Inicio
 
DEL CLUB DE BARRIO AL SPA Imprimir E-Mail
lunes, 06 de abril de 2009

Un argumento de novela

Por Ricardo Feierstein

Voy a contar, si me permiten, mi último fracaso literario.

El mercado editorial argentino ha sufrido enormes cambios en los últimos tiempos. No es el momento de detallarlos aquí, pero quizás este nuevo escenario empresarial motivó el llamado de mi editor, el mes pasado. “Han pasado dos años desde que publicamos tu última novela -me dice- y, de acuerdo a las reglas de oferta y demanda, deberíamos editar otra narración tuya. Sé que los tiempos son escasos, pero queremos aprovechar el impacto de mercado.

- Los escritores no nos guiamos por oferta y demanda, Néstor, sino por la necesidad de escribir, las ganas de hacerlo, los temas que encontramos e imaginamos...

- Ricardo, por favor. Nos conocemos hace años y sabés de mi respeto hacia todos los creadores y sus manías. Te estoy proponiendo una prueba, nada más. Imaginá una historia y la vemos juntos. Luego, si no la desarrollás vos, será otro colega. Sólo se trata de un favor para un viejo amigo.

No pude negarme. A la semana siguiente llevé una idea.

- Me viene rondando hace mucho el escenario de un club de barrio, “social y deportivo”, como aquellos que conocí en mi niñez en los arrabales de Buenos Aires y que hoy están en involuntario proceso de desaparición, reemplazados por modernos spa, gimnasios o centros de belleza y nutrición. La trama es metáfora desplazada de situaciones en la Argentina actual. Esta institución tiene un nombre bien murguero: “El Rayo Piadoso y Compañía”, digamos, y está ubicada en Villa Magdalena, barrio con posibilidades de ascenso social. Fue creado por los vecinos, entonces inmigrantes, hace muchas décadas. El mundo y las generaciones se han sucedido y, por sus efectos, el club debe resolver- y así lo aprueba en su última asamblea, a mano levantada- un cambio. Modernizarse, en suma.

- No parece novedoso.

- Dame unos días para desplegarlo. Lo esencial aquí son los personajes complejos, como en toda buena novela. El protagonista es un viejo jugador de básket del club, que pretende mantener las tradiciones. Su antagonista es el hijo de uno de los fundadores, que estudió administración de empresas y pretende modificar de raíz la estructura de la institución...

Néstor no pareció muy convencido, pero me otorgó quince días para desarrollar la idea.


MATCH 22

En la siguiente reunión el argumento había ido creciendo (entre largos viajes en colectivo y noches insomnes) hasta perfilar con más nitidez a los actores.

No es sólo lo viejo contra lo nuevo, lo antiguo contra lo moderno, sino un cambio de paradigma que corresponde a los años ’90 argentinos. El nuevo “mánager” del club -pidió ser llamado así, antes que “jefe de personal” o “encargado”, porque el secreto del éxito, explicó, consistía en la permanencia de una estructura organizativa, no dependiente de elecciones cada tres años como marcaba el antiguo estatuto- se adjudicó, como primera medida, un alto sueldo.

- Voy a dedicar mi vida a esta institución -dijo. – Una adecuada remuneración eliminará suspicacias de arreglos espurios y permitirá encarar cambios de fondo desde una perspectiva profesional y transparente, sin amiguismos ni influencias...

- Ya voy entendiendo- interrumpió Néstor. – Picardía porteña. Contáme algunas escenas, situaciones literarias, en vez de explicar motivaciones.

- Es que modifiqué la idea original: no habrá un antagonista que represente a la vieja generación, porque ese arquetipo prácticamente ya no existe en la Argentina posmenemista. El protagonista central será ahora este mánager, al que llamaremos Rosenkrantz. Él está convencido de lo que hace y posee capacidad e inteligencia. Eso se traduce en rápidas mejoras en la situación del club: regulariza cuotas e ingresos, consigue préstamos bancarios, imagina maneras de recolectar fondos (kermesses, rifas, donaciones de antiguos socios o de sus descendientes en memoria de los abuelos, que ahora contarán con grandes placas doradas de agradecimiento en el comedor central).

