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EL JUDAISMO, LA CIGUEÑA Y EL OMBLIGO Imprimir E-Mail
jueves, 04 de septiembre de 2008
Otras reflexiones sobre “campo” y “ciudad”
Por RICARDO FEIERSTEIN
El sabio apotegma judío declara: “si uno puede tener una buena discusión, ¿por qué evitarla?” En todo caso, de lo que se trata es de saber si esta discusión es “buena”.

Un inteligente amigo me dice que es inútil polemizar con personas mayores de 40 años, porque nadie que supera esa edad- salvo que se trate de un intelectual honesto y amante de la verdad- admitirá que se ha equivocado en algo. Al contrario: se enojará, pasará rápidamente a la vía del insulto (sobre todo, si pertenece al grupo de los que saludan levantando el brazo derecho con la mano extendida), imaginará argumentos novedosos. Jamás saldrá de sus labios la madura reflexión: “es posible, no había pensado en esa arista del problema...”.
De todos modos, siempre hay “otra gente” (muchos) que leen esta pluralidad de opiniones y les parece atractiva y pedagógica. Es por ellos que vale la pena, creo, eslabonar algunas otras reflexiones sobre el reciente conflicto del “campo” argentino.
He leído respetuosamente un par de respuestas a mi artículo: “Mi pecado original de clase media” y, lo lamento, no he encontrado allí argumentos sustentables. Puede ser que leí mal. Pero suponer que mi postura de apoyo a la redistribución del ingreso en un país con un tercio de habitantes sumidos en la pobreza se debe al “resentimiento” (sic) omite que, conociéndome, hubiera sido más elegante derivarme a los profetas judíos y a su visión de la injusticia social, la solidaridad con los más débiles y la sensibilidad hacia los postergados y los distintos, que forman los cimientos de una cosmovisión judía a la cual yo adhiero (seguramente hay otras, como puede afirmar orgulloso Igal Amir, el asesino de Itzjak Rabin).
En la versión de la herencia judía que elijo, prefiero actuar ahora y no llorar después. Quiero decir: luchar en los años ’70 contra la dictadura militar que desapareció a 30.000 argentinos (incluyendo 2.000 de origen judío) y no confesar, veinte años más tarde, que no puedo mirar a los hijos en los ojos por mi inacción. O bien: actuar cuando la catástrofe climática y alimentaria amenaza al planeta y no pedirle disculpas a Dios, en el Iom Kipur del 2015, porque mis nietos deben convivir con una tierra contaminada. Son dos maneras de enfrentar la vida, les diría a mis interlocutores.
Tampoco es muy elegante la calificación de “imbécil” (sic) a los intelectuales que escribimos bien pero pensamos mal, o algo así. O algunas sugerentes propuestas neoliberales menemistas, como liberar el precio de los combustibles (lo que, a 140 dólares el barril, quintuplicaría el precio del boleto de colectivo que toman diariamente millones de obreros y sumiría a otro tercio del país en la miseria...). O no escuchar a los expertos de la FAO, las Naciones Unidas, los ecologistas, el informe del Hospital Italiano de Rosario que señala los graves problemas sanitarios que ya produjo la soja en ese distrito o el director del INTA, que advierten sobre la progresiva “desertización” del mundo al que conduce el cultivo “libre” del mercado.(1)
Pero, según dice mi amigo el ingeniero agrónomo, todos ellos son un grupo de ineptos que “no saben de qué están hablando” (sic). Ah, bueno. Ahora sí que me quedo tranquilo.
En definitiva: como diría el inefable Jorge Luis Borges, hemos tropezado con algunos sujetos que confunden argumentos con intimidación.
EL PROPIO CAMPITO
No soy un entendido en cuestiones del “campo” (yo mismo lo he afirmado desde el principio). Pero sí creo conocer algo de política y, sobre todo, bastante de filosofía. De modo que el asunto que sigue- fragmentación, totalidad y mirada judía- me resulta algo más cercano que los insultos o las miradas al mundo que comienzan y terminan focalizadas en el propio ombligo. Algo fácil de hacer y difícil de aceptar, sobre todo desde una perspectiva teológica judía.
