Koremblit, Socio Honorario de Hebraica * Imprimir E-Mail
jueves, 11 de diciembre de 2008

Reproducimos seguidamente las palabras pronunciadas por Moshé Korín, director del Departamento de Cultura de AMIA, el día en que Bernardo Ezequiel Koremblit fue nombrado Socio Honorario de la Sociedad Hebraica Argentina (SHA) (24/11/08). 

 

“¡Y se hizo justicia…! Bernardo Ezequiel Koremblit, a iniciativa de las autoridades de la Sociedad Hebraica Argentina, ha sido nominado Socio Honorario de esta importante y significativa institución socio-cultural-deportiva de la Argentina.
Estamos ante un intelectual, un escritor y un académico que ha producido un estilo vital, que está plasmado en la estética, en la filosofía, en el lenguaje, en la literatura, en la misma tradición judía, y envuelve con su potencia no sólo al lector: quienes hemos tenido la fortuna de ser interlocutores de Koremblit, sabemos de esa suerte de fascinación que ejercen sus precisas palabras; su agudo pensamiento; su filoso humor.
“Contrariamente a lo que la gente supone, no nací en una biblioteca”, afirma Koremblit. La frase, cargada de humor, dice mucho más de Koremblit que de su vida. La biblioteca, un sitio que puede ser una metáfora de muchas de las existencias de Koremblit. Porque si bien “uno de los que él es” nació en algún barrio porteño, los “otros muchos que también él es” nacieron, no nos cabe duda, en una biblioteca.
A los 23 años se casó con Esther Teitelbaum, con quien tuvo tres hijos, dos varones y una mujer. Manuel Stéfan, Eduardo Hipólito y Alicia Eleonora. Le dieron cuatro nietos.

OTRO COMIENZO: LA VIDA INTELECTUAL.
El Diario Crítica marca el comienzo de una carrera intelectual. Se trata de una carrera en todo el sentido del término, puesto que allí Ezequiel ingresa siendo muy joven, a los diecisiete años, y termina escribiendo en la sección literaria. Sus  compañeros de forja son nada menos que Nicolás Olivari, Raúl González Tuñón, Ulyses Petit de Murat, Pablo Rojas Paz, Florencio Escardó, César Tiempo, Conrado Nalé Roxlo, Roberto Arlt, Edmundo Guibourg, Roberto Tálice y el mismo Jorge Luis Borges. Una elite intelectual en torno al peculiar proyecto periodístico de Natalio Botana, que logró una síntesis entre la cultura de  vanguardia y la cultura popular.
En esta oportunidad no podemos dejar de mencionar a Koremblit, quien fue por más de treinta años, director de cultura de la Sociedad Hebraica Argentina  y redactor de la revista “Davar” (la palabra);  publicación de notoria incidencia en el ámbito cultural de la época y fue sin duda, la mayor expresión en el género literario judeoargentino.
Ezequiel es, como mencioné, un hombre extremadamente sensible al humor; le gusta reír y hacer reír,  y acaso no se imagina que una conversación, tenga la dignidad que tenga, pueda prescindir de la risa. Su interés por el humor también posee un costado intelectual del que da cuenta su ensayo El humor: una estética del desencanto.
La madre de Korenblit se llamaba Elisa Sas, su padre Meier-Manuel, y fue él quien lo introdujo en el mundo de la bohemia y el teatro judíos. A raíz de esas vivencias escribe nuestro homenajeado su libro: Jacob Ben Ami, el actor abismal.

SUS OBRAS.
En mis años mozos, a fines de la década del ’50, del siglo XX, época en que todo el núcleo de compañeros que me rodeaban, “devorábamos” los libros, pero eso sí, casi todos de autores extranjeros, me encontré con un texto, que aunque parezca mentira, me fue devolviendo poco a poco a la Argentina.
Ese era el libro con que Ezequiel, a mi juicio, en ese momento, se perfiló definitivamente como un ensayista con mayúscula. Ese texto es “La torre de marfil y la política”. Ese libro comenzó a brindarme, hoy lo sé, la posibilidad de reencontrar el ejercicio del idioma en su plenitud.
En aquel momento, teniendo yo alrededor de veinte años, ese escrito, a su manera, me fue permitiendo recuperar el sentimiento del idioma castellano que fui perdiendo, leyendo casi exclusivamente traducciones, como así también muchos textos en idish y en hebreo.
Poco a poco fui recuperando el sentimiento festivo de la lengua castellana; luego se sumaron otros del mismo Koremblit y otros escritores, claro está.
Pero no puedo olvidar que ese libro de Ezequiel, dentro de sus obras, me resultó un texto disonante, pues advertí, sin poder conceptualizarlo en ese entonces, que estaba sustrayendo el ensayo, a la rigidez en que moría dentro del campo académico.
Yo me fui dando cuenta de que Koremblit estaba liberando al ensayo de una carga retórica que lo fosilizaba, en virtud del ejercicio académico, que se ejercía de ese género, distorsionando verdaderamente lo que él era, un género creador en el que un individuo se hace cargo de los dilemas, que promueven su pasión vital y los despliega en una perfecta sintonía entre el vigor reflexivo y la hospitalidad delocutiva amena.