Avanzo a saltos con la trama, porque conozco el carácter impaciente de mi amigo. A medida que pasan los meses, el manager asume más y más funciones. Aunque, en teoría, es un simple “ejecutor” de las instrucciones de la Comisión Directiva, como él permanece y los otros cambian en cada elección (o se enferman o se pelean entre ellos o son nuevos y no conocen el manejo), cada vez más asuntos prácticos quedan en sus manos. Suma poder e inventa formas burocráticas para cumplir formalidades, a tal punto que, luego de tres cambios sucesivos de Comisión, cuando cumple diez años en su puesto, es el dueño de todo.

- Todavía no veo el conflicto dramático. Dicen que el poder, por sí solo, enferma...

- Ya llegará, enseguida. Y te recuerdo la frase del italiano Bettino Craxi, juzgado por el movimiento de mani pulite (“manos limpias”), cuando ingresó a la cárcel por corrupción: “sí, el poder enferma... a quienes no lo tienen”.

- Ese es un buen punto. Adelante.

El joven Rosenkrantz atraviesa, entonces, algunos cambios físicos: el rostro se endurece, desaparecen los gestos espontáneos, su mirada se hace cada vez más fría y huidiza. Imposible saber qué está pensando aunque, en lo exterior, sigue siendo amable y comprensivo con todos, diciéndole a cada uno exactamente lo que quiere escuchar. Y, sobre todo, elabora su “Manual de Estrategia”, una ordenada serie de pasos a dar en cada conflicto o nueva situación. A su lado, Kissinger es un poroto.

- ¿Estrategia? ¿Es una ficción bélica?

- Algo así, pero aplicada a la vida civil.

Para desarrollar sus intenciones -que no excluyen, curiosamente, un prolijo manejo administrativo de la institución-, Rosenkrantz necesita rodearse de laderos de confianza, explico. Néstor escucha y fuma y fuma, sin parar. Debería cuidar más su salud.

- Al esquema de funcionamiento lo llamaría “Trampa 22”, por esa película norteamericana sobre Vietnam, si es que la recordás. Haga lo que haga, el club siempre pierde. Esta maquinaria supone centralizar la gestión de la institución, que supuestamente responde a una Comisión Directiva de socios que se renueva cada tres años pero que, en la realidad, está compuesta por comerciantes o empleados siempre apurados y deseosos de sacarse de encima las tareas prácticas de sus resoluciones. Pasan a depender totalmente del mánager para las tareas cotidianas: cuentas bancarias, sueldos, préstamos e intereses, manejo de inversiones, prioridad de asuntos a resolver.


MANUAL DE ESTRATEGIA

- ¿Es tan simple?

- Sí, porque Rosenkrantz ha previsto una mascarada semanal: todos los jueves a la mañana, los ocho encargados de las diversas secciones del club (deportes, bar, vestuarios, administración, cultura y otros) se reúnen en la confitería y elaboran “en conjunto” los planes del mes. El simula tomar nota de todo- en realidad, el nivel de participación y propuestas es paupérrimo- y, mientras tanto, estudia detenidamente la personalidad de sus colaboradores. Después de dos o tres despidos -y su reemplazo por personas menos capacitadas pero más obedientes- todos comprenden cómo viene el juego y dejan de producirse polémicas sobre los proyectos. De hecho, la cobertura de esta “conducción colectiva” paródica protege al Director de cualquier investigación o cuestionamiento de los siempre apurados y cambiantes directivos voluntarios.

- Voy a aplicar este sistema en mi editorial.

- El es el único que posee toda la información y aprueba o desaprueba cada proyecto. Y de aquí pasa a la fase siguiente de la estrategia...

- ¡Es todo un Von Clausewitz!

- Todavía falta, esperá. La segunda parte es operatoria. La institución ha extraviado los objetivos que le dieron origen. Los directivos sólo quieren salir en la televisión y los diarios y él aprovecha la situación para ponerla al servicio de sus ambiciones personales (o, quizá, supone que es más funcional y operativa, para la época): una Organización No Gubernamental como la que aspira a crear, aunque eso no tenga nada que ver con el proyecto de los fundadores. “El Rayo Piadoso y Compañía”- no conviene por ahora cambiarle el nombre, aunque ya llegará el momento -deja de ser parte de un proyecto público y comunitario y pasa a ser lugar de negocios e interacciones entre grupos de poder. Por ahora a escala del club, por cierto.

