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Las relaciones entre Israel y los países de América latina Imprimir E-Mail
jueves, 25 de septiembre de 2008

Sesenta años después de establecidas
Por el embajador Eliezer Palmor
El 31 de diciembre de 1948 llegaba Jacob Tzur a bordo del “Florida” a Montevideo, capital de Uruguay. El gobierno de Israel lo había nombrado jefe de la mision diplomática, con el cargo de ministro plenipotenciario en ese país, cuyo delegado ante las Naciones Unidas había actuado de manera infatigable a favor de la creación de un Estado independiente para el pueblo judío. Tzur era el cuarto de la lista en la primera tanda de nombramientos del servicio diplomático israelí que recién comenzaba a expandirse por el mundo, y jefe de la primera misión diplomática permanente en América latina.

Al llegar a destino en el puerto de Montevideo, fue recibido por miles de ciudadanos que lo vitoreaban, en su mayor parte judíos que se apretujaban en torno a él a fin de impregnarse del encuentro con un representante de la soberanía judía que acababa de renacer pocos meses antes.

El arribo de Tzur a Montevideo señala la inauguración del proceso de expansión diplomática de Israel en América latina y simboliza el comienzo de la era “romántica” en los lazos de Israel con las naciones del continente.

El  comprensible anhelo del esfuerzo diplomático israelí cobró cuerpo en aquel nombramiento, primicia de las semillas sembradas en una serie de países que habían sido marcados como destinos deseables en grado sumo.

El esfuerzo por reclutar apoyo diplomático en esa parte del mundo había comenzado mucho antes del renacimiento de la soberanía israelí  y tenía como objetivo natural hacer acopio del apoyo popular y político para las aspiraciones del pueblo judío a la independencia. Los dirigentes comunitarios judíos en aquel vasto continente, así como las elites judías en general, junto con los emisarios de las instituciones nacionales existentes antes de la fundación del Estado, hicieron todos ellos, cada uno según su estilo y capacidad., lo posible a favor del elevado fin, y los resultados de tales esfuerzos portentosos se dejaron ver en la posición que los representantes latinoamericanos en la ONU adoptaron durante las deliberaciones acerca del futuro de la tierra de Israel.

Aun después de sesenta años de aquellas deliberaciones cargadas de emotividad y esperanza en la Asamblea General de la ONU, el pueblo de Israel recuerda y aprecia el aporte decisivo del continente latino a la obtención de la resolución a favor de la creación de dos Estados, uno judío y otro árabe, en el territorio de la tierra de Israel-Palestina. Casi el cuarenta por ciento de los votos por la partición (14 de 33) fueron de países latinoamericanos (Cuba fue el único país del bloque latino que votó en contra, en tanto que Argentina, Chile, Colombia, El Salvador, Honduras y México ayudaron de manera indirecta a conseguir la mayoría necesaria al abstenerse de votar).

En el pecho del agradecido pueblo judío están grabados los nombres de las muchas personalidades latinoamericanas que contribuyeron de manera especial a la gesta del pueblo judío por la independencia, encabezados por Oswaldo Aranha de Brasil, Enrique Rodríguez Fabregat de Uruguay,  Jorge García Granados de Guatemala y Arturo García Salazar de Perú. El primero, Presidente de la Asamblea General de la ONU, el que sancionara la resolucion por la partición, y lo otros tres como miembros de la UNSCOP, la comision que recomendó la partición, al igual que como representantes de sus países en la ONU.

Aun así, y sin restar de la importancia intrínseca a la resolución de la ONU a favor de la partición de Palestina, debemos señalar la verdad incontestable que el Estado de Israel soberano no es producto de la generosidad de la comunidad internacional.

La resolución otorgó, por cierto, legitimidad internacional a la lucha del pueblo judío, que se venía librando desde hacía tiempo, por la creación de un Estado independiente en su tierra ancestral. La resolución reconocía también el derecho histórico del pueblo judío a su patria y la importancia de aquel voto histórico recae en el reconocimiento de estos dos aspectos por la mayoría de los miembros de la ONU.

