fuentes de judaísmo, sino también entre los distintos sectores del “ishuv” —incluyendo a ricos y a pobres; a los doctos y a la gente simple—. Con una postura de principios favorable a la expansión del idioma hebreo a partir del renacimiento del sionismo político, tuvo también gran afecto por la lengua idish, en la que disertaba y a la que conocía como pocos.

Siempre tuvo una palabra para quien la necesitara. Eruditos y profanos, devotos y laicos todos respetaban sus opiniones y juicios. A todos buscó, a nadie excluyó. Y para cada

uno disponía de un lugar en la vida judía.
 
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