- ¿Y cómo sigue?

- Necesita un socio. Podría ser una mujer y llamarse, por ejemplo, Guildenstein...

- ¡Qué nombres, che!

- Eso puede cambiar después, no importa. Aunque habrás advertido el guiño culturoso de estas denominaciones…

- ¿Guiño? Ni idea. No te pongas en difícil.

- Vamos, Néstor. No es tan difícil. Rosenkrantz y Guildenstein son los dos cortesanos que aparecen en el “Hamlet”, de William Shakespeare. Se convirtieron en arquetipos muy conocidos, hasta existe una obra de teatro con sus nombres escrita por un contemporáneo, el inglés Tom Sttopard.

- ¿Tan importantes resultaron?

- ¡No! Ellos son apenas marionetas, sobre un escenario demasiado grande para sus pequeños destinos. Se los rescata, con tono compasivo, como pobres diablos a los que la coyuntura y su inescrupulosidad colocaron en ese lugar. Una suerte de víctimas convertidas en verdugos, en su intento de no creerse juguetes del destino. En otra situación serían tinterillos burocráticos u ordenanzas, aquí se convierten en manipuladores de decenas de otras personas. ¿Entendés?

- Demasiado intelectual para mi pequeña sabiduría. Seguí.

- Ella es contratada como secretaria, pero su labor es descubrir o imaginar posibles fuentes de ingreso. Por ejemplo: uno de los ancianos ex presidentes viene un día con la idea de instalar una exposición de arte barrial en la sala del subsuelo, que en ese momento es un depósito. Se lo deja avanzar con su proyecto: veteranos voluntarios limpian el lugar, lo pintan y acondicionan, perfeccionan y alfombran los accesos e inauguran, con asesoramiento gratuito de la mejor galería de arte del barrio, la primera muestra.

- ¿Cuál es el problema?

- Después de la segunda exposición, Rosenkrantz comienza a exponer un largo rosario de cuestionamientos. “El club no posee permiso para realizar estas actividades ni fue su finalidad cuando se creó”, avisa un día. “No tenemos el seguro obligatorio y es muy oneroso”, la semana siguiente. “Vendrán los chicos a jugar al básket, romperán algún cuadro y deberemos pagarlo como nuevo” días después. “Tenemos varios juicios en puerta por este asunto” amenaza, sombrío, la reunión ulterior. Al final, los ancianos voluntarios se asustan y deciden clausurar la iniciativa. Deja pasar un año para diluir hasta el recuerdo de esta experiencia y anuncia la inauguración, con bombos y platillos, de la “Galería de arte El Rayo Piadoso y Compañía”, con presencia del periodismo de la zona y un par de conocidos artistas. Todos se sacan fotos, hay un lunch que dona un sponsor desconocido.

- ¿Y entonces?

- Tres meses después, la situación es: Guildenstein cobra del club un sueldo adicional y varios cuadros por organizar las exposiciones y ella, al igual que Rosenkrantz, aunque este último más discretamente, se han convertido en coleccionistas de pintura argentina.

- Ahora voy entendiendo...

- Lo mismo sucede con el local de souvenirs y venta de revistas, libros y folletos que ofrece instalar el propietario del kiosco de diarios de la esquina, para aumentar sus ventas., El proyecto pertenece a otro antiguo dirigente, de aquellos años gloriosos del club. Para contarlo rápido: el manager prohibe utilizar la planta de acceso y lo ubican en el pasillo de la derecha, junto a los baños, que casualmente -en esas semanas- tienen problemas de limpieza y emiten olores no aconsejables. Se trata de un lugar casi desolado y sin circulación. Al poco tiempo, el diariero se retira, frustrado y masticando insultos. Seis meses, ocho, diez. Nuevo proyecto de Rosenkrantz- “consensuado” con los ocho encargados en la reunión de los jueves -para “modernizar” la imagen del club, comenzando con unos llaveros y cortaplumas con el diseño del escudo de “El Rayo Piadoso y Compañía” (trabajo a precio de oferta del primo de Rosenkrantz, que posee otro apellido). Se le agregarán otros rubros comerciales (libros, periódicos, regalos) para mantener el emprendimiento, que se confiará a la destacada socia, empleada y mujer de negocios Guildenstein, quien lo explotará por su cuenta y riesgo. El club no correrá ningún riesgo ni invertirá fondos, pero deberá construir -a su costa- un importante local con cuatro vidrieras a la entrada, en el hall de acceso a la institución -paso obligado de todos los que concurren-, con aire acondicionado, equipamiento de luces y estanterías. Y así se hace...