Sin embargo, aun sin mediar esta resolución de la ONU,  dado que las condiciones para ello habían ya madurado, tarde o temprano se habría de materializar la presencia de un Estado judío en el Oriente Medio, importante cruce de caminos estratégicos que se encontraba en pleno proceso de independización del imperialismo inglés y francés.

En la época que precede a las deliberaciones en la Asamblea General de la ONU se formó en la mayoría de los países de América latina una masiva ola de opinión pública a favor de un Estado judío y la mayoría de los gobiernos no pudieron o no quisieron pasar por alto dicho fenómeno a la hora de fijar su línea política ante el problema de Palestina.

El clima de la opinión pública a favor de las aspiraciones del pueblo judío, tanto en el continente como en Europa occidental, se formó más que nada bajo los efectos de los temibles descubrimientos de lo acontecido durante el Holocausto. A ello se agrega también, tal como lo señalamos, la eficiencia del activismo de las elites judías locales y de los primeros enviados de la incipiente diplomacia israelí. En algunos países se podían percibir también las huellas de la influencia del legado cristiano en la formación de la opinión pública.

Del análisis de los datos surge que el punto de partida de los lazos de Israel con América latina se encuentra en el plano de las emociones y que éste es el que creó las condiciones sumamente favorables para el acelerado desarrollo de las relaciones en aquella etapa de gestación.

Al cabo de algunos meses en Montevideo, Jacob Tzur traslada su residencia a Buenos Aires, formándose allí la representación diplomática de Israel, simultánea, además de en Argentina y Uruguay, también en Chile, Paraguay y Bolivia.

El cuadro que se presenta ante el observador de los sesenta años de relaciones entre Israel y América latina revela que si bien la génesis de las relaciones fue romántica, ese “romanticismo” no serviría a largo plazo. Como sabemos, las relaciones entre los países no se manejan de acuerdo a los parámetros que rigen en las relaciones que se establecen entre personas. Entre los países lo que determina es un balance de factores variables, globales  y regionales, además de los factores geopolíticos que son invariables. Este principio es válido y aplicable, tal como suena y sin atenuantes, al complejo de las relaciones de Israel con América latina en su totalidad.

La calidez,  los sentimientos de solidaridad que acompañan a estas relaciones desde el comienzo iban a vigorizar –en el plano político- un despegue acelerado, pero no serían suficientes para alimentar las relaciones en el futuro. Esos sentimientos carecen de significado en lo que atañe a la delineación del volumen de intercambio tales como, por ejemplo, el comercial. Aquí, las instancias colosales que separan al Estado de Israel del continente latino suponen un obstáculo al transporte, encareciéndolo y, por eso, la actividad comercial y económica y los intercambios culturales conservaron durante un prolongado periodo un volumen modesto. Por el contrario, a partir de los años 80 del siglo pasado, desde que aumentara el peso de las tecnologías de avanzada en el bolso de mercancías israelíes para la exportación, cuyos costes de traslado son insignificantes, se abrió la brecha que permitió el incremento en el volumen de la exportación israelí a América latina. Finalmente, cabe destacar que el intercambio de mercancías con los países de América latina ascendió al nada despreciable monto de 2.084,1 millones de dólares del cual 1.821,4 millones corresponden a exportaciones israelíes.

Otro producto que levanta vuelo lentamente, dados los costos que no disminuyen y los presupuestos que no se actualizan como corresponde (todo lo contrario), es la promoción de la cultura israelí en los países del continente y de la cultura de esos países en Israel. Esta actividad que tanto aporta al acercamiento entre los pueblos logró encauzar con el correr de los años, a pesar de lo restringido de los presupuestos estatales, una serie de artistas, escritores, poetas, pintores y científicos, que cruzaron el océano en ambas direcciones y representaron con honor la creación intelectual que les fuera deparada.

Las relaciones entre los países en el sentido multilateral están ideadas, como ya dijéramos, de acuerdo a balances de poder globales y regionales que pueden variar o no. Cambios de este orden acontecieron, por supuesto, también en el contexto de las relaciones entre Israel y América latina y éstos pusieron fin a la era romántica en las relaciones, comenzando al final de la Guerra de los Seis Días en 1967 y siguiendo con la influencias que radican en los resultados de la Guerra de Kipur (1973).