En efecto: no hace falta conocer las leyes de la perspectiva para saber que la distancia al objeto de interés varía el ángulo del escorzo al que se arriba. El famoso “si viene el comunismo me voy a la estancia” de una novela de Beatriz Guido es menos ingenuo de lo que se supone: allí habría un espacio incontaminado, la “patria” (privada) desde la que se ven distintas las cosas que en medio del vértigo ciudadano. Una mirada a las fuentes permitiría asombrarse- como yo lo he hecho- al notar la falta de cualquier otra perspectiva (cien millones más de hambrientos en el mundo, los capitales financieros ingresando al subibaja tramposo de las apuestas a los “commodities” como petróleo y alimentos, la actitud de la mayoría de los países del mundo que cierran exportaciones para garantizar la mesa de sus habitantes en estos días álgidos) que exceda la vista fascinada hacia el propio ombligo. Yo, yo y yo. Mi campito, mis ganancias, mi debacle anterior de la que recién ahora pude levantarme.
Aunque tampoco en esta actitud egocéntrica les ha ido bien a los “pequeños propietarios” (título de un lúcido cuento de Roberto Arlt, que metaforiza la formación de los futuros fascistas). Como dice un semanario capitalino, la Federación Agraria que supuestamente los representa pasó del Grito de Alcorta en 1916 al Paseo Alcorta en 2008, gracias a Eduardo Buzzi, invitado de honor en la Exposición Rural de sus antiguos adversarios. Claro que, antes de eso, contribuyó estoicamente a destruir la resolución 125 que, modificada, rebajaba los derechos de exportación de los “pequeños”, quienes ahora pagarán la misma alícuota que los “grandes” (únicos ganadores del conflicto). Quizá porque la definición de “pequeño y mediano productor” ha cambiado notablemente en los últimos tiempos. (2)
Esto no es gratis: le costará a la Sociedad Rural regalarle 100 vacas al piquetero que les prestó su gente para ir “contra los Kirchner” y ahora exigió, en desopilante diálogo televisado, el pago de la cuota pactada para desfilar con su gente. Algo un poco más oneroso que el choripán y el colectivo... Esto se llama lucha gremial por el salario digno.
La (provisoria) finalización del conflicto permite recuperar- para quienes no la tenían- una mirada global sobre el conflicto. Derogada la famosa Resolución 125 (y no mencionaré las tácticas patoteriles y salvajes del movimiento ruralista), es evidente hoy que lo que se discutía no eran cinco o siete puntos de más en las retenciones (que resultaban inocuas con un aumento del ¡cien por ciento en dólares! en los precios de la tonelada de soja en el mercado de Chicago) sino otra cosa muy distinta: el poder. No hay mejor prueba de esto que las propias palabras de los dirigentes agropecuarios: decenas de veces repitió el académico de Gualeguaychú- y adhirieron sus socios- que “si estábamos tan bien, porqué cambiaron ahora…” y el lapidario: “vamos por todo. Vuelvan al 10 de marzo, anulen la resolución y se termina esta protesta”.
Pues bien: se anuló la famosa resolución y no se terminó nada. Ahora van por más: eliminar las retenciones totalmente, parar los juicios a los genocidas militares o renunciar a un gobierno esmerilado por la oposición y por sus propios errores. Esa es la verdad.
Y, ¿quién duda de que el Poder Ejecutivo cometió terribles errores? Desde la falta de segmentación de las retenciones, a los ojos entornados ante las ganancias ilegales de los “pools de siembra”, que cobraron una suma a los agricultores primarios y pagaron al fisco otra que es casi la mitad, lo que representa centenares de miles de dólares. O la falta de control sobre la cadena de valor, que castiga a muchos pequeños productores con precios miserables, que se multiplican por cinco cuando llegan al consumidor. O tantos otros puntos débiles.
