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El panfleto de un humanista Imprimir E-Mail
lunes, 28 de septiembre de 2009
Una conciencia libre: Marcos Aguinis
Por Bernardo Ezequiel Koremblit para MUNDO ISRAELITA

Descubrí a Marcos Aguinis (no digo “conoci”, porque como ambos somos oriundos del patriarca que hace 6000 años salió de Ur, los enemigos que nos envidian y nos celan pueden buscar connotaciones bíblicas al verbo transitivo conocer); lo descubrí cuando él era en la cordobesa Río Cuarto un exitoso joven neurocirujano, aplaudido concertista de piano y ya entonces un excelente escritor que había publicado un libro sobre el sabio, cordobés también, pero de la España de la morería y la judería, Rabí Moisés ben Maimón, el Maimónides de la omniscia sabiduría filosófica, teologal y médica. Él un jovencito riocuartense y yo, ¡ay!, un joven porteño, jovencito y jpven como seguimos siéndolo a pesar del tiempo transcurrido, a pesar de los desencantos que ese tiempo nos ha deparado, a pesar de las ofensas e injusticias con que nos agrede el prójinmo nada próximo a nosotros, a pesar de las vicisitudes de esta república de lobos que es la vida literaria, a pesar de las calamidades, incongruencias y venalidades y la insólita “flor de capitalistas” (Mario Vargas Llosa dixit) aparecidos en nuestra ¡pobre mi patria! otrora de Belgrano y ahora de Aguinis (léase su último libro, el último que ha escrito no el último que escriba), en suma y con sollozos a pesar del vaudeville que nos rige, a pesar del gobierno de opereta que sobrellevamos, a pesar de la ineficiencia, la corrupción y el saqueo del inefable connubio gobernante que nos avergüenza ante el mundo y a pesar de todos los pesares.


Llegado aquí no puedo sino remitir a la grácil lectora y al urbano lector y a Marcos Aguinis mismo a sus textos, a su fiscalía de la patria (ayer el estrenuo fiscal de la República era Lisandro de la Torre, y en Francia lo fue Emile Zola: hoy lo es el admirado escritor argentino que publica el más estremecedor panfleto jamás escrito, a sus novelas, cuentos y ensayos llenos de todo lo que es substancia intelectual y estética. Cuando alguien encara el toro por las astas (no digo encarar el pingüino por las alas porque este ave palmípeda es la inocencia en flor), cuando nada lo arredra para denunciar lo denunciable, su arrojo intelectual y su condición de patriótico denunciante se ganan el reconocimiento de la virtud, el voto de gracias de sus conciudadanos, y bien merece que se bese la tierra que pisa. Un intelectual es un hombre como todos los demás hombres, un hombre como todos los del mundo (aunque a veces suele ser peor), pero en este turno de Marcos Agjuinis puede ser, como lo es él en toda la dimensión de su dignidad,  en toda la inmensa medida de su conciencia y en la indimensa de su talento literario, un intelectual a prueba de todas las declinaciones en las que es susceptible de caer la inhumana criatura humana.

Creo que ya ha llegado el momento en que hable de Marcos Aguinis, mi fraterno  Marcos, mi bienquerido y bienleído amicísimo creador de La cruz invertida (que obtuvo y mereció –lo digo así porque los premios se obtienen, no se merecen: la información dice: “Fulano obtuvo tal premio”, “le fue discernido un premio”, pero no completa ni complementa si lo mereció el Premio Planeta, pero el de España, no el de nuestra trapalanda literaria donde la digitación y la trampa están en el orden del día y en la orden de los popes que todo lo subvierten con una inmoralidad que ya no es de este mundo); el autor de La gesta del marrano, una novela que por la trama, el estilo atrapador y la creciente atracción del desarrollo habría querido para sí Stefan Zweig, el inmolado Zweig que Marcos y yo amamos; el Marcos Aguinis de los ensayos en los que con sabiduría e inteligencia introduce una sonda omnividente y extrae a la superficie sutiles y profundas revelaciones, verbigracia Elogio de la culpa y Un país de novela: (para que no se diga que todas son loas para el maestro con el que celebro en esta nota el Rosh Hashanná 5770, he de decir que el título fue un error, dado que en realidad, tratándose de la Argentina, debió haber sido un país de ensayo); el Marcos Aguinis sabedor de una penosa realidad: que en nuestro mundo hay metas, pero lo que no hay son caminos. Él quiere alcanzarlas, y ahí están por extensión y expansión sus libros, los atrapadores artículos periodísticos, las deslumbrantes conferencias, las entrevistas reveladoras de los conocimientos, la información y las clarividencias que lo distinguen. Un vistoso analfabeto (en realidad es perpetrador de muchos libros, pero ello no empece el analfabetismo que lo distingue) dijo que el autor de Carta esperanzada a un general tenía por norma constitucional “rechazar todos los razonamientos”, a lo que respondí que no era así sino que los desmenuzaba para hallar la verdad, pero que, aun cuando Aguinis rechazara todos los razonamientos, había que reconocer que empleaba razonamientos para rechazarlos.

