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El Universo cumple años Imprimir E-Mail
lunes, 19 de octubre de 2009
Por Mario Eduardo Cohen (*)

Decía el poeta uruguayo, recientemente desaparecido, Mario Benedetti sobre la necesidad de hacer un alto en la vida cotidiana:   De vez en cuando hay que hacer /Una pausa / Contemplarse a sí mismo/ Sin la fruición cotidiana /Examinar el pasado, rubro por rubro / Etapa por etapa /Baldosa por baldosa /Y no llorarse las mentiras / Sino cantarse las verdades.

Es habitual que todo caminante, luego de haber avanzado un largo trecho, realice una parada, un alto en su camino. El peregrino suele tomar asiento y  mirar para atrás para ver la senda recorrida y reflexionar  sobre la que aún le falta recorrer.
Salvando grandes diferencias, la pausa del caminante halla su paralelo en el contenido espiritual de las Altas Fiestas Judías, que este año comenzaron el viernes 18 de setiembre  al anochecer con el Año Nuevo hebreo (por dos días)  y llegaron a su punto culminante en el Iom Kipur o Día del Perdón, el lunes 28 del mismo mes. Estas conmemoraciones son una oportunidad para el  hombre judío para repensar el futuro de la vida desde la ética, y permiten al ser humano revisar sus actos pasados en relación al Creador  y con los demás seres humanos con la voluntad de crecer y mejorar. Es que el futuro se arma necesariamente con la elaboración del pasado.

Lo acontecido y lo por acontecer se relacionan profundamente. Es muy conocida la frase popular que dice que ni siquiera Dios puede cambiar el pasado. Pero se cuenta que hace unos años, el rabino Joseph Soloveichik sorprendió y desconcertó totalmente a sus alumnos cuando les dijo que “el ser humano es el único en la creación que tiene la capacidad de rectificar el pasado”. Sus discípulos se quedaron atónitos. No salían de la perplejidad. No podían creer lo que habían oído del maestro. Luego Soloveichik serenó los ánimos y explicó sus palabras diciendo que la visión que tenemos sobre el pasado es absolutamente subjetiva y cambia en la medida en que cambiamos nuestra visión del presente. La intención de rectificar nuestras conductas éticas futuras modifica nuestra perspectiva del pasado.

Se ha escrito que las festividades judías tienen un sabor agridulce, a la vez  triste y alegre, el Año Nuevo y el Iom Kipur también lo tienen. Para los judíos argentinos, este año el sabor agrio será aún más marcado, por el sentimiento de impotencia ante la impunidad, luego de 15 años del atentado contra la AMIA y 17 años de la destrucción de la Embajada de Israel y el recuerdo permanente por las casi 130 víctimas fatales.  Recordación compartida por toda la sociedad argentina.

 

El tiempo es el corazón de la existencia.

Volviendo a lo permanente, las Altas Fiestas judías recuerdan el tiempo de la Creación, una especie de cumpleaños del Universo, es que los hechos relatados en el Génesis habrían ocurrido en esta época del año, y se relacionan con la idea de juicio. Nos proponen un balance del mayor capital que tiene cada ser humano: la vida. Cada minuto que vivimos es único e irrepetible, el tiempo es la materia más escasa y más vital. Es un buen momento para volver a reflexionar sobre el sentido de la existencia, un tiempo para repensar “el tiempo”. “¿Cabría preguntarse cuál es en el mundo de hoy el sentido del tiempo?” se cuestionaba hace algunos años el rabino Abraham I. Heschel (en el libro El Shabat y el hombre moderno), y se contestaba: “La civilización técnica es la conquista del espacio por el hombre. Es un triunfo frecuentemente logrado mediante el sacrificio de uno de los ingredientes esenciales de la existencia: el tiempo... Pero ‘tener más’ no significa ‘ser más’. El poder que alcanzamos en el mundo del espacio se detiene bruscamente ante los límites del tiempo. Mas el tiempo es el corazón de la existencia...”. Parafraseando a Heschel se podría decir que durante las Altas Fiestas hebreas, los judíos “somos llamados a participar en lo que hay de eterno en el tiempo y pasar de los resultados de la Creación al misterio de la Creación, del mundo de la Creación a la Creación del mundo...”.

 

¿Universal o particular?

Como es un hecho conocido, dado que hay un pasado común judeo-cristiano,  las más importantes festividades judías tienen su correlato temporal en las celebraciones cristianas –aunque con distintos significados-, (la Fiesta de las Luminarias con la Navidad; ambas Pascuas; Shavuot con el Pentecostés, etc.). No ocurre lo mismo con las Altas Fiestas judías que no tienen un paralelo en la misma época en el mundo cristiano. Nos preguntamos:¿Qué tienen estas festividades de universales y qué  tienen de particulares del pueblo judío?. Las Altas Fiestas Judías tienen un carácter profundamente universal porque convocan al sentido moral de la existencia humana, mientras que en su aspecto formal se manifiestan como una expresión del pueblo judío. La forma y el rito es hebreo, el contenido es  para todos los tiempos. Otras creencias religiosas expresan estos sentimientos de otras formas y en otros momentos del año.

Para concluir, en nuestra lengua la expresión “ser humano” está formada por dos voces y se trata de un solo concepto que contiene en su composición el verbo “ser”, lo que indica que esta acción se puede alcanzar o se puede perder. La semántica coincide en este caso con la filosofía basal de las Altas Fiestas hebreas, al transmitirnos la idea de que la condición humana no nos es dada, sino que se trata de un ideal a alcanzar en cada día de nuestra vida y sólo a partir de considerar al prójimo como la persona que nos da una razón de ser a nuestra existencia. En las palabras del filosofo judío Emmanuel Levinas: “Yo no soy el otro, pero no puedo ser sin el otro”. De este modo, la concepción filosófica de las Altas Fiestas judías explica su permanencia a lo largo de 3000 años de historia, ya que nada más propio de la humanidad que la pregunta por el sentido de la existencia y la preponderancia del otro, del semejante, en nuestra vida cotidiana.

 La pausa en el camino que proponen estas conmemoraciones invitan con fervor a pensar en las conductas del tiempo pasado y su proyección al futuro de nuestra existencia en relación con nuestros prójimos. El saludo tradicional de la festividad es Shaná tová (en hebreo) o A Guit Iur (en idish) o Añada buena (en judeoespañol). Todas significan lo mismo: el deseo de un buen año. ¡Un feliz cumpleaños del Universo!.

 

* Presidente del Centro de Investigación y Difusión de Cultura Sefaradí (CIDICSef)
 
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