Néstor quedó un rato en silencio. Luego comentó, aunque se lo veía poco interesado.

- Podría ser... Traéme acciones concretas, sexo, violencia. Basta de descripciones.

Gané tiempo para una reunión más. Ya era algo.


PROYECTOS, NEGOCIOS, COBERTURA

La semana siguiente, ni me dejó comenzar. El tenía una hoja sobre su escritorio, donde había anotado una serie de “sugerencias” para mejorar la trama: comenzaba con un romance tempestuoso entre Rosenkrantz y Guildenstein, que era descubierto por sus respectivos cónyuges y originaba escenas de violencia, celos y separación. También una pelea y reconciliación entre ambos socios, pero conservando a sus familias fuera del asunto. Otra variante era la introducción de drogas...

Lo interrumpí. No estaba dispuesto a seguir escuchando.

- Vos no entendés- me dijo Néstor. – Se trata de agregar algo de sangre y pasión a todos esos planteos tuyos, parece una novela realista de hace un siglo. Demasiada sutileza y poca carne, Ricardo.

- Agradezco tu intento de ayuda. Pero lo mío no son melodramas caprichosos.

- Está bien. Adelante.

Retomé la idea de negocios personales que surgían alrededor de una institución tan sencilla como un club de barrio.

- Acá tengo una lista de los proyectos posibles de nuestro joven yuppie. El primero puede ser la escritura de un libro con la historia de “El Rayo Piadoso y Compañía”, desde su fundación. “Consensuará” con la “dirección colectiva” de empleados y presentará a los integrantes de la Comisión -que no entienden mucho del tema: recordemos, son comerciantes y pequeños empresarios barriales- la maravillosa idea de ser entrevistados por radio y televisión, a partir de una historia de su institución. ¡Los quince minutos de fama! Aprobada la idea, se hace nombrar “gestor” de la misma, contrata a un socio de Guildenstein -“externo” al club- y le otorga un “subsidio de investigación” de varios miles de pesos para iniciar la tarea (a cobrar en varias veces, etcétera). Cada tres años, cuando se renueva la Comisión, vuelve a presentar el tema como una idea aprobada por los directivos anteriores y dispone otro subsidio, y así siguiendo. El libro aparecerá ocho años después, una vergüenza que podía haber sido redactada por chicos de escuela secundaria y cuyo costo es de veinte veces el original.

- ¿Algo más?

- Mucho más. Viajes al interior y el exterior para establecer contactos con otros clubes similares, nómina de socios fallecidos (varios años más de subsidios para investigación), carta de autoridades municipales (el cuñado de Rosenkrantz, que trabaja en Difusión Cultural del gobierno municipal, aconseja contratar a su socio para diseñar un plan de desarrollo edilicio hacia los próximos veinte años); refacciones por decenas de miles de pesos en las oficinas de ambos, a cargo de un arquitecto amigo, que incluyen televisor, frigobar, cañón para proyecciones multimedia y todo eso, concretado durante un fin de semana, al estilo “hecho consumado”).

- Se eliminan varias actividades deportivas y culturales, el torneo anual de básket y los concursos de preguntas y respuestas para, con ese presupuesto, iniciar una investigación de “control de calidad” de los servicios -otra idea del país del norte que el director importó con entusiasmo-, que incluye 800 encuestas semanales y la contratación de un equipo de amigos para clasificar la satisfacción del “cliente” con cada actividad. Esta terminología fue literalmente traducida del inglés: así, los “socios” pasan a ser “beneficiarios” y los asistentes a actividades generales de la institución, “clientes”.

- Ese tipo de cosas, digamos, a lo largo de diez años del club y trescientas páginas de la novela.