El belgraniano panfletista de “¡Pobre patria mía! es en esencia y existencia un humanista, y, dicho con las debidas reverencias a otros (muy pocos) de su condición, quien lleva con más autoridad que nadie el cetro humanístico del campo intelectual que otrora ocupaban entre nosotros José Luis Romero, Vicente Fatone, Eugenio Pucciarelli, Jorge D´Urbano, Borges, Martínez Estrada, Florencio Escardó, Ricardo Sáenz Hayes. Tres memorables panfletos se han escrito (ahora son cuatro con el que lee el mundo de habla española): el J´Acusse de Zola y los dos del quinto evangelista Tolstoi: el estremecedor La insumisión (el lema de ese texto febril es “¡hazles frente!”) y el conmovedor y de inquisitiva filosofía política La gran iniquidad: en ambos el apóstol de Yasnaia Poliana afrenta el desorden que rige el orden de cosas de los Estados y afronta a tiranos y déspotas que además son incompetentes: semejante a estos escritos imborrables, trascendentales documentos de la dignidad humana reveladores de cuanto siente y cuanto piensa el intelectual, el filósofo, el artista insubordinado cuando ella es afrontada y afrentada, es el panfleto que Marcos Aguinis ha escrito no sólo con la mano en el corazón sino con el corazón en la mano, además de la lucidez, el indiscutible documento sostenedor, la ironía de los pasajes que muestran al payaso y a la funámbula trapecista más allá del Bien, del Mal y de lo regular, con lo cual supera la elemental fórmula de Nietzsche.
POETA DE SU PROPIA VIDA

Es lo cierto que nadie es de su tiempo si habla el sobrehumano idioma de la verdad, la justicia, la ética y el lenguaje que expresa la tolstoiana insumisión ante la iniquidad, pero Marcos Aguinis, el Señor del piso de arriba lo premie por su heroísmo y su talento, lo es, y este tiempo lo registra en su condición de testigo de cargo que depone en el proceso que le hace la sociedad indignada a una acróbata y a un clown únicos en su género y especie en el picadero de la política.

Un periodista y un escritor siniestros (no lo digo en sentido peyorativo, sino porque están a la izquierda: son siniestros), recusan, atacan, maledicen contra el autor de Refugiados: crónica de un palestino (el segundo libro de Aguinis, que junto con la novelista Marta Lynch, el poeta Ceselli y el dramaturgo Rodríguez Muñoz tuve el honor de presentar hace cuarenta años, como si dijéramos ayer). Los escritores comprometidos (a muchos se los llama escritores por una de esas deficiencias del idioma) lo atacan porque no participa de la posición siniestra. Los no comprometidos, casi todos escritores de veras, por envidia, por celos, y porque Marcos Aguinis realiza la proeza (como yo, pido perdón por incluirme) de escribir sin adverbios (francamente, seguramente, justamente, simultáneamente, exactamente, opíparamente, puntualmente y toda una estomagante cuan repulsiva sonata en wagneriano ente mayor). La respuesta es sencilla como una oración, pero, como una oración, sentida y verdadera: Que el destino de todo hombre superior es el de ser juzgado por sus inferiores. Un plumífero, distinguido por su latinismo, helenismo, hispanismo y romanismo, perteneciente al grupo Carta Abierta (¿será para ahorrar en el franqueo?) afirma que Aguinis se desvió del izquierdismo al derechismo y se reencarnó en el gorilismo, entre otros desbarros e irracionalidades quedándose con la inconsciencia tranquila después de decirlas. De los “virajes ideológicos”, como los llamaba el poeta Schiller en cartas a Goethe a propósito de las mutaciones políticas del creador de Fausto, hay que cuidarse, de igual modo que en las llamadas involuciones. Mi respuesta al pintoresco acusador consiste en decirle que aquello que los demás llaman “desvío”, no es tal desvío sino el camino que uno encontró. Como dice nuestro maestro Montaigne: “Cultiva lo que te reprochan, así serás tu mismo”. Como dice nuestro preceptor Erasmo: “No escuches a quien te objeta si antes no se ha objetado él a sí mismo”. Como dice nuestro ayo Séneca: “No tengas cuidado con el juicio del que no te conoce o te conoce mal”. El lúcido autor de ¡Pobre patria mía! escrbe con palabras que caen como espesas gotas de lacre sellando una verdad incontestable: La Argentina se ha constituido en 1853 como una República, Representativa y Federal. Pero esas tres palabras mineten. No es una República porque los tres poderes que la constituyen carecen de independencia y no se controlan entre sí. Desde hace rato que el único poder que importa y decide es el Ejecutivo, dominador del Congreso y la Justicia.