La contundente victoria de 1967 produjo en la nación triunfante una euforia que se difuminó gradualmente a medida que surgían dificultades políticas que comenzaron a acumularse como nubarrones en los cielos de la esperanza de llegar a un acuerdo político a la brevedad. Esta tendencia negativa se iría fortaleciendo e integrando en el cambio rotundo para mal que acontecería a fines de la Guerra de Kipur, cuando los países árabes hicieron del petróleo un arma política y económica muy poderosa, de la cual se sirvieron para extorsionar en lo económico, lo financiero y lo político a los países consumidores debilitados. El vuelco de 1973 señala también el fortalecimiento del proceso de erosión en el status político del Estado de Israel, especialmente, y de manera clara en el marco de las organizaciones internacionales, encabezadas por la ONU.

Los cambios para mal en el status político de Israel no hicieron mella notable en el balance comercial con los países de América latina y ejercieron escasa influencia en el balance de intercambios culturales.

Sin embargo, y lamentablemente, éstos están a punto de verse perjudicados dado el cierre inminente del Instituto de Relaciones Culturales de Israel, Iberoamérica, España y Portugal, debido a la desconcertante política del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Es notable y asombroso que los muchos méritos que tiene el Instituto en su haber en el campo de la promoción de la cultura de Israel en el continente iberoamericano durante cincuenta años de quehacer, de poco le hayan valido a la hora de decidir por su cierre.

Pese a las serias dificultades de financiación, logró el Estado de Israel durante 2007 hacer acto de presencia cultural en algunos países de América latina. Mencionemos en este contexto, que se realizó un Festival de Cine Israelí en Costa Rica, en República Dominicana, en Panamá, en México y en la Argentina. Pintores y músicos israelíes llegaron al continente: Itzjak Perlman tocó y dio una clase magistral en México, David Broza cantó en Uruguay, el pintor de murales Rami Meiri pintó paredes en Buenos Aires y el caricaturista Piven visitó Costa Rica.

En el rubro de la cooperación técnica ocurrieron cambios dictados únicamente por la carencia de presupuestos. Aun así, no debemos olvidar que en el transcurso de los años, llegaron de los países de América latina más de veinticinco mil profesionales de la agricultura, la medicina, el liderazgo comunitario, los gremios laborales y otros que se especializaron aquí, disfrutando de los caudales de saber recogidos en Israel en los campos de su especialización.

Pero el rubro en el cual la erosión política que mencionamos infligió una herida significativa y claramente visible fue en el campo de las organizaciones internacionales y, de manera aún más contundente, en las organizaciones adjuntas a la ONU y, entre éstas, en primer lugar las resoluciones tomadas por la Asamblea General, el Consejo de Seguridad y las ramas profesionales de la Organización, tales como UNESCO, la Organización Mundial de la Salud, la Organización Internacional del Trabajo y otras. Nos referimos a las actividades relacionadas con los diversos aspectos del conflicto israelí-palestino y las votaciones de propuestas de resolución tocantes al tema. Una vista de la tabla que resume las tendencias de votación de los países de América latina en la Asamblea General en el año 2006 en lo tocante a veinticinco propuestas de resolución concernientes al conflicto israelí-palestino denota un cuadro deplorable. Lo máximo a lo que se atrevieron algunos países votantes fue la abstención. Votar en contra de una resolución, aunque sea ésta harto embarazosa para Israel, ya es algo impensable, incluso de parte de países como Costa Rica, El Salvador, Honduras o Guatemala.

Si se recuerda la votación del bloque de países de América latina en la resolución de la partición de Palestina en 1947, es imposible no sentir una enorme decepción.

La conclusión que surge claramente de la comparación es que en el campo de la lucha política en los marcos de debate internacional por una solución justa del conflicto árabe-israelí, los países de América latina se alejaron de manera inconmensurable del apoyo que una vez brindaron a la posición de Israel. Dicho esto, cabe señalar que si bien es verdad que la curva de votaciones en general, en el tiempo transcurrido desde que comenzara el deterioro a fines de la Guerra de Kipur, se dibuja a vuelo de pájaro como una línea descendente sin cesar, debe decirse también que la breve época optimista posterior a la firma de los acuerdos de Oslo fue testigo de una mejora temporaria en la curva, después de que algunos países volvieran a votar a favor de Israel en algunas votaciones. Empero, esta mejora desapareció sin dejar rastros al reanudar Israel su lucha contra el terrorismo palestino.