TERMINA LA HISTORIA Y

COMIENZO UNA NOVELA

Observé el rostro aburrido de Néstor y comprendí que había que ir “cerrando” la exposición. Llegué entonces al tema de las “coberturas” finales inventadas por estos talentosos personajes .

- Se trata de dos instrumentos- expliqué. - El primero es el “acuerdo de fidelidad al club”. La dotación de personal ya orilla los sesenta empleados (eran catorce cuando asumió Rosenkrantz) y, habiendo transcurrido algunos años, siempre suponen un riesgo las posibles declaraciones de empleados resentidos.

Miró su reloj y dijo: “Te doy cinco minutos”. Tragué saliva.

- Bien. El acuerdo. Se trata de un documento de firma obligatoria para todo el personal, que prohibe dar ninguna información interna del club (sobre personas o hechos) bajo pena de despido inmediato sin indemnización y con juicio. Con ello, cierran una pata del problema. La otra pata fue el llamado “Código de Etica”, que obliga en veintisiete artículos a bellísimos comportamientos de cada uno, bajo amenaza de ser sometido a un tribunal de honor. Todos deben firmar, también en este caso.

- No me parece mal.

- Te falta conocer el dato central. La primera regla del código indica que está prohibido facturar trabajos a la institución por parte de los empleados de la misma, procediendo por el exterior de la estructura administrativa.

- ¿Eso no está bien?

- Es como una buena ley, depende del juez que la aplique. ¿Quién fue elegida presidenta de la Comisión de Etica, para velar por su cumplimiento? La señora Guildenstein, que pasó los últimos ocho años facturando trabajos inexistentes o burdos a través de un socio, que le proveía la papelería desde el exterior.

- Todo eso es imposible de creer -gruñó mi editor, mientras juntaba los papeles desparramados sobre su escritorio, como indicando con gestos que la entrevista había terminado.

Quedé esperando.

- Disculpáme, Ricardo, pero en tu novela no hay conflicto real entre los protagonistas, es todo muy lineal y archiconocido. Un puro lugar común. ¿Cuál es el dilema central?

- No entendiste. El punto nodal, que no me dejaste explicar, es generar la duda -a través de la ambigüedad de las acciones y sus consecuencias- sobre la verdadera motivación de estos dos personajes. ¿Son enfermos de poder o, quizás, ascéticos puritanos, que hacen todo lo que hacen porque creen sinceramente que esa modernización es lo mejor para el club? Por otro lado, introduzco la fascinación del narrador por la picardía de estos dos maestros del engaño, a los que tal vez- en su intimidad- admira. ¿Están cumpliendo un papel histórico necesario? ¿Son metáfora obligada de la descomposición de los clubes de barrio -preocupados por la comunidad- y su reemplazo por iniciativas privadas e individuales que aprovechan ese marketing?

La novela posee un final abierto. El lector debe decidir.

Hubo una larga pausa. Néstor meditaba en silencio, el infaltable cigarrillo en una mano y la otra apretada en su barbilla. Al fin dijo:

- No. No sirve. Nadie va a creer esa historia.

- Pero se trata de una ficción.

- Por favor, Ricardo: vos sabés más que yo de este tema. Una trama puede no ser verdadera, pero necesita verosimilitud. El problema, quizás, es tu excesiva imaginación.

- Vos sos el editor. Si no va, no va...

Abrí los brazos en gesto resignado y me levanté de la silla.

En fin. A otra cosa. Estoy trabajando, ahora, en una novela de 400 páginas que transcurre en el siglo XVII y se basa en la vida de Moliére, el gran escritor teatral francés, hijo de un tapicero real y favorito del rey Luis XIV. Le estoy inventando, algo desganado, un montón de amantes desconocidas entre las damas de la nobleza y, cada tanto, entre una relación sexual y la siguiente (complicadas por las vestimentas femeninas de entonces), intercalo un banquete pantagruélico donde detallo recetas de época. También le descubro una relación amorosa platónica (sin penetración) con un paje adolescente de la corte. Me la paso leyendo aburridos volúmenes de época para ambientación y vestuario.