¿Decir esta realidad encarnada en el ave palmípeda que sigue siendo Presidente significa haberse pasado a la derecha? En otro lugar dice el catón Aguinis: Debemos recuperar la República con tres poderes independientes y bajo recíproco control. Debemos consolidar un país Federal en serio, no unitario y menos unipersonal. ¿Expresar esta verdad equivale a haberse convertido en gorila? Escribe nuestro amigo denunciado por gorilismo: El dinero fue dilapidado con un estéril  aumento del gasto público, cuyo fin era consolidar el poder K (no hace falta advertir que no se refiere al filósofo Kant y tampoco al escritor Kafka y menos aún a quien esto escribe), no para vigorizar la economìa. En consecuencia aumentó el riesgo país y hubo que pedirle auxilio al simiesco Chávez. ¿Haberlo dicho así muestra un Aguinis reaccionario? Pues creo y siento que significa todo lo contrario, y sé que todo ser esclarecido sin telarañas en el entendimiento me acompaña en el sentimiento.

Una brevísima nota bene, o postdata, como prefiráis: El filósofo de Carta Abierta, de cuyo nombre quiero acordarme pero por suerte no lo consigo, o acaso el mismo muy ilustrado grupo en su totalidad, inventó el vocablo destituyente  para calificar cualquier crítica al innoble timonel que conduce nuestro país, como con piedad lo llama Aguinis. Patentada la palabreja, Aguinis sufre el deshonor y la injusticia, pues él no pretende destituir a nadie, de ser uno de los primeros destinatarios. En la vida suele hermanecernos alguien, y Marcos es mi fraterno al que consuelo con el auxilio del mitigador Séneca: Sobrelleva con resignación  lo que no puede ser cambiado. Ahora diré, entre paréntesis (escribir entre paréntesis equivale a decirlo en voz baja) la diferencia entre nuestro bienquerido y bienleído (ya lo he dicho así, pero hay reiteraciones legítimas, tautologías pertinentes), la diferencia que separa a Marcos Aguinis de esos intelectuales, esos escritores, es evidente: pues que Aguinis es un intelectual, es un escritor. No somos monárquicos sino acendrados republicanos, pero en este turno del abate Verbitsky y otros popes de la cofradía siniestra que le endilgan a nuestro insobornable fiscal los sambenitos del derechismo, el gorilismo y el destituyentismo, nos sería, nos es dado decirles como dijo el rey al filósofo Chávez: ”¿Por qué no te callas?”.

La institución “Forjar”, sigla de Foro Judeoargentino, de reciente constitución, presidida por Segismundo Holzman, celebró el 24 de agosto pasado la persona, la significación ética y el talento en ascuas de Marcos Aguinis, un humanista que, de otra parte, es asimismo un esteta, un creador, un artista en toda la dimensión del término. Una conciencia libre, a semejanza de la de Romain Rolland, la de Nicolai, la de Zweig, la de Martin du Gard, la de Thomas Mann durante los años de la primera Guerra Mundial. Es lo cierto que estaban au-dessus de la melée, por encima de la contienda, pero cada cual se hallaba comprometido con su patria, con el hombre, con la verdad. La célebre declaración de Nekrasov, el poeta protegido por los mendigos: “Poeta, podrías no serlo, / pero tienes que ser ciudadano”, era el lema, el santo y seña con el que se abrían paso ante los centinelas del templo de la justicia, la libertad, la paz. Marcos Aguinis es el poeta (no sé si hace versos  pero es un poeta de su propia vida, al revés de otros, que los hacen pero no son poetas, aunque ésta es ya otra historia), el poeta a quien –transcribo las primeras palabras de ¡Pobre patria mía- “la indignación me tritura el cerebro, la ansiedad me arde en las entrañas y enrojece todo el sistema nervioso (...) Debemos hacer algo, porque la Agentina merece otro destino”.  Le recuerdo a nuestro ansioso Aguinis, a nuestro indignado panfletista las palabras que el inmenso Hölderlin dicta al titán Hyperión, padre del Sol y de la Aurora: Los dioses que nos dieron la llama divina / nos dieron el divino sufrimiento.

