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Increíble censura palestina contra Barenboim y Cohen Imprimir E-Mail
miércoles, 05 de agosto de 2009
“Cuando los hombres se sientan libres, será más libre nuestra cultura”, decía aquella mítica canción del rockero Miguel Cantilo de la década del setenta, que describió como nadie la censura en la Argentina.

Daniel Barenboim es un hombre libre, cuya música es, sin dudas, una herramienta de hermandad entre  pueblos, culturas, religiones que muchas veces se muestran enfrentadas y que él, con la magia de su talento y la fortaleza de sus convicciones, logra unir, amalgamar, en torno de sonidos universales de paz y convivencia.


No todos entienden su mensaje conciliador, despojado de intereses políticos o económicos. El director de orquesta argentino-israelí debió cancelar sus actuaciones en la ciudad cisjordana de Ramallah, donde gobierna la Autoridad Nacional Palestina, debido a un llamado al boicot organizado por grupos políticos palestinos. Los mismos que aplaudían a Barenboim cuando atacaba el supuesto desmedido uso de la fuerza del ejército israelí, ahora condenan sus declaraciones en favor de la existencia de Israel y su derecho inalienable y básico de defenderse de ataques terroristas.

Su caso se suma al del veterano compositor folk judeo-canadiense Leonard Cohen, repudiado recientemente por organizaciones palestinas radicales por haber previsto visitar Tel Aviv antes de ingresar a ofrecer conciertos a los territorios palestinos.

Más allá de lo ridículo de los argumentos, llama la atención que entre  las organizaciones que proponen boicotear a Barenboim se encuentran los sindicatos de artistas, profesionales libres y escritores palestinos, la Casa de la Música, organizaciones que deberían proponer la libre circulación de los bienes culturales como modo de mejoramiento de todos los hombres.

¿Cuáles son las razones de tanta molestia? Semanas atrás, en respuesta a una pregunta de un periodista respecto a su supuesta identificación unilateral con la causa palestina, Barenboim dijo que Israel tiene derecho no sólo a su existencia, sino también a defenderse.

Increíblemente, los palestinos olvidaron que el director y pianista nacido en la Argentina había criticado la actuación del ejército israelí en distintos conflictos bélicos, y que fundó la orquesta israelí-palestina a pesar de la incomodidad que ésta provocó en distintos círculos judíos e israelíes del mundo.

Cohen, en tanto, debió suspender sus actuaciones en Ramallah, la capital de la Autoridad Nacional Palestina que manejan los teóricamente moderados encabezados por Abu Mazen.

"Cohen no será bienvenido en Ramallah si insiste en actuar en Tel Aviv", afirmaron las organizaciones en referencia al mito del folk norteamericano, a quien acusaron de "complicidad con las graves violaciones del derecho internacional" por parte de Israel. La censura a Cohen es otra muestra de increíble insensatez, tomando en cuenta que este mito de la música de los años setenta rara vez aborda la actualidad política en sus letras y que, a los 75 años, está iniciando un regreso a los escenarios empujado, en buena parte, por su mala situación económica personal.

Será el pueblo palestino, en definitiva, el que pierda. Pierde porque no podrá escuchar a la orquesta binacional israelí-palestina que dirige Barenboim y que había fundado, gracia a su amistad con el fallecido escritor palestino Edward Said. Los palestinos tampoco podrán escuchar a la orquesta local de jóvenes músicos palestinos que el director de la filarmónica de Berlín pensaba aglutinar en estos días.

¿Cómo reaccionó la Autoridad Palestina ante el llamado al boicot?

"La Autoridad palestina se opone a la normalización de las relaciones con el gobierno de Israel y no con su pueblo, por lo que se opone al boicot a Barenboim", señalaron desde la ANP. Una respuesta, sin duda, demasiado ambigua para alguien que quiere la paz. Una respuesta insuficiente para el propio Barenboim, que se ganó el odio de muchos israelíes cuando obtuvo también el pasaporte palestino, y que lleva sus convicciones de hermandad y pluralismo hasta un punto difícil de entender para muchos judíos. 

“Dejá cantar, dejá decir, dejá expresar, dejá vivir”, repetía Miguel Cantilo en su canción anti-censura. Una frase que los grupos palestinos deberían escuchar, como modo de entendimiento con sus vecinos, y también como forma para que sus propios derechos nacionales, reconocidos por distintos gobiernos israelíes, sean mejor escuchados.

Por ahora, según parece, en los territorios palestinos siguen gobernando el oscurantismo, el odio y el rencor que no entiende la sensibilidad de un hombre libre, como Daniel Barenboim.
 
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