Néstor cree que este proyecto va a funcionar muy bien y, algo insólito, ahora ya no sólo atiende con amabilidad. Hasta me convida café, cada vez que llego hasta su oficina llevando nuevos capítulos. ¿Debería sentirme bien?

 
< Anterior   Siguiente >

Ediciones

Edicion 4524
9 de mayo de 2014
22 de febrero de 2013
31 de agosto de 2012
14 de agosto de 2012
10 de agosto de 2012
31 de julio de 102
13 de julio de 2012
20 de junio de 2012
2 de junio de 2012
25 de mayo de 2012
11 de mayo de 2012
22 de abril de 2012
6 de abril de 2012
16 de marzo de 2012
24 de Febrero de 2012
27 de enero de 2012
30 de diciembre de 2011
16 de diciembre de 2011
25 de noviembre de 2011
11 de noviembre de 2011
21 de octubre de 2011
23 de septiembre de 2011
26 de agosto de 2011
05 de agosto de 2011
22 de julio de 2011
8 de julio de 2011
24 de junio de 2011
10 de junio de 2011
27 de mayo de 2011
13 de mayo de 2011
30 de noviembre de 2010
15 de noviembre de 2010
1 de octubre de 2010
17 de setiembre de 2010
3 de setiembre de 2010
20 de agosto de 2010
9 de julio de 2010
25 de junio de 2010
11 de junio de 2010
28 de mayo de 2010
14 de mayo de 2010
30 de abril de 2010
16 de abril de 2010
2 de abril de 2010
19 de marzo de 2010
5 de marzo de 2010
19 de febrero de 2010
22 de enero de 2010
8 de enero de 2010
25 de diciembre de 2009
11 de diciembre de 2009
27 de Noviembre de 2009
13 de noviembre de 2009
30 de octubre de 2009
16 de octubre de 2009
2 de octubre de 2009
18 de setiembre de 2009
4 de setiembre de 2009
21 de agosto de 2009
7 de agosto de 2009
24 de julio de 2009
10 de julio de 2009
26 de junio de 2009
12 de junio de 2009
29 de mayo de 2009
15 de mayo de 2009
1 de mayo de 2009
17 de abril de 2009
3 de abril de 2009
13 de marzo de 2009
27 de febrero de 2009
13 de febrero de 2009
30 de enero de 2009
19 de diciembre de 2008
12 de diciembre de 2008
5 de diciembre de 2008
21 de noviembre de 2008
14 de noviembre de 2008
7 de noviembre de 2008
31 de octubre de 2008
24 de octubre de 2008
17 de octubre de 2008
26 de setiembre de 2008
19 de setiembre de 2008
12 de setiembre de 2008
5 de setiembre de 2008
29 de agosto de 2008
15 de agosto de 2008
8 de agosto de 2008
1 de agosto de 2008
25 de julio de 2008
18 de julio de 2008
4 de julio de 2008
27 de junio de 2008
20 de junio de 2008
6 de junio de 2008
30 de mayo de 2008
23 de mayo de 2008
16 de mayo de 2008
9 de mayo de 2008
2 de mayo de 2008
18 de abril de 2008
11 de abril de 2008
4 de abril de 2008
28 de marzo de 2009
21 de marzo de 2008
14 de marzo de 2008
7 de marzo de 2008
22 de febrero de 2008
15 de febrero de 2008
8 de febrero de 2008
1 de febrero de 2008
18 de enero de 2008
11 de enero de 2008
4 de enero de 2008
21 de diciembre de 2007
14 de diciembre de 2007
7 de diciembre 2007
30 de noviembre de 2007
23 de noviembre de 2007
16 de noviembre de 2007
9 de noviembre de 2007
2 de noiembre de 2007
26 de octubre de 2007
19 de octubre de 2007
12 de octubre de 2007
28 de setiembre de 2007
21 de setiembre de 2007
7 de Setiembre de 2007
31 de Agosto de 2007
24 de agosto de 2007
17 de agosto de 2007
3 de agosto de 2007
27 de julio de 2007
20 de julio de 2007
13 de julio de 2007
6 de julio de 2007
29 de junio de 2007
15 de junio de 2007
8 de junio de 2008
1 de junio de 2007
25 de mayo de 2007
18 de mayo de 2007
11 de mayo de 2007

© 2018 Mundo Israelita