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¡Todo cambia...la judeofobia permanece! Imprimir E-Mail
viernes, 13 de febrero de 2009
Cuando Mercedes Sosa compuso la letra de una de sus más afamadas canciones no hizo otra cosa que señalar el devenir natural de la existencia que en estos tiempos es tan significativo y apabullante. Sin embargo, cuando analizamos algunos hechos del pasado encontramos que ciertos sentimientos y padecimientos vividos por nuestras generaciones pretéritas no se han modificado en la actualidad.

En el cálido enero de 1919 la comunidad judía argentina protagonizó uno de sus más tristes momentos. Se vivió en Buenos Aires la llamada “Semana Trágica” y el primer pogrom de América del Sud.Una huelga organizada por los trabajadores metalúrgicos de la firma Vasena desembocó en una escalada de violencia nacional en la que se acusó a los judíos de colaborar con la llamada izquierda revolucionaria cuyo supuesto objetivo era desestabilizar el poder de turno. El mundo atravesaba por un siglo efervescente, con reivindicaciones obreras generadas en la revolución bolchevique que se extendía conceptualmente a otras zonas europeas, confrontaciones de clases sociales que alimentaban fuertes debates. En la región, un fuerte desempleo amenazaba las fuentes de ingreso de la población. En ese escenario la colectividad era víctima de atropellos y agitaciones bajo el cargo de forzar el quiebre institucional con ideas antipatrióticas. Se los calificaba de traidores y anárquicos. Las pancartas rezaban “mueran los judíos, mueran los maximalistas”. Samuel Muller, un sastre judío fue asesinado por un oficial de policía al grito de “así vamos a matar a todos tus paisanos”.La organización Liga Patriótica Argentina – de tendencia ultranacionalista - se adjudicaba los hechos en defensa del orden nacional. La mayoría de los damnificados ejercían el comercio. Las bibliotecas “Avanguard” y “Poalei Sión” ambas en la calle Ecuador del barrio Once eran asaltadas, saqueadas y destruidas. La comunidad encabezada por el rabino Halfon se movilizaba rápidamente exigiendo a las autoridades castigos ejemplarizadoras para los culpables. Secuelas de los sucesos bonaerenses se repetían en la provincia de Entre Ríos y en países limítrofes con numerosas marchas antisemitas y detenciones. Noventa años después –también en enero- los hechos varían en sus modalidades, participantes y características. El planeta se enfrenta a una polarización cultural cada vez más amenazante entre el mundo musulmán y los destinos de Occidente. La crisis global acecha los mercados y pronostica una fuerte recesión económica y descalabros financieros en los países del primer mundo. En la región se gesta un populismo radical maniqueísta apoyado por intereses económicos espurios de ideología islámica y así vivimos situaciones donde los judíos son nuevamente vilipendiados y calificados como ratas y explotadores. Las pintadas callejeras exhiben - sin pudor – las frases “fuera judíos de Argentina” y “judíos genocidas”. .La fracción convergencia socialista – un grupo extremista sin mayor fundamento que el atropello y la violencia - irrumpe en escena con absoluta soberbia y se autodeclara autor de escraches, ataques, vilezas y agitaciones con ejércitos pagos al servicio de siniestros personajes que solo buscan la desestabilización, el desorden y el caos social. Eduardo Elsztajn - un empresario emblemático de la comunidad judia local y directivo del Consejo Judío Mundial – sufre un ataque en las puertas de su oficina comercial. La “nueva” sede de la Asociación Mutual Israelita de Argentina es violentada con manifestaciones, insultos y agresiones típicas del medioevo. Personas encapuchadas portando palos y estandartes con svásticas igualadas a la estrella de David caminan por el centro de la capital argentina. Comunidades del interior del país ven con asombro y temor la aparición de focos xenófobos. Directivos comunitarios tienen una vez más la ingrata tarea de enfrentar a los medios de comunicación para explicar lo sucedido y exigir justicia. Las pintadas en instituciones judías y no judías marcan un reavivar del antisemitismo local. Todo cambia. Algo no cambia. La judeofobia. La irracionalidad, el resentimiento, la ignorancia, el racismo, el odio, la prepotencia. El ataque a una comunidad que tiene casi dos siglos en el país no puede tener móviles enraizados en la política internacional. Se nutre del más ruín de los sentimientos. El odio al semejante que, en este caso, no es otro que su connacional. Atacar a un grupo de compatriotas por el solo hecho de profesar el culto judío es una afrenta a la patria. Ignorar que los judíos son tan constructores de la enseña argentina como el resto de las comunidades que formaron el acervo del país es conocer muy poco de su historia. Que son creadores de sus instituciones, de sus valores, de su arte, de su riqueza, de su nacionalidad. No respetarlo es abofetear la enorme lista de hechos y personas judías que adornan las mas doradas paginas de la nacion. Es claro que esto no es la Argentina. No puede serlo. La Argentina esta construida por inmigrantes y poblada por un crisol de razas y nacionalidades que transformaron una tierra de escasos dos millones de habitantes en las postrimerías del siglo diecinueve en otra que supera los cuarenta actuales. Las minorías que escupen odio sobre sus propios vecinos merecen el más absoluto desprecio de la población general por mancillar los valores e ideales que reconocen al país y están plasmados en su primera Constitución cuyos redactores expresaban en su Preámbulo la aspiración de “promover el bienestar general y asegurar los beneficios de la libertad para nosotros, nuestra posteridad y todos los hombres del mundo que quieran habitar el suelo argentino”. La integración judía en la Argentina es absoluta y forma parte indivisible de ella. No es posible separar a un judío argentino de un argentino no judío. El legado comunitario abarca todas las areas de la vida nacional. La diversificación de la producción nacional, la generación de artículos de consumo masivo, la aparición del cooperativismo agrario, la creación de parques frutícolas y hortícolas, las técnicas de elaboración productiva, el ingreso de productos que jerarquizaron la exportación del país como el girasol, la soja y el algodón, el fomento de los fondos comunales, la concepción del crédito no son ya propiedad de la comunidad judía sino que conforman el patrimonio nacional. El antisemitismo es una semilla que germina en determinados momentos historicos.El “regarlo” puede llevar a estadios institucionales que confronten con la paz interior que la mayoría de sus habitantes quiere y exige. A las autoridades gubernamentales les cabe entonces velar por el mantenimiento de los principios republicanos sancionando a estas minorías que empañan la imagen de un país a través del odio a una comunidad que mucho hizo y seguirá haciendo por la nación.

José Luis Piczenik

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