 

ÉTICA Y ESTÉTICA

Si ahora es un instituyente que aspira a que en nuestro desdichado kirschneraniado destituido país se instituya el decentismo, la justicia, el orden constitucional, la seguridad y el derecho en todas sus dimensiones, pues que recuerde al poeta Hölderlin y evoque e invoque al titán Hyperión y recoja su poética, es lo cierto, poética, pero también panhumana declaración. Puede creer en la efectividad de su ficalizadora belgraniana ¡Pobre patria mía!, no sólo porque siempre muy pronto se cree lo que mucho se desea sino porque no hay verdad que no se cumpla ni malversación que no se pague. Así ha sido siempre t así es desde toda la eternidad. Ya sabemos que la montonera soberbia, como de modo impecable e implacable la llama Aguinis, y el pájaro austral son insolventes (no lo son en el efectivo contante y sonante, lo son en lo moral y la virtud), pero en este plano tendrán que pagar aunque se desencadene el infierno.

Este tornaviaje a Marcos Aguinis, al libro ¡Pobre patria mía! y a este gobierno lleno de nequicia y maleficencia ya está ocupando un espacio extenso (extenso pero no extendido): haré entonces como me lo enseñó  el diestro D´Artagnan: cuando la espada es corta hay que dar un paso adelante. Lo daré para decir que el dúo de Rocamboles de uno y otro sexo que mayordomea a la ¡pobre patria! de Aguinis ha dicho que las retenciones al campo serán utilizadas para escuelas y hospitales. “Es mentira”, ha respondido Marcos: “Se iba a utilizar en la caja destinada a sostener el poder de los que gobiernan”. ¿Haberlo dicho significa que Aguinis se ha derechizado, según se lo imputó un entrevistador que de política entiende lo mismo que yo de veterinaria? Pero el cronista Fantomas insistió con la bendita derechización: “En los 80 usted fue requerido por los progresistas y hoy lo es por la derecha”. “Los que me llaman derechista” –contestó nuestro amigo- “son de la izquierda que traicionó los valores de la izquierda: no les importa apoyar una dictadura si esa dictadura es funcional rótulo de la izquierda”. Y concluye con esta incontestable aserción, una verdad que parece escrita en el cielo: “Si la izquierda no se escandaliza con los deseos cesaristas de Chávez está traicionando los valores democráticos de la izquierda. Eso es lo que yo no hago: puedo cambiar de punto de vista, pero no de valores”. En suma y en fin: que el autor de Profanación del amor, que el iluminado creador de Asalto al Paraíso no se derechizó y que no es bizco: no tiene dos puntos de vista. No añadió que el secretario general -¡el secretario general!- del Partido Comunista, Monseñor Patricio Echegaray y el pseudo poeta Zito Lema acaban de apoyar y homenajear al repulsivo patán D´Elía, porque aquella entrevista fue en mayo pasado en una publicación de cuyo nombre también quiero acordarme pero también por suerte no puedo recordarlo.

El intelectual, el artista, el humanista que en esencia y existencia es nuestro celebrado amigo conoce el pasaje más estremecedor de Los hermanos Karamázov, en el que el ardiente  y ardido Dimitri dice: “Dios lucha con el diablo, y el campo de batalla es el corazón del hombre”. Lo ha dicho el siemprevivo Dosto (así llamamos sus íntimos a Dostoievski). Sabemos en cuál de las huestes se alista Marcos Aguinis, y por saberlo sabemos que lo tenemos en el mejor bando. También ha de saber que quizás la Tierra sea el Infierno de otro planeta, como deduzco que lo es. Pero esa certidumbre no es ni suficiente ni bastante para que desista de su naturaleza ética y estética y abdique de su alistamiento en las filas humanísticas de la inteligencia, el arte, la libertad y el intelectualismo a prueba de todas la abdicaciones. Tiene nuestra admiración, nuestro agradecimiento. Sólo nos faltan las palabras para expresarlo.

Si he dicho algo que desagrade a la circense pareja gobernante, a Colombina y Arlequín, retiro lo que he dicho. Pero lo retiro como se retira la espada del pecho del adversario.

Sé que este artículo celebratorio de Rosh Hashanna 5770 en MUNDO ISRAELITA  no ha sido bueno, no ha sido como debía serlo. La culpa es mía, de MUNDO ISRAELITA y de los lectores: Mía, porque lo hice mal, y de los lectores y de MUNDO ISRAELITA porque esperaban que lo hiciera bien.
 
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