Pero no son esos los argumentos de la Mesa de Enlace agropecuaria. No, señor. Ellos, que siempre apoyaron dictaduras militares y modelos neoliberales, quieren volver la historia un siglo atrás, cuando llevaban la vaquita en la bodega del barco- durante el viaje a París- para tomar leche fresca cada mañana. ¿Ya no existe más la oligarquía? ¿Cómo se llama ahora? Porque que existe, existe, como diría un pensador simplote.
MIRADAS JUDIAS CONTRA EL OMBLIGUISMO
No puedo dejar de imaginar cierta incomodidad en nuestro pequeño propietario judío, cuando se coloca la Virgen de Itatí en al atril de cada acto del “campo” y, antes de comenzar, todos se persignan, arrodillan y rezan una oración pidiendo su protección. Al igual que cuando grupos de los desconocidos de siempre se encargan de la seguridad de las marchas, vociferan insultos contra los representantes elegidos por el pueblo o reivindican la última dictadura genocida (vamos, que todavía debiera existir alguna diferencia entre un “gaucho judío” y un “fascista criollo”). Pero no alcanzará eso- ni cortar la ruta, ni ser “mano de obra” de los dueños de la tierra ni leer “La Nación” todos los días- para ser aceptado como un igual entre ellos. Para llegar a Werthein o Grobocopatel, faltan todavía algunas decenas de miles de hectáreas propias. Lamento desilusionarlos.
Pueden plantearse, en cambio- desde mi óptica-, tres miradas judías que contribuirán a aclarar un poco, espero, lo que torpemente trato de decir.
Primera mirada:
Uno de los apotegmas clave de la tradición judía reza: “Kol Israel areivim tsé la tsé” (“Todos los judíos son responsables el uno por el otro”), frase que es repetida de continuo por aquellos que a veces, en la vida cotidiana, prefieren entender el mundo como una realidad fragmentaria, antes que como totalidad a descifrar.
La visión parcial corresponde a una ideología posmoderna, donde el individuo es el centro. La idea del destino compartido- y la permanente relación de las partes del espejo entre sí, para conformar la imagen de la comunidad- es el paradigma de la modernidad, en el cual el pensamiento judío posee una notable influencia, por su insistencia en el culto de la memoria y el recuerdo del pasado para ayudar a entender el presente y su devenir.
Sobre esta base (quizás inconsciente), los colonos judíos fundaron en sus primeros años en Argentina el movimiento cooperativo más fuerte del continente, ejemplo y modelo para experiencias similares en el mundo. Ellos no pensaban sólo en sus campitos o en los réditos de la próxima cosecha, sino en una evolución armónica e integrada del conjunto. (3)
En el Primer Congreso de Cooperativas Agrícolas de Entre Ríos, el insigne Miguel Sajaroff recordó que en la vida del hombre hay elementos de solidaridad con el prójimo y de egoísmo lobuno. Y afirmó que, para los cooperativistas, “es indudable que el sentimiento humano debe tender a extirpar en nosotros al lobo. Mantenemos una dura lucha por la vida diaria, pero al mismo tiempo trabajamos por el bienestar general. Tenemos un ideal superior, consistente en realizar día tras día obras de bien y en afianzar entre nosotros la solidaridad humana.. En esto consiste el ideal de la cooperación, de la sociedad futura, a la que, a diferencia de la sociedad comercial, no le interesa la especulación ni ambiciona obtener ganancias cada vez mayores.”
Segunda mirada:
La definición del pueblo hebreo siempre ha sido, a través de la historia, grupal. La búsqueda de una manera individual de “salvación” – mirarse el propio ombligo- es una postura opuesta a la tradicional sabiduría judaica, donde la redención personal del modelo cristiano (¿quién ingresará al cielo?) no existe y la redención, será colectiva o no será.
Cada judío integrante de un minian mantiene un diálogo personal con Dios y reza a su manera y velocidad: lo esencial, en esa acción, es hacerlo todos juntos, en una sinagoga formal o una casa particular. Individuos, sí, pero pertenecientes a un grupo, nunca en soledad. La salida individual a la crisis, salvarse solo, es muy poco judía.