KOREMBLIT POR SÍ MISMO.
Korenblit suele afirmar: “me interesa una sola cosa: todo”. Él, constantemente, renueva su alianza con la vida, en el mejor sentido bíblico, permanentemente; y creo que esto se debe a un hecho profundo, no sólo temperamental, es que él sabe que la palabra nunca le va a brindar una imagen definitiva sobre lo real, nunca un sentido pleno, acerca de lo que él quiere conocer.
Esta discontinuidad, esta disonancia fundamental entre lenguaje y realidad, hace que Ezequiel se convierta en un insomne perpetuo, en alguien que sabe que al pronunciarse, sólo podrá traducir la intensidad de un anhelo de cercanía entre la palabra y el mundo, y nunca la plena sinonimia, entre uno y otro. No hay rasgo, creo yo, que distinga más sustancialmente a un escritor, que éste.
El estilo de Bernardo Ezequiel Koremblit trasciende lo estrictamente literario: es un estilo que envuelve con sutileza su conversación, su pensamiento, su modo de estar y escribir. Aunque quizá no lo trascienda; acaso suceda que su ser literario transforma en literatura todo lo que emerge ante él: el humor, el amor, la amistad, en fin... la vida misma. 
Cuando expone Koremblit, ese lexicómano irremediable, busca con delicadeza las palabras, paladea con placer las etimologías, se fascina con las paradojas y se entusiasma con los juegos de palabras.
Koremblit adora los contrastes, las oposiciones arriesgadas que lindan con la trasgresión, el absurdo y la paradoja.
Tanto en los libros citados, como en los recientes: “Eva o los infortunios del paraíso” y “Gerchunoff o el vellocino de la literatura”,  como dice nuestro infatigable amigo, son “los últimos que he escrito, no, los últimos que escriba”, se halla evidente y palpitante, este carácter vital-literario, tanto apasionado cuanto intelectual estético de Koremblit.
Cabe recordar, por otra parte, en esta oportunidad, sus inteligentes, ingeniosos e inolvidables programas radiales y televisivos durante décadas.

Los dos últimos años y medio
Pero desde hace dos años y medio, cuando falleció su hija, para unirse a sus dos hermanos en el más allá, creo que podríamos agregar acerca de nuestro querido  Koremblit, que el llanto cotidiano tiene su mitigación en haber recuperado, gracias al consuelo que manda el Señor, la paz espiritual, de igual modo que Job recuperó su familia y sus bienes.
Hay una enseñanza milenaria: Dios no le manda al hombre, nada que la persona no pueda sobrellevar.
Así, Bernardo Ezequiel Koremblit, al ser nombrado Socio Honorario de la Sociedad Hebraica Argentina, a sus lúcidos 92 años, a través de su familia, amigos, admiradores y admiradoras -  como siempre él dice: Bienqueridos, que lo bienquieren – recupera  fortaleza, dinamismo, sensualidad, simpatía,  inteligencia, laboriosidad y talento.
Por ahora, a nuestro querido Ezequiel, le deseamos “Ad mea ke–esrim” (Hasta los cien como a los veinte). ¡Pero no somos nosotros los que pondremos límites al Señor del universo!
¡“Ishar koaj” Sociedad Hebraica Argentina, mis felicitaciones! por la iniciativa.
Imaginándonos un brindis virtual por este acontecimiento, diremos “Lejaim” (por la vida); y cuando nos despediremos de este merecido reconocimiento nos saludaremos diciendo “Shalom”  (paz). Por consiguiente de mi admirado Ezequiel y de todo el público presente, quiero despedirme con un “Lejaim Uleshalom”. ¡Por la vida y por la paz!
¡Ko lejai! ¡Celebremos este acontecimiento!”

 
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