También el abandono conjunto de Jerusalem por las embajadas de América latina,  los Países Bajos –aunque no Costa Rica y El Salvador que lo harían sólo en 2006- que en el año 1982 mudaron su residencia de la capital a las ciudades de la franja costera fue resultado del mismo ambiente de presiones que crearon los países árabes en el espacio internacional, aunque los que abandonaron ocultaron la verdad, utilizando como excusa para su abandono la sanción de la Ley de Jerusalem por la Knéset. El verdadero motivo del abandono fue la sumisión ante la extorsión árabe.

Las tendencias de votación de los países de América latina en las organizaciones internacionales reflejan una erosión gradual, constante y de común acuerdo en el apoyo brindado a las posiciones adoptadas por Israel. Si bien la presión árabe fue un factor de aceleración del deterioro y cumplió una función de influencia determinante, esto no la convirtió en motivo único, dado que la posición adoptada por los Estados fue influenciada también por otros elementos, tales como intereses específicos, cálculos diversos y acuerdos regionales.

¿Está vinculada la política que se refleja en las tendencias de votación tal como las describimos, con la gradual disminución de visitas de personalidades de alto nivel (cancilleres y jefes de Estado) de América latina en Israel, o de israelíes del mismo rango en los países de América latina? ¿O quizás se trata de un cansancio acumulado y un desgaste en el nivel de interés mutuo? Al fin de cuentas, hubo tiempos en los cuales los cancilleres y presidentes nos honraban con sus visitas y personalidades israelíes visitaban América latina, como por ejemplo el ministro de Exteriores, Itzjak Shamir en Argentina y Uruguay (1982), el ministro de Exteriores Shimon Peres en Brasil y Uruguay (1987) y la visitas a Israel de los presidentes Carlos Saúl Menem de Argentina (1991), Luis Alberto Lacalle de Uruguay (1992), Patricio Aylwin de Chile (1994), Julio María Sanguinetti de Uruguay (1998) y Ernesto Samper de Colombia (1997).

Resumiendo: si observamos la curva del desarrollo de las relaciones de Israel y América latina al cabo de sesenta años de la creación del Estado, hallaremos que no faltan motivos de preguntas, dudas y observaciones en torno a los cambios suscitados. No obstante esto, si no olvidamos la elemental verdad de que esos cambios obedecen a los cambiantes balances de poder, comprenderemos que se trata de una conducta normal y podremos referirnos a ellos como hitos en las etapas de transición de un mundo regido por emociones a un mundo pragmático del romanticismo de la niñez al realismo de la madurez, adaptando la política a las circunstancias de tiempo y lugar.

En suma, el lugar adecuado para el esclarecimiento de preguntas y dudas es más que nada la investigación académica. La ocupación en ello no cambiará en lo más mínimo el hecho de que el Estado de Israel es hoy un país aferrado firmemente al suelo de la realidad, fortalecido por sus propios logros y seguro de su potencia. Está vinculado por firmes lazos diplomáticos formales con la mayoría de los países miembros de la ONU. Las tormentas que agitaron su vida durante los años de su existencia como Estado independiente no destruyeron ni corroyeron el mapa de vínculos con el continente latino. El ejemplo de la Cuba comunista y anacrónica frente al Estado de Israel es irrelevante y su política, incluida la que ha adoptado frente a Israel, continúa aislándola en el seno de las naciones que anhelan renovarse.

Y en cuanto a los malos vientos que soplan últimamente de Caracas, aún no han llegado a atropellar y cruzar todas las líneas rojas que marcan los límites de lo permitido y lo prohibido entre países esclarecidos. Esperemos que también sepa detenerse antes de ser presa de la ambición destructiva de un dictador todopoderoso.-        

(De Línea Directa- Israel y Medio Oriente)             

 

 

 
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