Tercera mirada:
La tríada de interrogantes sobre el comportamiento del sabio Hillel comienza diciendo: “Si yo no lo hago para mí, ¿quién lo hará?”, pero continúa: “Y si sólo lo hago para mí, ¿quién soy?”. En el corazón del judaísmo centro-europeo, el pensamiento judío se desarrolló como una ética, que reconocía sus orígenes en la mucho más antigua tradición talmúdica.
Existe allí una anécdota sugerente que sería necesario recordar a menudo: gira alrededor del carácter “impuro” de la cigüeña. La pregunta del Talmud plantea el porqué de ese carácter impuro del ave si su nombre- hassidá- significa precisamente “piadosa”. Y la respuesta rabínica es contundente: “Porque sólo se ocupa de los suyos…”.
Quizá sea hora de elevar la vista congelada sobre el propio ombligo y admirar la obra de la Naturaleza en su esplendor. Algunos temen tropezar con un Sol que enceguezca y prefieren, por eso, la mirada baja. Pero también es posible acceder a una luz que ilumina el interior de la conciencia. Una luz judía.

1)“Conozco bien el sector del campo porque soy hija de agricultores. En el año 2005 filmé a Eduardo Buzzi para la cadena francoalemana Arte y allí él aseguraba que lo único que podía garantizar la seguridad alimentaria del país era la pequeña y mediana agricultura, a partir del suministro de cultivos diversificados. Hoy, Buzzi está con los “pools de siembra”. ¿Qué pasó? No sé exactamente, no tengo pruebas… Todo lo que puedo decir es que Monsanto tiene una vasta experiencia en hacer cambiar de opinión a la gente. (…)En Argentina los medios no dicen que Monsanto ha sido condenado en Estados Unidos y Francia por publicidad falsa, que no tienen más derecho a marcar en sus productos que no afectan al medio ambiente… En la Argentina, más de la mitad de las tierras cultivadas son regadas con un producto que no es biodegradable, que llega a las napas freáticas, que contamina los suelos. Al ritmo actual, a mediano plazo los suelos serán inutilizables… Hoy los productores no pueden decir que no saben. Hoy hay pruebas, tenemos los datos. Sabemos que la soja transgénica va a generar enfermedades y va a disminuir el rendimiento de la tierra.” Marie-Monique Robin, autora de “El mundo según Monsanto”. Entrevista en diario “Página 12”, 28 de julio de 2008.
2)“La Argentina tiene una estructura agraria muy heterogénea y no puede discutirse en bloque… De los 330.000 productores agrarios que hay en el país, los que discuten esta situación hoy, los que protestan, son 70.000 productores de la Pampa Húmeda y a lo sumo algunos miles más, que han ido incorporando la producción de soja en los últimos años. (…) No podemos discutir, durante jornadas y jornadas, por tres, cuatro, cinco u ocho puntos de porcentaje en las retenciones sobre las ganancias extraordinarias. La capacidad económica del pequeño productor sojero de la Pampa Húmeda es fenomenal y ya quisiera tenerla un trabajador. Por una campaña está recibiendo, según la zona, entre 200 a 400 dólares por hectárea. Con 100 hectáreas y un precio promedio de 300 dólares,, está recibiendo por campaña- porque eso es lo que se alquila- 30.000 dólares. Quiere decir que él puede vivir en la ciudad con 2.500 dólares por mes de ingreso y sin trabajar.” Profesor Alejandro Rofman, especialista en economías regionales del Plan Fénix e investigador especial del Conicet. Exposición ante el Senado de la Nación, en ocasión del reciente debate sobre las retenciones móviles.
3)Con excepciones, claro. Precisamente, la primera obra del gran autor teatral Samuel Eichelbaum: “El judío Aarón”, recuerda el enfrentamiento del que el escritor fue testigo en 1921 en Domínguez, Entre Ríos, cuando se reeditó la Semana Trágica de 1919 contra los “maximalistas” y los campesinos pobres. En esa ocasión, algunos “propietarios” judíos adhirieron a las fuerzas represivas de la fascista Liga Patriótica y hasta organizaron una colecta para ayudarlos, ante la inmensa sorpresa de Manuel Carlés, el  antisemita creador de ese grupo de choque.

 
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